Recomiendo:
0

Entre el discurso y la práctica, o del ajuste y la reforma

Fuentes: Rebelión

La campaña del bloque político empresarial y mediático opositor a las medidas programáticas de la Nueva Mayoría hizo mella en el Ejecutivo. El común denominador de las medidas presentadas en el discurso del 21 de mayo por la Presidenta es la baja intensidad de las reformas con respecto a la profundidad de las demandas sociales […]

La campaña del bloque político empresarial y mediático opositor a las medidas programáticas de la Nueva Mayoría hizo mella en el Ejecutivo. El común denominador de las medidas presentadas en el discurso del 21 de mayo por la Presidenta es la baja intensidad de las reformas con respecto a la profundidad de las demandas sociales planteadas y a las expectativas generadas. El objetivo: no provocar problemas con los sectores empresariales y derechistas; mantenerse en el plano de aquello que llaman gobernabilidad.

Nada sobre la elección de una Asamblea Constituyente donde el poder constituyente sea ejercido en plena libertad por el pueblo para redactar una nueva constitución. Ni sobre una resuelta política energética que privilegie fuentes y tecnologías no depredadoras (HidroAysén en las sombras); se continúa con la política de posponer cambios que resguarden la calidad de vida de las mayorías. Se persiste en la ignorancia de las reivindicaciones fundamentales del pueblo mapuche con respecto a sus derechos ancestrales y a la autonomía política. El pacto de postergación de los derechos colectivos de los trabajadores entre las cúpulas sindicales y los partidos de la Nueva Mayoría (PC, PS, DC) mantiene las condiciones de explotación extremas de la fuerza de trabajo. Las pensiones de las AFP y los presupuestos destinados a salud pública seguirán siendo miserables comparados a los de otros países de la misma OCDE. Y las impostergables reformas en educación son funcionales a un proyecto de formación del «capital humano» según las normas de los poderes globales, FMI, Banco Mundial, OCDE. No hay proyecto educativo para un nuevo horizonte que no sea el que se enmarca en el dominio del capital y sus mercados.

Un ejemplo claro de la tónica de la acción gubernamental: los estudiantes podrán utilizar el pase escolar los 365 días del año, pero éste no será gratuito. Ya lo señalaron con disgusto los estudiantes.

Y en la batalla social por conquistar bienes públicos, el transporte público gratuito para todos, y no sólo para los estudiantes, es una demanda social que se avecina a pasos agigantados. En Brasil, el movimiento por la gratuidad del transporte es un movimiento social con futuro.

En Chile, la rutina dilatoria siempre obliga a hacer un comité de expertos para llegar a la misma conclusión que estudios internacionales ya han asentado como una certeza racional: las ciudades del mundo con mejor calidad de vida son las que tienen un transporte público barato y con tramos de gran afluencia gratuitos, además de ciclovías seguras. Así se incentiva el desuso del automóvil individual para liberar las ciudades del monóxido de carbono, de los ruidos ensordecedores, al mismo tiempo que se estimula la caminata y se ahorra en programas de salud para reducir el régimen sedentario de vida.

Obvio. Pero para introducir estas medidas racionales se necesita audacia.

Explotación capitalista y lucha por la gratuidad de servicios y bienes

Basta con ver. Es la fuerza de trabajo corpórea -la que se moviliza y copa el transporte llamado público- que en las horas de punta en Santiago es más caro. Otra astucia mercantil para habituar mentalmente sin relajo al ciudadano a someterse cotidianamente a la lógica implacable del mercado. Domesticar los cuerpos y las mentes, diría Michel Foucault.

Y pese al poder y a la fuerza estructural del sistema de dominación, a sus potentes dispositivos de captura y programación de la subjetividad y deseos individuales, siempre es posible hacer retroceder al capitalismo neoliberal. Su talón de Aquiles es y seguirá siendo la exigencia de gratuidad de bienes públicos y comunes para satisfacer necesidades sociales urgentes que se van acumulando en educación, salud, vivienda, transporte y pensiones de vejez.

Para eso se necesita voluntad política y presupuestos para financiar proyectos sociales. No era necesario ser economista o haber leído a Thomas Piketty* para plantear una reforma tributaria de envergadura que con una eficiente campaña pedagógica ciudadana informara acerca de los procedimientos de concentración de la riqueza y el poder, hoy en manos de la burguesía criolla y global. De Perogrullo. ¿Fueron a buscar los economistas de la NM el financiamiento necesario en forma de tributos a las personas y empresas que han acumulado fortunas y capitales a destajo durante más de cuarenta años. No. ¿Hicieron lo suficiente para ir a recaudar más? ¿Y el 10% del cobre que se va a las FFAA? ¿Por qué no recaudar el 5% del PIB en cuatro años y así poder financiar las necesidades sociales del 60% de los chilenos que tienen ingresos de pobres según la OCDE, además de vivir endeudados? ¿Abrieron un debate ciudadano informado? Decidieron no hacerlo. La propaganda es otra cosa, son pocas ideas para la multitud.

