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La crisis del capitalismo y la convergencia de las fuerzas revolucionarias

Fuentes: Rebelión

INTRODUCCION El término crisis suele evocar situaciones de inestabilidad, de incertidumbre, de inseguridad social. Los defensores del capitalismo incluyendo a aquellos que pontifican de sus bondades, hoy día no pueden ocultar que éste ha entrado en una etapa en extremo delicada y que sus estructuras de dominación están haciendo agua por muchas de las enormes […]

INTRODUCCION

El término crisis suele evocar situaciones de inestabilidad, de incertidumbre, de inseguridad social. Los defensores del capitalismo incluyendo a aquellos que pontifican de sus bondades, hoy día no pueden ocultar que éste ha entrado en una etapa en extremo delicada y que sus estructuras de dominación están haciendo agua por muchas de las enormes grietas que se le han abierto a este gran barco, y esto como resultado de las grandes sacudidas que le han provocado las tormentas financieras de la última década. Pese a sus blindajes el imperialismo no ha podido evitar que con el transcurso de la lucha de clases sus corazas se oxiden y permitan que en esas zonas corroídas penetren las aguas de las mareas sociales y que amenazan con hundir a tan «perfecta maquina» capitalista. Ciertamente, ningún timonel, por muy experto que sea puede capear el peligro que reviste navegar en medio de un mar que comienza a ponerse inestable, oscuro y agresivo con sus mareas de alta mar. Lo que cave esperar es el naufragio y con ello la oportunidad histórica de los pueblos de emerger a un nuevo amanecer desde el cual edificar un porvenir más luminoso. Justamente, el término crisis, no le sugiere a la persona común, que estos momentos de trance histórico, son los momentos en que las condiciones objetivas, muestran de la manera más clara y elocuente; las diferencias, los desajustes, las desigualdades, las injusticias en sus grados más agudos. Aún, cuando desde el punto de vista de la conciencia, de la llamada subjetividad, las mayorías afectadas por esos niveles de injusticia y desigualdad no perciban la realidad del todo y con nitidez.

LA CRISIS: UNA BALANZA PARA MEDIR LA INJUSTICIA SOCIAL

La crisis actual expresa y representa de manera profunda los antagonismos de clase entre la gran burguesía financiera internacional y los trabajadores y pueblos del mundo. Estas contradicciones que comienzan a marcar los distintos ámbitos de vida de las personas, no logran aún desplegar del todo y de manera más generalizada niveles más agudos de polarización, que los hagan derivar en los consabidos estallidos sociales como ya a ocurrido en Grecia y que revelan el carácter más franco de los enfrentamientos sociales. Pero también, las ocupaciones militares y las guerras que de estas se han sucedido, tomando en cuenta a Afganistán, Irak, e incluyendo la ofensiva genocida de Israel en la Franja de Gasa, son el reflejo de la lucha de clases a nivel internacional y expresan de manera más concreta y real la crisis en la cual está sumergido el capitalismo. No se trata sólo de colapso especulativo o del estallido esperado de la burbuja financiera. Debemos señalar que a comienzo de los 80, el total de los activos financieros, vale decir, las acciones, los préstamos, las hipotecas y los bonos, se igualaban al Producto Interno Bruto mundial (PIB), o sea se igualaban a toda la riqueza del planeta. Más adelante el fenómeno de los capitales volátiles y el despiadado ejercicio de la especulación financiera, significó que esta acumulación de capitales sin el respaldo productivo que se corresponde, se hacía equivalente en el 2005 a 3,7 veces el PIB mundial, pero hoy, podemos decir, que unos cuantos magnates del mundo financiero, poseen en sus manos, toda la riqueza que se crea hoy y que se producirá en el mundo en los próximos cuatro a cinco años. «En ese mismo período de tiempo, el valor nominal de los derivados financieros -que son instrumentos o contratos cuyo valor deriva del que tienen los activos financieros- representó tres veces el valor del total de activos financieros y 10 veces el PIB mundial.» (Lynn Walsh). Como el mismo Walsh lo analiza, el crecimiento del capital financiero especulativo se tradujo en una intensificación de la explotación de la clase obrera tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados. Tal situación desde las políticas de los Estados conlleva desde los comienzos de los años ochentas a que las instituciones y empresas financieras obtuvieran enormes ganancias, favoreciendo con ello, niveles extraordinarios de acumulación y de concentración de capitales y de riquezas para la clase burguesa. Sin embargo, tenemos que decir que, ni los mecanismos ni sus resultados, logran ser materia clara para los millones de hambrientos y miserables del mundo, talvez en la mayoría de los casos, ni siquiera logran deducir de sus dramas, de quienes están en el origen y causa de estos hechos sociales y políticos.

