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¡Es el sistema, estúpidos!

Fuentes: Rebelión

La 26 en Glasgow, nada nuevo bajo el sol: el problema va para largo, dispuesto a enquistarse in secula seculorum. Quedan muchas más COP por delante, quizás tantas que ya no quepan ciudades nuevas para albergarlas.

¿Cuántas cumbres más serán necesarias, cuántas jóvenes mediáticas a lo Greta Thumberg, cuántos discursos (aparentemente conmovedores) serán formulados por politicastros, cuántos documentales o noticiarios apocalípticos seguirán proyectándose; hasta que al final, de una vez, se admita que el problema de los problemas que ha tenido la humanidad,  el llamado cambio climático y otros que vendrán después, no se resolverán únicamente con más llamadas a la conciencia y a la voluntad política?, ¿cuántas miles de veces seguirá el hámster tratando de avanzar, inútilmente, por la rueda de juguete? ¿cuántas veces más el loco se golpeará la cabeza contra la pared de su celda tratando de atravesarla?, ¿cuántas COP serán necesarias, 46, 57, 83, 105, para que advirtamos que la solución está más allá del escenario político y mediático que tenemos ante nuestras narices?

  Pues el inoperante bla, bla, bla… no lo es sólo de los políticos y sus rimbombantes discursos melodramáticos (a los que tan adictos son Antonio Gutierres, Boris Johnson y Joe Biden), sino que también lo son el bla, bla, bla… de las arengas de Greta Thunmberg y de todos aquellos ciudadanos que, ingenuamente, destinan quejas y presiones a exigir soluciones allí donde es imposible alcanzarlas. Pues las relaciones humanas en este Mundo tienen mucho de la ley del más fuerte del salvaje Oeste, basadas en el capricho egoísta de casi doscientas parcelas soberanas, llamadas estados, celosas de sus terrenos, cada una de ellas con una idiosincrasia propia que responde a unos intereses complejos: tratar de reunirlas y sacar una decisión consensuada es como agitar una jaula de grillos para hacerlos callar. Desconfiad de las fotografías de altos dirigentes estampando sus solemnes firmas, de los aplausos catárquicos, de las lágrimas facilonas y de los efusivos abrazos: el papel mojado de los compromisos no servirá mientras, más allá de las paredes del Scottish Events Campus, siga imperando la arcaica e inquebrantable ley de la soberanía de los estados.  

  Para buscar la solución hay que ir más allá de la obra de teatro que presenciamos. Hay que comprender que los intereses de los Estados, los intereses de la institución títere de la ONU y de los mass media (gobernados por multinacionales), no coinciden con los de la humanidad y nuestro Planeta. Los problemas más acuciantes del Mundo ya no son locales, ni regionales, ni estatales, ni tan siquiera internacionales. Son globales. Por primera vez, la solución depende de todos, no de unos cuantos. Por primera vez, la humanidad debe decidir su destino. Y para ello debe tomar la iniciativa. Convocar un foro mundial (Foro Mundo, Foro Planeta o Foro Humanidad), más allá de los estados y de la ONU, en el que los nuevos legítimos representantes de la humanidad redacten un compromiso mundial en el que el Planeta se defina, por primera vez, como sujeto ético, político y jurídico, para que puedan llevarse a cabo  los proyectos de protección medioambiental, empezando por la reducción de las emisiones de CO2. Hay que arrebatarles a los políticos y a la ONU el falso rol de salvadores del Mundo, antes de que acaben con él.  Necesitamos un compromiso que ponga el poder coercitivo de los estados al servicio de la humanidad y del Planeta. Más allá de esta aventurada y desafiante propuesta, con ribetes utópicos, no veo más que una interminable sucesión de COPs, de mediáticas Grethas Thunberg, de variopintas manifestaciones, de inquietantes documentales y de politicastros inflamados con sus discursos apocalípticos.

Miquel Casals Roma. Profesor Ciencias Sociales, escritor y librepensador.

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