Recomiendo:
1

A 200 años de su natalicio

Friedrich Engels y el papel emancipador del trabajo en la historia humana

Fuentes: Rebelión

“El trabajo como condición básica y fundamental de toda la vida humana, debemos decir -hasta cierto punto-  ha creado por sí al propio ser humano”. Frierdrich Engels

“El hombre occidental tiende a pensar que puede doblegar la naturaleza. Hemos aprendido a subyugarla, pero estamos ciegos. Necesitamos una ciencia de la sabiduría”.
Frank Herbert

Introducción

La mayoría de los comentaristas del texto clásico de Engels «El papel del trabajo en la transformación del mono en humano” (1876), sólo se han dedicado a reseñar y comentar la primera parte del mismo y básicamente los aspectos referidos a lo que se conoce actualmente como proceso de  hominización y proceso de sapientización no van más allá; quizá porque no se han percatado de sus alcances mayores, o no les ha interesado ir más allá, o hacen una lectura inmediatista –no lo suficientemente profunda– de este sucinto texto. Por ejemplo Martínez refiere que: “Hacia 1876 Federico Engels escribió un pequeño ensayo en que proponía la vinculación entre el trabajo en general y el proceso de hominización como se le denomina ahora” (2019: 73).

Por nuestra parte avanzamos planteando lo siguiente:  que “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” no es un escrito pensado de antemano con este título por el autor sino que era parte de una Introducción a un trabajo más extenso denominado Tres formas fundamentales de esclavización. Obra ésta que no realizó y que al quedarse sólo con el manuscrito inicial, lo denominó de esa manera porque la explicación del trabajo humano en sus orígenes era el fundamento real y temático del conjunto de su argumentación. Ésta sería, pues, más completa, pero vemos que en “El papel del trabajo…” sólo se esboza en sus puntos nodales el tema mayor, concretamente el referido a las “esclavitudes”, que serían las experimentadas en la historia respecto: 1) a las imposiciones de la naturaleza al ser humano, 2) luego las del ser humano sobre el ser humano y 3) finalmente las del ser humano sobre la naturaleza;  en la cuales la dialéctica del metabolismo  naturaleza-humano-naturaleza no ha sido armonizado por la (s) sociedad (es) humana (s). Así, Engels argumenta que en la historia humana escasa o “prehistoria humana”, ellas se han desenvuelto como antagonismos y contrasentidos, pero se vislumbra la posibilidad de superarlas debido a las premisas objetivas  y, de cierta manera, también subjetivas desarrolladas dentro de la sociedad capitalista: 1) con el desarrollo de la ciencia-técnica humana en el capitalismo (apropiada y dominada por el capital) manifestada en el trabajo automatizado, y 2) con el desarrollo de la organización y la conciencia de los trabajadores. Ambos producto histórico de la de la praxis humana, corazón del proceso de trabajo. Por lo que en dicho régimen capitalista se posibilita un proceso de verdadera liberación, si y solo si el metabolismo (con la revolución comunista)  se encamina a su armonización poniendo bajo control colectivo humano, y no del capital que conjunta y exacerba las esclavizaciones, su propio proceso de trabajo desplegado como ciencia-técnica y como organización-conciencia ecológica social. O como órganos sociales de la producción de la vida y de la voluntad humanas (K. Marx).

En su texto de 1876 a F. Engels le va interesar esbozar los pasos que va dando el ser humano en la dialéctica del trabajo, que va inaugurando y abriendo necesidades y capacidades nuevas y relativamente progresivas, desde la hominización (transformación del simio en género homo, pasando por los homínidos, (Klamroth, 1985), sapientización (transformación del homo en homo sapiens, Morin, 1980) y en la humanización  (Marx, 1844) que potencialmente culminarían en la revolución y la sociedad comunista (hacia lo plenamente humano u homo plenus).

