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La «Mano Negra», terrorismo de derecha

Fuentes: Rebelión

El señor presidente Santos repitió por estos días lo que todo el mundo sabe desde hace muchos años: la presencia en la sombra de una «Mano Negra» al servicio de la extrema derecha. Sólo un colombiano, aparentemente, desconocía su preexistencia, tradición y perversidades. Se trata del señor Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez Maldonado […]

El señor presidente Santos repitió por estos días lo que todo el mundo sabe desde hace muchos años: la presencia en la sombra de una «Mano Negra» al servicio de la extrema derecha. Sólo un colombiano, aparentemente, desconocía su preexistencia, tradición y perversidades. Se trata del señor Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez Maldonado quien, exhibiendo cierta socarronería, le inquiere al señor Presidente por su existencia al tiempo que le conmina a ¡revelar nombres propios que la representen en el gobierno! Entonces, el señor Presidente Santos, ladino como lo sabemos, de inmediato le «responde» con un galimatías más próximo al foro por el mutis que a cualquier otra cosa.

¡Este es Macondo, Gabo!

Sin embargo, hurgando aspectos relacionados con su origen y avances, de pronto me estrello con definiciones tan necias como la que afirma que, «la mano negra» no es una organización sino una etiqueta, y, en el fondo, en lugar de explicar, sirve cuando no se tiene explicación». O como la perturbadora -por complaciente- del señor Jorge Orlando Melo: «Es un tema que se inventa para atribuir algo a una conspiración, para decir que hay una asociación donde realmente no la hay». Un historiador negando la realidad de la Mano Negra, ¿a quién se le ocurre que vaya a registrar honradamente para la posteridad en sus tratados historiográficos los demenciales crímenes del paramilitarismo colombiano, esa entelequia -diría él- de los filocomunistas, bandidos y terroristas opositores al espléndido gobierno del presidente Uribe?

Una tentativa cronológica de sus raíces y desarrollo bien podría ser esta: en un discurso en la Convención Nacional Liberal de 1961, Alfonso López Michelsen aludió por primera vez a la Mano Negra, frecuentemente fustigada por él durante toda su carrera política. En 1962, Roberto Posada, D’Artagnan, reveló en El Tiempo que Hernán Echavarría Olózaga había afirmado que el nombre de Mano Negra era de la «cosecha» de Julio Mario Santodomingo. Lo cierto es que por aquella época, Carlos Lleras Restrepo hace también alusión a las quejas de López sobre dicha organización y queda más o menos asentado que fueron López Michelsen o su primo Julio Mario Santodomingo quienes la bautizaron como Mano Negra. En 1966, alguien que, junto a Santodomingo y Hernán Echavarría representaba el poder económico y la clase social dominante, Eduardo Zuleta Ángel, niega que él fuera su líder. En 1991, López insiste en un discurso en su alarmante existencia y a finales de ese mismo año la policía le atribuye a una organización que menciona como «la Mano Negra», múltiples crímenes que con apariencia de «limpieza social» se vienen presentando en Santander desde 1989. En el 96, en una publicación de El Tiempo denominada Llano 7 Días, se anuncia la aparición de un grupo bajo la denominación de «Mano Negra» en Granada, Meta. Pero la aclaración final y contundente la viene a dar el mismo expresidente López Michelsen en 2001cuando en el libro de Enrique Santos Calderón, Palabras pendientes, le confiesa a éste: «¿Qué era, por ejemplo, la Mano Negra, que fue inventada contra el MRL? Una asociación de burgueses ricos presididos por Hernán Echavarría, José Gómez Pinzón y Hernán Tovar, que se dedicaba a promover la resistencia contra las ideas de izquierda. Le pedían a los anunciantes la propaganda de nuestras publicaciones y financiaban «feudos podridos» para inclinar en contra nuestra el veredicto de las urnas».

Y es que fue precisamente a raíz del temor que hacia 1960 causaba el MRL y la posible unificación de fuerzas de izquierda, el Partido Comunista incluido, simpatizantes todos de Fidel Castro y la Revolución Cubana, y la posibilidad real de que se hicieran con el poder en algún momento, que un grupo de 25 empresarios e industriales -de acuerdo a la investigación de Juan Villamil en el Espectador-, crearon el Centro de Estudio y Acción Sociales (CEAS) con una directiva formada por Aurelio Correa Arango (director ejecutivo), Jesús María Marulanda (tesorero), Andrés Restrepo, Alberto Samper, José Gómez Pinzón, Gregorio Obregón y Hernán Echavarría. El pretexto y objetivo de la naciente organización, según Norman A. Bailey en su artículo «The Colombian «Black Hand» (The Review of Politics de la Universidad de Notre Dame, 1965), de quien recoge la información Villamil, no era otro que «crear conciencia entre la «gente decente» de los peligros que encarna la izquierda; dirigir una campaña anticomunista y anti-Castro, y otra en favor del libre comercio; actuar directamente contra el comunismo y la izquierda, a través de infiltraciones, presiones mediáticas, listas negras, el apoyo de elementos anticomunistas, y el retiro de pautas publicitarias en los medios cercanos a la izquierda; instar a los empresarios a asumir mayor responsabilidad social (?).»

¡Más claro no canta un gallo!

Y es bueno refrescar la memoria sobre por qué y cuándo en Colombia se empieza a hablar abiertamente de esta estructura delictiva: «En abril de 1961 se publica en la revista La Nueva Prensa un artículo titulado «La mano negra y el dólar», con fotografías de siete líderes del CEAS, en el que se los acusa de manipular de forma ilícita la fluctuación del dólar para obtener ganancias. Se denuncia también la forzosa desaparición de Semana, y presiones contra Cromos, El Siglo y El Espectador. Es la primera vez que la prensa colombiana utiliza la expresión «mano negra»… «

Y todavía hay quienes preguntan -¿no es cierto, Plinio?- que cuál Mano Negra y qué qué es ese infundio. Que si por mucho, un rótulo, una etiqueta…

¿No tendrán, acaso, nada que ver con «los brazos del gran pulpo» de la Mano Negra esas bandas criminales (Bacrim o paramilitares, marbetes distractores porque en últimas son los mismos) que amenazan con su terrorismo de derecha al Estado en medio del apoyo o la simpatía de poderosas fuerzas económicas y políticas y de no pocos miembros de las Fuerza Pública, para quienes la paz no es una opción y la Ley de Víctimas un afrenta?

¿Y no es esta Mano Negra, definitivamente, la encubierta materialización de la macabra sinergia de los potentados extremistas de la derecha política colombiana?

Y lo peor: ¡Cuántos «impolutos» agazapados en ella!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.