Las cifras hablan por si solas de esta verdadera hecatombe social y económica, cuando se debe informar que hoy son 854 millones de seres humanos afectados por la crisis mundial de alimentos. Se debe agregar a esta cifra a otras 3000 millones de personas que desde hace ya unos cuantos años subsisten con sólo 2 dólares al día, debiendo gastar el 80% de su precario ingreso para alimentarse de manera insuficiente. Y sumamos a esta tragedia el dato de que cada 24 horas mueren en el mundo por hambre y desnutrición 18.000 niños. Y decimos, que no es posible explicarse racionalmente esta suerte de barbarie capitalista, cuando el propio sistema reconoce que en el mundo se producen alimentos suficientes para los 6.000 millones de habitantes que habemos en este planeta. Por lo mismo, resulta una burla siniestra y una gran contradicción que los precios de algunos alimentos como el maíz, arroz, trigo, frutas, verduras y aceites de comer, por decir algunos, se hayan duplicado en el último año y medio.

Datos entregados por organismos internacionales, afirman que desde hace 4 décadas la producción mundial de cereales se triplicó y que las reservas continúan estando muy por sobre la demanda de estos productos, mientras que la población sólo se ha duplicado. Hace sólo dos años (2007) las cosechas de cereales fueron superiores a los 2.350 millones de toneladas, este dato revela que en un año la producción aumento un 4% con respecto al año anterior (2006). Podríamos continuar entregando cifras, pero lo que más nos interesa señalar es que, las crisis, si acordáramos caracterizarlas arbitrariamente, se podrían definir como los momentos, en los que el capitalismo acusa situaciones terminales de una fase de dominación, buscando afanosamente descubrir nuevas formas o nuevos modelos que le permitan prolongar su existencia, y salvar que la tasa de ganancia, ese «santo grial», no se les pierda en los vericuetos de la historia y que el fetiche del dinero no pierda su sentido. Pero, podríamos decir también, que las crisis pueden ser los momentos de los recuentos, en este otro lado de la vereda, donde estamos los oprimidos y explotados; el momento de los derrumbes de mitos y de construcción de alternativas frente a la situación de fracaso objetivo del gigante con pies de barro.

UNA MIRADA CRÍTICA A LA COYUNTURA

Frente y a pesar de la catástrofe que se nos avecina, a la clase dominante aún no la vemos aterrorizada, no pudiendo ellos mismos ocultar que la crisis de la cual se habla, ya no es una amenaza en el lejano horizonte de los acontecimientos, sino muy por el contrario, es tan real ahora, que ya acusa su presencia en todo el planeta. Pero, como decíamos al comienzo, a pesar de la magnitud que comporta, de todos modos, a la burguesía y particularmente a la gran Burguesía Monopólico Financiera, todavía no la sitúa en el espanto. Es que en verdad, la tecnocracia que administra la crisis del gran capital financiero, se ve todavía con gran capacidad de maniobra y posee la conciencia de que ellos y no otro sector, tiene en este momento en sus manos, la iniciativa estratégica para establecer soluciones, aunque ahora tengamos sobradas dudas para pensar que sean soluciones de fondo.