Cabe aclarar que su concepto de proceso de trabajo implica un proceso multidimensional (Adame, 2013)  no sólo lo meramente instrumental y laborante (homo faber, homo laborans), como cree Hannah Arendt, sino incluyendo, lo productivo, reproductivo, social, medioambiental, político, lúdico, festivo, simbólico y cultural (homo politicus, homo ecologicus, homo ludenshomo demens, homo loquax, homo ethicus, homo festus, homo symbolicus)

Así pues, en dicha frustrada Introducción a “Tres formas fundamentales de esclavización” se pueden distinguir tres temas enlazados:  (1) una reconstrucción lógico-histórica hipotética de la secuencia del proceso de hominización-sapientización construida sobre la metodología de la dialéctica de la naturaleza y la dialéctica social; pero no sólo, sino que también: (2) una crítica histórica al sistema capitalista y su ciencia de la economía política y derivadas [1]  y en general una crítica a todos los regímenes socioeconómicos y político-culturales precapitalistas limitados o escasos, creados por las sociedades humanas a lo largo de la historia;  e igualmente: (3) una propuesta de lograr un proceso de humanización plena con base en una concepción materialista crítica de la historia de la humanidad que –ahora podríamos subrayar– contiene claramente una perspectiva ecológica de búsqueda y realización de un metabolismo armónico con la naturaleza. Todo este contenido y su desarrollo esbozado en este escrito engelsiano, están sustentados en el comunismo revolucionario pro realizador del ser humano pleno; valiéndose para ello, pues, de dicho materialismo histórico-dialéctico ecológico construido durante años por su amigo y camarada Karl Marx y él mismo.

Friedrich Engels va a retomar y desplegar dicha perspectiva en este trabajo y en otros asociados a él, usando como base, como él mismo lo destaca, escritos pasados de juventud que él mismo y Marx escribieron; concretamente los recupera en dos obras que igualmente tratan el asunto del «desarrollo histórico de la humanidad». Nos referimos a los textos: El Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado de 1884 y Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1886).

Subrayamos, entonces, que el quid del escrito que nos compete, y que coincide en cierta medida con aquellos dos, es la centralidad de la praxis, de  los actos y de las acciones humanas, cuyo corazón transversal, en este caso es el papel del trabajo o, mejor, la dialéctica  o movimiento del trabajo humano visto, como dice K. Marx en los Grundrisse como movimiento de la producción social o de la sociedad como un todo (p. 237). En efecto se trata, pues, del movimiento procesual o proceso constante adecuado a fines como parte nodal de lo que Karl Marx planteó (Elementos fundamentales, cuaderno el Proceso de Trabajo, y El Capital, Tomo I, capítulo trece, nota 4) como la creación de los órganos  inmediatos de la práctica social del proceso vital, órganos sociales de la producción de la vida humana u órganos de la voluntad humana en su actuación sobre la naturaleza. Esta perspectiva orgánica les lleva a Marx (y Engels) a formular la necesidad de tener una mirada crítica de la tecnología y su historia. Puesto que dichos órganos culminarán históricamente en la gran industria capitalista convertidos tecnocientíficamente -ya no en aquellos iniciales instrumentos y herramientas relativamente sencillas y toscas del proceso de hominización en las industrias líticas-  sino en poderosas máquinas  (que cada vez en mayor medida van a producir medios de producción) conformándose en esta era capitalista en el «Social General Intellect»; en el cual está presente el saber histórico acumulado de la sociedad, concretamente en su forma de conocimiento científico de las ciencias y técnicas experimentales (físicas y sociales), pero apropiadas y manipuladas por el capital.

Dicha dialéctica del trabajo y de sus órganos y medios de producción, específicamente de sus instrumentos y herramientas de trabajo, que va crecientemente en su desarrollo histórico abriendo necesidades y capacidades nuevas y relativamente progresivas, desde la hominización y en la humanización y que potencialmente culminarían en la revolución y la sociedad comunista.

