Recomiendo:
0

Entrevista con el internacionalista revolucionario chileno, luego de 23 años de cautiverio en Perú

Jaime Castillo Petruzzi: «Nuestra lucha es por el socialismo y el comunismo»

Fuentes: Rebelión

«Quien quiere hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer por lo menos cinco dificultades. Deberá tener el valor de escribir la verdad, aun cuando sea reprimida por doquier; la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier; el arte de hacerla manejable como un arma; criterio […]

«Quien quiere hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer por lo menos cinco dificultades. Deberá tener el valor de escribir la verdad, aun cuando sea reprimida por doquier; la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier; el arte de hacerla manejable como un arma; criterio para escoger a aquellos en cuyas manos se haga eficaz; astucia para propagarla entre éstos. Estas dificultades son grandes para aquellos que escriben bajo la férula del fascismo, pero existen también para aquellos que fueron expulsados o han huido, e incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa.»

B. Brecht

 

 

En la sala de eventos de Le Monde diplomatique de Santiago de Chile, el revolucionario internacionalista de origen chileno, Jaime Castillo Petruzzi, ofreció una exposición sobre su perspectiva respecto de la lucha por la libertad de las y los prisioneros políticos de Chile y del mundo, y de las tareas de las y los revolucionarios en el país andino.

Jaime Castillo, ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno, MIR, permaneció 23 años en las cárceles del Perú en su condición de militante del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, MRTA, de esa nación, y logró su libertad y retornar a Chile el 15 de octubre de 2016.

«Mi historia es la de miles y miles de jóvenes que vivieron la experiencia del gobierno de la Unidad Popular de 1970-73. Entonces resultaba inevitable participar en la contienda política. A la fecha del golpe de Estado yo era un muchacho de 17 años. Una de las experiencias que me marcó en el plano estrictamente personal fue la detención y desaparición de dos compañeros de curso del Liceo Nº 7 el 29 de junio de 1974. Ellos jamás habían tomado un arma siquiera cuando fueron apresados por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y el Ejército de la dictadura. Uno de los compañeros que también estaba considerado para ser hecho desaparecer era yo. Estuvieron al borde de capturarme», arrancó su alocución el internacionalista y revolucionario socialista.

 

-¿Qué significó para ti la caída de tus jóvenes compañeros?

 

«Marcó un giro en mi vida. Entonces yo militaba en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y tenía responsabilidades políticas como joven de secundaria. Sin embargo, la situación que atravesaba el MIR en aquel momento era devastadora. La acción de la policía política de la tiranía había logrado atrapar a muchos militantes del MIR, como, obviamente, a militantes del conjunto de las organizaciones de izquierda de la época. En lo que a mí compete, la estructura a la que pertenecía se encontraba diezmada y el compañero de mí responsable me ordenó salir del país. Eso fue muy chocante porque el MIR tenía la política del ‘no asilarse’. Pero entonces la debilidad orgánica del MIR era terrible. Carecíamos de infraestructura, de documentación, etc. Y fue así que llegué a Francia.»

 

La hermandad con Víctor Polay

 

-Tu salida de Chile y arribo a Francia no fue el fin de nada…

 

«En Francia tuvimos la fortuna de conocer a muchísimos exiliados de América Latina, de Brasil, uruguayos, argentinos, peruanos. Fue entonces que me hermané con Víctor Polay Campos, actual Comandante General del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, MRTA del Perú, hoy detenido en la Prisión Militar de la Base Naval del Callao, junto al compañero Miguel Rincón Rincón, ambos condenados a 35 años de cautiverio.»

 

-¿Por qué Víctor Polay y Perú?

 

«La amistad con Víctor Polay nació a fines de 1974 y perdura hasta hoy. Se trata de una relación donde más que compañeros, somos hermanos. Pasaron los años 70 y a mediados de 1986 yo fui destinado a trabajar con los compañeros del MRTA en el Perú, una organización nueva, joven. Los compañeros de la Dirección del MIR chileno me enviaron a colaborar con ellos y, como digo en tono de broma, lo que serían sólo tres meses se convirtieron en 30 años.»

 

-¿Qué impresión te dejó el Perú de la época?

 

«Cuando llagamos a Perú nos encontramos con un paraíso de lucha política y revolucionaria, de construcción de fuerzas sociales, políticas y militares. Fue una experiencia riquísima. Luego de tres años logramos participar en la irrupción de la guerrilla rural del MRTA. Eso fue gratificante de acuerdo a la experiencia del MIR en el intento guerrillero de Neltume que fue aplastada por la dictadura en Chile. Allí muchos compañeros combatieron en las más difíciles condiciones y fueron asesinados en la mayor de las desigualdades de condiciones y fuerzas. Muchos de ellos no cayeron en combate, sino que fueron simplemente masacrados.

Lo que nos tocó vivir en Perú entre 1986 e inicios de 1989 fue tremendamente fructífero en todos los niveles. La descomposición del régimen de Alan García y el crecimiento de las guerrillas tanto de Sendero Luminoso, como del MRTA, provocaron que el país se encontrara absolutamente convulsionado.»

 

«Los prisioneros políticos en Chile deben organizarse y lograr crear puentes de solidaridad con la sociedad»

 

-¿Y Chile?

