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Lecciones desde Puerto Rico y Euskal Herria

El nuevo proletariado social

Fuentes: Rebelión

«People should not be afraid of their governments. Governments should be afraid of their people». V  Así leía una pancarta, inspirada en el filme V for Vendetta, de una manifestante en la gran marcha convocada por diversos sectores en Puerto Rico el pasado jueves 15 de octubre y que denota lo que fue uno de […]

«People should not be afraid of their governments. Governments should be afraid of their people». V

 Así leía una pancarta, inspirada en el filme V for Vendetta, de una manifestante en la gran marcha convocada por diversos sectores en Puerto Rico el pasado jueves 15 de octubre y que denota lo que fue uno de los grandes mensajes de la manifestación: el poder soberano reside en la multitud y no el aparato estatal. Miles de trabajadores, desempleados, jubilados, ancianos, artistas, religiosos y estudiantes, se apoderaron de una de las principales avenidas del país formando una multitudinaria manifestación en contra de la política gubernamental empleada en el país la cual ha costado miles de empleos, la represión de la protesta social, la suspensiones de garantías jurídicas/constitucionales, la privatización de bienes públicos, una significativa reducción presupuestaria a instituciones culturales y educativas; y la eliminación de la colegiación compulsoria de los abogados puertorriqueños provocando un fuerte golpe al Colegio de Abogados de Puerto Rico que había mostrado preocupación por la violación de derechos civiles que han experimentado los ciudadanos puertorriqueños bajo el nuevo gobierno.

Por otro lado, en Euskal Herria (País Vasco) una multitud cercana a 40 mil personas (líderes políticos, deportistas, periodistas, artistas, entre otros) ocuparon la capital guipuzcoana, Donostia, abarrotando toda la avenida que circunda el área costera de La Concha. Esto luego de que el juez Baltasar Garzón ordenara el arresto de varios militantes nacionalistas incluyendo uno de los principales líderes de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi. La reacción no se hizo esperar y la multitud vasca reaccionó con una de las más sólidas manifestaciones que se han dado en dicho país en los últimos años según reseña el periódico Gara [1] . Euskal Herria, al igual que Puerto Rico, enfrenta una situación colonial que ha provocado un extenuante estado de excepción en donde las libertades civiles de los ciudadanos vascos han sido constantemente mancilladas.

 El mensaje de ambas manifestaciones es muy parecido. Es un grito de rechazo a la situación actual. Es un grito negativo – como afirma John Holloway – que denota un ¡basta ya! Pero por otro lado es un grito bidimensional al traer consigo toda una carga positiva: el desear una otredad diferente y mejor. Es el grito y más allá. Afirma la secretaria general del sindicato vasco, LAB (convocante), Ainhoa Etxaide, que la mencionada manifestación es «un paso a un proceso que tiene que encarrilar las soluciones democráticas que necesita este país». [Es] «decir que la represión no va a parar a un pueblo que quiere ser dueño de su futuro, a un pueblo que demanda y necesita soluciones democráticas, a un pueblo que no está dispuesto a ser pasivo ante una realidad que queremos superar». Por otro lado, el líder de la izquierda abertzale, Pedro Urizar, abogó por «no quedarse en esta manifestación e ir más allá» de la histórica imagen que revestía La Concha donostiarra durante la mencionada manifestación. De esta manera, se visualiza a la multitudinaria expresión como parte de un proceso siempre inacabado que surge del deseo inmanente, siempre positivo, de superar la realidad actual.

