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El pensamiento burgués: de la Ilustración al Fascismo

Fuentes: Rebelión

El mundo ha tenido que contemplar coincidiendo aproximadamente con las pasadas fiestas navideñas otro episodio del conflicto árabe-israelí: el ataque despiadado del ejército sionista contra el pueblo palestino, esta vez localizado en la franja de Gaza. Bombardeos indiscriminados contra la población con más de 1000 personas asesinadas y destrucción masiva de viviendas y de infraestructuras, […]

El mundo ha tenido que contemplar coincidiendo aproximadamente con las pasadas fiestas navideñas otro episodio del conflicto árabe-israelí: el ataque despiadado del ejército sionista contra el pueblo palestino, esta vez localizado en la franja de Gaza. Bombardeos indiscriminados contra la población con más de 1000 personas asesinadas y destrucción masiva de viviendas y de infraestructuras, ataques a los servicios sanitarios, uso de armas prohibidas, etc.

Todo esto ha ocurrido con la complicidad de las Potencias (un término que hay que rescatar en sustitución del eufemismo actual de «comunidad internacional»): los estados de Europa Occidental fundamentalmente, secundados por algunas nuevas «democracias» del Este de Europa, todos ellos bajo la batuta de los Estados Unidos de América. La crema mundial de la democracia y la libertad, los abanderados de los Derechos del Hombre apenas han podido reprimir una sonrisa ante la masacre de uno de los pocos pueblos de la zona que había podido elegir a su gobierno en unas elecciones libres. En el año 2009, unos dos siglos después de su nacimiento, las «democracias» burguesas occidentales han justificado unos hechos que formalmente (porque en contenido ya sabemos que nunca han dejado de hacerlo), no tienen ninguna justificación según sus propios valores fundacionales (entre otros: imperio del derecho como garantía contra la arbitrariedad y respeto de la población en caso de ataque militar).

Tenemos otros ejemplos de violación de esos valores en las torturas y el propio estatuto de la base de Guantánamo, los vuelos de la CIA, los secuestros extraterritoriales de personas y la red de cárceles secretas organizada en terceros países como respuesta a la «amenaza terrorista», incluso la ilegalización de partidos políticos en España. Todas estas prácticas han sido justificadas por la mayor de las Potencias, los EE.UU., y en diversas maneras aceptadas o puestas en práctica por sus satélites «democráticos».

Es decir las actuaciones contrarias al Derecho (concepto fundamental de la Revolución Francesa y de la de los Estados Unidos de América), se han ido extendiendo y sobre todo teorizándose, casi siempre como respuesta al «terrorismo» (terrorismo de Al Qaeda, terrorismo de Hamás, terrorismo del GIA argelino, terrorismo de ETA, terrorismo del PKK turco, todos los oponentes son terroristas, aunque algunos de los citados hayan vencido en elecciones libres).

No es entonces ya que se digan una cosas y se hagan otras, sino que se está empezando a cambiar lo que se dice, se están haciendo cambios en el discurso político.

¿Qué está ocurriendo, estamos siendo testigos de un acontecimiento reseñable en el discurrir de la Historia?

Sabemos que la Historia es la historia de la lucha de clases y que las clases sociales se definen en cada época por la manera en que la sociedad produce los bienes y los servicios. También sabemos que cada clase social tiene una concepción de las cosas, es decir unos valores, una ideología. Dicho así parece sobreentenderse que esa ideología es inherente a la clase social, es decir que a cada clase le corresponde una ideología que le sirve para justificar su fin social y su existencia. Por eso cuando se habla de las ideas burguesas se está haciendo referencia a los valores surgidos o al menos hechos explícitos por las revoluciones burguesas (derechos del ciudadano, libre mercado, etc..) .

¿Pero es posible que el fin social cambie para una misma clase, cambiando por tanto sus valores, su ideología, su discurso político?

