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La documentalista enfrentará el juicio oral el 17 de marzo, defendida por el ex juez Juan Guzmán

La «novela» de Elena Varela

Fuentes: Rebelión

En estos días la cineasta Elena Varela (chilena, 43 años, una hija de 16, licenciada en música por la Universidad de Chile , intérprete en clarinete y saxofón, compositora y directora de orquesta, Magíster en Artes mención Musicología.) filma en el sur para su documental «Newen Mapu Che» (La Fuerza de la Gente de la […]

En estos días la cineasta Elena Varela (chilena, 43 años, una hija de 16, licenciada en música por la Universidad de Chile , intérprete en clarinete y saxofón, compositora y directora de orquesta, Magíster en Artes mención Musicología.) filma en el sur para su documental «Newen Mapu Che» (La Fuerza de la Gente de la Tierra, FONDART 2007). Pero el 17 de marzo, en Rancagua, defendida por el ex juez Juan Guzmán y rodeada de una red de comunicadores, artistas y luchadores por los derechos humanos, Varela enfrentará en un juicio oral los cargos de asociación ilícita, robo con homicidio y robo con violencia.

La fiscalía pide quince años de prisión para la realizadora detenida el 7 de mayo de 2008, por «planear estos delitos, reclutar gente y refugiar a los delincuentes después de acaecidos los hechos». La acusación se basa en la breve vinculación sentimental que la realizadora tuvo en 2004 con «Leonardo Civitarese» a quien el fiscal Servando Pérez Jordán identifica como Juan Moreno Venegas, jefe del autodenominado MIR/Ejército Guerrillero del Pueblo, una división del MIR formada en los 90. Moreno no ha sido habido. Para otros dos chilenos detenidos en la misma fecha que la documentalista, el fiscal pide veinte años de prisión. Elena Varela está con libertad diurna desde agosto del año pasado, luego de tres meses de rigurosa prisión en la Cárcel de Alta Seguridad de Rancagua.

Horas antes de viajar a tierra mapuche, la documentalista me decía: «Ahora veo muy claramente de qué manera ellos fueron dibujando esta historia, y armando esta persecución de cuatro años. No hallaron nada en mi casa de Licanray, en Los Laureles 31. Sólo cuentan con la grabación de una conversación telefónica mía con una amiga, de un tema sentimental. Lo único que pueden decir de mí es que el año 2004 yo fui pareja de una persona a quien conocí con el nombre de Leonardo Civitarese, y como periodista argentino y que ellos me dijeron era Juan Moreno, de nacionalidad chilena. Todo lo demás es un montaje empresarios-gobierno, una masacre anti-izquierda. La Agencia Nacional de Inteligencia, la ANI está detrás de todo, ellos construyen la historia y buscan los acomodos. Newen Mapu Che es a favor del pueblo mapuche, contra las forestales, y los poderosos. Ser documentalista significa registrar los dolores de la sociedad, contarle al mundo las injusticias que se cometen contra el pueblo mapuche con el apoyo silencioso de un estado supuestamente democrático, eso es lo que yo hago Pero el fiscal y la policía creen que nos hacíamos pasar por cineastas y éramos una célula guerrillera. Suponían que los íbamos a recibir con balazos. Fue impresionante, centenares de policías desplegados, algunos camuflados como obreros aparentaban trabajar en en las zanjas de la entrada de mi casa. Habían tendido un cerco durante años, para conseguir la información que ahora tienen de mis entrevistados. En la película «Sueños del Comandante» están los sobrevivientes de los años 80 que siguen luchando, ellos hacen cada año una expedición a la zona donde fue la guerrilla de Neltume. T odo esto le sirve a la policía para hacer un montaje que parezca real, como en los tiempos de Pinochet. Hay una novela creada que es como una película de ficción, para capturar el material audiovisual y evitar que se difunda públicamente.»