El imperialismo del norte y sus representantes, como siempre, eluden la verdad y como siempre eluden su responsabilidad, su gravísima responsabilidad. Con el cinismo que le es propio, ocultan que sus planes y políticas son sin discusión las responsables de la desnutrición, hambre y miseria de 854 millones de seres humanos. Son los países del norte los que nos impusieron, en muchos casos a sangre y fuego, la llamada «desregulación» económica entre países claramente desiguales en sus niveles de desarrollo e introdujeron medidas de ajuste estructural en lo financiero, que en corto plazo significó la ruina de miles de medianos y pequeños productores en los países del sur. Junto con ello, y por supuesto amparados con las armas de sus ejércitos y policías, transformaron las economías de muchos de nuestros países, en importadores de alimentos, hundiendo el carácter de su autosuficiencia productiva para autoabastecerse de los alimentos que necesitaban sus mercados internos e incluso, cancelando su capacidad exportadora en este ámbito. Durante todo el periodo de dominio del modelo económico de los monopolios y transnacionales, los países desarrollados, mantuvieron sus subsidios agrícolas, mientras imponían -a sabiendas de las clases dominantes locales- la famosa y cínica liberalización de los mercados. Las transnacionales dictan los precios, a través de organismos como la OMC reglamentan los mercados estableciendo ventajas descaradas a su favor, monopolizan la tecnología, controlan las fuentes de financiamiento, manejan a su entero arbitrio las políticas y mecanismos de distribución, crean y manejan las formas de certificaciones que avalan para la competencia desigual existente, controlan el comercio y los insumos de la producción de alimentos en el planeta. Son además, los dueños de los grandes centros científicos que producen toda la investigación y controlan los fondos para realizarlas, orientan y manejan los capitales para financiar los estudios genéticos y la fabricación de los fertilizantes y plaguicidas que intervienen en la producción alimentaria mundial.

LAS MEDIDAS DE LA CLASE BURGUESA PARA LA SOLUCION

Desde hace ya varios meses, el imperialismo y las clases dominantes locales nos ha estado dando nítidas lecciones de unidad de clase para hacer frente como un solo bloque la emergencia histórica que enfrenta hoy el capitalismo. Los ministros de Economía y hacienda según los Estados, se han planteado medidas económicas muy parecidas para poder salvar de la quiebra a las más importantes empresas que se convirtieron en los principales íconos del modelo de acumulación y que terminaron siendo también, el ejemplo más patético de su fracaso.

En nuestro país, las cosas no transcurren por un sendero distinto al de las políticas imperialistas, o más bien diríamos que en Chile la clase dominante local, continúa siendo una de las burguesías más proclives a los dictados del amo del norte. Hoy día junto con Perú en el Cono Sur de América, sus gobiernos se presentan empaquetaditos y bien peinados, como los alumnos más obedientes y disciplinados a las orientaciones del alicaído «Consenso de Washington». No diremos cuanto nos ha avergonzado la «Concertación» con todos estos años de populismo y demagogia de la más pura, tampoco diremos, cuanto confunden los Insulsas, los Lagos, los Bachelett, los Frei y los Piñeras, el patriotismo, que los hace emocionarse con la bandera de las 50 estrellas y las 13 franjas. Pero, lo que si diremos, es que todos los planes, todas las medidas que surgen de los cerebros del bloque dominante, son políticas que buscan que al corto plazo, posibiliten los costos menos traumáticos para los intereses de los grandes capitales, tanto es así que ya comienza a aparecer con cierta fuerza, al interior de la clase dominante, una corriente que proclama el regreso del estatismo y la regulación de este en la macro economía. Obviamente que esto no significa ninguna vocación democrática, ni siquiera keynesiana, pues ese pragmatismo político del intelectualismo burgués, sinónimo de buen y descarado oportunismo, orienta como ayer las decisiones que han de ser las recetas menos costosas para los intereses estratégicos del imperialismo. En esta dirección, tanto las posturas de la «Concertación» como las de la «Alianza por Chile» buscan mantener en pie los pilares principales de la dominación capitalista en Chile. Un buen ejemplo de estos aprontes oportunistas, es el Plan de Estímulo Fiscal que fuera anunciado con gran estridencia por el gobierno el 6 de enero pasado, que integra una capitalización para CODELCO que asciende a la suma de mil millones de dólares, pero como el ciudadano común no puede advertir lo que establece la letra chica de este plan, una vez más los tecnócratas que desde la Concertación sirven los intereses del gran capital, estarán regalando a las transnacionales la oportunidad de dominar la más importante empresa del Estado mediante una indicación al proyecto que moderniza el gobierno corporativo de CODELCO, esto gracias a la iniciativa del equipo de privatizadores que encabeza tan orgullosamente el señor Ministro de Hacienda, don Andrés Velasco. Y para sostener que esta iniciativa no es política ficción, la «Concertación» y la «Alianza por Chile» ya acordaron la modificación del estatuto de CODELCO en la Comisión de Minería de la Cámara. Así resuelven «los demócratas» los efectos de la crisis, una vez más vendiendo a precio de huevo lo que nos queda de país.