Esta pregunta tiene respuesta si se tienen en cuenta lo siguiente: el mundo actual está controlado por el gran capital, por la burguesía dominante, y el fin social de esta burguesía es mantenerse en el poder perpetuando el modo de producción capitalista; el dominio del modo de producción capitalista se dio como producto de la acción de la burguesía revolucionaria, cuyo fin social era tomar el poder político destruyendo la dominación feudal. Por tanto una vez tomado el poder el fin social de la burguesía cambia, y ello ha de llevar aparejado una adecuación a la nueva situación.

Esta adecuación es una evolución fundamentalmente ideológica, el modo de producción siendo el mismo (capitalismo o sea creación de plusvalía), pero habiéndose éste desarrollado y extendido en un par de siglos hasta el último confín de la Tierra ya bajo el dominio político burgués, han cambiado sus necesidades de tal manera que la justificación revolucionaria (de manera paradigmática: Libertad, Igualdad, Fraternidad) se vuelve peligrosa a los intereses actuales (ejemplos: los derechos de propiedad intelectual que producen un acceso restringido a la información y al conocimiento (Libertad), incluso al ocio, el crimen de lesa humanidad (Fraternidad) que se comete cuando el capital domina los productos farmacéuticos y la salud. La Igualdad está mal vista por sus connotaciones socialistas, este concepto se abandonó sin vergüenza hace tiempo). O sin ser peligrosos necesariamente los valores revolucionarios son un estorbo (derechos del ciudadano), porque se necesita de mano dura para mantener el poder en un sistema cada vez más inestable. Lo que no está con ellos está contra ellos.

En dos palabras: la ideología necesaria para llegar al poder no es la misma que la necesaria para mantenerse en el poder.

Por lo tanto, en efecto estamos siendo testigos de un acontecimiento reseñable en el discurrir de la Historia con los pasos dados hacia la abolición de los derechos del ciudadano: sobre todo derecho a juicio, presunción de inocencia, rehabilitación penal, integridad física y opinión (véase el tratamiento dado a los «terroristas» de Hamás, refiriéndose en realidad a toda la población de Gaza masculina adulta). Otros factores secundarios para el diagnóstico de la situación están presentes: manipulación de la información (el control de los grandes medios es cada vez más patente), uso cada vez mayor de la violencia, porque la descomposición social lleva a hacer cada vez más ineficaz el control ideológico (guerras abiertas en Iraq, Afganistán, Palestina por un lado, y regímenes dictatoriales brutales al servicio de Occidente, como Marruecos, Egipto, Arabia Saudí…etc… por otro), desaparición del libre mercado por el control de las grandes empresas sobre la economía (esto es así hace ya tiempo).

El fascismo y el nazismo en los años 20-30 del siglo XX (abolición de los derechos del ciudadano, manipulación de la información, uso sistemático de la violencia por parte del Estado, control explícito del mercado) fueron una reacción de defensa del capital italiano y alemán ante el ascenso de la clase obrera agudizado por la crisis propia del sistema. Ese ejemplo no cundió en el resto de Potencias, cuyas burguesías no tuvieron que recurrir a acciones tan drásticas para mantenerse en el poder (¿pudo la falta de colonias ser el factor determinante? ahora prácticamente no queda espacio de expansión) y pareció una desviación temporal y siniestra, una pesadilla de la que el mundo finalmente despertó.

Pero el aplauso contenido a los crímenes de Israel en Gaza ha sido unánime en las Potencias. Esta renuncia clara y explícita a los valores burgueses revolucionarios, en mi opinión nunca antes tan claramente expresada, es un acontecimiento reseñable en la Historia, y un síntoma aterrador de lo que va a ocurrir en los próximos años.

Se puede afirmar entonces que el fascismo, es decir la vuelta jurídica al Estado medieval, o sea la renuncia total a los valores revolucionarios de la burguesía, es la fase de estabilidad del capitalismo maduro. Además ha resultado ser el socialismo el que ha levantado el relevo que la burguesía dejó tirado en el camino de la Historia, y por ello, doscientos años después, los nuevos revolucionarios nos reclamamos de la Ilustración tanto como del pensamiento marxista, que no es más que su natural continuación.

Libertad, Igualdad, Fraternidad.