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En Colombia los héroes sí existen

Fuentes: Rebelión

«Desgraciado el país que necesita héroes» Bertolt Brecht La captura de Andrés Sepúlveda, el hacker-espía al servicio de la campaña presidencial de Oscar Iván Zuluaga, que al mismo tiempo operaba para las Fuerzas Armadas del Estado Colombiano y podía ser un mensajero de la CIA, la DEA o entidades similares de los Estados Unidos ha […]


«Desgraciado el país que necesita héroes»

Bertolt Brecht

La captura de Andrés Sepúlveda, el hacker-espía al servicio de la campaña presidencial de Oscar Iván Zuluaga, que al mismo tiempo operaba para las Fuerzas Armadas del Estado Colombiano y podía ser un mensajero de la CIA, la DEA o entidades similares de los Estados Unidos ha despertado un sinnúmero de comentarios que se han concentrado en el tema del espionaje. Son contados los análisis que resaltan otros aspectos de tipo ideológico y cultural, y revelan la mentalidad del individuo mencionado, que no es ni mucho menos algo excepcional, sino la clara expresión de eso que hemos denominado una «cultura traqueta», que forma parte del fascismo social que se ha impuesto en Colombia en las últimas décadas. Por tal circunstancia, se requiere un examen sobre esos recónditos aspectos ideológicos y culturales, que ayudan a entender en gran medida el tipo de mentalidad de extrema derecha, clasista, racista, sexista, anticomunista y criminal que se ha consolidado en este país.

Propaganda para rendir culto a los «nuevos héroes»

Cuando fue detenido Carlos Andrés Sepúlveda repetía en forma insistente a los miembros de la Fiscalía que lo había capturado «soy un héroe, soy un héroe». Esto puede resultar extraño e inexplicable para alguien que no viva en Colombia y que no haya tenido que soportar la horrorosa campaña de propaganda desplegada por el Estado para mostrar una imagen positiva de las Fuerzas Armadas, sobre todo después de que se descubrieron los crímenes oficiales que fueron bautizados con el eufemismo de los «Falsos Positivos». En efecto, durante el gobierno militarista de Álvaro Uribe Vélez se dio inició a la campaña «Los héroes si existen», que cubre varios frentes de propaganda, tales como la publicidad por televisión, realizar pruebas deportivas y convertir el 19 (20) de julio en el día de los héroes.

En la televisión se puso en marcha una invasiva y costosa campaña de publicidad de seis comerciales, cada uno de un minuto de duración, en los que se muestran a miembros de las Fuerzas Armadas como valerosos y sacrificados hombres al servicio de la población, que se baten para defender la patria de la acción de los malvados y «terroristas», con el lema «los héroes en Colombia si existen». Esos mensajes se han repetido miles de veces todos los días y a todas horas por televisión con el objetivo de limpiar la imagen de un ejército responsable de miles de asesinatos y de presentar a sus miembros como seres heroicos -muy a la usanza de los Estados Unidos, lo que no es nada casual- que se baten contra un enemigo implacable, sacrificándolo todo, eso sí, sin decir cuántos millones de pesos del presupuesto nacional gastan en esa publicidad engañosa, que proviene de los impuestos que pagan los habitantes de este país.

