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El utillaje del mundo académico, Bolonia y América Latina

Fuentes: Rebelión

Con cuánta supuesta inocencia se conciben, presentan y difunden las cosas en el mundo del capital; con cuánto derroche propagandístico la publicidad con que cuenta el sistema ofrece sus falsas promesas, trampas en la que, en mayor o menor medida, caen diversos sectores sociales. La Academia misma, que tiende a presumir de ser conciencia crítica […]

Con cuánta supuesta inocencia se conciben, presentan y difunden las cosas en el mundo del capital; con cuánto derroche propagandístico la publicidad con que cuenta el sistema ofrece sus falsas promesas, trampas en la que, en mayor o menor medida, caen diversos sectores sociales. La Academia misma, que tiende a presumir de ser conciencia crítica de la sociedad, también se ve sometida a la influencia del capital. Por eso, a tono con los intereses que éste sustenta, en ella sobradamente se hable de apoliticidad y desideologización como elementos que, supuestamente, caracterizan su quehacer. Eso se afirma justamente allí donde la ideología, en diversas expresiones, está siempre presente, tanto como ocurre con cualquier doctrina religiosa que, igualmente, presume de eso mismo.

Sin embargo, por más que haya casas de estudio queriendo alejarse de toda politicidad e ideologización, buena parte de ellas educa en la competitividad y no en la solidaridad; rechaza la lucha contra las políticas yanqui-europeas impuestas a los pueblos del mundo, pero no esas políticas, lo que dice hacer para «no meterse en política»; o bien rechaza a los que se oponen a la más que atada y condicionada «ayuda» del Primer Mundo al Tercer Mundo, pero no a la atadura y condicionamiento que ello encierra. Se aduce que la ayuda, venga como venga, debe ser invariablemente bienvenida, aunque conduzca al mismo infierno.

En la misma frecuencia, no pocos académicos hablan de «nuestros mercados», en vez de las fuerzas o sectores sociales que necesitan recibir educación; de «nuestra oferta académica», en vez de las carreras a servir; de «clientela» en vez de estudiantes, etc. Y pese al propósito de actuar ceñidas a estrictos marcos académicos y científicos, hay universidades comprometidas abierta o solapadamente con el mundo de la empresa y los empresarios.

En la tónica expuesta, no pocas personas del mundo académico se dejan seducir por la trilogía en boga «eficiencia», «eficacia» y «calidad», tomada por la pedagogía estadounidense del eficientismo industrial que, de forma mecánica, traslada al campo de las ciencias humanas y al de la pedagogía en particular, conceptos propios del mundo empresarial [1] . Y aunque no parezca del todo así, dentro de los marcos estrechos que impone la realidad capitalista, la insistencia de sustituir en lo posible la universidad presencial por la enseñanza virtual es parte de ese proceso conducente a crear una universidad amoldada por entero al mundo del capital [2] . ¿No es acaso una manera de librarse del personal docente «superfluo» en aras de reducir el gasto presupuestario?

Hoy el último grito de la moda que el capital impone a las universidades consiste no sólo en acercarlas a las empresas, sino en volverlas empresas. No en vano, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente de España, declaró en enero de 2007 ante el Foro de la Nueva Economía, su deseo de que las universidades «sean más empresas» y éstas «más universidades». Igual debe decirse de que la Comisión Europea señalara en 2005 que la UE había «financiado la conversión de sectores como la industria del acero o la agricultura» y que ahora estaba encarando «el imperativo de modernizar la industria del conocimiento y en particular sus universidades.» [3]

Bolonia o la Mercantilización de la Universidad

Detengámonos ahora en la matriz de muchos de los fenómenos que se están presentando en las universidades bajo el manto de que son, por sí mismos, repuestas a exigencias internacionales. Y se trata, en efecto, de exigencias internacionales, pero no de la humanidad sino de los grandes capitales. Son ellos los que se encuentran detrás de lo que hacen o comienzan a hacer los centros de educación superior; sin embargo, el fenómeno por excelencia que más le interesa promover y afianzar a las grandes transnacionales es el llamado Proceso Bolonia.

