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El pacto PSOE/UP: algunos puntos y algunas íes

Fuentes: Rebelión

1º.- Dos han sido los grandes proyectos estratégicos que se han enfrentado en España en los últimos años. La operación gatopardiana Felipe VI, orquestada por los de arriba con el objetivo de relegitimar la democracia demediada española heredada de la transición, que se había parcialmente desestabilizado con la crisis económica y la subsiguiente perdida de […]

1º.- Dos han sido los grandes proyectos estratégicos que se han enfrentado en España en los últimos años. La operación gatopardiana Felipe VI, orquestada por los de arriba con el objetivo de relegitimar la democracia demediada española heredada de la transición, que se había parcialmente desestabilizado con la crisis económica y la subsiguiente perdida de consenso social en torno al bipartidismo; y la constitución de un bloque de cambio que desde un inicial rechazo a la casta, la corrupción y las políticas antisociales del neoliberalismo y el social liberalismo, pasó a pugnar por una transformación del modelo político español del 78 a través de un proceso constituyente.

2º.- El enfrentamiento de estos dos proyectos -operación gatopardiana Felipe VI y proceso constituyente- se ha resuelto con el triunfo de los que realmente mandan. La ventana de oportunidad abierta con el 15 M para el bloque de cambio se ha cerrado. Entramos en un nuevo periodo: el de la restauración Borbónica.

3º.- Para la reconstrucción de cualquier estrategia política emancipadora es necesario e imprescindible reconocer este hecho. La pregunta ya no es ¿cómo forzar un proceso constituyente que cambie en un sentido más democrático la democracia demediada española? sino interrogarse sobre ¿cómo colocarse en este periodo de restauración borbónica? Esto es: qué espacio ocupar, qué estrategia elaborar, qué proyecto político ofrecer y qué praxis realizar en estos momentos en que los que realmente mandan han logrado relegitimar el sistema borbónico base de su dominio y marco desde el que explotan a los de abajo y acumulan capital.

4º.- Dos son los peligros que acechan a esta nueva hipotética política de los de abajo. Una, la marginalidad, esto es, verse relegados a una esquina del tablero político -el síndrome de IU- otra, el transformismo, es decir, la abducción por el sistema, la cooptación de líderes del «cambio» a puestos e instituciones dentro del «orden» realmente existente, la reconducción de organizaciones pertenecientes al bloque de cambio a una «izquierda realista», la pérdida de autonomía e independencia del proyecto emancipador y su transformación en elemento subsidiario del «ala progresista» del sistema borbónico. En plata: la conversión de Unidas Podemos en muleta del PSOE social liberal.

5º.- El margen entre estos dos peligros, entre esta Escila y Caribdis políticas, es muy estrecho y las posibilidades de naufragar altas. Sin embargo es lo que hay y el terreno en el que debemos jugar.

6º.- Es dentro de este nuevo marco político desde dónde tenemos, pues, que analizar las propuestas/demandas de formación de un gobierno progresista que hace Unidas Podemos al PSOE social liberal y populista de Sánchez.

7º.- El PSOE ha sido el partido clave en el mantenimiento del régimen bipartidista heredado de la transición en nuestra democracia demediada. Cinco han sido sus funciones en este sentido: una, dar la imagen progresista del régimen; dos, articular la compleja realidad regional y nacional del estado español; tres, reconducir a aguas mansas las ansias de cambio de grandes sectores de la nación; cuarto, domesticar a la clase obrera; quinto, impedir que a su izquierda se creara una alternativa de progreso.

8º.- El PSOE es, pues, por un lado, una organización cuya cúpula, estrategia y praxis política es social liberal, defensora de los de arriba y con fuertes lazos con los poderosos de España; y por otro, un partido con buena implantación en la clase media y trabajadora ya que es visto: o como el partido que modernizó España -el mito felipista-; o como el «único» partido que puede realizar la «única» política progresista en España; o como la opción menos mala frente a la derecha cavernícola hispana; o como el heredero de un partido de «larga tradición» democrática y social.

9º.- Acorde con esta su historia, el PSOE es uno de los principales protagonistas -si no el principal- de la operación gatopardiana Felipe VI de relegitimación del sistema bipartidista y la democracia demediada española. Su barniz progresista y «social» le hace imprescindible en ella. Uno de los principales objetivos de esta operación y por ende del PSOE es «acabar» con Unidas Podemos: ya fagocitándola, ya marginándola, ya dividiéndola. Y convendría no llamarse a engaño: el PSOE se ha aplicado, se está aplicando y se aplicará en esta tarea de destrucción. No debe haber ninguna fuerza con capacidad de proyección e influencia política a la izquierda del PSOE, este ha sido siempre un principio de los que realmente mandan en nuestro país.

