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Estigmatización y ataques al pensamiento crítico y marxista

Fuentes: Rebelión

Es claro que la Universidad Pedagógica Nacional atraviesa por una crisis de convivencia – si se quiere – una crisis que busca la cancelación y la estigmatización basadas en discursos superficiales sobre género y violencias basadas en género.

Para nada pretendo deslegitimar las luchas feministas, las luchas de las mujeres que se han librado durante más de tres siglos; por supuesto que hay estudios serios sobre genero llamados “estudios de género” promovidos por universidades importantes en el mundo. Estos son debates que deben tomarse con la mayor seriedad y rigurosidad del asunto. Es prácticamente una disciplina que se ha ganado con la lucha y resistencia de muchas mujeres y, que hoy en día tienen una gran legitimidad dentro del mundo de la academia.
Por consiguiente, parte de las luchas de las mujeres que se han librado durante muchos años es contra el sistema patriarcal y ganar reivindicaciones políticas, sociales y culturales que permitan disminuir la brecha de desigualdad entre el hombre, la mujer y ahora con las diversidades sexuales. Por la justa lucha de las mujeres, hoy en Colombia se ha despenalizado el aborto, la brecha salarial es cada vez menor, tenemos paridad en las instituciones gubernamentales, se exige para las entidades públicas -incluyendo las universidades-, tener protocolos para atender las VBG, se han generado nuevas masculinidades, los discursos y las prácticas de lecto-escritura son cada vez más incluyentes, etc. Ahora bien, las luchas feministas han utilizado una herramienta completamente valida y valiosa para configurarlas, el escrache, como una práctica legitima de denuncia ante la impunidad de las instituciones sociales.
Ahora bien, es importante considerar que el escrache se ha utilizado como una herramienta de lucha, sin embargo, ha caído en la fetichización y, algunas personas se creen con el derecho de utilizar tan valioso mecanismo para denunciar a cualquier persona, cayendo muchas veces en la falsedad, en la estigmatización por estigmatización, en un “cómo me caes mal, te voy a lapidar y a denunciar”. Y NO, eso es un uso irresponsable de estos mecanismos de lucha que han ganado muchas mujeres en la resistencia y permanente lucha.
Estos malos usos han llevado a generar una cultura del anonimato, es tan sencillo esconderse y no dar la cara, es tan sencillo enjuiciar y crear un estigma (sea cierto o no) a una persona, pero es muy difícil dar la cara, exponer lo que se dice o lo que se piensa en el momento indicado, quien prefiere usar el anonimato para hacer denuncias tan bajas como las suscitadas contra el profesor Renán Vega. Son unas personas cobardes, que no son capaces de poner la cara en el aula y discutirle ¿acaso no tienen los argumentos suficientes para llevar a cabo una discusión sensata en el aula? ¿Es más fácil victimizarse con mentiras y exponer a un docente sobre la base de cero argumentaciones? ¿Cómo es posible que haya profesores y profesoras en el departamento que den credibilidad a denuncias carentes de fundamentos?
Por otro lado, el auge de un pensamiento posmoderno, que afirma que el mundo después de la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría ha cambiado, y lo que Lyotard llama los metarrelatos o los grandes relatos carecen de legitimidad, que lo importante ahora es la base de problemas discursivos propios del individuo, generando en las tendencias académicas el mal uso de las subjetividades, primando las emociones y sensaciones. Ante este discurso posmoderno que acobija gran parte de la academia de la universidad, se pierde un horizonte de lucha que se tenía hace varias décadas atrás. Ahora importa luchar por la construcción de baños nuevos antes que la de una rampa para las personas en dificultad de movilizarse, preocupa más que los docentes utilicen el lenguaje inclusivo antes que se asigne un intérprete de lenguaje de señas. Porque, precisamente, aquí importa más lo superficial, lo individual, antes que pensarse una universidad que esté adecuadamente financiada, con plena autonomía, verdadero bienestar universitario. Y sí, estamos ante la universidad de la ignorancia, una universidad que parece no preocuparse por la formación docente al mantenerse indiferente ante las acusaciones injuriosas, mientras que el pensamiento crítico se relega a la estigmatización y ante estigmas como “eso no está a la moda, que anticuado/a” “adhiérase a los últimos paradigmas”.