 

«Yo retorné a Chile en octubre de 1989, después del plebiscito del Sí y el No, porque me encontraba en la última de las listas de 50 personas que no podían volver a territorio chileno. Esa lista se vino abajo después del plebiscito. La idea entonces era quedarme acá y hacer familia. Sin embargo, nos volvieron a llamar de Perú a mediados de 1990 para apoyar tareas asociadas a la liberación de compañeros prisioneros políticos. Allá la mayoría nos mantuvimos enteros como internacionalistas en medio de una cacería infame. Uno de ellos, Alejandro Astorga Valdés, todavía está prisionero en la Cárcel de Alta Seguridad (CAS) de Chile. Alejandro salió en libertad en Perú y volvió a Chile donde asumió tareas revolucionarias y en el desarrollo de ellas cayó detenido. Las visitas son los días jueves. Yo llamo a visitar a nuestros prisioneros políticos en Chile. Sólo sus familias y más cercanos amigos lo hacen. Es importante no abandonar a nuestros prisioneros. Ni a los que estábamos afuera que nunca nos sentimos abandonados. Es vital que esa tradición continúe en Chile. De hecho, el martes pasado participamos en una actividad de solidaridad con el compañero ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Mauricio Hernández Norambuena, que está detenido en las cárceles de Brasil. Mauricio Hernández está sometido a un cautiverio propio de un prisionero de guerra. Son las mismas condiciones en las que se encuentran los máximos dirigentes del MRTA. Ellos están dominados por las fuerzas militares del Estado. En el caso del Perú, se trata de la Marina de Guerra. Los agentes van encapuchados, fuertemente armados y no les dirigen la palabra a los prisioneros. En el caso de Mauricio Hernández, si sólo mira al guardia es sancionado. ¿Qué es lo que ocurre en la CAS chilena? Se está denunciando que los hijos de los prisioneros políticos son sometidos a vejación y a inspecciones humillantes. ¿Cuál es el objetivo? Alejar a la familia y a los niños de los prisioneros políticos. En los menores se comienza a producir un rechazo de ir a visitar a su padre. Esto nosotros también lo sufrimos en el Perú y debimos resolverlo políticamente con mucha lucha en contra de la represión. Por eso los compañeros prisioneros políticos en Chile deben organizarse y lograr crear puentes de solidaridad con la sociedad. Me imagino que la prisión de los compañeros y compañeras mapuche debe regirse de igual manera. Lo peor de la cárcel política es el aislamiento.»

 

-¿Cómo resistieron la prisión política ustedes?

 

«Si nosotros logramos en el Perú sobrevivir y mantenernos ecuánimes, en forma, fue gracias a la unidad del contingente que teníamos. Fuimos una sola y gran familia del MRTA. Hubo discusiones, variables, no todo era uniforme, por supuesto. Pero todo ello se dio dentro del concepto de la gran familia tupacamarista, y eso fue lo que nos hizo prevalecer. Nosotros fuimos sobrevivientes de la dictadura, del militarismo. Ello nos da una perspectiva de futuro porque una de las conclusiones centrales a la que arribamos fue que la lucha nuestra no fue en vano. La lucha en la que tantas y tantos compañeros dieron su vida y otros dimos nuestra libertad, fue tras el objetivo de lograr el socialismo y el comunismo. Eso para nosotros sigue total y absolutamente vigente.»

 

«Las compañeras y compañeros interesados en abrir una vía revolucionaria deberían sentarse a conversar»

 

-Sin pedirte fórmulas ni recetas, ¿cómo te imaginas la posibilidad de la confluencia entre las y los insumisos en Chile?

 

«Con la unidad de los revolucionarios en el plano de hacer política concreta. Porque si algo hemos visto en Chile es una gran familia mirista dispersa y atomizada, lo mismo que las familias rodriguista y del Lautaro. Es bueno que existan muchas organizaciones con su tinte, su carácter y su especificidad; y que existan muchas publicaciones que apunten más o menos a lo mismo. Pero sin entrar en detalles, si observamos el concierto internacional percibimos una derechización, una fascistización creciente. Los ejemplos sobran. De este modo, en Chile, y ante la crisis de la Nueva mayoría, cada vez más se abren oportunidades para la opción popular. No obstante, en los dos meses que llevo de vuelta en Chile, y lo digo con enorme humildad y respeto, veo que cada iniciativa revolucionaria todavía se mantiene dentro de ‘su metro cuadrado’, cada cual en su propio esfuerzo. Es meritorio y saludable cada uno de esos empeños. Pero considero que cada uno de los esfuerzos locales debe dar un paso más hacia adelante e intentar unificarse con otros esfuerzos distintos a lo largo y ancho de Chile. Las diferencias son cuestiones a pulir al interior de un concepto de unidad amplia. Yo creo en la necesidad de la creación de un Frente Amplio donde converjan distintas organizaciones y propuestas. Es preciso ampliar nuestros criterios. El próximo año se viene una crisis tremenda. Las elecciones que vienen no van a solucionar, sino que a profundiza la crisis que ya estamos viviendo. Yo creo que las compañeras y compañeros interesados en abrir una vía revolucionaria deberían sentarse a conversar. Entiendo que han existido en el pasado diversos esfuerzos de unidad que no han fructificado y desconozco las razones. Pero una vez más habrá que realizar el intento, porque si algo tenemos los revolucionarios es que somos ‘porfiados’ y que no nos baja la cabeza nadie.

Cuando empezó el MIR éramos poquititos, cuando empezó el MRTA éramos poquititos. El primer Comité Central del MRTA lo componían 7 compañeros e inmediatamente después de su primer Congreso hicieron la primera acción. Así parten los esfuerzos orgánicos y políticos revolucionarios y en tanto dan con aciertos, se van sumando fuerzas. Y los compañeros que han hecho esfuerzos, pero que han fracasado en ese camino, jamás, ¡pero jamás!, se les puede mirar con desdén, con desprecio, con lástima. Todos los prisioneros políticos de cualquier lugar del mundo cuyo cautiverio se debe a que tomaron las armas tras un proyecto revolucionario, son compañeros dignos, consecuentes, heroicos.»

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.