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¡Arriba las manos esto es un despido! Terrorismo laboral cotidiano. No nos hagamos cínicos.

La Cultura del Cinismo

Fuentes: Reb

La Cultura del Cinismo Ese hombre que se levantó temprano para ir a su oficina, fue a cumplir con su cometido, su rol en el engranaje de una maquinaria que se cae a pedazos pero que él defiende a toda costa. Ese hombre firmó «la carta», por inspiración propia, por mandato, por pitos o por […]

La Cultura del Cinismo Ese hombre que se levantó temprano para ir a su oficina, fue a cumplir con su cometido, su rol en el engranaje de una maquinaria que se cae a pedazos pero que él defiende a toda costa. Ese hombre firmó «la carta», por inspiración propia, por mandato, por pitos o por flautas… firmó y envió. Carta de despido para Federico Iglesias. Punto. Punto. Punto. Por encima de la realidad, de la mínima consideración, de la dignidad más elemental. Por encima de la historia, del país, de las leyes, del presente, del pasado, del futuro. Firmó, Firmó, Firmó. Por encima de los niños, de los viejos, de las cuentas mensuales. Por encima del reloj, de la mesa, del comedor y de la bicicleta. Por encima de la existencia. Firmó y mandó.

«Queda usted despedido» es la frase maestra, la frase que hace sentir poderosos a los mediocres. La frase jugosa que hace babear a los lebreles de la intolerancia. La frase que incendia los deleites perversos y las masturbaciones macabras de los patrones cínicos. Se sienten dioses. «Queda usted despedido» dicen y firman con una sonrisita de satisfacción cobarde y ciega, degenerada, absurda. Es una sentencia fulminante, un juicio siniestro, una determinación asesina. Dejar sin trabajo a una persona es un delito de lesa humanidad cuando conseguir empleo es tan imposible como extenuante. ¿Cuál fue el delito?
Ya podrán los «patrones» mandar a sus lebreles leguleyos a babear cuanto papel sea necesario para calumniar, inventar faltas, criminalizar a las víctimas. Ya saldrán con sus libros de jurisprudencia los farsantes mercenarios que estudian Derecho para traicionar a los trabajadores. A los trabajadores que pagan impuestos para que los licenciados «estudien». Ya saldrán sus «excelencias» a mover la cola ante el mejor postor, levantarán actas, torcerán el sentido de las «leyes» (de por sí bastante torcidas) y cenarán en casa satisfechos. ¿Sabrán sus familias lo que hacen estos señores? Ya saldrán y aquí estaremos. La fiesta apenas comienza.
De nuevo un zarpazo intolerante y criminal dejó sin trabajo a un camarada. A estas horas eso significa sentencia de alto peligro. Podríamos decir un no a esto. No se trata de «arreglar el mundo» de la noche a la mañana: se trata de hacer lo que se debe con lo que se pueda y lo que se tenga. En garras del capitalismo el Trabajo humano ha sido tan brutalmente, tan miserablemente tratado y tan obscenamente definido que hemos quedado arrinconados ante el desfiladero del cinismo. El Trabajo, que debiera ser práctica liberadora y enriquecedora de las sociedades, a estas horas se ha vuelto una calamidad devastadora del espíritu, del cuerpo, de la cultura. Se vive miserablemente con sueldos raquíticos, se vive aterrorizado bajo amenazas de despido, patentes y latentes. Se vive humillado bajo la prepotencia y el desprecio de jefes y jefesuchos que se enriquecen con nuestro Trabajo. Se vive una forma de tortura legalizada, e ilegal, que es una máquina de infelicidad a todas horas. Quieren que nos acostumbremos al atropello y a la miseria y encima quieren aplausos y votos. Por si fuese poco la cosa tiende a empeorar.
¿Quién comprende lo que siente un trabajador que se queda sin su empleo? ¿Quién entiende el golpe bajo que eso significa? ¿Quién comprende las angustias y las vejaciones… quién las repara? ¿Qué leyes, qué abogados, qué jueces se estremecen sinceramente, solidariamente, con el dolor de un trabajador humillado y sin su empleo? Muy pocos.
Hay que perder toda ilusión en las costumbres y la palabrería de quienes explotan el Trabajo. A la hora de hacer justicia a los trabajadores ninguna fuerza será más grande que la fuerza propia. Pero no por ser «muchos», que lo somos, sino por ser conscientes. No por amontonarnos a las puertas de las fábricas, las oficinas o los juzgados, sino por organizarnos tácticamente, inteligentemente, con un debate político bien pensado, con acuerdos colectivos de fondo y con un entusiasmo arrollador e invencible. Con un programa que cambie este cúmulo de arbitrariedades desde la raíz. Contra el trabajo alienante y contra la usurpación de las herramientas de Trabajo. A los trabajadores sólo nos salvarán los trabajadores, los trabajadores solidarios.
Echaron a Federico Iglesias de su trabajo. Trabajo insalubre en una ventanilla de cobro, en una autopista, trabajo mal pagado, muchas horas, trato despótico, intolerancia y abuso. No nos hagamos cínicos, no dejemos que no nos duela, así como Federico, miles y miles de trabajadores, en el mundo entero, andan viendo cómo arrimar a su casa lo necesario para sobrevivir al golpe criminal del desempleo. Eso es una injusticia aquí y en China. No nos hagamos cínicos, no dejemos que no nos duela, hagamos algo. Lo posible con lo que se tenga. Comenzando por cobrar conciencia pero conciencia que nos vuelva solidarios. Esta lucha es mundial. Hoy por Federico… (y por todos los que han perdido su trabajo)… mañana por ellos mismos y por más, o sea, a las claras, por un trabajo pleno, digno, bien pagado, justo, solidario.