Un segundo frente de propaganda se da en el terreno deportivo con la realización de una competencia atlética, denominada «la carrera de los héroes», que es organizada por una entidad que tiene el significativo nombre de Corporación Matamoros (no sería mejor llamar Matapobres) que pertenece al Grupo Social y Empresarial del Ministerio de la Defensa Nacional, que difunde el mensaje que esa competencia se hace en honor de los que no salieron corriendo porque «dieron la vida en un lugar apartado de Colombia, peleando hasta la última gota de sangre contra el enemigo agazapado y feroz, y defendiendo un puesto de policía, una trinchera, un cambuche improvisado para plantar la bandera de la Patria»i. Lo interesante estriba en que, con todo el presupuesto que tiene el Ministerio de Defensa (léase de Guerra) que consume 27,5 billones de pesos anualmente, quienes quieran participar en la prueba atlética deben pagar una inscripción de 50.000 pesos (unos 25 dólares) y se afirma que «los recursos obtenidos en este evento serán invertidos en la educación de 500 soldados heridos en combate y en la rehabilitación, a través del deporte, de 300 soldados que pertenecen a la liga de militares con discapacidad»ii. Aparte, entonces, de los monumentales recursos económicos que devora el presupuesto de guerra, se les debe financiar por separado la educación y cuidados de los soldados heridos. Como quien dice son héroes para hacer propaganda con ellos, pero en la vida real el Estado y sus Fuerzas Armadas los tiene olvidados y abandonados como a cualquier colombiano del montón.

Un tercer frente de propaganda se sitúa en el plano de la apropiación de una fecha simbólica en la historia de Colombia, como lo es el 20 de julio, cuando se conmemora el día de la independencia nacional. Aunque no sea exactamente ese día, sino el anterior, cuando se celebra por Ley de Estado (La 913 del 2004) el «Día de los héroes de la Nación y sus familias», está claro que el objetivo es apropiarse del día de la independencia, expropiándole su carácter de acto de liberación nacional, para convertirlo en una apología vulgar a las Fuerzas Armadas, con lo cual además de tergiversar la historia, éstas se presentan como las continuadoras de la gesta independentista. Esto puede verse en la propaganda desplegada por una Fundación que se autodenomina Colombia Herida y que precisa que para honrar ese día los colombianos deben sacar la «bandera el 19 de julio, ponerle un listón negro en señal de duelo. Y el 20 de julio quitar ese lazo negro para iniciar la celebración de la independencia. El hecho es que no habría esa libertad si no hay gente dispuesta a dar la vida por esas ideas». Como para que no quede duda del abuso de historia y de memoria que cometen conscientemente los impulsores de esta celebración se sostiene que al realizar el «Concierto del Primer Grito», «cuando la bandera llega al tope, a media noche, comienza un espectáculo de fuegos pirotécnicos y los asistentes dan el primer grito de independencia del 20 de julio. De esa forma se vincula el sacrificio de quienes nos dieron la independencia con quienes nos la defiende y se hace la transición de un día de recogimiento a un día de júbilo»iii. Esta es una burda tergiversación de la historia y una expropiación de la memoria colectiva de la nación colombiana, al confundir la lucha independentista con la entrega del país al imperialismo, acción en la que la Fuerzas Armadas cumplen un papel central y protagónico, puesto que no sorprende que en las mismas páginas de propaganda del Ministerio de Defensa (sic) en las que con un tono patriotero aparece la alusión a que Los héroes si existen, se proporcione inmediatamente la noticia que » Acuerdo que se negocia con Estados Unidos busca mejorar la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo» , que no es otra cosa que la puesta en marcha de las bases militares que se le concedieron al amo del norteiv.

En resumen, la palabra «héroes» se ha difundido por parte del Estado y de las Fuerzas Armadas en los últimos diez años con la clara intención de lavar su deteriorada imagen ante la población y de posicionarlos como «salvadores de la patria» para justificar el cuantioso presupuesto que consumen, los privilegios de los que disfrutan (la milicia es el primer renglón en empleo del país), su incondicional postración ante los Estados Unidos, su visceral anticomunismo, y todos los crímenes que las tropas han cometido y cometen en el territorio colombiano, y fuera de él, como ha sucedido en numerosas ocasiones, en Ecuador, México o Venezuela.

