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Txalaparta publica 'Fútbol en el país de los sóviets' del historiador Carles Viñas

Fútbol, política e historia

Fuentes: https://www.txalaparta.eus/es

De ser un fenómeno popular, hoy el fútbol se ha convertido en millones: de espectadores y de euros. ¿Dónde tiene su origen el fútbol-espectáculo, el deporte-negocio? Y cuando escuchamos eso de que deporte y política son incompatibles, ¿realmente es así? En Fútbol en el país de los sóviets, un ameno trabajo a caballo entre el periodismo (deportivo) y la historia, Carles Viñas, apoyándose en los orígenes y posterior evolución de la Revolución bolchevique, se enfrenta a estas y otras cuestiones. Un camino de doble sentido que nos servirá para cuestionar el actual modelo deportivo y para encontrarnos, al mismo tiempo, con una Revolución rusa desconocida.  
El fútbol ruso surgió, en las postrimerías del siglo XIX, a cobijo del contexto sociopolítico de un país entre el declive imperial y la revolución proletaria en ciernes. Unos hechos que condicionaron no solo la historia de la humanidad, sino también la implantación, extensión y evolución de esta disciplina deportiva, tanto en la Rusia imperial como, posteriormente, en el país de los sóviets.

En aquellos inicios, vinculado con la Rusia zarista, este deporte era un simple entretenimiento restringido a la aristocracia local y a la colonia extranjera y no fue hasta la transformación que sufrió a raíz de la Revolución de Octubre cuando aconteció verdaderamente un fenómeno de masas vinculado a las clases populares. En este proceso, los diversos actores implicados mantuvieron posiciones y opiniones divergentes respecto a su práctica, desde los cortesanos zaristas que rechazaban una disciplina deportiva que consideraban extranjera hasta los revolucionarios que la definieron como un artificio propio de la burguesía.

¿Cómo se produjo esta metamorfosis? ¿Qué pasó para que aquellos que reprobaban la práctica de este deporte acabaran instrumentalizándolo en beneficio propio? ¿Qué incidencia tuvo la Revolución Rusa en el fútbol? ¿Los clubes eran entidades politizadas antes del triunfo bolchevique? ¿Cómo se convirtió un juego burgués en el pasatiempo predilecto de la clase obrera soviética?

Para Toni Padilla, uno de los prologuistas de la obra junto a Beñat Zarrabeitia, este libro es «un viaje apasionante que poca gente había hecho antes. Rusia sigue siendo una gran desconocida, de la que cuesta superar miedos y tópicos. Libros como este son necesarios para llenar vacíos con realidades». La edición catalana, de la mano de Tigre de Paper, vio la luz en 2018 y cuenta ya con dos ediciones y una crítica unánime. Para el periodista Iván Riera es un libro para «todo el mundo, tanto si le gusta el fútbol como si no».

El autor

Carles Viñas i Gràcia (Vila de Gracia, 1972). Doctor en Historia Contemporánea por la Universitat de Barcelona (UB) y miembro del Grupo de Investigación y Análisis del Mundo Actual (GRANMA), a lo largo de su actividad investigadora ha analizado el extremismo político y deportivo, los estilos juveniles y el trasfondo social del deporte. Actualmente compagina la docencia universitaria con la colaboración en varios medios de comunicación y la publicación de artículos de divulgación histórica en diferentes revistas especializadas.

Fútbol y URSS: 6 curiosidades que ni te imaginabas

AQUÍ podéis ver el artículo completo en nuestra web: https://www.txalaparta.eus/es/noticias/futbol-al-servicio-de-la-revolucion

Os traemos seis curiosidades sobre el libro y la historia del fútbol ruso que a buen seguro os sorprenderán y os dejarán con ganas de saber más (www.catarsimagazin.cat).

Vodka y absentismo laboral

Uno de los males endémicos del Imperio ruso y, posteriormente, de la URSS, fue el alcoholismo. Para tratar de menguar sus efectos, que en plena transformación industrial se traducían en un creciente absentismo laboral todos los lunes -producto del consumo desmesurado de vodka los domingos, único día festivo para los trabajadores de aquella época-, los británicos introdujeron la práctica del fútbol en las fábricas. El objetivo era alejar a los obreros del alcohol y evitar los altibajos en la producción.

La selección de la Tercera Internacional

En plena Guerra Civil rusa se disputó el primer partido de fútbol “internacional” posterior a la Revolución de Octubre. Un combinado de jugadores moscovitas se enfrentó a un equipo sui generis integrado por delegados y asistentes al Segundo Congreso Mundial de la Tercera Internacional. Entre los miembros de este conjunto se encontraba el periodista norteamericano John Reed, que pasaría a la posteridad gracias a su célebre crónica Diez días que estremecieron al mundo (Txalaparta). Los locales no tuvieron piedad con sus invitados y los derrotaron por un contundente 16 a 0.

Jugador de día, espía por la noche

Robert Hill Bruce Lockhart fue un diplomático escocés destinado en Moscú como vicecónsul británico. Compaginó su tarea profesional con los partidos que disputó con el once del Morozovtsi, el primer club que dominó el fútbol ruso. Lockhart acabaría envuelto en una trama para asesinar a Lenin. Juzgado y condenado a muerte, salvó la vida gracias a un canje de prisioneros.

Guerra: La militarización del deporte

La evolución de los distintos conflictos bélicos que caracterizaron la transformación del Imperio ruso en el primer Estado socialista del mundo afectó directamente al mundo del deporte. La Gran Guerra y la Guerra Civil rusa evidenciaron la necesidad de contar con soldados con una mayor resistencia física. Por eso las respectivas autoridades decidieron abandonar los recelos precedentes e implementar la formación deportiva en los centros de adiestramiento militar. La guerra fue, pues, un factor relevante para expansión de la práctica deportiva.

Fútbol salvaje

La extensión del fútbol provocó su clandestinidad. Entendido por los sportsmen como una disciplina propia de las élites, excluyeron de los clubes a los trabajadores que querían jugar a fútbol. Este “apartheid forzado” explica la aparición y extensión de una práctica fuera de la ley, de lo contrario conocida como fútbol salvaje. La única manera que tenían las clases populares de poder dar puntapiés a una pelota. Creyendo que podían encubrir actividades ilegales, muchos de los encuentros que disputaron los conjuntos de obreros fueron intervenidos por la policía.

Futbolistas vascos en el país de los sóviets

Cuando comenzó la guerra de 1936, una selección de jugadores vascos fue a disputar una gira por la URSS para recaudar fondos para el Gobierno republicano. El recibimiento fue multitudinario, lleno de cariño, y eso que la selección pidió poder ir a misa el domingo. Los vascos ganaron a todos los equipos soviéticos. Según fuentes republicanas, los jugadores de Euzkadi iban tan desahogados que exigieron vino en las comidas. Según las rusas, por el contrario, en Leningrado les prepararon una fiesta con chavalas y licores para ver si así les ganaban. Y los vascos se indignaron por ese atentado a su profesionalidad. El Spartak fue el único equipo les consiguió derrotar, hazaña que intensificó su popularidad en la URSS. Durante su viaje por el país de los sóviets, el combinado vasco recibiría la noticia de la caída de Bilbao en manos franquistas (Álvaro Corazón Rural · Jot Down Magazine).