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En defensa de un realismo crítico en filosofía

Fuentes: Rebelión

Estoy muy de acuerdo con la defensa que hace Francisco Umpiérrez Sánchez de una epistemología realista contra la versión postmodernista actual del idealismo, que es, como bien nos dice la teoría ficcionalista de la verdad. Y también en su consideración de que estas teorías chocan con el dolor de los cuerpos y su desesperación. La […]

Estoy muy de acuerdo con la defensa que hace Francisco Umpiérrez Sánchez de una epistemología realista contra la versión postmodernista actual del idealismo, que es, como bien nos dice la teoría ficcionalista de la verdad. Y también en su consideración de que estas teorías chocan con el dolor de los cuerpos y su desesperación. La realidad es lo que se resiste, decía Dilthey, y ciertamente este testimonio del sufrimiento humano en su carne y en sus pérdidas reales el que nos lo demuestra con extrema dureza. Los juegos retóricos son efectivamente, en este contexto, una indecencia. También comparto su opinión de que no podemos instalarnos en la duda, de que la práctica es necesaria y hay que afirmar asumiendo el riesgo del error.

Pero me gustaría hacer algunos matices críticos respecto a algunas de sus afirmaciones. La primera es que no es serio cargarse a Kant y a Foucault de la manera que lo hace, sin argumentos en el primer caso y con una cita fuera de contexto en el segundo. Kant no sólo defiende un realismo crítico sino una alternativa práctica ético-político para transformar el mundo en algo mejor. La frase de Foucault, aún reconociendo que tiene una teoría ambigua de la verdad, puede interpretarse de otra manera: todo es lenguaje en el sentido en que todo lo que ocurre sólo puede ser entendido en un marco lingüístico-conceptual. Y no sólo esto sino también que la realidad puede ser transformada en la medida en que es pensada y desde aquí delimitamos el horizonte de lo posible, que es el que hace posible cualquier transformación. Aceptando errores políticos importantes en Foucault (Irán, el maoísmo) creo que fue un intelectual comprometido y que analizó la realidad social de una manera crítica y original, con aportaciones nada desdeñables. Su definición de la filosofía como una ontología del presente puede ser plenamente asumida desde una perspectiva transformadora.

La segunda crítica son las referencias a la deriva idealista de la física relativista y cuántica. Ni yo mismo, ni seguramente él tenemos suficientes elementos como para hacer este tipo de afirmaciones. Reivindicar a Lenin en este texto me parece poco adecuado porque lo único que utiliza es un principio abstracto, que es el del materialismo dialéctico, para una crítica muy discutible.

Personalmente no diría que la filosofía tiene que estar al servicio de la transformación del mundo sino que tiene que buscar la verdad y el bien, que es ni más ni menos que el proyecto socrático original. Pero este proyecto es crítico y a la vez conduce a la acción pero sin encerrarse en una escolástica que niega su carácter genuino, aunque sea una escolástica marxista. La realidad, de todas maneras, es muy compleja, tanto en su dimensión natural como en su dimensión social. Muchas de las reflexiones que han conducido por un mal itinerario al ficcionalismo pueden recuperarse en un realismo crítico. No podemos volver a una teoría realista considere que el hombre puede reflejar la realidad de forma especular, tal como es. Esto quiere decir que hay medias verdades, opiniones discutibles y que no podemos reducir cualquier discurso a esta dicotomía: muestra u oculta la realidad. Porque creo que así volvemos a un autor, Louis Althusser, que aunque dijo cosas interesantes elaboró una teoría de la verdad en la que contraponía radicalmente la ciencia a la ideología no sólo es erróneo sino también peligroso, ya que justifica una vanguardia como única élite capaz de entender y de dirigir esta transformación.