La campaña de Iván Cepeda marcha con muchos aciertos, entre ellos el enfoque que ella tiene: “una campaña con ARTE”.
Austeridad, Respeto, Transparencia y Ética se resumen en el acrónimo mencionado. Muy bien. Una campaña podría ser la antesala de lo que será el futuro manejo del Estado. No obstante, si se adicionase una palabra más al principio: Democracia, el mensaje quedaría más completo.
Democracia, en una visión de izquierda, significa:
· Unas nuevas relaciones sociales en las que la igualdad, como ciudadanos, sea piedra angular de cualquier propósito colectivo.
· El acatamiento a las decisiones que el pueblo, las bases, tomen en sus asambleas.
· Unos órganos de dirección elegidos sin trampas ni maquinarias, conductas que existen en la izquierda, así duela reconocerlo, no en la misma dimensión que en la derecha, pero “que las hay las hay”.
· Una relación bases-direcciones fluida, en las que la distribución de las tareas estén orientadas por lo decidido en las asambleas.
· Una periódica evaluación de las actividades, confrontando las acciones con los objetivos previstos utilizando una sana, pero concreta, crítica y autocrítica.
· Un intelectual colectivo, organización política, en el que las identidades lo solidifiquen y las diferencias lo dinamicen.
· Un pueblo organizado y movilizado que sirva de motor para los cambios sociales, de fiscalizador de lo público y de contención para los propósitos golpistas de la derecha nacional e internacional.
Lo anterior servirá de antídoto para superar los vacíos del cuatrienio de Petro. La Administración pública ha funcionado en muchos casos como un archipiélago de “feudos” en los que cada “noble” o líder político no consulta a la colectividad buscando méritos, preparación y trayectoria, sino que echa mano de sus amigos y familiares a la hora de materializar la misión que le ha sido encomendada dentro de la Administración pública.
Es verdad que ante la ausencia de mayorías incontrovertibles al Presidente Petro le ha tocado aliarse con sectores reaccionarios y, digamos, que ahí toca “tragarse los sapos”, pero lo peor ha sido cuando representantes del gobierno del cambio aprovechan su paso por el Estado para robar.
Unas nuevas relaciones sociales generarán un nuevo país. Unas relaciones de clase burguesas (obediencia al jefe político y manejo celoso y amañado de la información) generará burgueses, por lo menos en ideología, lo que queda faltando es el dinero y una vez aparezca la oportunidad la apropiación privada de lo público se convierte en la pieza que le hace falta al engranaje burgués.
Entonces, la palabra Democracia debería tener primacía frente a la Austeridad, el Respeto, la Transparencia y la Ética, pues todas ellas podrían ser reivindicadas por un gobierno de los “aristos” (los mejores); pero lo que intoxica a esa “élite aristocrática” es la presencia del pueblo en las calles y en la Administración. Unas nuevas relaciones sociales cimentadas en la cultura de la solidaridad, la cooperación, del respeto a las reglas de juego, la compasión, en últimas del respeto a la vida, será el sustrato ideológico y cultural para que Colombia abandone los caminos de la desigualdad social y violencia fratricida que nos ha golpeado a lo largo de nuestra vida republicana.
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