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Testimonio sobre el 11 de septiembre de 1973

La inteligencia militar en la industria Sumar Nylon

Fuentes: CIPER

En junio de 1972 ingresé a trabajar a la empresa Sumar Nylon S.A. Estudiaba simultáneamente -en régimen vespertino- Ingeniería Textil en la entonces Universidad Técnica del Estado (UTE, hoy Universidad de Santiago). Yo tenía 20 años, recién había salido del Servicio Militar, el que cumplí en Iquique en el Regimiento de Infantería Nº 5 Carampangue, […]

En junio de 1972 ingresé a trabajar a la empresa Sumar Nylon S.A. Estudiaba simultáneamente -en régimen vespertino- Ingeniería Textil en la entonces Universidad Técnica del Estado (UTE, hoy Universidad de Santiago). Yo tenía 20 años, recién había salido del Servicio Militar, el que cumplí en Iquique en el Regimiento de Infantería Nº 5 Carampangue, lugar donde conocí, por ejemplo, al entonces subteniente Oscar Izurieta Ferrer, actual subsecretario de Defensa, quien fue mi comandante de Compañía.

Sumar Nylon era una industria textil intervenida por el gobierno de la Unidad Popular y pertenecía al llamado «Cordón San Joaquín». Era una industria de las llamadas «combativas» debido a la gran efervescencia política partidista que se vivía en su interior. Allí los comités de Producción, de Vigilancia, de Bienestar Social, junto a los delegados del Partido Comunista, Partido Socialista, MIR y MAPU que conformaban los sindicatos, mandaban y dirigían la industria. El interventor general era don Hernán Pérez de Arce y el interventor de la Planta Nylon era el compañero Iturra (nunca supe su nombre).

Debo decir que yo no milité en ningún partido o movimiento en esa época en la que yo era un lolo de pelo largo que vivía el día a día entre trabajar, estudiar y pololear con quien es mi esposa hasta hoy (el 4 de septiembre cumplimos 37 años de casados).

En la mesa central de teléfonos trabajaba Erna Saba, a la que le decíamos la Turca, una compañera súper solidaria que se encargaba de las colectas, visitaba a los trabajadores enfermos y participaba en todos los paros. Era una compañera de las llamadas «combativas».

El viernes 7 de septiembre de 1973, como a las 21:00, se realizaba un Campeonato de Brisca en el Casino de Operarios de Sumar Nylon, y como a las 23:00 llegaron efectivos de la FACH y allanaron la industria con mucha violencia, reprimiendo a todos los que allí se encontraban, hiriendo con bayoneta a los militantes más conocidos por su militancia en el Partido Comunista. Esa noche llegaron a la industria a solidarizar, la diputada Gladys Marín, secretaria general del PC y el diputado comunista Jorge Insunza. Eso yo mismo lo vi pues vivía frente a la industria en la Población Sumar 4, la que era habitada por trabajadores de la empresa.

Desde esa noche a mí me pareció sospechosa la actitud del portero de la Planta, el «compañero Zurita», ya que en los diarios de la época salieron titulares como: «FACH allana industria Sumar: efectivos fueron atacados a balazos desde el interior de la fábrica». «Camuflado como Campeonato de Brisca: Escuela de Guerrilla del Cordón San Joaquín en estatizada Sumar Nylon». Y lo que más me llamó la atención fue que el contingente de la FACH se fuera directo al casino donde se realizaba el evento, sin siquiera tocar a los otros trabajadores que se encontraban de turno en las diferentes secciones de la Planta. Como el casino en cuestión se hallaba en el interior de la fábrica, para llegar a esa dependencia había que pasar por las secciones de Pesaje y Empaque, Hilatura, Retorcido y Conos, y es ahí donde muchos vieron al portero, al «compañero Zurita», indicando dónde estaba reunida la gente del Campeonato de Brisca, quiénes eran los participantes y qué cargos tenían en la Planta.

El «compañero Zurita» era el típico gallo paleteado que participaba en paseos y reuniones del sindicato. Si hasta participo en un festival de la canción («Los Trabajadores de Sumar Cantan»), y en los campeonatos de fútbol interno jugaba de 10 en el equipo de Hilatura. Recuerdo que a veces hacía la vista gorda en la portería cuando un obrero sacaba algún cono de hilo.

El sábado 8 se hizo una asamblea para discutir la situación de la noche anterior. El «compañero Zurita» fue el primero que pidió la palabra para decir que los efectivos de la FACH lo habían amenazado de muerte y que, apuntado con un fusil, tuvo que indicarles donde estaba el casino. Lo extraño es que nadie observó esa situación en ningún momento cuando los militares iban pasando por las distintas dependencias de la fábrica.

El martes 11 de septiembre, a mí me tocó el primer turno: de 7:30 a 15:30 en el Laboratorio Químico, donde yo trabajaba como analista químico (había otro laboratorio, el Textil). Como a las 8:00, pasó un dirigente avisando que había una reunión en un sector de la Planta. Las cuatro personas que estábamos trabajando en el laboratorio en ese momento, no bajamos. Como una hora más tarde pasaron avisando que «los milicos habían dado un Golpe», y que había que bajar urgente a la reunión. A todo esto, y con la ayuda de una pequeña radio portátil, nosotros ya estábamos escuchando los bandos militares donde se le decía a la población que había que mantenerse en sus casas y a los que estaban fuera de ellas, ya sea trabajando o estudiando, que debían irse a sus casas. Antes de las 11:00, en la reunión se acordó que había que defender la fábrica. Otros dijeron que ya no había nada que hacer y que lo mejor era abrir las puertas para que el personal se fuera a sus casas.

