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Kast y la militarización del Wallmapu, dos caras de la crisis

Fuentes: Revista Confrontaciones

El desarrollo de la crisis del bloque en el poder se ha expresado en dos acontecimientos de la actual coyuntura: la irrupción de la candidatura de José Antonio Kast en el escenario electoral y la agudización del conflicto en la Araucanía.

Las elecciones presidenciales están cada vez más cerca y Kast, el candidato del denominado Frente Social Cristiano, ha acumulado el apoyo suficiente para posicionarse como el representante de la derecha chilena, lo que lo deja con altas opciones de pasar a segunda vuelta.

Se trata de una cuestión no menor, no solo por el poder que el ordenamiento político le asigna a la institución presidencial, sino también porque el próximo Presidente jugará un rol determinante en la resolución de la crisis del bloque en el poder, incluyendo el cierre del proceso constituyente.

Por más que la Convención haya perdido protagonismo con la campaña electoral, sigue siendo la instancia encargada de rediseñar la institucionalidad estatal sobre la que se sostiene el régimen de dominación política de la burguesía chilena, y que actualmente se encuentra en una profunda crisis.

Por otra parte, la Araucanía vive una situación de agudización del conflicto que enfrenta al Estado chileno y al pueblo mapuche, lo que llevó a que el gobierno decretara el estado de excepción y el despliegue de las Fuerzas Armadas en la zona, situación inédita hasta ahora.

A casi un mes de decretada la medida, que ha cobrado la vida de un comunero mapuche y dejado varios heridos de gravedad, esta ha sido extendida nuevamente por el gobierno, con la novedad de que esta vez contó con la aprobación del Congreso gracias al apoyo de los parlamentarios democratacristianos.

La unidad burguesa frente a la cuestión mapuche fue tejiéndose minuciosamente. El gobernador, Luciano Rivas (Chile Vamos), y los alcaldes de la región llevaron adelante una consulta ciudadana on-line el fin de semana previo a la votación en el Congreso. Se trataba una acción de masas que buscaba recoger la posición de los habitantes de la región para presionar al Congreso. El resultado fue un apoyo mayoritario (80%) hacia la opción de la extensión del estado de excepción.

Este escenario, marcado por el avance de las posiciones más duras de la burguesía, no surge de la nada. En su base se alinean una serie de enfrentamientos que, ya sea por astucia y audacia de ciertas fracciones burguesas, como por las debilidades de la clase trabajadora y populares, se resolvieron en dirección de despejar las vacilaciones de la burguesía en torno a la cuestión mapuche.

A diferencia de hace dos años atrás cuando, en medio de la crisis que atraviesa la burguesía local, irrumpía en la escena política un movimiento de masas que tensionó a las demás fuerzas políticas, en la actualidad la ausencia de dicha fuerza le otorga un margen de maniobra más amplio a esta, y particularmente a sus fracciones que se inclinan hacia posiciones más duras.

El reflujo del movimiento de masas del estallido social termina también por moderar la posición de las clases medias, que en lo político se expresa en la inclinación del Frente Amplio a buscar apoyo en sectores de la ex Concertación.

Precisamente esta moderación de las clases medias no es una mera cuestión subjetiva. Esta pasa fundamentalmente por el distanciamiento de la confluencia que se había desarrollado de hecho entre aquellas y la clase trabajadora en plena revuelta.

Históricamente las clases medias y la pequeña burguesía tienen una dinámica fluctuante, posicionándose del lado de la burguesía o la clase trabajadora según la correlación de fuerzas que se observa en la coyuntura.

Frente a este cuadro, la tarea que tiene por delante la izquierda socialista es la de definir y dotar a la clase trabajadora de una plataforma de lucha conforme a los desafíos  que el período plantea. Esta es la única clase con la capacidad de sentar las bases de una reconfiguración verdaderamente progresista del régimen político.

En este sentido, es indudable el valor que tienen la Convención Constitucional y las distintas instancias que han abierto la lucha de clases y la crisis del bloque en el poder para posicionar a los trabajadores como actor político de la escena nacional. Las convocatorias del Eje Sindical y de la Escuela Sindical, así como posicionarse frente a la contienda electoral, son instancias valiosas que permiten ir más allá de la mera lucha reivindicativa económico-gremial y sacudirse de la hegemonía político-ideológica otras clases sociales ejercen sobre estos.

Por lo demás, por muy valiosos y necesarios que sean, la clase trabajadora no puede limitarse a luchar por sus derechos laborales (derecho a huelga, negociación por rama o libertad sindical). Es tanto o más importante que esta se pronuncie también sobre otros aspectos del régimen político y derechos civiles bajo el cual la burguesía la domina y explota, tales como el derecho a la libre migración, el estatus político de sus miembros menores de edad y extranjeros, la autodeterminación del pueblo-nación mapuche o el aseguramiento de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, entre otros.

https://revistaconfrontaciones.cl/2021/11/15/editorial-12-kast-y-la-militarizacion-del-wallmapu-dos-caras-de-la-crisis/