F. Engels pone el acento en este escrito en que las acciones (como en todos los demás animales e incluso seres vivos que reaccionan) tienen consecuencias o repercusiones en la dialéctica natural (como en todos los seres vivos), pero destacadamente como praxis del homo sapiens se extienden y complejizan ahora como parte de una dialéctica social y cultural. Esa es su peculiaridad histórica dado que a la praxis humana en pleno capitalismo, se le presenta como gran desafío el resolver las contradicciones y las consecuencias negativas que traen las praxis natural-sociales humanas históricamente desplegadas, en lo que Marx llamó «la prehistoria humana»; es decir acciones todavía no plenamente dominadas o controladas como especie sui generis: sapiens, consciente y libre.

Para Engels, entonces, de lo que se trata con ello es de aprender y comprender las lecciones y errores antiecológicos y antisociales de esas praxis humanas inconscientes, poco conscientes, no planeadas/previstas suficientemente (o sea inmediatistas). Su finalidad –en buena parte ecológica–, será ejercer el trabajo, la técnica, la producción y, en general, todos los actos humanos conforme a su naturaleza no animalesca o sea conforme a las cualidades humanas formadas desarrolladas en el surgimiento del género homo y propiamente en la especie sapiens sapiens. Ello para no seguir cayendo en sin sentidos, efectos contraproducentes, despropósitos y contrafines, sino superarlos dialécticamente en la emancipación y realización de la vida humana futura.

Este ensayo lo vamos a dividir en dos partes. La primera para desglosar y comentar propiamente el conjunto del texto de Engels. Y la segunda para ilustrar y actualizar los componentes específicos nodales que tienen que ver concretamente con el proceso de hominización que Engels esbozó de manera magistral y que han servido para fundamentar lógica e históricamente la centralidad del proceso de trabajo en el surgimiento del género homo y peculiarmente del homo sapiens sapiens como especie bio-socio-cultural cósmica (Morin, dixit).

El texto del “Papel del trabajo en la transformación del mono en humano” visto en su totalidad. Premisas y 8 pasos histórico-transformadores decisivos

Veamos su argumentación, primero en las premisas, luego en los antecedentes darwinianos y finalmente de manera más  amplia y  secuencial en 8 pasos decisivos, como él los denomina:

0. Premisas. En primer lugar para Friedrich Engels está la unidad de las dos fuentes o dos “progenitores” de la riqueza humana: la (madre) naturaleza y el (padre) trabajo. Cita a los especialistas de la economía política[2]. Para Engels, la naturaleza es la proveedora de los materiales que el trabajo humano convierte en riqueza y el trabajo humano es “la condición básica y fundamental de toda la vida humana” a tal grado que, dice, “hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio humano”. Con esta frase nos indica que va a ilustrar la importancia activa o mayormente activa del trabajo en la conformación de toda la historia humana. Diríamos actualmente que, volvemos arepetirlo,  en tres grandes pautas o secuencias históricas: 1) en la hominización (transformación del simio en homo, pasando por los homínidos), 2) en la sapientización (transformación del homo en homo sapiens y 3) en la humanización o sea en la verdadera o (proto) plena humanidad (transformación del homo sapiens en plenamente humano). En segundo lugar están los antecedentes en la ciencia de la evolución  (a la cual Engels reconoce sus aportes, pero no se inscribe en ella y la critica). Aquí señala que Charles Darwin  (The descent of Man: 1871) dio una descripción aproximada de una raza de monos antropomorfos extraordinariamente desarrollada que vivió en algún lugar de la zona tropical y vivían en los árboles y formaban manadas[3].

