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El retorno del pueblo

Fuentes: Crónica Digital

Se rompió el relato del Chile exitoso. El culto extendido al constructo político económico, elaborado en los inicios de los años 90, llega a su fin. La tecnocracia clerical conservadora y la vieja Concertación, ven como los íconos edificados en esta larga liturgia, se queda sin feligreses: la democracia protegida, el credo del emprendimiento, la […]

Se rompió el relato del Chile exitoso. El culto extendido al constructo político económico, elaborado en los inicios de los años 90, llega a su fin. La tecnocracia clerical conservadora y la vieja Concertación, ven como los íconos edificados en esta larga liturgia, se queda sin feligreses: la democracia protegida, el credo del emprendimiento, la monserga meritocrática, el chorreo que nunca llega, la gran estafa de la capitalización individual, el crecimiento para la estadística.

Dicho lo anterior, es el momento de la política en su máxima expresión. No obstante el gobierno ha renunciado a ella. Renuncia cuando decreta una de las facetas del estado de excepción y saca los militares a la calle. Renuncia cuando transforma sus vocerías en una descripción de daños y criminaliza la protesta social. Renuncia cuando busca espacios de diálogo practicando la exclusión o con invitaciones a regañadientes. Renuncia, cuando el Ministro del Interior nos dice que: «no tengo ninguna responsabilidad política». En consecuencia, las detenciones injustificadas, los heridos, los muertos de estos días, la destrucción de la infraestructura pública y privada, se explica en hechos azarosos, cuya responsabilidad es de la ciudadanía que decidió manifestarse en las calles.

El señor Piñera, en un resabio de su formación escolar prusiana, ha puesto en el centro de la discusión la vieja máxima de Von Clausewitz «la guerra es la continuación de la política por otros medios».

¿Se trata entonces de una guerra personal e imaginaria? ¿Se trata de una pataleta social? La explicación proveniente desde la psiquiatría resulta exigua, por momentos irrelevante, al poner a los abusados, los excluidos, los violentados en el diván. Téngase presente que dentro de la estrategia política del gobierno, siempre rondó la idea de un nuevo «acuerdo nacional». Se trataba de revalidar los privilegios ya logrados y extenderlos por cuarenta años más.

Así se entiende el plan Araucanía, que era un conjunto de medidas destinadas especialmente al mundo empresarial de la zona militarizando, criminalizando, persiguiendo, abriendo mesas de diálogo con los dispuestos a aceptar migajas.

Del mismo modo las emprendieron contra los estudiantes durante meses, buscando destruir las comunidades, los espacios democráticos que no aceptaron ni aceptarán la propuesta de «aula segura». Cubillos y Alessandri son los espectros destinados a calentar el ambiente hasta lo inaudito.

Estábamos con la amenaza a la oposición en la Cámara de Diputados, de acusar inconstitucional en el proyecto de ley de cuarenta horas, donde la derecha pretendía recurrir al cuestionado Tribunal Constitucional. Estábamos con los intentos de reintegración con saldo favorable al gran privado.

Y estalló todo…

Bajo esas circunstancias, la élite económica y política pretende resolver el conflicto que les revienta producto de la desigualdad, el menosprecio y el abuso, recurriendo con rapidez a las Fuerzas Armadas, desplegándolas en principio en Santiago y luego en casi todo el territorio nacional.

Detrás del llamado del gobierno al diálogo excluyente, opera la intención de fraguar un acuerdo entre cuatro paredes, de ahí el conjunto de medidas centradas en pequeñas mejoras económicas, muy lejanas a lo que los movimientos sociales y el pueblo está exigiendo en las calles.

El punto de inflexión de unos y otros hoy es ese. Se cita a un conjunto de partidos tradicionales que desterraron su militancia, demolieron sus propias redes de convergencia social en favor de operarios y tecnócratas. De ahí que el conflicto exponga la magnitud de su desastre, aunque lo deseen, están imposibilitados de ser interlocutores válidos.

El efecto inmediato del estallido social es el traslado de la política a las calles. Los barrios, las plazas, las banderas, los cánticos, se transforman en expresiones socioculturales de diverso tipo, en ese contexto emergen los grupos con mayor historia de resistencia, de servicio, validados en su entorno. La Mesa Social, sumada a otras formas de organización, se ha propuesto conducir en la medida de sus capacidades, el estallido.

Los partidos políticos de la oposición en tanto han tomado caminos distintos y están en su derecho, ciertos sectores consideraron que era necesario dialogar y otros a falta de señales claras y directas han preferido restarse.

A pesar de lo anterior, la oposición entregó una señal de unidad en La Cámara de Diputados al dar curso a la legislación de las 40 horas, ello con la abstención de Renovación Nacional y el rechazo unificado de la UDI.

Desde El Senado, los opositores preparan un paquete de medidas, destinadas a abrir paso a las demandas sociales y políticas, como la iniciativa ciudadana de ley, además de abrir paso a un cambio constitucional profundo.

Problema de diagnóstico

Lo más preocupante es el diagnóstico que proviene de los centros de pensamiento conservadores, no han sido capaces de entender el fastidio social. Los dineros invertidos en focus group, encuestas, no dieron cuenta del estado de decepción.

» La última gracia de los estudiantes violentos ha sido alterar el orden en las estaciones del Metro, llamando a evadir el pago, solamente porque hay un alza en la tarifa, moderada pues no supera la inflación y que ni siquiera les afecta a ellos. Varios días de incidentes afectando a millones de santiaguinos, porque estos jóvenes piensan que ellos no están para cumplir las leyes «. Luís Larraín Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo. La Tercera, 19 de octubre de 2019

Con fecha 24 de abril, Libertad y Desarrollo publica un artículo titulado La revuelta de Chile [1], cuyo análisis se centra en la idea de un ataque concertado contra la institucionalidad y el gobierno. De este modo ratifican la tesis del enemigo interno y según un tal Guaidó, también fuera de nuestras fronteras, el argumento de Lenin Moreno, desplegado en su dimensión más prolija.

