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El viejo clientelismo y el nuevo bloque independiente

Fuentes: Prensa Rural

Los resultados electorales reflejan la continuidad de la mayoría parlamentaria ligada al poder tradicional y a lo que representa: el latifundio, el extractivismo, la depredación ambiental, el clientelismo y el neoliberalismo. Las grandes empresas electorales originadas en el viejo bipartidismo consolidan su poder en el Congreso. En el Senado los partidos Centro Democrático, Cambio Radical, […]

Los resultados electorales reflejan la continuidad de la mayoría parlamentaria ligada al poder tradicional y a lo que representa: el latifundio, el extractivismo, la depredación ambiental, el clientelismo y el neoliberalismo.

Las grandes empresas electorales originadas en el viejo bipartidismo consolidan su poder en el Congreso. En el Senado los partidos Centro Democrático, Cambio Radical, Liberal, Conservador y de la U, suman 78 curules de 107 posibles [1]. En suma, se consolidan los grandes proyectos políticos a expensas de los pequeños partidos de derecha que emergieron en la década pasada, ya que Opción Ciudadana (que antes se llamaba Convergencia Ciudadana y luego pasó a llamarse PIN) desaparece del Senado. En Cámara esos grandes partidos tienen una mayoría más holgada, pues acumulan 144 curules de 175 posibles; a ese bloque se le pueden sumar las dos curules de Opción Ciudadana, la curul de Colombia Justa Libres y las dos curules afro.

Tal resultado no sorprende. Ante un sistema electoral con la tecnología de finales del siglo XX, sin voto electrónico, en el que priman el clientelismo y el dinero para hacer campañas, los poderes tradicionales logran una esperada continuidad. Ya no es necesario leer a Camilo Torres para decir que «el que escruta elige», basta con leer la reciente entrevista a Roberto Gerlein, el más indigno símbolo de la política conservadora colombiana, un personaje que incluso sin participar en la contienda obtuvo más de 8000 votos. Gerlein resumió la realidad política colombiana en unas cuantas frases:

«El poder en Colombia funciona como en casi todo el mundo: lo detentan los muy ricos, los que controlan los medios. El poder político en un mundo capitalista como el nuestro está determinado por los intereses de quienes controlan los grandes capitales».

«¿Qué cambió, en su opinión, con la elección popular de alcaldes y gobernadores? Las campañas se fueron encareciendo».

«La fuente del clientelismo es la pobreza. El país es clientelista, todo el mundo necesita cosas y se las piden a quienes tienen la capacidad de lograrlas. Y hay clientelismo en todos los niveles de la vida colombiana. Desde los más ricos hasta los más pobres. El clientelismo se estructura por la ausencia del Estado y al Estado lo controlan los ricos» [2].

Así no es extraño ver los videos que muestran cómo la campaña del ahora liberal Rafael Escrucería, el heredero de la estirpe que ha saqueado a Tumaco por décadas, repartía plata en efectivo en ese municipio. O como en la sede de campaña de la recién elegida Senadora Aida Merlano, del Partido Conservador, encontraron $260 millones de pesos, cuatro armas sin salvoconducto y una pila de certificados electorales.

La sorpresa: un nuevo bloque alternativo

La gran noticia de la jornada es la consolidación de un diverso bloque alternativo que se sitúa por fuera de los grandes partidos tradicionales. Los sectores alternativos, aquellos que no se alinean con Santos, Uribe o Vargas Lleras (los tres grandes electores en lo que va del siglo) se enfrentaban a un panorama muy difícil. Por un lado, aún cargaban con el peso de las derrotas anteriores, tras el triunfo del «No» en el plebiscito y los resultados de las elecciones locales del 2015, cuyo principal síntoma fue la pérdida de la Alcaldía de Bogotá. Por otro, llegaban divididos al Senado en cuatro listas (Polo, Decentes, Verdes y el nuevo partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común -FARC) y sin avizorar una alianza para las Presidenciales.

La izquierda queda representada en el Senado con cinco curules para el Polo, cinco para FARC y cuatro para Decentes. El partido Verde logra la inesperada cifra de 10 Senadores y el MIRA vuelve a esa corporación con tres curules. Sumando la circunscripción indígena, tendríamos 29 Senadores que no provienen de los grandes partidos tradicionales. Un número muy importante para el contexto colombiano.