Autores y editor de la novela

Elena se convirtió de cineasta en protagonista de esta novela por obra y gracia de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), que preside el abogado socialista Gustavo Villalobos. Para esta prolongada pesquisa, la ANI, contó con el diligente apoyo de los los inspectores Luis Albornoz Urra y Juan Reyes Gutiérrez, de la Policía de Investigaciones (PDI) de Rancagua.

La ANI es sucesora de la Dirección de Seguridad Pública y de la «Oficina» (1991), que dirigía entonces el hoy parlamentario Marcelo Schilling. Al inicio de la transición democrática chilena, la Oficina reclutó como colaboradores a algunos prisioneros políticos y ex militantes de grupos de la izquierda revolucionaria, para desmantelar e infiltrar a esas organizaciones. En esa época se creó la primera Cárcel de Alta Seguridad y se aprobó la Ley de Delación Compensada. El uso de la tortura y de la presión a familiares de perseguidos – métodos heredados de la CNI- fueron parte del accionar de la Oficina y parecen continuar hoy.

La producción literaria de la PDI/ANI , fruto de cuatro años de trabajo en que se invirtieron cuantiosos recursos fiscales, se entregó al «editor», Servando Pérez Ojeda, Fiscal adjunto de esa ciudad. El debió entonces acusar a Elena Varela de los delitos ya mencionados, con pruebas que el equipo jurídico desestima por completo. La policía insiste que en los años 2004-2008, Elena Varela integró junto a su pareja y otros, la organización Ejército Guerrillero del Pueblo Patria Libre (una facción del antiguo MIR). Con ellos planificó el robo a la Sucursal del Banco de Estado en Loncoche (20 de diciembre de 2004) y un robo con homicidio en las oficinas del INP de Machalí (10 de junio de 2005), proporcionando refugio a quienes participaron en los hechos e incurriendo en asociación ilícita.

La obra documental

¿Cuándo hizo eso? Está comprobado que en 2004 y 2008, la realizadora trabajó sin parar con su productora Ojo Films, en documentales financiados con fondos públicos concursables. El proyecto con el que ganó el 2006 el Fondo Audiovisual CORFO desentierra la historia de la localidad de Neltume (comuna de Panguipulli), algo que según Elena «sólo está en la conciencia colectiva y la expresión oral del pueblo y es lo que me hizo ir a buscar con la cámara. El síndrome colectivo de no poder recordar es lo que yo más destaco. El nombre «Sueños del Comandante» se debe a que esos sueños retornan el año 81 cuando un grupo de sobrevivientes vuelve, a armar la guerrilla.» Elena agrega que en «Newen Mapu Che» (2007, FONDART) su objetivo era que la gente despertara y comprendiera -desde el corazón -la represión que viven los mapuche de Arauco y Malleco, calificados como terroristas por recuperar sus tierras.

Varela retomó ahora «Newen Mapu Che» con los fondos correspondientes a la segunda parte del proyecto, tras el visto bueno del FONDART .Su guión surge de la experiencia ganada por la cineasta con el fondo audiovisual de CORFO (2005) otorgado a «Tres Mujeres» (mapuche), juzgadas por la ley antiterrorista. En 2004 la cineasta había trabajado en «Miradas del Sur», su primera experiencia con FONDART, formando jóvenes documentalistas,. Ese año era directora de Cultura en Pucón, creando la Casa de la Cultura de esa comuna y promoviendo intercambios con Directores de Cultura de todo Chile. Siguió un postítulo en Gestión Cultural (U de Chile/U Iberoamericana de España) generando un diagnóstico cultural local. Su guión para el largo metraje «Pueblo de los Niños» fue premiado en el Festival de La Habana. En 2006 creó la Orquesta Infantil Intercultural de Panguipulli, que dirigió por tres años.