Y a todo este cuadro antipopular, tenemos que añadir los afanes del reformismo pequeño-burgués de izquierda que busca sumarse a esta misma causa, pretextando una vez más, una alianza necesaria contra los sectores supuestamente más reaccionarios y fascistas de la derecha. Habría que preguntar a los trabajadores, a los pobladores, a los estudiantes, a los profesionales, a los campesinos mapuches, que se han movilizado por sus justas demandas, que cariz ha tenido la represión que el Estado capitalista les ha lanzado encima, cobrando a favor de los intereses patronales victimas mortales de jóvenes trabajadores y estudiantes, qué más derecha y qué más fascismo que lo ya obrado por los gobiernos concertacionistas.

¿SE ABRIRA EN CHILE UN NUEVO PERIODO EN LA LUCHA DE CLASE?

No tenemos duda, que estamos a las puertas de una situación complicada, económica y socialmente compleja. La crisis del capitalismo que se ha abierto hoy, pone en entredicho muchos cálculos y muchos diagnósticos, tanto en la derecha como en la izquierda. Los hechos estrepitosos del colapso del modelo y que abren las condiciones para la crisis general del sistema, develan también los mitos y falsos dilemas en la que nos había instalado el gran capital financiero, apoyado de sus intelectuales, acólitos y profetas que nos predicaron «novedades» y «eternidades» que nada tenían de nuevo ni de eterno cuando aludían pomposamente a los «nuevos paradigmas» de su sistema «invencible». Todos si no gran parte de los intelectuales de izquierda olvidaron o quisieron olvidar a Marx y Engels y lo que ellos señalaran tan claramente en el manifiesto de 1848, cuando planteaban que a la propia clase burguesa le era necesario procurar para propio beneficio el permanente y hasta extraordinario desarrollo de las fuerzas productivas. Esto se ha dado así en estos 30 años, pero también se ha dado que, ese vertiginoso progreso de las ciencias y la tecnología, como la propia capacidad devoradora del capitalismo de sobreexplotar el planeta y poner en riesgo la vida humana, ha chocado permanentemente con relaciones sociales de producción siempre injustas y contradictorias con los logros científicos y culturales que debieran hacer más fácil y más feliz la vida de los pueblos. Desde los albores del capitalismo, esto no ha sido otra cosa que el enfrentamiento entre la Propiedad Privada de los Medios de Producción y las ingentes necesidades que posee la humanidad para sobrevivir en medio de la escasez que crea el capitalismo. Hoy nuevamente esta Propiedad Privada, ahora de los grandes capitales financieros, nos pone ante el drama y la injusticia del desempleo y del hambre a gran escala. Los pueblos hasta hoy no evidencian el verdadero carácter de esta amenaza, a las ya primeras olas de despidos todavía los pueblos no se movilizan, talvez como la propia clase dominante esperaba, y diríamos que las respuestas han sido débiles, excepto en Grecia, como ya lo reconocíamos antes en este mismo documento. Lo más probable es que los grados de protesta aumenten y el conflicto histórico entre capital y trabajo se agudice profundamente. Sin embargo, a nosotros nos preocupa un factor que, a nuestro juicio, le puede dar un carácter radicalmente distinto a este enfrentamiento de clase, y tal factor, no sólo tiene que ver, es la Conducción Revolucionaria.