Un gran número de trabajadores nos fuimos a la portería mientras los más fanáticos nos gritaban «momios cobardes». Pero muchos de ellos también salieron arrancando porque un helicóptero pasó volando a baja altura y a través de un altoparlante avisaron que si no nos íbamos a nuestros hogares seriamos atacados con fuego de ametralladora. Una curiosidad: ese día el «compañero Zurita» no fue a trabajar. Fueron otros los porteros que nos dieron la salida.

Yo vivía en un cuarto piso de la Población Sumar 4 con mi padre, quien también trabajaba en la misma industria. Y junto a él observamos los acontecimientos que ocurrieron esa tarde cerca de las Plantas Sumar Nylon, Algodón y Poliéster. También escuchamos las explosiones y balaceras en las poblaciones La Legua, El Pinar, Germán Riesco y Aníbal Pinto, todas ellas ubicadas alrededor de Sumar.

El 19 de septiembre citaron a todos los trabajadores para reiniciar la actividad laborar y para que nos pagaran las platas pendientes: aguinaldo, quincena, etc.: todos estábamos sin ni un peso.

Ese día todos los trabajadores llegamos irreconocibles: afeitaditos, sin barba, pelo cortito, hasta con terno y corbata. Cuando toda la gente estaba reunida en el patio de la industria, encaramado en una tarima, apareció un capitán de Ejército en traje de combate, con tres soldados con fusiles como escolta. ¡Ahí estaba el «compañero Zurita», quien era ahora el capitán Zurita! Y sin más empezó a nombrar a todos los que tenían que irse al Estadio Nacional y a los que debían quedarse a trabajar. Y los nombraba sin ningún listado: «¡Antivilo! (jefe de Bienestar Social)… ¡Para allá!». Y le indicaba el camión que se llevaría a los seleccionados al Estadio Nacional. Quien le ayudaba en la identificación de los seleccionados era una mujer de uniforme, una teniente, ante la cual los conscriptos se cuadraban. La teniente Erna Saba, la misma solidaria telefonista de la industria hasta el día 11 de septiembre, con listado en mano, le indicaba al capitán Zurita el nombre de los jefes, supervisores, integrantes de los Comités de Producción y Vigilancia, además de los delegados del sindicato y militantes de partidos y movimientos de izquierda. Todos ellos eran subidos a los camiones a culatazos y llevados al Estadio Nacional.

Como a mí se me había perdido el carnet de identidad, me presenté con la credencial de la empresa. A todos los que no tenían carnet los mandaban a un patio al lado de las oficinas de la gerencia general. Nos juntamos como 25 personas con un soldado vigilándonos. Entre nosotros estaba un trabajador de la sección Retorcido al que le decíamos el Falabella, porque andaba siempre con la ropa exclusiva de esa tienda. Llevábamos más de dos horas de pie en ese sector, cuando vi que el Falabella se sentó en el suelo. El soldado que nos vigilaba le preguntó: »¿A quién le pediste permiso p’ sentarte gueon?». ¿Y por qué tengo que estar parao?», le respondió el Falabella. «¡Ah!, ¿no queris pararte?», le dijo el soldado, quien se dio media vuelta y salió por un costado para volver de inmediato con un teniente y tres militares más. «¡Este es el que no quiere pararse, mi teniente!», le dijo el soldado al teniente, indicando con el dedo al Falabella, que aún permanecía sentado en el suelo. El teniente les dio una indicación a los soldados y éstos lo levantaron a culatazos y patadas y se lo llevaron detrás de unas bodegas de materiales. Enseguida se escucharon ráfagas de ametralladora y muy luego aparecieron soldados trayendo una carretilla con el cuerpo del Falabella. «¿Alguien más quiere sentarse?», nos dijo el teniente… Le confieso que fue tal mi impresión, que me oriné. Otros compañeros se defecaron. Ahí me di cuenta de la crueldad con que iban a actuar los militares en adelante. Hasta hoy recuerdo ese triste episodio. Me di cuenta que la vida de un joven y de todos nosotros no valía nada…

Aún no nos reponíamos del drama que habíamos vivido cuando escuchamos nuevamente ráfagas de ametralladoras y poco después nos llegó el rumor de que habían fusilado al Puente Cortao, el baterista del conjunto musical de la empresa que era muy querido y a la vez muy pesado y por eso le decíamos Puente Cortao. Lo fusilaron en un patio trasero y lo acusaron de haber atacado con una bazuca un bus de carabineros el mismo día 11, en Álvarez de Toledo con Las Industrias, en La Legua.

Hay muchos episodios que me quedaron grabados de lo que allí viví en esa jornada… Ese mismo día, como a las 14:00, los militares nos pasaron un brazalete de género el cual debíamos usar en el brazo izquierdo. Era nuestro seguro de vida ya que el que era sorprendido sin ese distintivo dentro de la planta era fusilado en el acto. Esas fueron algunas de las órdenes que impartió el enérgico capitán Zurita, quien resultó para nuestra sorpresa ser el mismo «compañero Zurita», el portero de la fábrica. A la Turca Erna Saba la vi por ultima vez con su uniforme de teniente de Ejercito, subiendo a un jeep con unos soldados, saliendo de la fábrica con un maletín. Dijeron que en el maletín llevaba los antecedentes de todos los que fueron enviados al Estadio Nacional.

Hago este pequeño relato porque yo lo viví, no me lo contaron. Y porque este año el día 11 de septiembre se vive también un día martes y es imposible no recordar a muchos amigos y compañeros de trabajo de Sumar Nylon que ese día 19 salieron en los camiones que el capitán Zurita y la teniente Saba llenaron con carga humana. A la mayoría nunca más los volví a ver con vida.

Eduardo Silva Aranda, ingeniero textil.


http://ciperchile.cl/2012/09/11/la-inteligencia-militar-en-la-industria-sumar-nylon-s-a-el-11-de-septiembre-de-1973/