Los personajes restantes

El operativo simultáneo de detención de seis de los personajes de esta «novela de Elena» tuvo lugar simultáneamente en Licanray y otras localidades de la Región de la Araucanía. Entre los restantes chilenos involucrados en esta creación ANI-PDI está Juan Moreno Venegas, 43 años (nombre político «Gabriel» o «el Vieja»), conocido como «Leonardo Civitarese» por Elena Varela. La policía supone que está actualmente en Colombia con las FARC y espera su extradición. Se le sindica como jefe del Ejército Guerrillero del Pueblo (MIR-EGP) , organización que parece tener escasos miembros en Chile.

Pieza clave de la acusación es doña Andrea Faustina Muñoz Gaete (39 años) testigo protegida del Ministerio Público desde 2005 y viuda de Alfredo Hermosilla, un miembro del grupo muerto en esa fecha, al ser repelido el asalto en que participaba en Machalí.. La mujer posibilitó el operativo de seguimiento, control y detención de los acusados. Su declaración da cuenta que el grupo incluye además a varios argentinos. La policía obtuvo su colaboración después de la muerte de su marido, ex auxiliar del Hospital de Temuco. Ella nunca fue formalizada. Moreno Venegas solía alojar en casa de los Hermosilla-Muñoz, manteniendo una relación íntima con esta mujer. Ella -de oficio paramédica, al igual que Hermosilla- proveía de medicamentos a Moreno. Andrea Muñoz declaró que su marido le informaba de todo su quehacer político y le dio a conocer los otros integrantes. El grado de detalle de su confesión acerca del nacimiento, accionar y objetivos del MIR/EGP y su relación con la policía, permiten encuadrarla como colaboradora eficaz y/o infiltrada de la ANI en el citado grupo, entre 2005 y 2008.

Otro personaje de la obra es Cristián San Martín Morales («Flaco») quien se fugó el 2006 de la Cárcel de Temuco, después de dos años de detención por el robo con violencia en Loncoche, Región de la Araucanía. Reivindicó su fuga desde Argentina. Según Andrea Muñoz Gaete, San Martín participó en 2002 en Sao Paulo en el secuestro del publicista brasileño Olivetto, junto al ex frentista Mauricio Hernández Norambuena y otros chilenos actualmente presos en Brasil.

El empleado de Forestal Mininco

Sergio Reyes Matus, «Forestín»(36 años) ex chofer de Forestal Mininco, es la segunda pieza clave de la acusación. Declara provenir del MIR, describe en detalle las tareas para las que se movilizaba en camionetas de la empresa, confiesa participación en acciones armadas y en una escuela de guerrillas, y ayuda a Cristián San Martín a cruzar a Argentina cuando éste se fuga. Rechaza el ofrecimiento de organismos de ddhh de tener un defensor privado y expresa temor por posibles represalias en su contra. No obstante su delación eficaz, la fiscalia pide 20 años de prisión para él. Su libertad de movimiento en Forestal Mininco hasta la detención, los frecuentes préstamos solicitados a bancos y y a Mininco – para «Gabriel» – el arriendo de vehículos y el manejo de variados recursos, sumados al grado de detalle de su confesión, son elementos para considerar la posibilidad de un trabajo de Sergio Reyes como infiltrado de la ANI en el grupo, desde la confesión de Andrea Muñoz, en 2005.

El retornado de Suecia

Kenny Sánchez Contreras (49 años) es el tercer coimputado. Para él la fiscalía pide 20 años de cárcel. Es comerciante, ex preso político mirista en dictadura, retornado desde Suecia en 1988, padre de cinco hijos y hoy militante socialista. Niega participación en el grupo y hechos señalados y declara que puede comprobar que en esas fechas estuvo respectivamente en un bautizo y una ceremonia junto a su madre próxima a fallecer. En octubre de 2008, en carta dirigida a los organismos de derechos humanos denunció que su pareja, Flor Domínguez, permaneció detenida dos meses, en represalia por haberse acogido inicialmente él a su derecho a guardar silencio. Sostuvo que el Inspector Juan Reyes Gutiérrez lo conminó a asumir responsabilidad por esa detención «por tener una actitud rebelde», agregando, «tenemos todos los medios y la tecnología para poner y sacar pruebas, según sea el caso». Sánchez también denunció que el fiscal Servando Pérez estaba en el cuartel de investigaciones de Rancagua cuando se torturaba física y psicológicamente a los seis detenidos para que firmaran declaraciones inculpatorias. El observó que fueron dos miembros de la ANI quienes dirigieron el interrogatorio a Sergio Reyes Matus ese 7 de mayo. Los abogados de la defensoría pública no llegaron.