Es preciso confluir, que la culpa no la tiene completamente el individuo por pensar, suponer y actuar de maneras tan irracionales; claro, el modelo neoliberal a la par con los discursos posmodernos ha permeado la cultura de la sociedad colombiana; el neoliberalismo, que busca homogenizar pensamientos, discursos, aspectos tan sencillos como el escuchar música, ver cine, alimentarse, etc. La vida de la juventud – o de algunos/as jóvenes – la vemos cada viernes en los pasillos del C, un montón de jóvenes consumiendo cualquier tipo de sustancias, perdiendo irracionalmente la conciencia con alcohol de dudosa procedencia. Es esta nueva generación que se preocupa por el placer del momento, por pasarla bien un rato, o muchos ratos, porque quienes más critican son quienes están de farra en farra de lunes a sábado, literalmente, y claro que está mal, porque hasta nos da miedo decir que es una práctica superficial y dañina porque lo tildan a uno de “sapa metida yo veré que hago con mi vida”. Es lo que se llama la “sociedad de la externalización” una sociedad que vive a base del consumo exagerado, sin importarle la condición de clase, sin importarle la explotación que se genera a partir de los productos que consumen, La sociedad de la externalización, libro que leíamos para la clase con el profesor Renán Vega. Claro, yo también bebo alcohol de vez en cuando, sin embargo, es importante no dejar que este medio del placer y el hedonismo supere nuestra racionalidad y ganas de luchar contra un sistema, ya sea el sistema capitalista, ya sea luchar contra el sistema patriarcal.
Ante esta nueva generación, extremadamente ofendida, el maestro/a, el compañero/a, tiene miedo a expresarse de cualquier forma, tenemos miedo de poder expresar lo que pensamos y sentimos, tenemos miedo de decir que la lucha principal del estudiantado debería ser por una nueva ley de educación superior, y después miramos si hacemos baños mixtos (además porque ahora no hay presupuesto para tal cosa). Tenemos miedo de citar a Lenin, a Marx, hacer una pintura que reivindique al Che, a Camilo Torres, hay miedo de exaltar a Rosa Luxemburgo, porque para muchos y muchas eso ya no es legítimo, todos eran unos violentos machistas y deben quedar cancelados –aquí retomo el posmodernismo como factor de degradación del pensamiento crítico-. Porque ahora sacan en panfletos citando a Pedro Lemebel, donde de manera estúpida lapida el marxismo, y no cualquier marxismo, un marxismo Latinoamericano, una izquierda del sur global, y vilmente – hay si reproduciendo discursos coloniales – exalta un país como los Estados Unidos, diciendo que los homosexuales se pueden besar libremente por las calles de Nueva York. ¿Es en serio? Hasta tal estupidez se ha llegado que se exalta la cuna del individualismo, la cuna de la superficialidad, la cuna del capitalismo, de la explotación, donde los niveles de discriminación y de homofobia son absurdamente altos. Y si, algunas tendencias dentro de los discursos de diversidades sexuales tienen vicios neoliberales o ¿Qué es lo que intentaron citar y escribir ahí?
¿Qué es esa práctica de que si el profesor dice que se salga del salón porque le sonó el celular, al otro día amanece escrachado y denunciado de manera anónima? ¿Es en serio ese nivel de debate y discusión que se está dando en una universidad? No puedo creer que se haya llegado al punto de que no se pueda decir nada porque al otro día se le lapida y matonea. No puede ser posible que yo, como representante, por estar en desacuerdo con algunas personas por unas denuncias injustas en contra de un profesor, y por cuestionar una práctica sobre manoseada me estén tildando de cualquier cosa. Se evidencia ese germen seudo radical, que, sin pensar en la táctica y la estrategia, se lleva por la emotividad que conlleva inevitablemente a la irracionalidad. Se pierde la autonomía universitaria, ya no por organismos externos como el Consejo Nacional de Acreditación, sino por un grupo de estudiantes que constantemente están vigilando que dicen y que hacen miembros de la comunidad universitaria, para así señalarle y cohibirle de lo que se dice o se piensa.
Finalmente, invito a toda la comunidad universitaria que no le parezcan estas prácticas exageradas y mal utilizadas del escrache, de la cancelación por motivos insuficientes, de la lapidación, a que no tengamos miedo, que nos pronunciemos en contra de estas malas prácticas, a que tomemos posturas serias y coherentes con nuestros discursos. Sería desilusionante ver como personas que concuerdan con discursos y con el pensamiento crítico, les den credibilidad a unas afirmaciones calumniosas, posando de tibios/as para no echarse de enemigos a una minoría escandalosa (que están promoviendo dichas calumnias), la invitación que hago hoy y siempre, es a no tener miedo por defender ideales y posturas coherentes con el discurso que se maneja.

María Paula Tovar Navarrete: Representante de los Estudiantes ante el Consejo Superior de la Universidad Pedagógica Nacional

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