9º.- La crisis económica pilló al PSOE en el gobierno y fueron los socialistas quienes debieron sufrir el rechazo y el malestar que en un principio generó el crack económico. Tal fue así que no solo propició su salida del gobierno, sino que llevó al partido socialista a un descenso electoral tan serio que, junto a la subida sorprendente del entonces recién llegado Podemos, hizo temer a sus dirigentes la pasokización del PSOE o el sorpasso por la organización morada.

10.- Las peleas, rencillas y maniobras en la oscuridad se sucedieron en el PSOE. Dos líneas de salida de su crisis se dibujaron: una, la orquestada por la vieja guardia felipista y un buen puñado de barones, nucleada en torno a Susana Díaz, que propugnaba la gran coalición con el PP aun a riesgo de socavar todavía más las bases electorales de los socialistas; dos, la defendida por Pedro Sánchez que apostaba por un giro demagógico hacia la izquierda, una retórica reivindicativa de carácter populista y marcar claras fronteras con el PP con aquello del «no es no».

11º.- Tras el famoso golpe de estado en el PSOE dado por el felipismo y la milagrosa resurrección de Sánchez en el congreso socialista, la vía de este último triunfó y tuvo que ser aceptada a regañadientes por el viejo aparato del partido social liberal español.

12º.- Los casos de corrupción dentro del PP, hicieron insostenible el ya vacilante gobierno de Rajoy y, gracias a una inopinada coalición, el dirigente del PP fue apeado del ejecutivo a través de una moción de censura.

13.- A partir de ese momento y llegado al gobierno, Sánchez utilizó todas las palancas de poder y mediáticas que le concedía su cargo para preparar las ya vistas como inminentes elecciones generales. El gobierno fue para Sánchez, pues, una privilegiada plataforma electoral que usó para recuperar el electorado perdido y reducir, como condición necesaria para ello, la influencia de Unidos Podemos -coalición que no supo valorar en su debida forma los peligros de esta situación-.

14.- La doble cita electoral que acabamos de tener ha dado como resultado una fuerte recuperación del PSOE que ha ganado, y un gran retroceso de Unidas Podemos que puede ser vista como una de las grandes perdedoras de las elecciones. Sin embargo este triunfo del PSOE no salva a los socialistas de necesitar apoyos para gobernar; y esta derrota de Unidas Podemos no la priva de cierta capacidad de influencia para quitar y poner minorías y mayorías.

15.- Es en esta situación con la que Unidas Podemos debe lidiar y es este partido socialista con el que Unidas Podemos se plantea una coalición de gobierno.

16.- En lo que se refiere a Podemos -y por extensión a Unidas Podemos- lo primero que habría que decidir es si la reiterada propuesta de Pablo Iglesias de formar un ejecutivo de coalición con el PSOE es una exigencia de «principios de una negociación» que luego se iría rebajando según esta avanzase o si se trata de toda una apuesta estratégica.

En este último caso se tendría que dilucidar hasta qué extremo estaría dispuesto a llegar el líder de la formación morada en la defensa de su envite político, esto es, si el rechazo socialista a incorporar al gobierno «gente» de Unidas Podemos supondría el voto negativo o la abstención del grupo parlamentario liderado por Pablo Iglesias al nombramiento de Pedro Sánchez como nuevo presidente del gobierno.

Si a este voto negativo se añade el rechazo del C´s y PP a la investidura de Sánchez, nos podríamos ver abocados a una repetición de las elecciones.

17.- En principio la repetición de elecciones parece un escenario que podría beneficiar al PSOE y al bloque de la «derecha», pero que sería casi catastrófico para Unidas Podemos dado su declive electoral convocatoria tras convocatoria. Desde este punto de vista, la propuesta de Pablo Iglesias de entrar en el gobierno perdería mucha de su fuerza teniendo en cuenta que no podría utilizar hasta las últimas consecuencias su principal arma: la necesidad del PSOE de sus votos para que Sánchez sea investido.

Ante la tesitura de permitir un gobierno monocolor de los socialistas o una nueva convocatoria electoral, ¿Pablo Iglesias cedería ante el temor de una catástrofe para su coalición en unas nuevas elecciones o apretaría el botón del «no, así no»?

