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Es la hora de pasar de la esclavitud, al poder

Francia solo dijo la verdad: Gaviría es neoliberal y más de lo mismo

Fuentes: Rebelión

No hay que dejar que el acto esperanzador del miércoles 23 de marzo de 2022 en Bogotá, lleno de simbolismos y de alegría con la presentación de Francia Márquez como fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro, sea empañado por el comunicado oportunista y mentiroso de César Gaviria.

¿O es que creen que este negociante de la política y de los gobiernos, paradigma del clientelismo y de la burocracia estatal, de verdad quiere «acuerdos programáticos» con la izquierda o piensa sinceramente en un gobierno popular y alternativo?

Yo no lo creo. Gaviria es uno de los brazos del pulpo oligárquico, segregador y promotor de la desigualdad que impide el ejercicio de sus derechos a los colombianos. Es continuador de ese bipartidismo liberal-conservador que ha usufructuado el poder por más de dos siglos en Colombia.

En su gobierno (1990-1994) fue el impulsor, con Álvaro Uribe, entonces senador liberal, de la nefasta Ley 100, que privatizó la salud y las pensiones, y de la introducción de Colombia en el neoliberalismo (la denominada “apertura económica”), que acabó con la industria nacional y millones de empleos.

Gaviria es el mismo que en 2018, luego de gritar con su voz chillona: “¡Uribe paraco, Uribe paraco!”, corrió a los brazos de Iván Duque, el candidato de Uribe, el paraco…

Al Pacto Histórico le toca ganar sin Gaviria y otros lastres. La derecha y la extrema derecha, con sus medios afines y abyectos, pretenden trazarle la agenda al campo alternativo. No hay que dejársela imponer.

Le corresponde al Pacto cautivar al pueblo liberal y al 55% de la ciudadanía abstencionista. Miremos las cifras: de un censo de 38 millones 820 mil personas habilitadas para votar, solo sufragaron 18 millones 35 mil, contabilizados los datos de Senado y Circunscripción Especial Indígena. Es decir, 20 millones 785 mil personas no votaron el 13 de marzo.

Al Pacto le corresponde cautivar al millón 182 mil votantes en blanco en esos comicios, a los 820 mil colombianos que anularon el voto y a los 594 mil que no marcaron sus papeletas, la mayoría porque no sabían manejar los tarjetones, pero que se acercaron de todas maneras a los puestos a votar. Dos millones 596 mil personas en números redondos.

En esas poblaciones está la clave. Fácil no es, pero hay que llegar a ellas.

ESPERABA EL FLORERO DE LLORENTE

Gaviria estaba esperando la menor excusa para zafarse de la posibilidad de alianzas con Petro y el Pacto Histórico. Es un politiquero de derecha.

Su posición es de clase (burguesa, oligárquica), lo más seguro es que ya tuviera decidida su alianza con Federico Gutiérrez, y usó la respuesta de Francia a una periodista al término del acto de presentación de su candidatura a la Vicepresidencia, para emprender las de Villadiego. No hay que caer en su juego. Francia no lo insultó ni dijo mentiras.

Gaviria es neoliberal y más de lo mismo. Eso fue todo lo que Francia dijo. Es decir, la verdad.

Petro sabía, al elegir a Francia como su fórmula presidencial, que ella es irreverente por formación y que no se va a quedar callada. Además, se ha ganado ese derecho.

Y, reitero, ella ni insultó ni irrespetó a Gaviria. Lo que pasa es que el señor de Pereira necesitaba un florero de Llorente para clausurar cualquier acercamiento con Petro porque ya tiene definido correr detrás de Gutiérrez. Eso es evidente. El candor en política es mal consejero.

TENSAR LAS FUERZAS DEL CAMBIO

Llegó la hora de, en este momento histórico, no poner en dependencia de lo que diga o decida un negociante de la política el futuro de la Presidencia de Petro.

De tensar las fuerzas del cambio y de, si de verdad este caudal es indetenible, acrecentarlo con el esfuerzo de todos para triunfar el 29 de mayo. Reto monumental, pero así es.

Además, el liberalismo no es César Gaviria, son las bases que se dicen o se sienten de ese partido, que no son borregos y que, en buena parte, irán con Gustavo Petro.

No es que Gaviria dé la orden y todos pegan para donde él diga. Es un partido muy fragmentado. Ya Petro convocó una reunión a la que invita a los congresistas de la colectividad “roja” no comprometidos con las mafias.

El liberalismo es un partido policlasista, en el que imperan las tendencias y no hay obediencias ciegas.

Gaviria, además de neoliberal y “más de lo mismo”, es un vulgar machista: cree que a una líder la puede mandar a callar, como sugiere en su comunicado de la tarde del miércoles pasado. Grotesco.

Desde el principio se sabía que la cuestión con él no era fácil. Es más, su decisión entre Gutiérrez y Petro la había anunciado para luego de Semana Santa. Se tuvo que anticipar al perder la opción de pedir la candidatura vicepresidencial.

Así que solo hacía cálculos. Estaba buscando el que más le dé, y ese no será Petro, obviamente.

Estamos ante dos grandes retos: la derrota del neoliberalismo y la ruptura con la histórica dependencia del campo alternativo y la izquierda de figurones liberales.

UN DATO CLAVE

Un dato final clave: Gaviria fue nombrado por Juan Manuel Santos jefe del debate por el Sí en el plebiscito sobre el Acuerdo de Paz del 2 de octubre de 2016, que se perdió frente al no.

¿Garantizó el triunfo en aquella coyuntura? No. ¿Respondió Gaviria por la derrota del Sí? No. Terminado el debate se fue de vacaciones…

Ese es el jefe liberal por el que algunos lloran, pero que es un verdadero fiasco… Por eso va para donde Fico.

Como dijo Petro, que escojan: están con el cambio o están con el fascismo…

Es la hora de pasar de la esclavitud, al poder.

*PERIODISMO LIBRE CALI*

Periodista colombiano, abogado, magister en historia, docente universitario.

http://luisalfonsomenas.blogspot.com/2022/03/es-la-hora-de-pasar-de-la-esclavitud-al.html

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.