El nombre ‘Bolonia’ designa el proceso que pretende poner a la Universidad al servicio de los intereses del capital dominante, bajo el supuesto de favorecer la movilidad de docentes y estudiantes, cuando en realidad trata de aplicar los criterios de la OMC sobre privatización de servicios públicos. Ello responde al Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (GATS) de 1995, afanado en llevar al «libre comercio» todo tipo de actividad humana. Con ello, se busca desterrar toda modalidad de servicio público. Pero Bolonia se orienta, en lo esencial, a proporcionar a la mano de obra la formación que demanda el funcionamiento del sistema capitalista actual. No es casual que en España se haya «separado la universidad del sistema educativo» y se pusiera «a su frente a una representante de la patronal de la industria farmacéutica». [4]

En protesta por la falta de transparencia que ha caracterizado a este proceso, en distintas partes de Europa los estudiantes se manifiestan cada vez más abierta y masivamente en su contra. Como contraparte, los órganos de gobierno de las universidades, no sólo han desacreditado a los que reclaman una discusión masiva del Plan Bolonia, sino que lo han criminalizado y reprimido con el objetivo de impedir «cualquier proceso de reflexión pública, compartida y democrática» al respecto [5] . Así ocurrió, por ejemplo, el 18 de marzo pasado, cuando el edificio histórico de la Universidad de Barcelona fue intervenido policialmente, hecho que no se registraba desde fines del Franquismo; algo similar ocurrió con la Universidad Pompeu Fabra [6] . A partir de lo señalado, es fácil comprender por qué mientras el Círculo de Empresarios o la OMC emiten libremente sus opiniones sobre el papel que debiera desempeñar la educación universitaria, a los activistas de movimientos sociales y a los ciudadanos corrientes se les prohíbe hacerlo. No sorprende que los partidarios de Bolonia cuenten con mucho más canales oficiales de expresión que sus críticos [7] .

Sobre los nefastos planes que encierra Bolonia da cuenta, por ejemplo, el documento del Círculo de Empresarios de 2007, titulado «Una universidad al servicio de la sociedad», donde se lee que a la universidad hay que «ponerla a competir, como cualquier otro organismo económico en el tejido económico de la sociedad.» Y en la última página del mismo documento, se pide eliminar el «funcionariado de la universidad pública, para situar a los profesores en condiciones de flexibilidad laboral semejante al modelo de las universidades privadas estadounidenses.» Así se comprende que la llamada Agencia de Evaluación Externa de la Calidad, aplique una misma vara de criterios empresariales para medir al conjunto de departamentos, proyectos de investigación, acreditación de los profesores, etc.

A estas alturas, el asunto no radica ya en quién sepa y quién no sepa, sino en qué resulta empresarialmente rentable y qué no. En la misma línea, pese a que aún subsisten muchas licenciaturas, es de esperar que al cabo de tres a cinco años, al implantarse la evaluación continua de los estudios por parte de las Agencias de Evaluación, de dichos estudios quedarán en pie sólo aquéllos que se estimen rentables para las empresas. En lo que atañe al profesional, se le volverá tan especializado en todo y en nada que se convertirá en un profesional al servicio de «un mercado laboral basura», para el cual «trabajará como un profesional basura», desde una universidad que, adaptada a ese medio, se volverá también basura. En fin, con Bolonia, se pone fin a la universidad de los conocimientos y se inaugura una universidad centrada en competencias, destrezas y habilidades que responden al mercado [8] .

Ahora bien, aunque formalmente Bolonia se destina a equiparar las universidades europeas en su conjunto y a fomentar la movilidad del estudiantado y del profesorado, tras este proyecto se ocultan muchas cosas, entre otras, la incompatibilidad de combinar trabajo y estudio debido a que esto supondrá 8 horas diarias de dedicación a clases; la suba de precios de matrículas y tasas; la privatización y mercantilización de la universidad; la desaparición de las carreras no rentables para las empresas privadas que financiarán a la universidad.