18.- La apuesta de Pablo Iglesias por un gobierno de coalición es firme… otra cosa es que sea realista o conveniente. Es firme y estratégica porque:

Uno, se compadece bien con, primero, la concepción teórica de base de Pablo Iglesias y su cúpula dirigente: el voluntarismo político y la hipervalorización del factor subjetivo; segundo, con la primacía que se da en la formación morada a la vía institucional, frente a la vía de autoorganización de los de abajo;

Dos, es la continuación lógica de otra apuesta: la moción de censura a Rajoy y el apoyo al gobierno exprés de Sánchez;

Tres, pretende hacer «ejecutivos» su disminuido número de diputados o, de otra manera, convertir una derrota en victoria;

Cuatro, crea la ilusión de poseer la iniciativa política y de tener capacidad de decisión, ocultando de esta manera la real debilidad de Unidas Podemos y la amenaza de «subalternidad» que pende sobre la coalición;

Cinco, busca obligar a Sánchez a salir del mundo de la palabrería y la ambigüedad en que se mueve como pez en el agua y hacer que se retrate de una vez: o con nosotros o con Ciudadanos;

Seis, pretende recoger el sentir de una buena parte del país: pactos, negociación y gobierno progresista, y de muchos de los votantes del PSOE: con Rivera no;

Siete, participa de la dialéctica del «ahora o nunca» que si bien no tiene por qué ser cierta en general, pude ser acertada en cuanto a la actual cúpula de Podemos;

Ocho, pretende rectificar el error cometido al apoyar a Sánchez en su anterior gobierno sin exigir entrar en él, error que se considera -aunque no se reconoce- una de las causas del retroceso electoral. En este sentido, pertenecer al nuevo ejecutivo podría suponer una recuperación electoral futura;

Nueve, después de todo lo hecho y dicho, a Pablo Iglesias no le cabe otra opción… salvo reconocer que hay que empezar de nuevo desde el principio: refundar Podemos y reelaborar su línea política.

Diez, y al fondo la amenaza de Errejón y su «Nueva Izquierda»

19.- Es evidente que toda la fuerza de la propuesta de Pablo Iglesias reside en la necesidad de Sánchez de apoyos de otros grupos para poder formar gobierno. Pero,

¿Servirá esta necesidad para forzar al dirigente socialista a renunciar a sus dos ideas centrales: una a corto plazo, formar un gobierno monocolor de geometría parlamentaria variable; otra a medio plazo, jibarizar aún más a Unidas Podemos o a cualquier otra alternativa que surja a su izquierda y que le impida volver al mundo de las mayorías absolutas?

¿Por qué habría de ceder ahora que Unidas Podemos tiene menos diputados si no cedió cuando dicha coalición tenía substancialmente más?

¿El con «Rivera no» de una parte importante de la militancia socialista será cortapisa significativa para un Sánchez que quiere manos libres a su izquierda?

¿No está persuadido Sánchez de que al final Pablo Iglesias se verá obligado a tragar un gobierno monocolor por no correr el peligro de perder los muebles en una nueva cita electoral?

¿No cree Sánchez que de la misma forma que funcionó el recurso al doberman VOX y al voto útil en las pasadas elecciones generales, funcionaría ahora el relato de culpar a Pablo Iglesias de cargarse al «único» gobierno de progreso posible hoy en España?

En definitiva ¿el chantaje que puede hacer el PSOE a Unidas Podemos no es mucho más fuerte que el chantaje que puede hacer Iglesias a Sánchez?…

20.- Sin embargo, y más allá de estas disquisiciones «maquiavélicas» sobre cálculos parlamentarios y maniobras en la oscuridad, hay razones de más peso para pensar seriamente si es conveniente o no que Unidas Podemos forme parte de un ejecutivo con el PSOE.

Para ello quizás fuese bueno preguntarse sobre cuáles serían realmente los objetivos de un ejecutivo presidido por Sánchez y cuál sería la capacidad de influencia de Unidas Podemos dentro de él.

21.- Los objetivos reales de un gobierno del PSOE serían tres: en el orden político, cerrar definitivamente las crisis de legitimidad del sistema borbónico y avanzar hacia la recuperación del sistema bipartidista/turnista que tan eficaz ha sido para el mantenimiento de la estructura de poder heredada de la transición; en el orden económico, consolidar las reformas de orientación neo liberal realizadas durante la crisis -reformas laborales, privatizaciones, liberalizaciones de mercado…-, en el orden social, intentar medidas de carácter asistencial que palíen los efectos más sangrantes de las políticas económicas neo liberales dándolas un matiz social, siempre y cuando no signifiquen un obstáculo para la acumulación de capital, ni vayan en detrimento de la estructura real de poder en España.

22.- Desde el punto de vista de los intereses de los de abajo existen tres límites a una hipotética política progresista de un gobierno presidido por Sánchez: primero, su propia ideología de carácter social liberal, heredera de las «terceras vías»; segundo, sus lazos con los poderosos de nuestro país, puestos en evidencia por las llamadas «puertas giratorias» y por sus políticas siempre favorables al IBEX; tercero, su alineamiento sin restricciones con la políticas dictadas desde Europa y la propia presión que pueda ejercer Bruselas frente a cualquier veleidad de Madrid.

