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La constituyente en Colombia no es un capricho de Petro.

Fuentes: Rebelión
Gustavo Petro y la constituyente

A medida que se acerca la fecha de la primera vuelta electoral para elegir presidente de Colombia, el mapa de las propuestas de gobierno de los candidatos más opcionados (según las tendencias cuantificadas en las diferentes encuestas), parece estar ya completado.

Sobre todo en lo referente a la propuesta lanzada e impulsada con fines electorales por el presidente Petro, sobre una Constituyente que modifique algunos aspectos de la actual Constitución de 1991 vigente (varias veces modificada por ejemplo con el articulito de Uribe Vélez sobre su relección y la de su rival de fracción de clase dominante JM Santos), y que acabó de delimitar los polos político-electorales que se venían estableciendo desde la época del proceso de Paz del Caguán (1998-2002) entre partidarios y acérrimos opositores a la propuesta lanzada por las Farc-EP (de entonces) de concluir, legalizar y legitimar el acuerdo de paz mediante una Constituyente amplia, popular y democrática.

Cuánta sangre, dolor y lágrimas se hubieran evitado si se hubiera aceptado aquella propuesta de Alfonso Cano.

Según la fórmula magistral de A. Gramsci, que revitalizó la tradición marxista transformadora, la relación social concreta llamada Estado es Hegemonía revestida de Coerción (E= H+C), ecuación que debió condensar de esa manera para poder evadir a sus carceleros fascistas que querían evitar por todos los medios que ese cerebro pensara, como les había ordenado el Duce Mussolini. Y, entendiendo estas categorías, en especial la relación superstructural social material y concreta de Hegemonía dominante, de la manera precisa, sin interpretaciones acomodadas, tal y como el secretario del partido comunista lo planteó en sus cuadernos de cárcel, venturosamente publicados en castellano en tres volúmenes por la editorial AKAL

Aplicándo estas categorías a la formación social concreta colombiana, podemos establecer que la larga y penosa crisis de la Hegemonía dominante establecida en 1957 con el pacto frente nacionalista de Sitges, después de la violencia bipartidista y anticomunista de dictaduras conservadoras y Rojaspinillista, que fuera actualizada en 1991 con el neoliberalismo de Cesar OEA Gaviria y la modernización de la estrategia imperialista de la contrainsurgencia sostenida por su asesor de cabecera Pardo Rueda, luego “consensuada” con Liberalismo y Rojaspinillismo del M19, y codificada en párrafos legales en forma de Constitución.

Crisis de Hegemonía dominante,que terca e inútilmente se ha tratado de solucionar, priorizando su contrario la Coerción, con el fin de seguir manteniendo en función precaria el  Estado colombiano, y que  se ha precipitado en los últimos años, en especial con el Estallido Social iniciado en 2019-2022, la pandemia del Covid 19 y el desfonde del Uribismo; al extremo que en la actualidad a pocas semanas de las elecciones presidenciales, tal grupo hegemónico desde 2002, cuando impuesto por el gobierno de los EEUU se rompió el proceso del Caguán y Pastrana le pavimentó el camino a la presidencia a Uribe Vélez para que continuara el famoso Plan Colombia; hoy mayo de 2025, el Uribismo se debate dividido con  grandes contradicciones entre dos fracciones: La de Paloma Valencia y la de La Espriella, ambos compitiendo por ser el más acérrimo defensor de la No Constituyente, y como volver al pasado. 

Una crisis social y superestructural de tal magnitud, que ha llegado a la base económica, necesariamente debe ser corregida con otro Consenso. No es un capricho del actual presidente Petro, quien hasta no hace mucho era también acérrimo defensor de las maravillas de la Constitución de 1991, que su grupo ayudó a legitimar, lo que grabó en piedra como se ve en la foto que acompaña este escrito.

 Es una necesidad objetiva del desarrollo social colombiano, que la Movilización Social y el Pueblo Trabajador ha comprendido y ha tomado como bandera de transformación y ha hecho que el presidente tome conciencia (así sea parcial, con remilgos y observaciones) de la necesidad de desarrollar un proceso constituyente. Es claro que el Consenso artificial que el presidente pretendió construir con el “sancocho nacional” de su primer gabinete ministerial ayudaron a esta toma de conciencia.     

El asunto que parece benigno, pero no lo es, radica en la contradicción (posiblemente no antagónica) entre la propuesta parcial del presidente y el candidato presidencial del Pacto Histórico Iván Cepeda, quien en sus discursos escritos y en las entrevistas, especialmente la afortunada hecha por “el subdirector de politica” del influyente diario hegemónico de todos los tiempos El Tiempo de Bogotá, fundado por la casa Santos y  aparecida el pasado 24 de abril 2026.  Ver https://www.eltiempo.com/bocas/ivan-cepeda-en-sus-propias-palabras-esta-es-su-entrevista-mas-personal-exclusivo-de-revista-bocas-3550217 . Ha quedado bastante clara la contrariedad con la propuesta presidencial, al proponer que antes de la Constituyente debe haber un “Acuerdo Nacional” para construir un Consenso amplio y lograr legitimidad y evitar una mayor polarización que provocaría una Constituyente sin ese consenso anterior y respaldos suficientes. 

Posición prudente y cautelosa del candidato Cepeda, pero que se según la Historia y la experiencia material (maestras de todas las ciencias) en la formación social concreta de Colombia, se ha comprobado suficientemente que un Acuerdo tal, para resolver la Crisis de Hegemonía dominante actual y su reemplazo por la Coerción Contrainsurgente desbordada, que ha agravado el llamado conflicto armado interno, así como la idea de ganar la legitimidad por Consenso, para hacer las transformaciones estructurales profundas que la sociedad exige y necesita, no es una ingenuidad. Es poco menos que una tarea para los faraones constructores de pirámides.

Se necesita además de resolver el asunto complejo de las regiones y los territorios en disputa armada, la reforma territorial del país, el ecocidio y la minería calculados, junto con una reforma agraria real y efectiva. Se necesita, digo, entender que la Coerción Contrainsurgente en lenguaje Gramsciano, en criollo colombiano se llama Narco-Paramilitarismo con todo su entramado corrupto y corruptor como lo estableció el informe de la Comisión de la Verdad que la socióloga Vilma L Franco en 2009 caracterizó como un Bloque de Poder Contrainsurgente. Sin su desmonte REAL y efectivo comprobable, lamentablemente la Solución Política al conflicto interno seguirá siendo una necesidad tan necesaria como la solución de su contrario la Crisis de la Hegemonía dominante en la que estamos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.