Un elemento que caracteriza a los «héroes» de Colombia es que cuentan, como James Bond el Agente 007, con «Licencia para Matar». Dicha licencia incluye no sólo la muerte física de aquellos que son vistos como enemigos, sino también el linchamiento público, mediante la calumnia, la difamación y la mentira de los «civiles» que son considerados como «aliados de los terroristas», labor que siempre ha realizado el Ejército colombiano desde hace más de 60 años, pero que se ha visto fortalecida con el apoyo de personajes siniestros de las clases dominantes, que aplauden los crímenes oficiales, los apoyan y felicitan a los criminales por su «acendrado patriotismo». Al respecto solo basta recordar que un ex presidente de la República justificó el asesinato de humildes habitantes de Soacha por parte de miembros del Ejército -dentro del planificado proyecto de los «falsos positivos»-, diciendo que aquéllos habían muerto en combate porque no «eran seguramente unos angelitos recolectores de café».

De este uso desmedido de la palabra «héroe» por parte del Estado y de las Fuerzas Armadas a toda hora y lugar se ha generado la idea que cualquier individuo -sea militar o civil- puede serlo sin mucho esfuerzo y realizar acciones heroicas por el «bien de la patria», entendidas como aquellas que replican y reproducen la lógica anticomunista y contrainsurgente que se ha implantado en el país, en la cual todos los gatos son pardos, es decir, enemigos de los héroes, llámense, campesinos, sindicalistas, indígenas, líderes populares, intelectuales críticos, estudiantes inconformes o que simplemente duden de las mentiras del establecimiento.

Los héroes y el tecnofascismo

A los «héroes» les está permitido hacer y deshacer o que quieran a su antojo, porque para ello cuentan con el respaldo tanto de su poderoso aparato bélico, con el que pueden bombardear y atacar a los que declaran como sus enemigos, como de la protección judicial y mediática, porque gozan con la plena inmunidad-impunidad que les da un fuero protector y la propaganda a su favor de falsimedia. Este poder real, que no discursivo, se acrecienta con la labor ideológica y propagandística que hemos descrito antes, y que lleva a que cualquier individuo (sea hombre o mujer), esté vinculado en forma directa o no con el Ejército, crea y sienta que tiene la consabida «licencia para matar» en todas sus formas, que le ha dado el uribismo y sus diversas vertientes ideológicas y culturales. Cómo explicar, por ejemplo, que un joven de 20 años de edad en la ciudad de Ibagué diga, a raíz de la cruel muerte de 32 niños en Fundación por la quema de un bus, a través de su cuenta de Twiter: «Tan cara que está la gasolina y desperdiciarla en 32 costeños? tienen huevo (sic)»; «Hagamos vaca para comprar un galón de gasolina y acabamos con los costeños. Sólo pido solidaridad»; «Los 32 niños que fueron a darle de comer a Calidoso… y a terminar de quemarse en el infierno». Además, creo un hashtag con el nombre #MePrendoComoNiñoEnBusv.

Estas menciones que rayan tanto en el sadismo como en la apología del crimen y del racismo, por desgracia no son aisladas ni circunstanciales, puesto que se han convertido en la pauta mental de millones de colombianos, embrutecidos por el fanatismo que profesan los medios de desinformación, las telenovelas, periodistas, políticos, funcionarios del Estado, presidentes y ex presidentes y un interminable etcétera. Al autor de los tuiters mencionados se le abrió una investigación judicial y se anuncia que puede terminar en la cárcel, pero lo que no se dice es que este tipo de invocaciones de odio se destilan a diario contra otros colombianos pobres, o que defienden a los pobres, con invitaciones a que sean asesinados o que está muy bien que se vayan al infierno. Así se aplaude la masacre de insurgentes o el asesinato de dirigentes sindicales o líderes populares, y de eso están llenas las mal llamadas «redes sociales» y las declaraciones y discursos de los altos funcionarios del Estado y de voceros de las clases dominantes. Porque, precisamente, este tipo de odio -de clase, etnia, género o adscripción política y/o partidista (sobre todo cuando es de izquierda)- caracteriza al fascismo social que impera en Colombia, que apunta, como todo fascismo, hacia la muerte del otro, del que es despreciado por ser considerado como inferior, inhumano, bestial o enemigo. La deshumanización del otro es el principio de su asesinato, la justificación por anticipado de su eliminación física y de su linchamiento mediático, de lo que tenemos innumerables ejemplos en Colombia, tantos que al respecto se podrían escribir miles de libros.