El esfuerzo mayor está puesto en formar en la competitividad profesional, en detrimento de la enseñanza científica y humanista; dirigir los postgrados a la formación especializada para que los poseedores de estos títulos aspiren a alcanzar una cualificación que vaya de maestría a doctorado, pero a sabiendas de que con ello no se podrá absorber a todos los estudiantes porque, en este campo, se ofrecerá sólo lo que las empresas precisen y financien con préstamos que se saldarán «trabajando gratuitamente a su servicio e incluso pagando matrícula por las prácticas en éstas». Las investigaciones que no sean rentables económicamente estarán condenadas a desaparecer [9] .

Con Bolonia, se dejará de realizar investigación básica para beneficiar la investigación aplicada que se supedita a las trasnacionales como la alimenticia, farmacéutica, automotriz y armamentista; biólogos y bioquímicos, entre otros, pondrán los laboratorios en manos de la Bayer, Monsanto, General Motor o de la Coca-Cola; se dejarán de investigar temas como el calentamiento global, el desequilibrio ecológico, la desigualdad social y el hambre. Y tanto sociólogos como politólogos tendrán que realizar encuestas por encargo, por ejemplo, de los grandes almacenes, los líderes de partidos políticos, etc.; los periodistas responderán por completo a las grandes empresas mediáticas [10] .

Con Bolonia, a las universidades se les compara por medio de rankings locales y se les clasifica geopolíticamente a nivel global; se crea un mercado global para servicios de educación superior y su regulación se define en rondas del GATS, no en sedes académicas. En fin, la Universidad es ahora un gran negocio competitivo que exige de inversiones continuas y de gran envergadura. De esta suerte, si antes al individuo se le exigía una cualificación concreta, ahora se le exige la adaptación permanente; debe ser capaz de captar las necesidades del mercado y contar con competencias atractivas para sus posibles empleadores. Se le exige entonces «una disponibilidad y flexibilidad totales, individualizando aún más las relaciones laborales y desmantelando las garantías y seguridades conseguidas tras una larga historia de conflicto social y negociación colectiva.» [11]

 

¿Quiénes están en su contra?

Se acusa a los antibolonia de ser minorías, pero, los hechos han mostrado lo contrario en diversas partes de Europa. A manera de ilustración, en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) el 93 % del estudiantado se muestra contrario a los planes que las grandes transnacionales han trazado para la educación en general [12] .

Bolonia es asunto que también preocupa a personas de distintas ideologías que laboran en el mundo académico, quienes sosteniendo como «imprescindible e inaplazable una reforma que ponga fin a su progresivo deterioro», están conscientes de que el Plan de Bolonia, aunque presuntamente serviría de respuesta a ese deterioro, no ha resultado tal; por el contrario, ha traído aparejado el desmantelamiento de la universidad pública, cuyo funcionamiento se está supeditando a los intereses del mercado; y el conocimiento en ella generado, al ser utilizado como mercancía, se está desperdiciando [13] .

En Grecia, hace tres años, pese a la constante represión policial, la fortaleza de la lucha de miles de estudiantes  obligó al gobierno a retroceder la aplicación del Plan Bolonia . En Francia la lucha contra Bolonia, aún sin ser continua, ha sido fuerte y masiva. En Italia, este año las movilizaciones han superado a las anteriores en número de participantes. En diciembre, más de un millón de personas desfiló en Roma exigiendo el retiro de una ley que atentaba contra la calidad y el acceso de la enseñanza pública; profesores, personal de servicios y estudiantes marcharon expresando unánimemente que no pagarían por una crisis que ellos no habían provocado. En solidaridad con estos sectores de la educación, miles de trabajadores y los sindicatos italianos de transporte organizaron una huelga. Las distintas movilizaciones tuvieran así carácter masivo. Todas estas luchas libradas en Grecia, Francia e Italia sobrepasaron los marcos escolares; todas implicaron vínculos con otros sectores sociales que, igualmente, combaten contra las políticas neoliberales [14] .