1. Inicio de los pasos decisivos. Este mono al caminar por el suelo “se fue acostumbrando a prescindir de la manos” y entonces empezaron a adoptar más y más una posición erecta.  Este es el primer paso decisivo de 7 reales y uno potencial (un total de ocho) de la historia de la transformación del simio en humano y potencialmente en plenamente humano. Por tanto, para Engels, ese fue el iniciopara el tránsito→→ del mono al humano (decimos ahora con más precisión del simio en homínido y de homínido en género humano hasta culminar en la especie homo sapiens sapiens). Para aquellos monos primero fue una norma y luego una necesidad por lo que en aquel entonces las manos tenían que ejecutar funciones cada vez más variadas, desarrollándose la «división de funciones» entre las extremidades, entre pies y manos. Así Engels enumera las tareas más numerosas de las manos: tales como, recoger y sostener alimentos, construir nidos y tejadillos en los árboles, agarrar garrotes, aventar frutos y piedras y realizar operaciones sencillas  semejantes a las que realizan los monos. Sin embargo, dice Engels, la mano primitiva de cualquier mono es incapaz de ejecutar las centenares de operaciones que realiza la mano humana como tal “perfeccionada por el trabajo durante centenares de miles de años”. Y ejemplifica: “Ni una sola mano simiesca ha construido jamás un cuchillo de piedra por tosco que fuese”. O sea traduciéndolo a los conocimientos actuales, los primates superiores antropomorfos (no homos) no desarrollaron jamás ninguna industria lítica o modo técnico. La explicación que proporciona Engels es que hubo un proceso evolutivo de operaciones sencillas a operaciones complejas y consistió en que “nuestros antepasados fueron adaptando poco a poco sus manos durante muchos miles de años de transición”.

2. La mano se hizo libre sería el segundo paso decisivo, ya que pudo adquirir cada vez más: habilidad, destreza y flexibilidad que se “transmitía por herencia y se acrecía de generación en generación”. Así la mano liberada y perfeccionada (anatómica y fisiológicamente) se convirtió en «el [primer] órgano del trabajo» y fue producto o resultado de éste mediante cada vez más aplicaciones a funciones nuevas y cada vez más complejas. Con ello lo que beneficiaba a la mano, beneficiaba a todo el cuerpo y organismo; en dos aspectos:

i)     Interno: La marcha erguida sobre los pies y la mano cada vez más liberada-perfeccionada repercutieron por correlaciones de formas (Darwin dixit) sobre otras partes del organismo. Digamos que, ahora se sabe y en época de Engels no (como él mismo lo reconoce aquí), en la columna vertebral-cráneo-cerebro (foramen magnum),  visión, pelvis-húmero, termorregulación-sudoración, acomodo de órganos, posición del pie y modo de caminar, etc.).

ii)    Externo:  repercusiones sociales de unos sujetos sobre otros y sobre el conjunto de la congregación, concretamente: ayuda mutua, actividad conjunta y reforzamiento de los lazos; progreso sobre el dominio sobre la naturaleza en el sentido de que el trabajo iba ampliando los horizontes haciéndole descubrir constantemente en los objetos nuevas propiedades hasta entonces desconocidas.

3. Tercer paso decisivo: la necesidad de mayor comunicación verbal (o como lo expresa Engels de “decirse algo” transmitiéndose información psicofectiva y relacional significativa y cada vez más precisa y puntual) de los unos a los otros. Es decir, modulaciones y articulaciones del sonido teniendo un papel central  para nuestro autor la laringe  (y demás organelos anatómicos del aparato fonador o vocal), respecto a esto nos señala la máxima lamarckiana: “la necesidad hizo al órgano”; es decir, que segúnLamarck, los órganos se adquieren o se pierden como consecuencia del uso o desuso, y los caracteres adquiridos por un ser vivo son heredados por sus descendientes. La laringe y los órganos vocales formados dialécticamente en el caso ser humano resultaron ser apropiados para el lenguaje articulado y de esta manera la explicación dialéctica de su origen sólo es posible “a partir del proceso de trabajo y con el proceso de trabajo”.

De esta forma la conexión del trabajo con el lenguaje influyó y estimuló el desarrollo del cerebro humano e igualmente “los instrumentos más inmediatos” de éste: los órganos de los sentidos (vista, olfato, oído y tacto). Con del desarrollo interactivo y mutuo de ambos se fue generando. a) mayor claridad de conciencia, b) mayor capacidad de abstracción y c) mayor grado de discernimiento; formando con ello una doble recursividad dialéctica de mutuas influencias: entre el trabajo ↔ y el lenguaje y entre el cerebro ↔ y los sentidos.

