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Gobierno de Bachelet: las primeras señales del continuismo

Fuentes: Rebelión

Después de una semana de haber asumido como presidenta de Chile, Michelle Bachelet, comienza a dar las primeras señales del continuismo, más que del cambio. Las grandes expectativas que se ha hecho el pueblo chileno, rápidamente comienza a ser cubierta por una nebulosa cada vez más oscura y frustrante. Ya desde antes que asumiera como […]

Después de una semana de haber asumido como presidenta de Chile, Michelle Bachelet, comienza a dar las primeras señales del continuismo, más que del cambio. Las grandes expectativas que se ha hecho el pueblo chileno, rápidamente comienza a ser cubierta por una nebulosa cada vez más oscura y frustrante.

Ya desde antes que asumiera como primera mandataria de la nación, observábamos ya sin asombro, como la lacra política de la Concertación, cual jauría se pelea por las diversas cuotas de poder, y la máxima responsabilidad en las diversas empresas que aún son parte del Estado chileno. En los tres primeros días de su gestión presidencial, alrededor de 700 pobladores sin casa, se tomaron unos sitios eriazos en el sector alto de la capital chilena con el objeto de presionar, para una pronta solución a su falta de vivienda. La única respuestas que encontraron estos pobladores, fue la represión de las fuerzas policiales uniformadas del Estado chileno, que de una manera desproporcionada actuaron como en los mejores tiempos de la dictadura.

Días posteriores los pobladores sin casa resolvieron realizar una marcha hasta la sede del Gobierno, con el objeto de entregarle una carta a la flamante presidenta de Chile, para exponerles su problema, sin embargo no fueron recibidos por ninguna de las nuevas autoridades, limitándose a tener que dejar la misiva en la Oficina de Partes del Palacio de la Moneda. Al día siguiente los pobladores decidieron realizar una nueva marcha hasta el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo, para plantear su situación. La respuesta fue el cierre del ministerio y la desaparición de la nueva ministra Patricia Poblete, sin que los pobladores tuvieran la oportunidad de dar a conocer su situación.

Ahora esta situación que han tenido que enfrentar estos chilenos sin vivienda, llama profundamente la atención, pues el gobierno de Michelle Bachelet, con bombos y platillos, dio a conocer que ella desarrollaría un gobierno escuchando a la ciudadanía, dialogando y conociendo los problemas de la gente. Sin embargo en la práctica misma ha quedado demostrado, que los problemas reales del pueblo chileno, poco importan y no merecen ser escuchados. Por otro lado, la prensa adicta al sistema capitalista neoliberal, de una forma premeditada, las acciones desarrolladas por los pobladores, fueron distorsionadas, manipuladas, acusando a éstos de violentistas, extremistas, de subvertir el orden público y de ser manejados por personas ajenas al movimiento. Que son las respuestas clásicas que encuentran quienes luchan por sus reivindicaciones más justas, como es tener el derecho a la vivienda.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Artículo 16, inciso 3 dice :

«La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado». Luego en su Artículo 17 agrega: «Toda persona tiene derecho a la propiedad privada, individual y colectivamente». Luego en su Artículo 25 señala: 1. «Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda , la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguro en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad».

Bueno, el asunto es que la presidenta Bachelet, expresó que bajo su reinado, se respetarían férreamente los derechos humanos de todos los chilenos. Sin embargo, cabe aclarar que durante 16 años de gobiernos de la Concertación, al calor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en Chile se siguen violando los DDHH esenciales. Además porque el modelo económico capitalista neoliberal, imperante desde la época de la dictadura, en su esencia, es violador de los derechos humanos, que dice la primera mandataria que se respetaran bajo su gestión. Lo cierto, es que en Chile, hay un gran trecho entre las palabras y la realidad, lo que por cierto es un síntomas más del desencanto que han venido viviendo los chilenos.