Ambas manifestaciones apuntan a que en realidad la soberanía a la que ambos pueblos aspiramos no se encuentra solamente en la forma política-jurídica trascendente de la soberanía moderna, sino que se encuentra en nuevo sujeto, o si se quiere un nuevo proletariado social, que se parecería mucho a lo que el filósofo italiano Toni Negri llama la multitud. Y es que como hemos visto tanto en el País Vasco, en Puerto Rico, como en el resto de la América Latina, vivimos en sociedades abigarradas – como asegura el pensador y vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera – en donde coexisten diversidad de singularidades, intereses y relaciones de poder inherentes a nuestras sociedades en donde el proletariado no es ese mismo al que se referían Marx y Lenin. Estando sumidos en la era de la subsunción real ante el capital (en donde la fábrica industrial deja de existir para abrir paso a la fábrica social), la sociedad entera ha estado inmersa en una proletarización creciente que exige, a su vez, una revisión de lo que es la lucha de clases en nuestros días.

«Soy un tipo común». De esta forma un ciudadano puertorriqueño, el jubilado Roberto García, se describía a sí mismo en cuanto fue arrestado por la policía de Puerto Rico tras haberle lanzado un huevo al gobernador Luis Fortuño. «Lo que él hizo fue un grito de desespero por la situación que está viviendo el país» señaló la esposa de éste a los medios. El huevo cargado del grito de indignación y de rechazo por la situación que atraviesa el país se ha transformado en un acto de ejemplo y de autodeterminación política. Al hablar de multitud no sólo nos referimos a la forma exterior que asumen las contemporáneas resistencias, sino que también nos referimos su composición cualitativa interna que describe el conjunto de movimientos que la componen. Al parecer este nuevo proletariado social está compuesto en su mayoría por gente común (tipos y tipas comunes); desplazando así la hegemonía ejercida por los tradicionales movimientos antisistémicos como los partidos políticos y los sindicatos que constantemente pretendían adoctrinar y orientar a la gente común sobre qué decir o qué hacer. Ante esto – asegura Gianni Vattimo – no «…podemos aleccionar continuamente a quien siente debe rebelarse; solo podemos intentar participar en la rebelión y trabajar en la formación de modelos de convivencia que respondan a las reivindicaciones en las que se inspira». De esta forma, ese conglomerado de singularidades, que componen la multitud, se hacen irrepresentables albergando en sí mismos la potencia democrática de lo posible: de que otra sociedad es posible y necesaria.

La multitud, como movimiento real, no suprime la lucha de clases, sino que la subsume. La lucha de clases cobra importancia en cuanto es adoptada por la multitud para reconocer la existencia del Otro con quien se da una relación antagónica y de resistencia. La lucha de clases, como estrategia y no como determinismo histórico, para reconocer que más allá de la apariencia primaria de las luchas sociales, en esencia, se resiste ante un modo de gobierno que pretende subsumir el poder constituyente de la multitud: el capital. Después de todo, como afirmara Carlos Marx, el capital es una forma de gobierno sobre el trabajo. Lo que en esencia se esconde en las condiciones coloniales tanto de Puerto Rico como de Euskal Herria es la pretensión del capital en establecer un rule of property que garantice unas relaciones y unas condiciones económicas favorables al capital criollo en el caso puertorriqueño; y en la cuestión vasca que aseguren al capital español el seguir extrayendo la riqueza que produce el País Vasco (que de paso es la región más rica de todo el estado español).

Así las cosas, la soberanía se ve desplazada desde su sitial estatista moderno hacia la producción de vínculos sociales propios del nuevo proletariado social. Soberanía que se afianza en la producción de una nueva subjetividad política que cuestione el modelo económico y político de la gobernanza neoliberal y que, a su vez, suprima las viejas formas de organizaciones jerárquicas y antidemocráticas. La lección que va desde Euskal Herria hasta Puerto Rico reside en superar la protesta con la propuesta constituyente de lo nuevo; en reconocer que el camino de «… la eman­cipación es siempre – sugiere Raúl Zibechi – un proceso que, como todo proceso, es siempre incompleto: tránsito inconcluso, caminar que nunca llega a destino. ¿Por qué? Porque la emancipación no es un objetivo sino una forma de vivir. Ni más, ni menos».

*El autor es egresado de la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos en Mayagüez, Puerto Rico; y del Instituto Internacional de Sociología Jurídica en Oñati, País Vasco.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.