Como en muchos otros casos, las decisiones relativas a Bolonia se adoptan desde arriba, sólo después se busca la argumentación ideológica que las justifique. De este modo, a las autoridades les resulta fácil sostener «que los críticos, estudiantes y profesores, están desinformados o simplemente tienen ganas de armar lío» [15] . Empero, los hechos demuestran lo erróneo de esta manera de percibir a los críticos de Bolonia: los estudiantes que participan del movimiento antibolonia no son ni energúmenos antisistema, ni adolescentes desinformados. Por el contrario, entre los miembros de la comunidad universitaria son los más lúcidos y responsables; los de más coraje y generosidad para defender la existencia de un auténtico sistema de educación superior. Son los más interesados en la sobrevivencia y reafirmación de una universidad vinculada a los ideales de la Ilustración; a la posibilidad de un mundo serio que se rija «por el amor al saber y a la realidad.» [16]

 

No existe, pues, una actitud intransigente de parte de los críticos de Bolonia. Pero son claros al demandar un debate no desde el estrecho marco de un canal de televisión, sino uno que sea en verdad masivo, en el cual pueda participar todo el mundo, particularmente las partes implicadas, disponiendo del tiempo necesario para explicar con detenimiento la posición sustentada; tras lo cual desean que se convoque a un referéndum vinculante que permita conocer el parecer de toda la comunidad universitaria [17] . Pero, haciéndose los desentendidos, los encargados de montar el Plan Bolonia, a sabiendas de que existen claras posiciones en contra de que la educación en su conjunto responda a los intereses de los empresarios, aducen que éstos pueden pedir lo que les venga en gana, sin que forzosamente se les conceda. Mas se sabe que, en el mundo en que vivimos, a los empresarios se les «concede» lo que desean [18] , porque se imponen recurriendo a todo el inmenso poder del que disponen.

Bolonia y América Latina

Las cosas en América Latina no andan lejos de lo que está pasando con la educación en Europa. La privatización de la misma se ha dejado sentir con tanta fuerza que, a lo largo de la presente década, los estudiantes matriculados en universidades privadas han pasado de un 20% a cerca de un 35%; significa que la región se encuentra entre las que, en el mundo, concentran mayor cantidad de estudiantes en universidades privadas. Ello es explicable a partir del afán de las clases pudientes del continente y de sus seguidores en las casas de estudio de vivir copiando modelos «exitosos» procedentes del Norte. Por ello, se da prioridad a la formación profesional sustentada en criterios individualistas, desprovista de pensamiento crítico. Por lo mismo, en los planes de estudio dirigidos no por casualidad con más fuerza a la formación técnica, las disciplinas que proporcionan herramientas de análisis político-social que permiten comprender la realidad nacional, regional o mundial, se estiman cada vez menos importantes.

Como expone Marcelo Colussi, lo que preocupa no es tanto la desaparición de la universidad pública, sino la privatización en la concepción que se tiene de la misma. Se trata de que, como plantea Deiby Ramírez citado por el mismo autor, la universidad es pública no sólo por ser financiada por el Estado sino, sobre todo, por estar abierta a todos los estratos sociales y porque sus beneficios se extienden a toda la sociedad; sin embargo, las universidades públicas se acomodan cada vez más a ese principio de mercado que desecha lo que no proporciona ganancia, lo que no es privado y, por tanto, «exitoso». El mensaje dado por las universidades públicas cobijadas por estas concepciones neoliberales, concluye Colussi, es el de «amoldarse a las fuerzas que lo deciden todo, es decir: el mercado.» [19] Por cierto, en la historia latinoamericana, el acomodo al poder externo ha sido un hecho dominante en la conducta de las clases gobernantes. Por ejemplo, Carlos Cuadra Pasos, ideólogo del conservatismo, hablaba de amoldar la política interna y externa de Nicaragua al que lo decidía todo en ella, «o sea al Departamento de Estado» [20] .

Para saber cómo se expresa el amoldamiento de las universidades al mercado, conozcamos una síntesis del perfil que, según el venezolano Vladimir Acosta, ellas ha adoptado en la región: son «colonizadas, dependientes, subordinadas a una visión derechista, globalizada, eurocentrista y blanca de mirar el mundo»; en ellas «‘los saberes se disocian, se fragmentan, justamente para impedir una visión de totalidad, y para hacer del estudiante que se gradúa, que egresa como profesional, un profesional limitado, con una visión burocrática profesional, orientada en lo personal a hacer dinero, y en la visión que se tiene a encerrarse dentro de un marco profesional sin tener conocimiento de su identidad, de su historia y de su compromiso con su país». [21]