23.- Sin embargo y a pesar de estas cortapisas quizás sea posible un margen de mejora social en el capitalismo español que pueda darle un rostro más humano, en el sentido de abrir un espacio «socialdemócrata» en el ejercicio del gobierno al estilo, por ejemplo, de Portugal. Este «margen» podría venir avalado por una hipotética apertura de mano de las «autoridades europeas» con respecto a las políticas de austeridad, relajación que parece ha sido insinuada en algunas declaraciones últimas de Jean Claude Juncker, Laurence Boone o Christine Lagarde. En esta hipótesis la presencia de Unidas Podemos en el gobierno podría significar, sin duda, un acicate para la realización de reformas con contenido social progresista.

24.- Ahora bien, ¿qué reformas? Esto es y por ejemplo: ¿sería posible derogar la reforma laboral de Rajoy?, ¿sería posible establecer un régimen de impuestos más justo y equilibrado?, ¿sería posible reformar el sistema energético español?, ¿sería posible reducir las diferencias de inversión social que se dan entre España y los países europeos más desarrollado?, ¿sería posible paliar el gran déficit de empleo público que existe en España con respecto a la media europea?, ¿sería posible reducir el fraude fiscal?, ¿sería posible crear una banca pública?, ¿sería posible la renta básica, la jornada de 34 horas, las devolución del dinero público trasvasado al sector bancario, las daciones en pago, el derecho a la vivienda, la reducción de las diferencia de ingresos salariales?, ¿sería posible luchar contra la pobreza, el empleo precario, el desempleo juvenil, el paro estructural, la hipertrofia del ladrillo, la desertización del país?, ¿sería posible… etcétera, etcétera, etcétera?

25.- Todo lo anterior nos lleva al convencimiento de que lo verdaderamente importante no es tanto -o solo- la formación de un gobierno de coalición PSOE/UP, cuanto -o también- el programa que se negocie y se pacte. En definitiva, hay que poner negro sobre blanco ese posible margen «socialdemócrata» de mejora y avance progresista en nuestro país. Y, una vez hecho el programa, tratar de llevarlo a la práctica. Solo entonces se verá: uno, hasta qué punto existe dicho margen; dos, hasta qué punto están dispuestos a ceder los de arriba; tres, hasta qué punto está dispuesta a consentir Europa; cuatro, hasta qué punto están dispuestos a luchar por sus derechos los de abajo.

26.- En nuestra opinión, las posibilidades de un gobierno de coalición PSOE/UP son mínimas: los socialistas no tienen ninguna gana, y la coalición de Iglesias y Garzón no tiene la suficiente fuerza como para imponerlo. Lo más probable es que UP tenga que tragar con un gobierno monocolor y que solo pueda arrancar de los socialistas un pacto programático.

27.- La vigilancia sobre el cumplimiento de ese pacto sería la principal labor parlamentaria del grupo UP. Vigilancia que sin duda será compleja y difícil pues estamos convencidas de que el PSOE gobernará con geometría parlamentaria variable, en plata, se apoyará en UP para las reformas de derechos civiles y las medidas contra los agravios sociales más sangrantes -políticas más propias de un estado asistencial que de bienestar- y buscará a C´s para aprobar las políticas económicas más de fondo y estructurales: la continuación de la contra revolución neo liberal, más o menos barnizada de humanismo de corte neo keynesiano.

28.- Hemos hablado de «la principal labor parlamentaria», porque la principal labor política de Unidas Podemos debería de ser la reconstrucción del bloque de cambio en España. Reconstrucción que pasaría por: uno, la refundación de Unidas Podemos en el sentido de una organización más horizontal y participativa, que fuera estableciendo lazos orgánicos cada vez más profundos entre Podemos, IU y el resto de formaciones que la constituyen; dos, la elaboración de un proyecto de país que recogiera y diese posible solución a la multiplicidad de necesidades y problemas de la gente del común; tres, la vuelta a los movimientos, a la calle, a los centros de trabajo, a la vida cotidiana del ciudadano de a pie: política molecular para la auto organización de los de abajo.

29.- Se debería, pues, elaborar una estrategia y adoptar una praxeología que supieran evitar tanto el fundamentalismo estéril que en su infantil radicalismo somete los pasos intermedios a la tiranía de un hipotético fin último y tiene como consecuencia una parálisis de la acción política, como el olvido del fin subsumido por los medios a la manera del viejo reformismo caracterizado por la máxima: «El movimiento lo es todo; la meta final no es nada». Saber tejer el tapiz que enlace las reformas necesarias en el aquí y ahora de los de abajo con la meta final de su emancipación en una sociedad verdaderamente libre, igual y fraterna es y ha sido siempre el gran reto de los que quieren cambiar el mundo de base.

30.- En definitiva, mal que le pese a la actual cúpula dirigente de Podemos y nada más el próximo gobierno quede constituido, es imprescindible, abrir un «proceso constituyente» para refundar una alternativa progresista en España para los de abajo, de los de abajo y con los de abajo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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