3. Este circuito dialéctico conforma un cuarto paso decisivo y es el que posibilita el primer avance de lo que Engels denomina la sociedad humana. que desde esta base se expresa en su desarrollo multidireccional y diverso en distintos pueblos con adelantos y retrocesos en esta procesualidad que hoy llamaríamos  desarrollo sociocultural (y civilizacional).

5. A partir de aquí como quinto paso decisivo, los sapiens –a diferencia de los demás primates superiores que llevan a cabo una “explotación rapaz” e incluso despilfarradora de sus áreas de alimentos– haciendo uso de: a) su mayor inteligencia y b) su mayor capacidad de adaptación (hoy diríamos más precisamente de «adaptabilidad»[4]), en las diversas zonas de alimentación, ampliaron el rango de plantas comestibles; con lo que realizaron una alimentación cada vez más diversa y por tanto con mayor variedad de nuevas sustancias nutricionales, con lo que “creaban las condiciones químicas”, fisiológicas y corporales para constituir una «dieta propiamente humana». Cuyas bases para Engels son las siguientes: 1) despliegue en la elaboración de instrumentos de trabajo (que a la vez fueron utilizados como armas) para hacerse de nuevos alimentos, 2) creación de instrumentos para la pesca y la caza con lo que se posibilitó: 3) el tránsito de la alimentación propiamente vegetal a la alimentación mixta (vegetal-animal), 4)  el consumo de carne ofreció al organismo humano ingredientes esenciales para el mejor desempeño de las funciones de su organismo, especialmente en la potenciación funcional y el crecimiento de su cerebro (incluso el uso de la carne en la alimentación ha llevado en ciertas circunstancias a las prácticas del canibalismo),  5) igualmente trajo dos nuevos avances decisivos: el uso del fuego que redujo el proceso de digestión y la domesticación de animales que multiplicó la reserva de carne y de leche para obtenerlas de manera más regular, 6) el combinar la carne con la dieta vegetal  (bases del omnivorismo) contribuyó poderosamente –dice Engels– a dar fuerza física y mental  al humano al bridarle  –en vías de consolidación– su “independencia” (respecto de la naturaleza).

6. El sexto paso decisivofue su extensión geoclimática y ecológica, pues por su propia iniciativa o sea de manera voluntaria –a diferencia de los demás animales– se fue expandiendo y adaptando-transformando a los diferentes climas de los continentes y de los  ecosistemas (latitudes, alturas, templados, fríos, etc.). Ello obligo a los seres humanos a realizar nuevas actividades y a generar nuevas necesidades de abrigo, vivienda, vestimenta, etc., creándose nuevas esferas cada vez más complejas, diversificadas y cada vez más perfeccionadas de trabajo material, cultural, semiótico, político y espiritual: ganadería, pesca, agricultura, alfarería, hilado, tejido, metales, navegación, comercio, artes y ciencias, posteriormente también el desarrollo de las naciones, el Estado y con ello el derecho, la política y la religión. Estas últimas, así como el origen de la explotación del propio trabajo y en general el rápido progreso de la civilización, son producto de la dinámica de las necesidades materiales “reflejadas naturalmente en la cabeza del ser humano que así cobra conciencia de ellas”, y no –como creer la concepción idealista del mundo que ha dominado el pensamiento­­– exclusivamente al desarrollo y a la actividad cerebral.

Así pues, aquí Engels aprovecha para refrendar su propia concepción materialista dialéctico-histórica de los orígenes y de desarrollo/progreso del sapiens y de sus productos sociales, políticos y culturales materiales e institucionales con base en la dialéctica de la complejización de proceso de trabajo y el crecimiento y diversificación de las necesidades que fue llevando a los humanos a “plantearse y a alcanzar objetivos cada vez más elevados”. Dicha concepción, dice, Engels, es diferente y crítica respecto del materialismo naturalista de la escuela darwiniana cuyos representantes en su época, eran aun incapaces de formarse una idea clara acerca de dichos orígenes y desarrollos, pues su “influencia idealista les impide ver el papel  [histórico-genético] desempeñado por el proceso de trabajo”.