«Estábamos frente a un virtual asalto a la institucionalidad y al poder democráticamente electo, y el máximo dirigente del Partido Comunista pidió públicamente la renuncia del Presidente Piñera. Las convocatorias que después se han conocido a paros de la CUT, trabajadores portuarios, del cobre, de la salud y la educación, muchos controlados por el PC, convergen hacia una acción organizada de insurgencia contra el poder establecido«.

Al profundizar sus observaciones, argumentan que existen elementos que afectaron la credibilidad de las instituciones de orden y la legitimidad de su accionar, quedando en entredicho carabineros -y desde su punto de vista- rescatando la labor del ejército.

El documento esboza que las medidas que se adopten no pueden afectar el crecimiento, hacen un llamado a los partidos políticos institucionales a desempeñar su función bajo los márgenes de lo establecido, incluso proponen futuras reglas que coloquen límites, pautas preestablecidas a las protestas sociales, una especie de «cacerolazo seguro», «empadrónese y marche», sutilezas de ese estilo.

«Para terminar, dos consideraciones adicionales. El nuevo pacto social debe contener estipulaciones sobre los límites de la protesta social y la legitimidad de las formas para ejercerla. No basta con condenar la violencia, se trata de concordar en que hay formas de protestar que devienen en incontrolable violencia. Por último, debemos estar en alerta frente al populismo. Sensibilidad social no es lo mismo que populismo. Supuestas soluciones que no atacan la raíz de los problemas, pueden terminar en mayor frustración e ira«. (LyD, La revuelta de Chile)

En otro tono, La Fundación Jaime Guzmán en un trabajo titulado Crónica de una crisis social no anunciada [2], establece como un primer punto la idea que detrás de estas movilizaciones no existe nada concreto y con ello esperan por cierto que se diluya.

«Los inciertos escenarios que se abren de cara al mediano plazo deben entenderse en el marco de que esta insurgencia no tiene rostro ni demandas específicas«.

En su especulación establecen una primera aproximación teórica desde la perspectiva de la comunicación horizontal, por sobre la tradicional que representa a las instituciones y el Estado, por su verticalidad. Desde su perspectiva se está frente a un supuesto ideológico distinto de las izquierdas, capaces de generar un nuevo sentido común.

De ahí entonces el hecho de apostar a un sujeto social, que serían los movimientos sociales y desde esos espacios antisistémicos perturbar las leyes vigentes. Citan como referente a Benjamín Arditi, un profesor de ciencia política de la UNAM, de línea posmoderna.

«Las demandas, manifiestos, programas y demás cosas que asociamos con el contenido se van viendo sobre la marcha: lo propio de las insurgencias no es diseñar un nuevo orden, sino abrir posibilidades mediante un desafío de nuestros imaginarios y mapas cognitivos» (Cita de Arditi, recopilada en el estudio)

Desde ese punto de vista habrá que pensar el supuesto de la horizontalidad en la comunicación, porque no me resulta convincente que ese paradigma se manifieste y sea capaz de recoger la voz de los que se encuentran en la línea del no ser.

Si esos presupuestos posmodernos son ciertos, entonces tienen razón los que afirman que se trata de un reventón apolítico, desmesurado, una especie de juerga social sin sentido, bajo ese fundamento, Piñera se atreve a colgarse de los manifestantes que coparon el país, el 25 de octubre, repudiando sus políticas de defensa de privilegios.

«La multitudinaria alegre y pacífica marcha de hoy, donde los chilenos piden un Chile más justo y solidario, abre grandes caminos de futuro y esperanza. Todos hemos escuchado el mensaje. Todos hemos cambiado. Con unidad y ayuda de Dios, recorreremos el camino de ese Chile mejor para todos »

Para ser más contundente. Los rostros han existido y están presentes, otra cosa es la actitud de los que han gozado de franquicias epistémicas, sociales y económicas, no los hayan tomado nunca en cuenta, estuvieron siempre frente a sus ojos como un otro, subvalorado. Están ahí, en las organizaciones estudiantiles desde el año 2006, en la organización No + AFP, en los semblantes de quienes han defendido el medio ambiente, en la fisonomía de las agrupaciones feministas, sindicales; cada instancia difundiendo sus discursos, usando las nuevas tecnologías, por tanto, la ausencia de un relato común no la comparto, cuando lo que está en cuestionamiento: es el papel del Estado en el modelo neoliberal, lo que está en entredicho es su estado de derecho, su forma de entender la economía y sus nulas relaciones sociales, fuera de las mediadas por una tarjeta de crédito.

La maciza marcha del viernes 25 de octubre, nos habla del regreso del gran ausente en esta historia, de ese que ha estado subsumido en la oferta y la demanda, en las categorías de clase elaboradas en el siglo XIX, de ese, que el discurso liberal lo lee como un conjunto de individuos capaces de enfrentarse unos contra otros. El retorno del pueblo chileno, ha dado una lección de comunidad, solidaridad y sentido político sin precedentes. La elite económica, política y social ha sido interpelada, veamos si está a la altura de las circunstancias. 

Notas:

[1] https://lyd.org/centro-de-prensa/noticias/2019/10/la-revuelta-de-chile-2/

[2] https://www.fjguzman.cl/wp-content/uploads/2019/10/crisis-social.pdf

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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