El fascismo social (cultura traqueta en criollo colombiano) ahora se muestra como sofisticado con la utilización de artefactos técnicos, entre los cuales sobresalen los medios electrónicos, con lo que da paso al tecnofascismo, o se combina con él. El culto de los instrumentos tecnológicos se mezcla con la crasa ignorancia, el anticomunismo, el machismo, el culto a la muerte, el desprecio hacia lo que suene a diferente, el rechazo a todos los que se oponen al capitalismo y a los que están a favor del fin del conflicto armado por la vía negociada. Un emblema nítido del tecnofascismo es el hacker Andrés Sepúlveda, por lo que hace y piensa, tal y como él mismo lo expresa en las «redes sociales».

Es un ferviente anticomunista que pertenece a la Liga Anticomunista de América, aunque no tenga ni idea sobre el significado del término comunismo, porque para él comunistas son todos los que piensan distinto a su führer a su amo, a su Dios, Álvaro Uribe Vélez. En eso comparte la crasa ignorancia de este último, quien ha llegado a afirmar, en lo que parece un mal chiste, que Juan Manuel Santos es el representante de una «oligarquía comunistoide».vi (sic).

En Colombia, son comunistas -y por lo tanto proclives a ser perseguidos y asesinados- los que en estos momentos están de acuerdo con los diálogos de Paz que se desarrollan en La Habana. Entre esos enemigos se encuentran Piedad Córdoba y el Representante a la Cámara Iván Cepeda. Sobre cada uno de ellos ha realizado campañas de difamación el hacker Sepúlveda, ya que fundó en la red un grupo con la denominación «Piedad Córdoba es una maldita guerrillera», donde miles de mensajes destilan odio contra esta mujer afrodescendiente; también difundió un mensaje virtual en la cuenta de Twitter «@PrensaPrepago», en el que revela fotos del mencionado Representante con el siguiente comentario: «¿Qué hace negociador Sergio Jaramillo con @IvanCepedaCast? ¿Conspirando para asesinar a @AlvaroUribeVel (sic)»vii. 

Su anticomunismo es sinónimo de uribismo, puesto que reverencia al ex presidente sobre el que abrió una cuenta con el nombre ‘Amigos de Uribe’, que tiene un objetivo central: «expresar el apoyo a nuestro presidente Álvaro Uribe Vélez y dejarles claro a los malditos guerrilleros que los vamos a acabar uno por uno…». No sorprende que considere como su modelo a imitar al paisa de marras y que haya llegado a idolatrarlo como un Dios viviente. En su entrevista con la Fiscalía, el español Rafael Revert, colaborador directo del «hacker-heroico» sostuvo que «para Andrés Felipe Sepúlveda, el senador electo por el Centro Democrático ‘era un Dios, la persona que quería seguir toda su vida'»viii.

Odia a las mujeres y se vale de ellas y no importa que su esposa, una actriz de televisión, sea tan facha como él. Entre paréntesis esa actriz de nombre Lina Luna Rodríguez comparte las concepciones de su marido, ya que en las redes sociales presenta montajes con fotos fraudulentas de Piedad Córdoba con líderes de las Farc y se declara como enemiga del proceso de paz, porque es una maniobra del «castro-chavismo», algo que la pobre no debe saber que significa, puesto que sólo se limita a repetir las ordenes de sus amos Zuluaga y Uribe Vélez. En forma textual sostiene la actriz: «Este proceso de paz es una farsa montada entre Juan Manuel Santos, su amigo Maduro y su líder Fidel para favorecer a los terroristas de las FARC. No hay duda de que en estas elecciones, las parlamentarias y presidenciales, no estamos jugando como nunca el futuro del país. Qué dolor de patria»ix. Esto demuestra que el tenofascismo aunque sea patriarcal y machista también involucra a muchas mujeres, ¿o qué se puede pensar de una mujer que vive con un individuo que dice que le «gusta el olor a muerte» y que «no hay nada pero que emborracharte y despertarte con alguien que no sabes ni su nombre, ni como la conociste, ni porque está muerta».x