Los procesos que tienen lugar en la ARCIS de Chile (Universidad de Artes y Ciencias Sociales) constituyen una clara muestra del amoldamiento arriba acusado. ARCIS ha pasado de ser una institución educativa sin fines de lucro a ser una sociedad anónima, propietaria del patrimonio inmobiliario de la universidad; de una condición democrática a una autoritaria; de una institución que se creó y forjó a sí misma a una que se ve dirigida por fuerzas extrañas a la Academia; de una que se dirigía desde sus mismas aulas de clase a una que se dirige desde un hotel y una sede partidaria; de una que fue «abierta, acogedora y hospitalaria» a una «cerrada, hostil y vigilada»; de una que servía a las personas a una que ahora sirve al capital; de una que se basaba en la razón y el compañerismo a una que promueve el individualismo y la odiosidad [22] .

Por supuesto, el problema de la educación chilena no se reduce a la ARCIS, es en realidad un problema del sistema educativo en su conjunto. Los únicos que tienen posibilidades de ingresar a la academia (sea ésta pública o privada) son primordialmente aquéllos que demuestran capacidad económica para cubrir los altos costos que en ella se cobran. Pero aún cuando este obstáculo pueda sortearse a costa de hipotecar el futuro propio y el de la familia para   poder estudiar , las personas que no forman parte del grupo selecto de la clase dominante , al concluir sus estudios, tropiezan con el obstáculo insalvable del campo laboral que está copado por gente de su misma clase social; en cambio, los hijos de los poderosos, desde antes de culminar sus estudios, tienen asegurado su puesto laboral en algún consorcio capitalista [23] .

Contra la preocupación de personas que laboran en las universidades públicas por las críticas constantes que externan los medios de derecha contra ellas, debe plantearse que esos medios no cuestionan los errores, pequeños o grandes, que comete la Academia, sino justamente su condición de institución pública, financiada por el Estado y carente de fines de lucro. En otros términos, es la existencia de las universidades públicas lo que, en verdad, está en juego. De ahí que, como expresa Rafael Cuevas Molina , al ubicarse «el «gasto» de educación en el campo social, el mismo se estima reducido y, a partir de ello, se le exige a la Universidad que, de modo creciente, mediante la venta de servicios, genere sus propios recursos y, por otra parte, se le empuja a racionalizar sus gastos reduciendo los que se hacen para salarios del personal, con lo que crece la cantidad de profesores flotantes (horarios), sujetos a prestar sus servicios esporádicamente, bajo precarias formas de contratación [24] .

La Universidad está lejos de constituir el universo de fenómenos sociales; las acciones del capital en su contra tampoco son únicas. Por el contrario, a escala global y local, ella es sólo parte de un mundo mucho más amplio y complejo en el que impera el dominio del capital. Por eso, sus acciones en contra de este dominio opresor deben fundirse cada día más con las que emprenden diversos movimientos sociales, políticos, medioambientales etc., que, por doquier, están luchando porque que el planeta, sus recursos, la vida, la sociedad y la humanidad entera se armonicen para hacer realidad la existencia de un mundo que, para todos, sea mejor y mucho más seguro que el actual. Por el contrario, su alejamiento de esa lucha sólo puede debilitarla cada día más y, consecuentemente, condenarla a muerte.

Es hora de que las universidades se comprometan con la transformación social más profunda; que hagan ciencia e investiguen no como un fin en sí mismo, sino como auténticos medios de esa transformación que la supervivencia de la vida sobre la tierra convierte ya en necesidad perentoria. En este sentido, la Academia debe hacer suyo, sin ninguna vacilación de por medio, el siguiente planteo de los países del Alba ante la V Cumbre de las Américas [25] :  

 

«La crisis económica global, la del cambio climático, la alimentaria, y la energética son producto de la decadencia del capitalismo que amenaza con acabar con la propia existencia de la vida y el planeta. Para evitar este desenlace es necesario desarrollar un modelo alternativo al sistema capitalista. Un sistema de:

· Solidaridad y complementariedad y no de competencia;

· Un sistema de armonía con nuestra madre tierra y no de saqueo de los recursos naturales;

· Un sistema de diversidad cultural y no de aplastamiento de culturas e imposición de valores culturales y estilos de vida ajenos a las realidades de nuestros países;

· Un sistema de paz basado en la justicia social y no en políticas y guerras imperialistas;

· En síntesis, un sistema que recupere la condición humana de nuestras sociedades y pueblos y no los reduzca a ser simples consumidores o mercancías.»