Pero el desencanto también se produce, cuando la Bachelet, decide designar como Ministro del Interior, al Demócrata Cristiano, Andrés Zaldivar, uno de los elementos más reaccionarios de la DC, y que en el gobierno de Salvador Allende jugó un papel activo en la Confederación por la Democracia (CODE), buscando crear las condiciones propicias para el golpe de Estado, de hecho el «enano maldito», como le puso el pueblo chileno, anduvo posteriormente golpeando los cuarteles para derrocar al gobierno de la Unidad Popular. Pero no sólo eso, también se la jugo por traer al ex dictador criminal y ladrón desde Londres, cuando este fue detenido por orden del juez español, Baltasar Garzón.

La designación del Ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley, también DC, produce cierto desconcierto, pues es uno de los fanáticos del modelo económico capitalista neoliberal y que sostiene además, la necesidad de mantenerse alineado con las políticas terroristas y genocidas de la Casa Blanca. Pero no sólo eso, Foxley también es partidario de que en Chile, se apliquen la impunidad y las leyes de punto final, para favorecer a los violadores de los DDHH y establecer el «borrón y cuenta nueva». Y con respecto a la designación del Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, es otro de los formados en la defensa del neoliberalismo, del mercado y la competencia salvaje. En sus primeras declaraciones públicas, señalo «que es necesario profundizar y consolidar el modelo económico» de la dictadura y que beneficia ampliamente a los grupos económicos chilenos y las trasnacionales. Ahora, observando el conjunto de los ministros que ocupan responsabilidades en las diversas carteras, la mayor parte de ellos, son grandes defensores del actual modelo económico, que desde la época de la dictadura, ha generado grandes desigualdades sociales, que ha beneficiado al 10% que tiene el poder económico en el país, y que ha perjudicado a las grandes mayorías nacionales.

Pero al llegar a su primera semana de gobierno, Lady Bachelet o la «Gordi», como suelen llamarle sus amigos más cercanos, le puso el broche de oro al desencanto, al designar en el Consejo de Reforma Provisional, un equipo de tecnócratas que no son otra cosa que «perros guardianes», de los empresarios que tienen a su haber el control del mercado provisional. En este flamante equipo, hay miembros de la extrema derecha (UDI-RN), de la coalición de Gobierno y hasta un ex ministro de Hacienda de la dictadura, los cuales serán los encargados de darle un toque cosmético al negocio de las pensiones, y que es uno de los cambios estrellas de la actual administración de gobierno.

Es más, el nuevo ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, expresó a la prensa que los industriales deben estar tranquilos, pues nadie pretende liquidar el actual sistema de pensiones (FP), y que se continuara con el sistema de capitalización individual. Por lo tanto, no se pretende volver al antiguo sistema de reparto, más solidario o tripartito como solicitan las organizaciones de los trabajadores. De allí que esto de la continuidad y el cambio, no es otra cosa, que una falacia más de los gobiernos post dictadura. La continuidad se expresa en el cogobierno con el pinochetismo, en la concesión y conciliación ante los intereses del empresariado nacional y la consolidación del modelo económico vigente. El cambio al cual se alude, no es otra cosa, que afinar las premisas legales pertinentes y que pongan a buen recaudo, las políticas de la oligarquía financiera nacional.

Finalmente, se podrá decir que es un poco prematuro emitir juicios a tan sólo una semana de haber asumido la presidencia, sin embargo, lo que marca definitivamente el accionar de cualquier gobierno, es precisamente hacia donde apunta en lo económico. Cuando el pinochetismo le dice a Bachelet, que van a realizar una oposición dura y fiscalizadora, lo que en realidad le están diciendo, es que ellos no están dispuesto a aceptar cambios de fondo o radicales en el modelo económico, o sea, que ellos fiscalizarán cualquier intento que perjudique los intereses económicos de los grupos económicos, las trasnacionales y la oligarquía financiera nacional.

Por ello no sería raro, que una vez más, después de que la gente ha depositado grandes expectativas en el gobierno de Bachelet, nos encontremos a las puertas de nuevas frustraciones, de nuevas falsas promesas, de políticas de parche y desencantos, como han sido los 16 años de gobiernos concertacionistas, al servicio de los grandes capitales chilenos y extranjeros.