Y por ello justamente es que Friedrich Engels no habla de la “evolución” (materialismo naturalista) del mono en humano, sino de «la transformación» (materialista histórico-dialéctica) del mono en humano.

El signo más distintivo  o esencialmente diferente de los humanos respecto de los animales, observa Engels, se fundamenta en que: “Ni un solo acto planificado de ningún animal ha podido imprimir en la naturaleza «el sello de su voluntad». Solo el humano ha podido hacerlo”.  Esto es,  que las acciones de los humanos sobre la naturaleza imprimen material y espiritualmente sus diversas y crecientes necesidades y fines y sus repercusiones sobre la misma son escalares: ecológicas, geológicas, energéticas y mentales. Por consiguiente, resume Engels, esa diferencia esencial radica en que los animales utilizan la naturaleza exterior y la modifican por el mero hecho de su presencia en ella. El humano, en cambio, transforma la naturaleza y la obliga así a servirle (servicio no utilitario), la domina  (no utilitariamente)por efecto del proceso de trabajo.  En este aspecto concuerda y complemente con lo planteado por Karl Marx en El Capital cuando éste dice en el capitulo V que:

El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, un proceso que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. El hombre se enfrenta a la materia natural misma como un poder natural. Pone en movimiento las fuerzas naturales que pertenecen a su corporeidad, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de apoderarse de los materiales de la naturaleza bajo una forma útil para su propia vida. Al operar por medio de ese movimiento sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a la vez su propia naturaleza.

Pero Engels plantea que dicho dominio si se toma como si se tratara de “victorias” sobre la naturaleza, bajo esa lupa, subraya con énfasis: “la madre naturaleza” toma su venganza del “padre trabajo”. Ello porque ­­–podríamos decir ahora­­–  desde la perspectiva del ecologismo dialéctico crítico[5], en las repercusiones o consecuencias imprevistas, o sea negativas, que se manifiestan –no necesariamente de manera inmediata sino en segunda o tercera instancia después de lo que se obtuvo con previsión o en primera instancia– “la naturaleza toma venganza”. Por lo que dichos hechos, nos sigue diciendo Engels, nos recuerdan (a los humanos y específicamente a su trabajo productivo) que: “nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado”. Pues abunda Engels que, siguiendo los elementos de humanismo naturalista o naturalismo humanista que Marx y él siguieron: «nosotros como humanos estamos en su seno y pertenecemos a la naturaleza». Y por consiguiente: “todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás  seres, somos capaces de conocer sus leyes y aplicarlas adecuadamente”.

7. Y para F. Engels existe un gran avance científico en su época, que sería  un séptimo paso decisivo crucial ya no sólo en la hominización-humanización, sino hacia la plena humanidad, principalmente de las Ciencias Naturales de la segunda mitad del siglo XIX,  particularmente del conocimiento y comprensión de las leyes de la naturaleza (principalmente con el darwinismo y en general con la teoría evolucionista) y por ello se ha dado un importante paso para conocer tanto los efectos inmediatos como las consecuencias remotas de “nuestra intromisión en el curso natural de desarrollo”. El meollo del asunto para Engels es que dichos avances científicos (o mejor, tecnocientíficos) posibilitan la prevención, el control cada vez mejor de las  repercusiones no inmediatas a prever, y, por tanto, permiten controlar cada vez mejor las “remotas consecuencias naturales de nuestro actos en la producción”. Y de esta manera, cuanto más  sea esto una realidad, los hombres no sólo sentirán de nuevo y en creciente grado su unidad con la naturaleza (armonía con “la madre”), sino que la comprenderán más (comprendiendo así mismo su propia naturaleza construida también en el trabajo y con su trabajo), y, por ende: “más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza y el alma y el cuerpo”.

Pero el maestro Engels entonces, para dejar clara su perspectiva unitaria de superación de las antítesis, plantea que igualmente de lo que se trata es de prever no sólo las indirectas y remotas consecuencias del dominio y de la producción humana sobre la naturaleza exterior, sino también las repercusiones sociales de esas mismas acciones. Y para lograr cabalmente todo ello es fundamental: a) el conocimiento, control y dominio de las consecuencias directas e inmediatas a nivel natural y social  la producción y b) el conocimiento, control y dominio de las consecuencias indirectas y remotas a nivel natural y social de la producción humana.

