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Ficciones sobre el ¡heil patria! 1, 2, 3.

Fuentes: Rebelión

Ficción 1 del ¡heil patria!  La ruidosa propaganda nazi

En una tarde fría de 1933, la plaza comenzó a llenarse horas antes del inicio del acto. Grandes banderas rojas con la esvástica colgaban de edificios y postes, formando un escenario cuidadosamente diseñado para transmitir unidad, disciplina y poder. Filas de uniformados de las organizaciones nazis ocupaban posiciones estratégicas, mientras una banda interpretaba marchas que marcaban el ritmo de la concentración. Los altavoces difundían consignas y mensajes que exaltaban la recuperación nacional, la grandeza alemana y la necesidad de un liderazgo fuerte. Cuando cayó la noche, las antorchas iluminaron el lugar y reforzaron la atmósfera ceremonial. Los asistentes levantaban homogéneamente los brazos mientras esperaban la llegada de Adolf Hitler. Se había preparado el lugar buscando producir una impresión de orden absoluto, símbolos repetidos hasta el infinito y una puesta en escena destinada a hacer sentir al individuo parte de una multitud unida por un mismo propósito. Finalmente, Hitler apareció entre aplausos y vítores. Su discurso combinó promesas de empleo, estabilidad económica y restauración del orgullo nacional, junto con la identificación de enemigos internos y externos a quienes atribuía los problemas del país. Cada pausa, gesto y cambio en el tono estaban calculados para provocar emociones intensas en el público. Al concluir, las marchas volvieron a sonar, las antorchas siguieron brillando en la oscuridad y los asistentes abandonaron lentamente la plaza con la sensación de haber participado en un acontecimiento histórico.

    Este tipo de actos constituyó una de las herramientas centrales de propaganda del régimen nazi, que utilizó la escenografía, los símbolos, la música y las concentraciones para movilizar apoyo político y consolidar el poder que conduciría a una de las dictaduras más destructivas del siglo XX.

     En una tarde cálida de 2026, un aprendiz de Furher, en una plaza promete destripar, eliminar a sus opositores y como Nethayahu organizar un genocidio. En las calles hay caravanas de camionetas blindadas, y carros con afiches apostados en las esquinas, suenan pitos y hombres armados miran con sospecha. Aparece lejano en escena un hombre débil, pequeño, lleva cachucha a cambio del diminuto bigote, con camiseta amarilla, igual que los que están abajo emulando las camisas pardas de Hitler y las camisas negras de Musollini. Flota en una pecera de vidrio, como un pez amarillo, que con un ¡heil!, ¡patria!, inicia el espectáculo de luces, humo y gritería, amenaza con matar y pide que le pongan los muertos a su nombre, levanta el puño y da paso a lo que podría ser la pasión del futbol o una copia del medio tiempo del último superbowl jugado en el levi´s stadium de santa clara california, la verdadera patria del aprendiz de Furher, a la que juro una lealtad que por ahora tendrá que aplazar.

Ficción 2 del ¡Heil patria¡ El Furher traiciona a sus amigos

En el fascismo por dentro la traición a aliados y amigos, es usual, el traidor, acusa a sus mejores amigos de traidores con la paranoia de que le competirán poder o lo depondrán cuando no lo necesiten. El problema es que el ¡heil patria¡ local sin duda calcaría a Hitler que una vez instalado en el poder vio amenazas donde antes veía lealtades y muchos de sus mejores amigos, aliados políticos y militares fueron acusados de traición, deslealtad o conspiración para asesinarlos. Es usual que en las reuniones de estrategia del poder el ¡heil! lleve un cuaderno secreto donde registre y anote cuidadosamente junto a cada nombre una fecha y una palabra, “útil”, “prescindible” u “obstáculo futuro” (Escobar jefe de la mafia con quien se formaron algunos defendidos por el ¡heil patria¡ llevaba una libretica de la que salió la temible sentencia del ¡venga que no es pa eso!, quizá el propio Hitler llevó una).