Están acostumbrados los muchachos de la patronal a contratar trabajadores bajo condiciones extremadamente injustas. Están acostumbrados al cinismo. Es su divisa, saben que pagan sueldos miserables y que imponen jornadas insoportables. Saben que ese es su negocio. Piensan que los sueldos bajos son un triunfo administrativo, un logro moral que permite abaratar costos. Saben que roban tiempo y fuerza, roban salud física y mental a los trabajadores y los ven enfermar y morir, alienarse a cada minuto, mientras la patronal goza los beneficios en complicidad con los burócratas de turno. Eso es lo que tenemos enfrente de nuestras luchas. He ahí un retrato simple pero real. La patronal es cínica porque a sabiendas de que roba y engaña se hace pasar por dadivosa, por «generadora de empleo», por «cristiana». Sus muchachos santiguan, se creen «buenos» y se aplauden entre ellos. Le besan la mano al cura.
Se trata de un cinismo galopante que llena palmo a palmo la existencia de los pueblos. Son cínicos para saquear las materias primas y cínicos para explotar a los trabajadores. Son cínicos para invocar las leyes que no respetan y cínicos para exigir el respeto que nunca practican. Cínicos para inculcar valores «buenos» en sus hijos… los mismos valores que están dispuestos a negar cada día. «No robarás» dicen a sus críos… mientras los recibos de pago son prueba palmaria del hurto legalizado. Empresarial y gubernamental. Son cínicos para aplaudir la democracia que asesinan en sus oficinas. Cínicos para defender los avances tecnológicos y no a quienes operan las máquinas. Cínicos que aprecian la «educación» mientras niegan a los trabajadores espacios para que se instruyan. Cínicos mientras exigen leyes laborales a su acomodo y cínicos a la hora en que evaden impuestos. (Deberíamos abrir sus libros un buen día de estos)
Son cínicos por definición, capaces de aplaudir la «unidad nacionalista» del pueblo mientras combaten la unidad de lucha de los sindicatos. Cínicos a la hora de exigir personal «capacitado» y cínicos a la hora de pagar al trabajador sus méritos y títulos. Cínicos al exigir «seguridad» y «convivencia pacífica» mientras agobian con la violencia salarial y las condiciones extenuantes a los trabajadores. Cínicos de cabo a rabo. Son cínicos impúdicos y su cinismo alcanza para esconderse de sí mismos. Mirémoslo claramente. Miremos las cosas como son, sin espejismos y sin ilusiones. Entre esos cínicos y nosotros hay una lucha, irreconciliable, añeja, de fondo y forma. Lucha que no admite conciliación, reconciliación ni olvido. Lucha contra lo peor de la historia humana. Lucha por lo mejor para el presente y para el fututo. Lucha que es de todos, que no acepta excusas ni ausencias. Se está de un lado u otro y los matices se diluyen día con día.
Hoy Federico Iglesias está sin trabajo. Lo victimó la prepotencia y la impunidad cínica del jefe que firmó o que ordenó la firma. Federico es un trabajador como todos. Estudia historia, su hija lo espera todos los días de sus muy pocos años de vida. Federico tiene una familia, padres, hermanos. Anda de un lado para el otro consiguiendo los libros, los apuntes de la escuela y la leche para Juanita, su hija. Anda de un lado para otro tratando de inventarse una vida como se puede en un barrio difícil, también devastado por la miseria y la barbarie. Federico Iglesias anda de un lado a otro para agenciarse un lugar en algún café donde ponerse a escribir cuentos. Federico, trabajador, expulsado de su empleo, también es escritor.
Esta noche Federico, como millones de Federicos, se irá a dormir con la angustia trabada en las quijadas. Es un tipo joven. Una persona excelente. Amigo de médula. Se irá a dormir con Juanita en la cabeza, con las cuentas de la tienda sobre la mesa, con la heladera semi vacía. Se irá a dormir con la rabia atornillada entre ceja y ceja. Federico dormirá atribulado por la humillación y la incertidumbre. Federico se irá a dormir con la frase «Queda usted despedido» rebotándole en el cerebro. Pero Federico se levantará mañana y emprenderá la lucha. No se quedará quieto. Federico se levantará mañana con la certeza de que no está solo. Que otros camaradas le echarán una mano. ¿Le entramos?
 
Solicitamos enviar nota de repudio a las siguientes direcciones: [email protected] [email protected] [email protected]

A la Dirección de Autopistas del Sol S.A. Sr. Hugo Valero Jefe de Personal Por la reincorporación del compañero despedido: Repudiamos el despido manifiestamente discriminatorio del trabajador Federico Iglesias, que constituye una abierta violación de expresas garantías constitucionales y de libertad sindical. Exigimos dejen sin efecto el despido en cuanto acto antisindical e ilícito de nulidad evidente. El mismo responde al accionar gremial de dicho trabajador en la empresa y en especial a las medidas que se estaban llevando a cabo en reclamo por una negociación colectiva claramente violatoria de la normativa de la ley laboral en perjuicio de los trabajadores, que pretende precarizar al máximo nuestras actuales condiciones laborales. Denunciamos la práctica desleal gremial, que pretende obstaculizar ilícitamente legítima organización y accionar gremial de los trabajadores de dicha empresa. Firma