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En el nombre de Robespierre

Fuentes: Rebelión

¿Hasta cuándo se seguirá llamando justicia a la violencia de los déspotas, hasta cuándo a la justicia del pueblo se llamará barbarie o rebelión?

Maximilien Robespierre (1758-1794)

En este artículo expongo, al hilo de mis lecturas de verano, algunas reflexiones estimuladas por la lectura de la novela “Despertando a Lenin”, de la escritora y periodista Enriqueta de la Cruz.

Enriqueta es una valerosa demócrata a la que tengo el honor de conocer desde hace años, cuyo compromiso y talento me han impulsado a escribir estas líneas, en señal de amistad y profunda admiración.

Su reciente obra, “Despertando a Lenin” (Tiempo de cerezas. 2019), cierra un ciclo de cinco libros. Los cuatro libros anteriores son El testamento de la Liga Santa (Tesis editorial. 2006), Nada es lo que parece (Tiempo de Cerezas. 2007), Memoria Vigilada (Editorial Silente. 2009) y El amor es de izquierda (Editorial Silente. 2011).

Se trata de un libro extenso, de más de 1000 páginas. Una fascinante obra de brillantes capítulos, dividido en cuatro partes, con un epilogo y una nota final de la protagonista. Su lectura, siempre apasionante, se transforma en un caleidoscopio de sentimientos y estimulantes reflexiones que muestran la cambiante y multiforme realidad de nuestra sociedad actual, con sus intrigas, laberintos y cloacas.

La exuberante creatividad de su autora va dando forma -mediante los vertiginosos diálogos de Tesa, su protagonista- al sutil hilo conductor de sus ideas, que la autora desgrana a lo largo de su obra. Es una caudalosa catarata de peripecias, inserta en el rio turbulento de nuestra historia reciente; es decir, de un pasado cercano que es, por ello, también presente.

Quizá, querida lectora o lector, esté usted preguntándose, tal vez con cierta perplejidad, qué relación pueda tener el título de la obra “Despertando a Lenin” con el inquietante título que le he dado a estos comentarios: “En el nombre de Robespìerre”.

La razón -que espero comparta, no sin cierta indulgencia- está en los valores republicanos que emergen a borbotones a lo largo de la obra de su autora. Valores heredados de las ideas de la Ilustración, que inspiraron al fundador de la República Francesa, Maximiliano Robespierre. Todo ello ha despertado en mí una curiosidad incontenible por los acontecimientos que alumbraron la Revolución francesa y la consiguiente crisis de la Casa Borbón en la Francia de finales del siglo XVIII. Una crisis que dio lugar al nacimiento de la República francesa y la condena del Luis XVI por la Asamblea Nacional, acusado de traición, siendo guillotinado en París el 21 de enero de 1793.

Una vez aclarado el porqué de la referencia a Robespierre, queda a ustedes, futuras lectoras y lectores de esta comprometida novela, la sugerente tarea de descifrar el enigma que encierra su título.

“Despertando a Lenin” es de hecho un alegato radical democrático, escrito sin duda con la misma pasión que nos impulsó a muchos de nosotros, viejos camaradas de la disuelta Unión Militar Democrática (UMD), a organizarnos contra la dictadura. Teníamos la esperanza de un tiempo mejor. Aspirábamos a una revolución pacífica en la que todo lo inmoral fuese contrario a la política y todo acto corruptor contrarrevolucionario, por lo tanto punible.

Medio siglo después de la crisis de la dictadura -un régimen genocida que transfirió todos los poderes del dictador al rey Borbón, hoy en día fugado- desembocó, impulsada por las heroicas luchas populares contra la dictadura, en una monarquía parlamentaria muy peculiar. El resultado de aquella Transición fallida se ha transformado en una crisis de régimen cuyo alcance pone en jaque no solo a la monarquía sino también al actual Estado de las autonomías.

Los enormes déficits democráticos, y la falsa legitimidad histórica del régimen fundado por Juan Carlos I “el inviolable”, han derivado en una crisis de Estado difícilmente reversible. Uno de sus síntomas más preocupantes es el acoso sistemático que sufre el Gobierno de coalición progresista desde las cloacas del propio aparato del Estado.

Se hace cada vez más patente la necesidad de encauzar la grave situación actual hacia un proceso constituyente de amplia base popular democrática.