Como no podía faltar el «hacker-héroe» es un decidido enemigo de los pobres y sobre todo de los que protestan, porque confesó haber efectuado la despreciable labor de espiar y recopilar información sobre las personas que participan en marchas y manifestaciones. Al respecto personas allegadas al espía con delirios nazis han manifestado que existe «un aplicativo que se llama Coyote que se lo vendió a la Dipol si no recuerdo mal para reconocimiento fácil y reconocimiento de personas en manifestaciones, que es básicamente que tú vas haciendo fotos, las fotos se suben a un servidor, el servidor los procesa y dice este personaje tiene tal historial y es peligroso por estar dentro de esta manifestación, lo vendió ese aplicativo a la Dipol (Dirección de Inteligencia Policial)»xi.

Sepúlveda infiltró las protestas que se efectuaron durante el paro agrario de 2013, la vendió a la Policía para que esta reprimiera con rapidez y efectividad la movilización de campesinos y estudiantes. Textualmente dice el «hacker-héroe» que «mediante fuentes abiertas, logré información de líderes universitarios de entidades públicas que apoyaban la protesta, entre las cuales están la Universidad Nacional y la Pedagógica, con el propósito de anticipar los movimientos de los estudiantes y los sitios por donde se desplazarían para apoyar la protesta campesina, en especial con uno de sus líderes, César Pachón, quien dirigía los caminos de las movilizaciones». Afirmó que esto lo hacía «por la afinidad que tengo con las fuerzas militares y porque me apasionaba el tema de inteligencia, y sabía que infiltrando las marchas podría colaborar con la fuerza pública para que reaccionaran oportunamente ante las protestas»xii.

Es también un ferviente católico de la línea del procurador Ordoñez, a quien le difundía sus trinos envenenados de sectarismo medieval, y como parte de ese apoyo colabora con el grupo de extrema derecha católica que se denomina Restauración Nacional, cuyos integrantes son los mismos que destruyeron los murales de la Unión Patriótica en Bogotáxiii. Como buen inquisidor no duda en amenazar con destrozar a sus adversarios o a quienes lo traicionen, porque al español Rafael Revert le dijo que lo iba a dejar como una tortuga, es decir, sin brazos ni piernas, siguiendo las enseñanzas de sus maestros del odio y la venganza, los paramilitares, que destrozan con motosierra los cuerpos de campesinos e insurgentesxiv.

Como puede notarse nos encontramos ante un «héroe» de carne y hueso, de eso que tanto les gusta promover al Estado colombiano, a sus Fuerzas Armadas y a las clases dominantes de nuestro país, y que se caracteriza por defender los valores sagrados de la «tradición, la familia y la propiedad», junto con los intereses de los empresarios, los terratenientes y los «hombres de bien», así como los de los Estados Unidos y sus empresas. Todos estos sectores son percibidos como buenos y salvadores, como en característico de una visión heroica del mundo, de la historia y de la sociedad. Pero esto viene acompañado de una militancia activa contra quienes se opongan a esos proyectos, a los que se califica en forma genérica como «terroristas», que son los malos, los perversos, los enemigos de la patria y la nacionalidad, y a los que hay que borrar del mapa, sin importar los medios que se deban utilizar.