8. Se trataría, entonces de construir un octavo paso decisivo plenamenteemancipador, pues nos enfatiza Engels: “hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día” (el capitalismo) y, con él, el orden social productivista, inmediatista, antiecológico y antisocial vigente.

Resalta del viejo Engels, por tanto, que se trata de realizar una revolución que cree un nuevo orden natural-social productivo y en donde el proceso de trabajo tendrá un nuevo papel en la transformación del humano en verdadera y plenamente humano, un orden o modo de producción esencialmente diferente a todos los anteriores que tenga integrado realmente en su actuar social la planificación, prevención, y control de la producción (siendo una gran palanca de ayuda una ciencia-técnica crítica, liberada y emancipadora) siguiendo las leyes de la naturaleza y por ende que supere realmente sus utilitarismos y limitaciones de toda índole

A modo de conclusión

El proceso de trabajo como lo concibieron Friedrich Engels y Karl Marx desde la dialéctica material del metabolismo entre el ser humano y la naturaleza, tal como lo planteamos en este ensayo, es el corazón tanto del proceso de hominización, como del proceso de sapientización y también del proceso de humanización hacia su plenitud. En cada uno de dichos procesos tiene importancia diferenciada el diseño, la elaboración y perfeccionamiento (e incluso distorsión dentro del capitalismo) de las herramientas y medios de trabajo (como órganos sociales de la vida humana). Asimismo los procesos de trabajo conllevan tareas y funciones diferentes, mientras que en los dos primeros se constituyen como fundamentadores de la sobrevivencia y consolidación de la técnica, en el tercero se constituye potencialmente como proceso de trabajo liberador al codificarse materialmente en la automatización del trabajo y en la liberación de tiempo libre (disposable) para el disfrute del trabajador social y del conjunto de la sociedad. Engels en el texto que hemos comentando aquí, sigue estos lineamientos para detenerse en los dos primeros y esbozar el tercero siguiendo los planteos que Marx y él mismo habían seguido en sus trabajos temáticos al respecto.

El papel del trabajo en la hominización-sapientización conlleva una secuencia lógico histórica dialéctica y sus componentes forman una totalidad que ha sido Engels el que la ha sabido delinear originalmente. Y este delineamiento no ha sido  sólo una mera intuición brillante (como cree Raymundo Martínez), sino una demostración de destreza lógico-histórica argumentativa de un investigador crítico de la historia humana y un militante socialista que a pesar de la carencia de informaciones y datos paleantropológicos, climatológicos, etc, abundantes en su época, pudo sostener su argumentación materialista basado en el metabolismo ecológico progresivo de la dialéctica sociocultural del proceso de trabajo. Dichos componentes decisivos como hemos pasado revista aquí,  implicaron el bipedismo,  (postura y andar, cambios anatómicos , fisiológicos, etológicos, etc.),  visión y nueva perspectiva de otear los espacios, cambios en la anatomía y en destrezas operativas de la mano , expansión y reorganización del cerebro y de los sentidos y capacidades vinculados a las áreas cerebrales y con ello, en general, reestructuraciones de todo el cuerpo,  importancia de la ingesta de la carne  (en combinación con los vegetales) y su cocimiento, así, como la dieta omnívora, el  lenguaje articulado y las capacidades de comunicación, cooperación  y enseñanza-aprendizaje, y en fin, la elaboración del universo socio cultural y su expansión socio-político-histórica.