Tal presencia en la lucha de clases, se nos hace central y necesaria en términos de que, la conducción revolucionaria, en primer lugar establece una salida particular a la crisis, y esa salida particular no puede ser otra que el Socialismo; en segundo lugar transforma el enfrentamiento táctico en un enfrentamiento estratégico, politiza la lucha democrático-reivindicativa de las masas para convertirla en una lucha por el poder, les guste o no a los socialdemócratas, renovados y postmodernistas; en tercer lugar desenmascara a los enemigos de los explotados y a sus políticas y los presenta como los responsables de la crisis y como los conservadores del régimen de explotación. Es esta gran tarea, la que hoy nos preocupa y nos cuestiona, porque los revolucionarios en el mundo de hoy, debemos empezar por rearticular nuestras fuerzas, rearmar nuestras filas, relegitimar nuestra causa y nuestra teoría científica.

Sin ninguna arrogancia, queremos señalar que los próximos enfrentamientos serán muy duros, no tenemos dudas de que los antagonismos sociales pueden tener un carácter generalizado y el descontento una expresión de masividad muy extensa. Pero, la ausencia de la Conducción Revolucionaria, no posibilitará que los enfrentamientos traspongan la frontera de lo cuantitativo y permitan a los trabajadores y oprimidos dar un salto cualitativo en sus aspiraciones de justicia social y de cambio. El cambio de periodo no sólo emerge con la protesta popular, con la ira o la rebeldía de las mayorías, el cambio de periodo en la lucha de clases, además se acompaña de gérmenes de una conciencia de clase en la que se mezclan los intereses inmediatos con aquellos de largo plazo y que dan cuenta de la existencia en lucha, de la clase para sí.

Coexisten y se combinan franjas sociales que se hermanan en la lucha reivindicando algunos el pan, otros el techo, otros el trabajo y otros el Socialismo; toda esta marea de lucha social, en medio de una crisis como la que hoy se desató, conlleva bajo sus olas el cambio de periodo. Bajo este contexto se va constituyendo el proletariado en una fuerza que busca su independencia y va forjando sus órganos de poder para hacer frente a la clase de los patrones, en situaciones como esta puede emerger el poder obrero y popular, pero siempre y cuando los explotados y oprimidos con los enfrentamientos vayan elevando su conciencia de clase y vayan convirtiendo en nuevas síntesis sus experiencias de luchas, en estas precisas circunstancias se hace entonces necesaria la Dirección Revolucionaria para apoyar a los trabajadores y al pueblo a ganar esas síntesis.

Para estos avances sostenidos del alzamiento rebelde de las masas, se requiere la teoría del Socialismo Científico, para constituirse justamente en la guía de la acción y la práctica de la clase obrera y el pueblo. En condiciones como estas, podemos los revolucionarios leer las características de un nuevo periodo de la lucha de clases y entender que la expresión de las masas en rebeldía y en lucha abierta contra el sistema se ha colocado en un periodo pre-revolucionario. Pero para que esto ocurra, para que esto suceda, debemos insistir en convocar a los revolucionarios, a las organizaciones revolucionarias; a una actitud básica, primera, elemental; la disposición a iniciar un proceso serio, responsable y maduro de Convergencia Revolucionaria.

De lo contrario debemos decir que la crisis y sus efectos, pasaran por nuestro lado y entonces nuestra conciencia no tendrá sentido histórico.

Por la Unidad Revolucionaria

Por la Unidad de los Trabajadores y el Pueblo

Por el Socialismo