Notas:


[1] Rafael Cuevas Molina . Argenpress . «Universidad, cultura y democracia en América Latina: La era neoliberal». http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82625

[2] . Montserrat Galcerán, catedrática de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. «¿Tiene la Universidad algún interés para el capital?». Periódico Diagonal. Número 70. 24 ene – 6 feb 2008. http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article5238

[3] . Carlos Sevilla. » La segunda ola de contrarreformas del Proceso de Bolonia». Periódico Diagonal. Número 70. 24 ene-6 feb 2008. http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article5236

[4] . Salvador López Arnal. «Entrevista con Manuel Martínez Llaneza». www.kaosenlared.net/noticia/entrevista-manuel-martinez-llaneza .

[5] . Manifiesto del PDI (personal docente) y el PAS (personal no docente) ante el Proceso de Bolonia. Contra el desmantelamiento de la universidad pública. Este texto fue leído el 10 de marzo de 2009 por el escritor, ensayista, profesor y catedrático de la UB Jordi Llovet, en el edificio histórico de la Universidad de Barcelona [Traducido del catalán para Rebelión por Carles Gil y Salvador López Arnal]. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82084

[6] . B asta de represión contra el movimiento anti-bolonia; solidaridad con los y las detenidas y heridas http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article7600

[7] . Bolonia» y el derecho a la protesta: algunos apuntes sobre la forma y el fondo Gerardo Pisarello http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2442

[8] . Carlos Fernández Liria, escritor y profesor de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. «Bolonia es un intento patético, desesperado, de adaptar la universidad a un mercado laboral basura». SanBorondon.info http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82338

[9] . Convocada huelga y manifestación para el día 13 de noviembre contra Bolonia http://www.lahaine.org/index.php?p=33684

[10] . Marcos Roitman Rosenmann. «La respuesta universitaria al plan Bolonia». http://www.lademocracia.es/La-respuesta-universitaria-al-plan-Bolonia

[11] . Dani Iraberri ¡Esto sí es Bolonia, señores Rectores! http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82519

[12] . Miles de estudiantes se manifiestan en el Estado Español contra el Plan Bolonia. www.kaosenlared.net/noticia/miles-estudiantes-manifiestan-estado-espanol-contra-plan-bolonia

[13] . Manifiesto del PDI (personal docente) y el PAS (personal no docente) ante el Proceso de Bolonia. Ob. cit.

[14] . Izquierda Anticapitalista . » Contra Bolonia: Estudiantes de toda Europa ¡Uníos» . www.kaosenlared.net/noticia/contra-bolonia-estudiantes-toda-europa-unios-1

[15] . Francisco Fernández Buey . «¿De qué Plan Bolonia hablamos?». http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82660

[16] . Insurgente. » Decenas de miles de estudiantes se manifiestan contra el Plan Bolonia; hay heridos y detenidos tras la intervención de los antidisturbios. Un centenar de profesores e investigadores universitarios firman una declaración de apoyo». http://www.redasociativa.org/elinsurgente/modules.php?name=News&file=article&sid=16200

[17] . Ibíd.

[18] . Carlos Fernández Liria. Ob. cit.

[19] Marcelo Colussi . Rebelión . «Latinoamérica: en defensa de la universidad pública». http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82206

[20] . Carlos Cuadra Pasos. Obras. Tomo I. Colección Cultural Banco de América. Serie Ciencias Humanas Nº 5. 1977. pp. 489-490.

[21] . Marcelo Colussi . Ob. cit.

[22] . Comité de solidaridad con los estudiantes expulsados . «Los procesos de la universidad ARCIS». http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83917

[23] . MIR-EPR (Batallón Chile). « El papel de los monopolios en la educación formal chilena». http://www.lahaine.org/index.php?p=9674

[24] Rafael Cuevas Molina . Ob. cit.

[25] . Documento de los países del Alba para la V Cumbre de las Américas. http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=178032&lee=16