En Cámara los Verdes alcanzan nueve congresistas, mientras el Polo, Decentes y el MIRA logran dos cada uno. También fue elegido un Representante por la Coalición Alternativa Santandereana (Polo-ASI-Verdes) y dos Representantes de MAIS, uno elegido por Boyacá y otro por la circunscripción indígena, para un total de 18 Representantes alternativos.

Es una buena noticia el desempeño del Polo y de Decentes. No solo rebasaron el umbral, además lograron una representación destacada. En el Polo hay más continuidad que cambios; conservó sus curules al Senado, reeligiendo a Jorge Robledo, Iván Cepeda, Alexander López y Alberto Castilla; Senén Niño no logró la reelección y será reemplazado por Leonidas Gómez quien logró la segunda votación de ese partido. El Polo también conserva la curul a la Cámara por Antioquia, que ahora será ocupada por el exdiputado Jorge Gómez, y una curul en Bogotá, gracias a la reelección de Germán Navas. Sin embargo, el Polo perdió una curul a la Cámara en la capital del país, la que ocupaba Alirio Uribe, quien fue uno de los mejores Representantes del período que termina y un ser humano ejemplar en todos los aspectos; una pérdida para el Polo, para la izquierda, y para todos los sectores democráticos.

Por la Lista de la Decencia llegan al Senado dos mujeres de mucha trayectoria: la ex concejala Aída Avella, histórica dirigente de la Unión Patriótica, y la Defensora de Derechos Humanos Gloria Flórez, quien hizo parte del gabinete de la Alcaldía de Gustavo Petro. También llegan dos hombres extraños a la política electoral: Gustavo Bolívar, quien esperamos que sea mejor Senador que guionista de malas series televisivas; y Jonatan Tamayo, un trovador de Villavicencio. A Cámara llegan dos personas jóvenes pero de trayectoria en las izquierdas y el movimiento de víctimas: María José Pizarro y David Racero, ambos por Bogotá.

En el Partido Verde se destaca la diversidad ideológica de las personas electas. Encontramos un sector a la izquierda donde se puede ubicar a Inti Asprilla (que tuvo casi 100 mil votos en Bogotá), al exdirigente magisterial y exsenador del Polo Jorge Guevara, a Antonio Sanguino y a Juan Luis Castro, hijo de Piedad Córdoba. Más hacia el centro se ubican Antanas Mockus, Angélica Lozano, Juanita Goebertus, Sandra Ortíz y Katherin Miranda; digo que son de «centro» aunque yo mismo no tengo claro en qué consiste tal posición y sin olvidar que una parte de este sector tiende a ser muy complaciente con el actual Alcalde de Bogotá. No tan al centro se encuentran el exministro de Justicia de Santos, Jorge Londoño; o el Senador Iván Name, quien fue ponente defensor de las Zidres y cuya hija hace parte de la bancada en el Concejo que apoya ciegamente a Peñalosa.

A pesar de los escándalos de su lideresa espiritual, la Pastora Piraquive, el MIRA hoy representa un proyecto independiente de los poderes tradicionales. Ese partido le ha hecho una consecuente oposición a Peñalosa en el Concejo de Bogotá, sus parlamentarios han sido bastante juiciosos y han apoyado las iniciativas de solución política al conflicto. Aunque puedan tener algunas posiciones conservadoras, representan un voto cristiano que no ha sido cooptado por Cambio Radical o por el uribismo.

Para terminar, destaco dos curules derivadas de la movilización popular. Por un lado, la merecida victoria de Feliciano Valencia en la circunscripción especial indígena, un luchador forjado en la minga y la carretera que no apoyaría una reforma tributaria neoliberal, como sí lo hizo su predecesor. Por otro, la llegada a la Cámara de César Pachón, el recordado líder del Paro Agrario de 2013.

La consulta de Petro y la lejana coalición presidencial

Aunque no le guste a un sector del Polo Democrático, el resultado de la consulta entre Petro y Caicedo es una buena noticia para la izquierda. Petro pasó de encabezar las encuestas a lograr casi 2.850.000 votos, mientras la consulta en su conjunto ya rebasó la cifra de 3.364.309 tarjetones válidos. Tales cifras reflejan que, contrario a la opinión de ciertos politólogos de la radio, en Colombia se posiciona una emergente tendencia favorable a ideas democráticas y de izquierda. Al parecer el país no es tan godo como algunos suponen.