    Con Hitler algunos casos conocidos de traición a sus amigos acusados de traidores son el de Ernst Röhm jefe de las camisas pardas, acusado de traidor y ejecutado durante la noche de los cuchillos largos; Gregor Strasser dirigente del partido nazi, acusado y ejecutado; Kurt Schleicher acusado y ejecutado; Albert Speer acusado de desobediencia; Wilhelm Canaris director de la inteligencia militar ejecutado; Claus Stauffenberg, ejecutado; Erwin Rommel obligado a suicidarse antes del juicio público; Heinrich Stülpnagel ejecutado; Heinrich Himmler, criminal de guerra de alto rango, director de las SS, controló los campos de concentración, y Hermann Göring, uno de los nazis más poderosos que cayó en desgracia al intentar asumir funciones de gobierno, acusado de deslealtad y despojado de sus cargos, su fatídica la historia se puede ver por estos días en cine bajo el título de Nuremberg.   

     Quienes más ayudaron a construir el poder de Hitler terminaron siendo considerados enemigos o traidores y ejecutados entre vitores, banderas, esvásticas y el ¡heil! La acusación de traición fue la herramienta política para eliminar rivales, castigar discrepancias y mantener la obediencia. En el calco que podría hacer el ¡heil patria! el país podría perder a reputada y honorable gente de bien. Sin embargo, el parte es de tranquilidad, nada de eso ocurrirá porque la lección sobre la Alemania nazi sirvió de advertencia y sobre todo porque la política de la vida, la esperanza y el respeto por el ser humano, es victorioso y contundente en hacerle saber al mundo que aquí el fascismo no pasará.

ficción 3 del ¡heil patria!. Se robaron hasta los dientes de oro

En el régimen nazi, el saqueo fue un efecto central y se convirtió en un sistema organizado de arriba hacia abajo. Hasta algunas de las víctimas que esperaban su pronta ejecución se disputaban los cadáveres antes de meterlos a los hornos para quedarse con las coronas de oro de sus dientes.  Los profesionales contables en los campos de concentración sabían que detrás de los discursos sobre la patria había un saqueo sin precedentes en la historia y el ¡heil patria! no dudaría en hacer el calco para aprovecharse hasta del último objeto de las víctimas material, simbólico, narrativo. Hasta ahora habla de “los nunca”, quizá cree que son un grupo musical, se apropió de 3 millones de “firmas invalidadas”, y ha tratado de quedarse con el “espíritu del futbol” y uniformado su legión de “camisas amarillas”.

      Aparte de los cuerpos apilados para meterlos a los hornos llegaban maletas marcadas a mano por las victimas a las que les habían hecho creer que luego recuperarían sus pertenencias. En enormes bodegas otras víctimas en espera de ser ejecutadas clasificaban relojes, zapatos, abrigos, fotografías familiares y joyas, nada podía desperdiciarse. El oro era separado cuidadosamente; las monedas y alianzas eran enviadas al banco del Estado; incluso el cabello humano era embalado para usos industriales y con la grasa humana hacían el jabón. El mismo ¡heil patria! ya está acusado por los ladrones de haberlos robado y cuida su botín como defensor de los mafiosos que se robaron el Estado.

   Todo sirve para la victoria, decía un oficial del furher mientras firmaba inventarios con absoluta frialdad, el horror no residía únicamente en la violencia visible, sino también en la burocracia meticulosa que transformaba vidas humanas en mercancía. Había oficinas para registrar relojes, depósitos para clasificar ropa y formularios para contabilizar gramos de oro arrancados de cadáveres. La deshumanización era tan completa que incluso los restos físicos de las personas eran tratados como recursos económicos. El régimen nazi organizó el robo masivo de bienes de millones de víctimas del Holocausto y de los territorios ocupados y el ¡heil patria! sabrá calcarlo y mejorarlo.

      Queda el aviso de lo que ocurrió y la promesa de una dictadura calcada por el ¡heil patria! que no solo traerá destrucción de vidas mediante la violencia directa, si no que con el saqueo y la codicia es capaz de borrar la dignidad humana hasta sus últimos rastros materiales como el oro de sus dientes.Pero no pasará el fascismo porque la victoria será de la vida y la esperanza y el aprendiz de Furher, atragantado con la patria será juzgado y condenado por la historia de inmediato. Fuerza vida.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.