Un Estado desprovisto de medios de información es un Estado a la merced del dispositivo mediático dominante.

El discurso engorroso y la opacidad de las leyes tributarias y del aparato de recaudación fiscal no tienen otro objetivo que ocultar las cifras reales y los resquicios tributarios que indican que los ricos, a los que se les acaba de rebajar en un 5% los tributos personales, no contribuyen con lo que deberían al desarrollo del país. Es una manera de entregarles el poder a expertos economistas de las escuelas neoclásicas y otras derivadas de un keynesianismo timorato para decidir quiénes, cuánto y cómo pagan.

Es la mecánica institucional misma del neoliberalismo en el marco del régimen de postdictadura la que impide la satisfacción de las demandas y la práctica de la democracia real. A lo que se suma la falta de voluntad política de las elites reformistas de la Nueva Mayoría y de la derecha, que cohabitan las instituciones del Estado.

Pareciera que en la práctica existiera un sólo «bloque histórico» dominante, como diría Gramsci. Porque tal como se dan las cosas, las reformas obtenidas en el régimen de capitalismo-parlamentario (binominal) se hacen sólo bajo el empuje de las luchas de los movimientos sociales.

Para levantar el cuerpo cada día, ir a trabajar e ignorar los mecanismos de la explotación capitalista se necesita, además de estar obligado a vivir de un sueldo, un imaginario mental. Este no es otro que el del capitalismo neoliberal que captura y modela la subjetividad individual. Es el fondo de la relación salarial de dominación de los desposeídos de capitales y rentas patrimonial con los dueños de medios de producción, capitales y patrimonios. No es el mundo de la modernidad que postula un «sujeto libre, consciente y autónomo». Es el mito neoliberal de la «soberanía» del consumidor que se le considera «libre» porque, como decía Spinoza, «ignora las causas que lo hacen actuar». Aquí no opera la ética kantiana. Ésta prescribe que nadie puede ser usado como medio o instrumento puesto que la dignidad del ser humano reside en ser respetado como un fin en sí, en una República de iguales. Bajo el régimen capitalistas los trabajadores y su fuerza de trabajo son simples medios (son instrumentalizados) para obtener ganancias **.

Las clases medias: una construcción social que sirve para manipular

El mito de las clases medias es una construcción imaginaria, pero efectiva. Le permite a los poderes dominantes (a sus ideólogos, políticos, medios y publicistas) manipular con los temas y angustias de la inseguridad y el temor de la pérdida de ingresos y posibilidades de inversión a sectores sociales precarizados por los bajos salarios y el endeudamiento, pero tildados de clase media por sus gustos inducidos, que no son otros que los gustos globalizados de los shoppings, más el deseo normal de consumo o posesión de las mercancías ofrecidas por el desarrollo capitalista para satisfacer necesidades sociales.

Las campañas en contra de las reformas fiscales y tributarias de parte de empresarios y de las derechas asumen y activan las formas de violencia simbólica que las mismas estructuras e instituciones facilitan, porque para eso fueron diseñadas. Para capturar cuerpos y espíritus. Es la «modernidad» capitalista de los opinólogos de El Mercurio.

¿No dijo un eminente ideólogo de la Nueva Mayoría como Eugenio Tironi, en entrevista a Qué Pasa, que el FUT era parte de la «cultura» chilena, y que su origen dictatorial no importaba? Los mandarines del sistema han ocultado durante años el obsequio que el FUT ha significado para la burguesía empresarial: la optimización de las ganancias y la elusión fiscal vía paraísos fiscales a través de la banca privada que a su vez hace circular el dinero de las AFP con créditos bajos para las empresas y con lucrativos intereses cuando se les arrienda el dinero a los particulares para pagar educación, vivienda y salud. Aún sin FUT ese sistema estructural permanece intacto. Si con el FUT las grandes empresas no tributaban, ahora pagarán un poco.

Un liderazgo sin audacia

¿Habrá entonces que conformarse con tan poco después de tanta alharaca de la Nueva Mayoría?

La falta de audacia de Bachelet, al igual que en su primer período, salta a la vista. No utiliza su legitimidad de líder y conductora. Podría, pero sus limitaciones en términos de visión global y de proyecto de cambio son una evidencia. En su primer mandato Bachelet se puso a la disposición del neoliberal Andrés Velasco y ahora se somete a la prudencia excesiva de sus equipos de economistas, políticos y tecnócratas cuyo horizonte sigue siendo el capitalismo de la economía neoclásica en una economía globalizada con algunos retoques de pikketysmo *** redistribuidor. No es la socialdemocracia, puesto que ésta veía siempre las reformas por hacer en régimen parlamentario y economía capitalista en una perspectiva socialista. Mejor dicho, se trata de un social-liberalismo progresista.

