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La Democracia cristiana: un partido conservador, pro-neoliberal y patriarcal

Fuentes: Rebelion

No hay por dónde llamarse a engaño. Los jerarcas de la Democracia Cristiana son enemigos jurados de toda iniciativa política que conduzca a una Asamblea Constituyente, a la opción libre y personal -según los dictados de la propia consciencia- de la mujer a decidir por ellas mismas en lo que respecta a los procesos reproductivos […]

No hay por dónde llamarse a engaño. Los jerarcas de la Democracia Cristiana son enemigos jurados de toda iniciativa política que conduzca a una Asamblea Constituyente, a la opción libre y personal -según los dictados de la propia consciencia- de la mujer a decidir por ellas mismas en lo que respecta a los procesos reproductivos de su cuerpo y, en esa misma línea, se oponen a un Estado laico sin signos, iconos, tintes e inclinaciones religiosas de ningún tipo. En otros términos, los DC son adeptos del patriarcado a secas y además están en contra del matrimonio igualitario u homosexual. Ni siquiera apoyan la interrupción del embarazo para salvar la vida y proteger la salud de la madre.

Es la visión del grupo integrista que representó Claudio Orrego en las primarias concertacionistas la que se ha impuesto al resto de la militancia DC, pasiva y silenciosa y que actuará en la práctica política como un muro de contención ante cualquier proceso de reformas desde un posible gobierno de Bachelet. Recordemos que fue el presidente DC Eduardo Frei, quien con connotados emisarios socialistas y PPDés, trajeron al dictador Pinochet de Londres para que no fuera juzgado y puesto entre rejas en Europa.

Además, el núcleo de poder de la DC, liderado por Patricio Walker, es partidario acérrimo de la llamada «libre empresa» (le basta que los empresarios sean católicos e incluso los del Opus Dei no le incomodan), están de acuerdo con los ajustes capitalistas desde el Estado y en limitar la ampliación de los programas y gastos sociales. A esto último es lo que se refiere Alejandro Micco, el economista «vedette» de la DC, más papista que el Papa y futuro tecnócrata de un gabinete bacheletista, cuando critica al Gobierno de Piñera por no ajustarse al credo neoliberal del déficit cero.

Así como los socialistas renovados y progresistas adoptaron las llamadas «terceras vías» europeas, que aceptaron sin chistar el neoliberalismo del New Labour de Tony Blair (que legitimó la obra antisocial y antisindical de Margaret Thatcher y le hacía prefacios a los libros de Ricardo Lagos), los DC chilenos se asemejan cada vez más en el plano ideológico a la CDU o partido demócrata cristiano alemán de Angela Merkel, heredero del ordoliberalismo (*) alemán, una variante del neoliberalismo. Nada extraño que ya no defiendan el «comunitarismo» o el cooperativismo, sino que la «economía social de mercado», eufemismo que, con la palabrita «social» entremedio, busca endulzar el capitalismo y sus leyes de hierro.

Si alguna vez tuvieron una propuesta social alternativa al capitalismo, hoy han abandonado toda exploración teórica en ese sentido.

En los sesentas fueron un peón de los EE.UU para aislar a la triunfante Revolución Cubana en América Latina. Esta línea histórica que actualmente domina en la DC es la misma que, en su contexto, salió a golpear la puerta de los cuarteles para pedirle a los militares que dieran el Golpe. Fueron también cómplices, nada de pasivos, más bien activos en el descalabro que precipitó el Golpe cívico militar. Fueron los autores en el Congreso, junto con el Partido Nacional, de la «Ley de control de armas» (21-10-72) que le entregó los medios legales a los golpistas de la Armada para que con sus infantes de marina allanaran de manera violenta lugares de trabajo y amedrentaran cotidianamente a la clase trabajadora en el importante sector marítimo e industrial de Talcahuano donde a mediados de agosto de 1973 el Cordón Industrial y sectores de pobladores trataban de organizar poder obrero y popular para resistir.

De ahí el rechazo visceral de los jerarcas DC a toda iniciativa democrática que emerja desde el pueblo y de su poder constituyente. Es lo que explica la oposición sistemática de la elite DC a una Asamblea Constituyente que redacte una nueva constitución democrática. De ahí su amor por Escalona y las declaraciones que el poder constituyente no reside en el pueblo soberano sino que en el desprestigiado Congreso binominal.

En aquellas maniobras golpistas estuvieron Frei padre, P. Aylwin, A. Zaldívar y otros que convendría nombrar y recordar sus dichos. El ala conservadora DC constituye una poderosa cofradía política e ideológica que mantiene en una nebulosa su responsabilidad en la violencia asesina que se desató con el Golpe de Pinochet. Esta tiene vínculos transversales y familiares con la UDI, Renovación Nacional y la jerarquía de la Iglesia Católica con quienes comparten el piso de la plataforma «valórica» conservadora. Con ellos se encuentran en las mismas parroquias, en los mismos matrimonios y en los mismos colegios privados.

Los DCés han perdido influencia social en el mundo popular y el estudiantado universitario, pero tienen potentes aliados políticos en el PS, el PPD y mantienen estrechos lazos de ayuda mutua con sus satélites en el negocio del lobby como Enrique Correa y Eugenio Tironi. En lo económico es difícil ver diferencias entre un Micco, un Foxley un Cortázar con un Lüders o un Büchi. Los Luksic están con ellos. Eso sí, tienen intelectuales tampones, que les dan un toque de progresistas y algunos operadores que trabajan de bisagra con sectores de «izquierda». Siempre fue así.

Si hoy el núcleo hegemónico chileno conservador y pro neoliberal de la DC se ha reforzado se debe en gran parte a sus estrechos vínculos de subordinación y dependencia con la poderosa DC Alemana de Angela Merkel el partido que desde el Estado alemán impone medidas de austeridad y antisociales en Europa y que le otorga fondos y le subvenciona a la DC criolla institutos, becas y escuelas de líderes. Es a Bonn, a los cuarteles de la CDU (DC alemana) que la aristocracia democristiana chilena va a rendir exámenes y pleitesía y de ahí vino el visto bueno a la alianza con el PC chileno.

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(*) Nacido en los años 1930, en Friburgo-en-Brisgau, Alemania, resultado del trabajo conjunto de economistas como Walter Eucken y juristas como Franz Bohm y Hans Grossman Doerth, el Ordoliberalismo (Ordnungspolitik=orden o marco institucional que puede asegurar el buen funcionamiento del «orden económico» liberal) es la forma alemana del neoliberalismo que va a imponerse después de la 2a Guerra Mundial en Alemania Federal. El término «ordoliberalismo» viene de la insistencia de todos estos teóricos en el orden constitucional y procedimental que son el fundamento de una sociedad y una economía de mercado. Ver el erudito trabajo de Pierre Dardot y Christian Laval, La nouvelle raison du monde, essai sur la société néolibérale. La Découverte, Paris, 2010.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.