Leopoldo Lavín Mujica

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Más interrogantes políticas que respuestas y certezas genera el gabinete recién nominado del presidente electo Gabriel Boric.

Se notó demasiado el lado feo del comportamiento político partidista en la elección de la nueva mesa de la Convención Constitucional donde resultaron elegidos dos no partidos: María Elisa Quinteros (Movimientos Sociales Constituyentes) presidenta y Gaspar Domínguez (Independientes No Neutrales) vicepresidente.

No es porque la campaña de segunda vuelta de los candidatos presidenciales de la contienda que se dirime el 19 de diciembre próximo sea presentada como “polarizada” por medios y analistas, que a uno de los dos candidatos deba aceptársele, en nombre de la tolerancia democrática, posturas extremas con temas propios del fascismo occidental que van en contra de los ideales democráticos.

El candidato del Partido Republicano José Antonio Kast se alza en las encuestas como contrincante declarado del diputado Gabriel Boric, el candidato presidencial salido de las primarias entre el Frente amplio y el Partido Comunista después de derrotar al dirigente del PC Daniel Jadue. ¿Cómo explicar que se haya llegado hasta aquí?

Desde la Rebelión del 18/O del año 2019 se ha instalado una tendencia irresistible en Chile. Es una evidencia que importantes sectores ciudadanos y sus organizaciones populares – buena parte de la fuerza transformadora – quieren ejercer un derecho político fundamental, pero en otra democracia, con sus nuevas instituciones, por nacer: poder influir de manera directa en la toma de decisiones acerca del curso del país y de las medidas necesarias a aplicar en el marco de los grandes desafíos presentes y futuros.

Quedan 10 años solamente para poner en práctica giros sociales y políticos mayores, y los 4 primeros, cruciales para el futuro, serán del próximo gobierno.

Para muchas y muchos y seguidores de Daniel Jadue, la noche del 18 de Julio fue vivida con un sentimiento de gran frustración. Imagen impactante: Plaza Dignidad, signo del acontecimiento histórico vital del despertar político de octubre 2019, estuvo vacía esa noche.

Bastó que 34 flamantes constituyentes de la Vocería de los Pueblos, en un claro ejercicio democrático, trasparentaran sus posiciones con una declaración donde se reclaman del “poder constituyente” y de la fuerza popular originaria que dio paso a la reivindicación histórica de Asamblea Constituyente y, por lo tanto, “a no subordinarse al acuerdo del 15 de noviembre de 2019″, para que 91 figuras de la llamada “centro izquierda histórica” reaccionaran con una declaración contraria.

Carlos Peña funciona mentalmente con el pensamiento mágico. En filosofía, tal actitud es propia de dos corrientes que son el nominalismo y el idealismo.

Siempre es después; sólo después que la pandemia hiciera estragos en la población – con la fatídica cifra de 30 mil muertos en un año – y que la existencia precaria se convirtiera en la norma corriente de vida de la gran mayoría de la población, que la casta política parlamentaria y el Gobierno de Piñera en plena crisis interna declaran allanarse a discutir una “agenda de mínimos comunes”.

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