Es una evidencia que Bachelet pudo haber ido más lejos que las tibias reformas «incrementales», pero los discursos inflamados del empresariado, las advertencias de The Economist, del The Wall Street Journal y de la Embajada norteamericana, junto las dosificadas declaraciones de Walker y del inefable Zaldívar y lossilencios cómplices del Partido Comunista, la frenaron.

La Concertación cedió programáticamente, en período de campaña electoral, ante el carácter justo de algunas demandas estudiantiles y ante las masivas movilizaciones de los Movimientos sociales. El carácter del debate anterior obliga ahora a la NM a responder a ciertas demandas para aplacar los ímpetus.

En estas semanas quedaron evidencias: no son los movimientos sociales que luchan por profundizar las reformas los que generan la violencia sistémica bajo la forma de violencia simbólica o la represiva pura de los aparatos del Estado. No son las tímidas reformas las que «polarizan» la sociedad como acusa MEO al Gobierno de manera oportunista. Es la división social entre, por un lado, los que poseen los medios materiales y simbólicos en abundancia, y que por lo tanto perciben la gran tajada de los ingresos y rentas del capital y, por el otro, quienes deben trabajar en condiciones de explotación para sobrevivir con un salario o ingresos insuficientes. Entre los que predican la «libertad» de elegir (de mercado) la enseñanza y niegan a las mujeres la libertad de decidir sobre los procesos de su propio cuerpo y las que luchan por sus derechos y por la emancipación de las opresiones patriarcales.

En tales circunstancias cabe reducir los niveles de tolerancia y revelar lo insoportable de cada situación vivida. Buscar e inventar maneras de transitar en cada espacio al régimen de lo común: de la democracia participativa, del autogobierno y de la gratuidad.

Una mirada retrospectiva muestra que las grandes reformas realmente significativas en régimen parlamentario serán siempre conquistas legales resultado de intensas luchas sociales. Conclusión válida tanto para un proyecto educativo como para el de recuperar los derechos de la clase trabajadora. Es una evidencia histórica de peso. Cabe agregar, eso sí, siempre: inestables y sometidas a los avatares de las correlaciones políticas y sociales de fuerzas.

———–
NOTAS

(*) (***) Thomas Piketty es el economista francés, con gran llegada en economistas como el Nobel Paul Krugman, que en su libro Le Capital au XXIe siècle, presenta con una gran cantidad de datos empíricos e históricos la desigual repartición de ingresos que existe en más de veinte países. Según Piketty, criticado en medios neoliberales como el Financial Times que cuestiona sus datos acerca de los patrimonios, esta tendencia se acentuará y profundizará las desigualdades debido a un rendimiento del capital superior a la tasa de crecimiento de la economía. Para impedir que la economía siga siendo dominada por los herederos de las grandes fortunas como en el siglo XIX, Piketty propone instaurar una tributación progresiva a los patrimonios y a las grandes fortunas y empresas. Ojalá mundial. La tesis central en su libro acerca del capital en siglo XXI es que las desigualdades sociales y económicas nunca habían sido tan grandes desde los años que precedieron la Primera Guerra Mundial. En una entrevista a la Agencia AFP y al diario Le Monde, Piketty acusa de deshonestidad al Financial Times al sugerir éste que debido a que los datos acerca de los patrimonios son imperfectos (pero los de las sucesiones son mas confiables afirma Piketty) sus conclusiones no serían las mismas. «Ésto no cambia en nada las cosas, sostiene el economista francés, estudios recientes confirman mis conclusiones al utilizar fuentes diferentes». En su presentación ante la cámara de diputados Eduardo Engel se apoyó en los estudios de Piketty para defender la reforma tributaria de la NM. Cabe decir que mientras los ingresos de las burguesías han aumentado, en proporción los ingresos del trabajo han disminuído. Y lo que caracteriza al neoliberalismo es concentrar la riqueza en un polo. Piketty aporta la prueba con la enorme cantidad de datos recopilados y analizados.

** El imperativo práctico de la ética de Kant dice: «Actúa de manera tal que trates la humanidad (que hay en tí y en los otros) como un fin y nunca como un medio». En claro: ¡No instrumentalices! Queremos decir que en estricto rigor, bajo las condiciones de la acumulación capitalista y de su relación de dominación salarial, los empresarios tratan a los trabajadores como medios (obtención de plusvalía) y no como fines (dignos e iguales). Bien sabemos desde Marx que la relación salarial es una relación de fuerza resultado de la desposesión de los trabajadores de medios productivos de subsistencia. Y si los empresarios pueden contratar personal durante la huelga (sin derecho a huelga pleno) la negociación colectiva es una farsa que esconde una relación social de dominación. Los efectos de este ejercicio del poder empresarial son la súper explotación debido a los los bajos sueldos de los trabajadores chilenos, además de la fatiga extrema. Una relación de poder o dominación siempre produce efectos (Foucault).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.