Sin embargo, aún no es clara la posibilidad de una alianza hacia la primera vuelta Presidencial. Por un lado, diversas declaraciones de Claudia López y Jorge Robledo siguen enfilando ataques contra Petro, mientras otros líderes del Polo aún no plantean una posición clara; asunto curioso si tenemos en cuenta que buena parte de las bases del Polo prefieren a Petro que al candidato oficial de su partido. Por otro lado, vale recordar que Humberto De La Calle tiene una limitación objetiva para aliarse con Fajardo o con Petro. Según la Ley 1475 de 2011 (Artículo 7): «En caso de incumplimiento de los resultados de las consultas o en caso de renuncia del candidato, los partidos, movimientos y/o candidatos, deberán reintegrar proporcionalmente los gastos en que hubiere incurrido la organización electoral». No creo que los liberales deseen arriesgar esa platica.

La derecha

La palabra «uribismo» significó en su momento un pacto entre tres sectores de clase: 1. La burguesía tradicional aliada del viejo bipartidismo; 2. Los representantes de la inversión extranjera y las empresas transnacionales; 3. Los sectores «emergentes», ligados al narcotráfico, el paramilitarismo, o el contrabando, que consolidaron nuevos autoritarismos regionales.

Desde 2006 en adelante, esa alianza se fue fisurando hasta quebrarse por completo en el año 2010 con la elección de Santos. Desde entonces Uribe se rodeó de los sectores más fieles a su legado, los más cercanos a los terratenientes ganaderos y a personalidades ultraconservadoras. El uribismo de la etapa 2010-2018 estuvo más a la derecha que durante los Gobiernos de Uribe. La oposición a los Diálogos de Paz, la retórica de la amenaza del castrochavismo y la ideología de género, o sus simpatías hacia Trump y la ultraderecha global alimentaron sus posturas. Sin embargo, en las elecciones del 11 de marzo fueron derrotados varios de esos ideólogos, pues no llegarán al congreso el militar Plazas Vega, el youtuber cristiano Oswaldo Ortíz, José Obdulio Gaviria, Claudia Bustamante o Leszli Kalli. Tampoco llegaron representantes de la ultraderecha avalados por otros partidos, como «el Patriota» o el esposo de la diputada Ángela Hernández.

Podría sostenerse que el Centro Democrático tiende a dejar de ser un nuevo partido de derecha extrema para transitar hacia un viejo partido clientelista en el que tienen más peso los gamonales tradicionales que los ideólogos ultraconservadores. Tal tendencia podría respaldarse por los malos resultados de Ordóñez en la consulta. Sin embargo, la continuidad de María Fernanda Cabal, de Hernán Prada, María del Rosario Guerra o Ernesto Macías y la llegada a la cámara de José Jaime Uscategui muestran que hoy el uribismo es algo mixto: clientelismo más ideología de extrema derecha.

Por último, aunque el uribismo hoy reclame una victoria en su consulta presidencial, el escenario no es tan favorable para Iván Duque por tres razones. Por un lado, no es claro que todos los votos de esa consulta vayan para Duque en primera vuelta; es más, la votación del Centro Democrático para Senado y Cámara fue inferior en 1,5 millones a la obtenida por Duque en la consulta. En segundo lugar, es cierto que Duque cuenta con su partido y con la opinión de derecha, pero Vargas Lleras tiene a un Cambio Radical en expansión, a la mayoría del Partido Conservador, a casi todo el Partido de la U y a un sector del Partido Liberal. No es casualidad que el Centro Democrático no obtuviera ningún Representante a la Cámara en el Caribe, terreno donde la maquinaria de Vargas Lleras y la opinión de Petro lucen mucho más fuertes.

Por último, lo más importante. No es buena señal que, a la hora de dar el discurso de agradecimiento por su victoria, Duque tuviera en frente a cientos de personas coreando el nombre de Uribe. El títere gordito entra entonces en una disyuntiva. Si no gana personalidad propia perderá fuerza en los debates presidenciales; y si la gana, lo verán como un traidor del titiritero.

***

En resumen, aunque el poder clientelista tradicional se mantiene, un nuevo bloque independiente puede hacerle contrapeso. Parece que el país es menos conservador de lo que se supone y que nuevos liderazgos pueden contribuir a socavar ese viejo poder.

La Siniestra

Notas

[1] Los cálculos de las curules posibles incluyen a las circunscripciones especiales y a las curules derivadas del Acuerdo de Paz. Por razones obvias no contabilizo al Senador que será electo en la contienda presidencial.

[2] «En Colombia, ricos y pobres son clientelistas: Roberto Gerlein» http://lasillavacia.com/silla-carib…

Fuente original: http://prensarural.org/spip/spip.php?article22832