Ha habido otros autores después que él que se han valido de su propuesta para modificarla y a veces distorsionarla proponiendo otros “modelos” que en el libro del antropólogo  Erick Klamroth (1987) son expuestos y criticados como explicaciones modelares insuficientes, parciales y faltas precisamente del papel y el significado material metabólico que ha tenido el proceso de trabajo en la conformación histórica de las sociedades humanas, en sus relaciones sociales, fuerzas productivas, modos de vida y de producción-reproducción, así como en las formaciones socioculturales y en las civilizaciones humanas. Esta carencia es sintomática de su incapacidad para entender la dialéctica de la historia humana: sus dificultades y potencialidades; por tanto la reivindicación científico-crítica del papel del trabajo en la historia global de la humanidad, desde la hominización a la humanización sigue teniendo más que nunca en estos tiempos de crisis multidimensionales (incluyendo la económico-ecológica y la civilizacional), una vigencia inigualable.

Thomas C. Patterson (2014) ha concluido precisamente que las líneas generales de la teoría de Engels  (y de Marx) sobre el papel del proceso de trabajo en la autocreación de las paleo-sociedades humanas (Morin, dixit) han resistido la prueba del tiempo, aunque el tipo y la cantidad de información detallada disponible hoy en día sea infinitamente más rica que cuando Engels escribió su célebre el ensayo. Esta  solidez de la fundamentación téorico-lógico-histórica ha resistido y ha dado luces a las  investigaciones científico-críticas (paleoantropológicas, prehistóricas, etnológicas y sociohistóricas) sobre el papel del proceso de trabajo en la historicidad humana y a las praxis históricas de liberación ecológica, socioeconómica y cultura,  es en buena parte lo que hemos querido demostrar en  este breve ensayo dedicado al bicentenario del nacimiento del maestro de Barmen.

Referencias Bibliográficas

Adame, Miguel Ángel (2013) “Funciones multidimensionales y el telos de la fiesta”, Revista Diario de Campo, INAH, número 12, Méxco, D.F.

Darwin, Charles (1985) El origen del hombre y la selección en relación al sexo. Diana, México, 15ava reimpresión.

Engels, Friedrich (1970). El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, Progreso, Moscú.

Klamroth, Erick (1987). El papel del trabajo en el proceso de hominización, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Colección. Científica 166. México, D. F.

Martínez Fernández, Raymundo (2019). “El concepto de proceso de trabajo en Karl Marx y el proceso de hominización”, en Contrahistorias , Núm 31,  pp. 73-97

Marx, Karl (1978). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. Tomo 2, siglo XXI, México, D. F:

Marx, Karl (1978). El Capital, crítica de la economía política, Tomo I, Vol 1. Siglo XXI, México, D. F.

Morin, Edgar (1984). El paradigma perdido. Ensayo de bioantropología. Kairós, Barcelona.

Petterson, Thomas (2014). Karl Marx, antropólogo. Ediciones Bellaterra, Barcelona.

Notas:

[1] Véase el temprano ensayo de Engels de 1844: “Esbozo de la crítica de la economía política”.

[2] Marx cita, en este mismo sentido, en El Capital, a William Petty 1623-1687): “El trabajo es el padre y principio activo de la riqueza y las tierras son la madre”

[3] En efecto, Ch. Darwin en dicha obra señala textualmente lo siguiente: “Todo pues, prueba la estrecha y muy íntima relación que existe entre el hombre y los animales superiores, especialmente con los monos, así en lo que se refiere a la estructura general, como en los más pequeños de los tejidos y en su constitución y en su composición química (1985: 5). Igualmente Darwin cita a Bischoff (1868) cuando este argumenta que: “El hombre se halla sobrado más cerca de los monos antropomorfos, a causa de los caracteres anatómicos de su cerebro…” (ibídem, p. 3).

[4] La adaptabilidad como capacidad de ajustarse transformando las condiciones medioambientales y sociales

[5] Frank Herbert cuenta que leyó muchos libros para tratar de encontrar cuál es el meollo de la ecología y que se quedó con la definición de la ecología humana como la ciencia de entender «las consecuencias». En efecto,  las consecuencias son un aspecto nodal de la praxis humana y específicamente del proceso de trabajo, pues éste se realiza como un intercambio metabólico del sujeto con y en la naturaleza, siendo el sujeto también naturaleza. K. Marx ya lo había dejado claro y Engels aquí lo recupera en clave ecologista.

1