Ante la propaganda desplegada en los últimos diez años y encaminada a mostrar que en Colombia si existen héroes, que son aquellos que defienden el orden y limpian la patria de desalmados y terroristas, se da el caso que ciertos individuos, como el hacker Sepúlveda y su esposa, se creen hasta tal punto esos cuentos propagandísticos que asumen como cierto que son de verdad héroes, y que sus acciones criminales son benéficas para la sociedad, y por las cuales debíamos estar agradecidos y aplaudirlos a rabiar. No resulta raro, en consecuencia, que cuando fue capturado el Hacker repitiera como lora mojada «No entiendo. Yo estaba ayudando a salvar el país, soy un héroe, soy un héroe…» que actuaba con la pretensión de derrotar a los cómplices de las Farc «que actúan en el campo y en las ciudades sin uniforme»xv. Tampoco sorprende que eso lo diga alguien que ha trabajado directamente con las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa (sic), el promotor principal de la idea que en Colombia los héroes si existen.

En conclusión, el hacker-espía y todos los individuos padecen de lo que podría denominarse como el síndrome del nazi Goebbels (famoso por decir que una mentira de tanto ser repetida se convierte en verdad), ya que han asimilado la propaganda oficial que nos repite hasta la saciedad que en esta maravilla de país los héroes si existen, que somos la capital mundial de la felicidad y que Dios es colombiano.

NOTAS

i. Carlos Gustavo Álvarez, «La carrera de los héroes», en http://www.portafolio.co/columnistas/la-carrera-los-heroes

ii. «Este domingo a correr la carrera de los héroes», en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13878735

iii. Stefanie Matiz Cortés, «En Colombia los héroes no existen», en http://www.elespectador.com/noticias/judicial/colombia-los-heroes-no-existen-articulo-434520

iv. «Ejército lanza campaña Los héroes en Colombia si existen», en http://www.webinfomil.com/2009/07/ejercito-lanza-campana-heroes-en.html

v. «Los líos del tuitero que se burló de la tragedia en Fundación», en http://www.semana.com/nacion/articulo/los-lios-del-tuitero-que-se-burlo-de-la-tragedia-en-fundacion/388857-3

vi. Ver al respecto: http://inagist.com/all/468558488877408258/

vii. María Jimena Duzan «Cosecha de odio», en http://m.semana.com/opinion/articulo/maria-jimena-duzan-cosecha-de-odio/386847-3; «La primera denuncia contra Zuluaga por el hacker», en http://www.semana.com/nacion/articulo/cepeda-denuncia-penalmente-zuluaga-por-el-hacker/388801-3

viii. «Para el hacker Uribe era un dios’: Revert», en http://www.elespectador.com/noticias/judicial/el-hacker-uribe-era-un-dios-revert-articulo-493632

ix.https://www.facebook.com/LinaLunaRG/posts/10152240448156830?stream_ref=5

x. http://www.informador.in/gusta-el-olor-muerte/

xi. «Los socios de Andrés Sepúlveda», en http://www.elespectador.com/noticias/judicial/los-socios-de-andres-sepulveda-articulo-493631

xii. «La otra información que el hacker le dio a la policía», http://www.semana.com/nacion/articulo/el-hacker-sepulveda-infiltro-el-paro-agrario/388840-3

xiii.»Fichas neonazis están en la mira de las autoridades», El Tiempo, mayo 18 de 2014. Disponible en http://www.eltiempo.com/politica/justicia/fichas-neonazis-estan-en-la-mira-de-las-autoridades/14002415

xiv. «Así delató el español al ‘hacker’ Sepúlveda y a la campaña de Óscar Iván Zuluaga», en http://www.elespectador.com/noticias/judicial/asi-delato-el-espanol-al-hacker-sepulveda-y-campana-de-articulo-493629

xv. «Soy un héroe, soy un héroe», Andrés Sepúlveda», en http://www.semana.com/nacion/articulo/andres-sepulveda-soy-un-heroe-soy-un-heroe/386796-3

 

 

(*) Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Ed. Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; Capitalismo y Despojo, Ed. Pensamiento Crítico, Bogotá, 2013, entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su último libro publicado es Colombia y el Imperialismo contemporáneo, escrito junto con Felipe Martín Novoa, Ed. Ocean Sur, 2014.


 

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