Por ello estimo primordial que las fuerzas políticas y sociales inicien un diálogo valiente, de amplio espectro, del que solo habrían de quedar excluidas -por ilegales- las formaciones que se reclamen herederas del siniestro legado franquista.

Dicho diálogo debería desembocar, finalmente, en la formación de un Gobierno provisional que proclame la República y decrete una ley electoral justa. A continuación, el Gobierno provisional habría de convocar elecciones a una Asamblea Constituyente, que redactase la Constitución de la III República, quedando expresamente excluidos aquellos partidos que propugnasen la restauración de la monarquía.

El Gobierno provisional habría de contar con un amplio apoyo de partidos republicanos, organizaciones sindicales, sectores no monárquicos de las organizaciones empresariales, movimientos sociales, etc. La participación de los representantes de las naciones históricas (Catalunya, Euskadi, Galicia y Andalucía) sería de suma importancia para la solidez del proyecto, de forma que este transite por vías pacíficas y democráticas, reorientando de este modo el rumbo de la agitada vida nacional hacia una solución pactada.

El objetivo final de dicho proceso constituyente habría de ser una Republica popular -federal o confederal- sustentada por una amplia base social, que continuaría formando parte de la Unión Europea. Por lo tanto, un ambicioso proyecto constitucional -esta vez auténticamente democrático- fundamentado en un nuevo pacto histórico por la justicia social, la democracia y la libertad.

Si el régimen vigente llegase a impedir tal pacto histórico y, consiguientemente, frustrase una vez más las legítimas aspiraciones de las viejas patrias históricas a mayores cotas de soberanía popular, libertad y justicia social, quedaría en evidencia la tiranía impuesta por el rey y sus cortesanos.

Uno de los efectos más visibles de la tiranía que nos aflige, además de la insoportable situación de millones de familias al borde de la indigencia, es la injusta condena de autoridades y lideres electos de la Generalitat de Catalunya, actualmente en prisión. También las criminales actividades de las cloacas borbónicas, volcadas en una descarada manipulación de la opinión pública, mediante sus poderosas terminales mediáticas.

El paroxismo antidemocrático de estos conspiradores borbónicos los ha llevado a proferir amenazas y agresiones directas a cargos electos, acoso delictivo que están llevando a cabo incluso contra miembros del actual Gobierno (*). Un régimen corrupto que pretende seguir colando como democrático, cuando es obvio que no lo es; como tampoco lo es su fundador, Juan Carlos I “el inviolable”.

Frente a la opresión creciente del régimen, es previsible que los pueblos y sus movimientos sociales -legitimados por el inalienable derecho a la rebelión contra toda tiranía- lleven adelante una desobediencia civil activa, hasta la expulsión de los Borbones de la jefatura del Estado, y la consiguiente proclamación de la III República.

Según la Academia de la Lengua:

tirano

1. adj. Dicho de una persona: Que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad.

Por último, constatamos que -mientras nuestros pueblos se debaten en medio de una pandemia de proporciones aterradoras- Juan Carlos I “el inviolable”, fundador del actual régimen, acorralado en un lodazal de latrocinios, se ha dado a la fuga, siendo acogido por una satrapía sanguinaria del Golfo -con la complicidad de su hijo Felipe VI, también inviolable- alojándose en uno de los hoteles más lujosos del planeta, cuya suite alcanza el astronómico precio de 12.000 € / noche.

Fuga, y no otra cosa, dados los hallazgos delictivos, ampliamente difundidos por los medios estatales e internacionales. Cualquier otro ciudadano o ciudadana, en circunstancias penales análogas, habría sido desposeído de su pasaporte y recluido en prisión preventiva. No solo con el fin de impedir la huida, sino también la de imposibilitar la posible destrucción de pruebas incriminatorias.

Frente a la imagen inquietante del fundador de este régimen corrupto, Juan Carlos Borbón “el inviolable”, contrapongamos la figura histórica del fundador de una de las democracias más avanzadas de su tiempo, Robespierre “el incorruptible”.

Por todo ello, con la esperanza de la pronta emancipación de nuestros pueblos -que habrá de ser necesariamente solidaria, pues sin solidaridad todo quedaría en nuevas formas de fascismo- exijamos la libertad de los presos políticos catalanes; no solo por equidad, que también, sino porque de su libertad dependerá probablemente la nuestra y la de las futuras generaciones.

¡Salud y República!

(*) La tribu de Galapagar

Manuel Ruiz Robles. Capitán de Navío

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