Sostiene Sánchez en su carta pública: «Me siento orgulloso de haber luchado en las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) contra la dictadura más sangrienta de nuestra historia. Mi pasado no es terrorista. El MIR fue reconocido por muchos gobiernos como una organización de liberación nacional que hizo una valiente resistencia contra la dictadura. El fiscal Pérez se refiere a mi pasado político como un hecho vergonzoso, con el propósito de establecer mi culpabilidad a priori. Sin embargo, él no dice que mi condena de relegación interna fue conmutada por la pena de extrañamiento después que la CNI asesinó al pintor mirista Hugo Riveros Gómez (8 de julio de 1981), cuando estaba libre bajo fianza, procesado en la misma causa que yo. Los asesinos de Hugo Riveros caminan hoy libres por las calles de Chile.» Demanda finalmente que no se le juzgue » en base a sesgos o prejuicios determinados por la orientación política de quienes tienen el deber de impartir justicia.» Kenny Sánchez pertenece a una familia histórica de la combativa población La Victoria de Santiago, comuna de Pedro Aguirre Cerda.

Aunque inicialmente había otros tres personajes incluidos en lo que hemos dado en llamar La Novela de Elena, el editor/fiscal Servando Pérez no perseveró con ellos. Flor Dominguez, pareja de Kenny Sánchez, actriz, ex Directora de Cultura de la Municipalidad de Ercilla; Jorge Pineda, chofer de colectivo en Villarrica, formalizado en distintos momentos por los dos robos, y Leticia Cárdenas, detenida por ser propietaria del celular de Alfredo Hermosilla, estuvieron presos varios meses.

Elena y Leonardo

Sobre su comparecencia ante el fiscal Pérez de noviembre de 2008, Elena aclara que su primera declaración -en mayo de 2008 – la hizo en estado de shock por los abusos sufridos durante la detención y desconociendo los cargos que se le hacían. Por ello no reconoció la foto de «Leonardo Civitarese» ni su relación con él, sintiéndose además confundida de que en el interrogatorio se refirieran a «Leonardo» como «Gabriel», coincidiendo ese nombre de pila con el de su pareja Gabriel Rosales Barriga, fallecido el año 2006. Elena habló sobre «Leonardo» en su segunda declaración, ya acompañada por su actual abogado Juan Guzmán. Expone que «Leonardo» se le presentó en un viaje en bus, como corresponsal de una agencia internacional de reportajes, con sede en Francia, y se mostró muy conocedor del tema mapuche. De ese acercamiento surgió al poco tiempo una relación sentimental. Elena. estuvo internada por la pérdida de un bebé de «Leonardo» en 2004. El la cuidó aclarando que todo había sido «un error». En noviembre de ese año la relación entre ambos ha concluido. Sólo se ven una vez más, en agosto de 2005, en el entorno familiar de Elena cuando «Leonardo» va a despedirse anunciando que se va a Francia. Elena declara que a esa fecha ya conocía a Gabriel Rosales Barriga. .

Me explica Elena: «Cuando conocí a Leonardo yo venía llegando de Santiago, aún no tenía contacto con mapuches ni con gente que supiera del tema. Me ofreció asesoría para los documentales. El se quedaba una tarde y luego partía. Nunca vivimos juntos. No supe su militancia ni su actividad política. Mi relación con él fue corta y sufrí mucho. Leonardo rechazó mi oferta de trabajar para mi documental y en cambio me presentó a Renato Reyes Matus, entonces periodista de la revista mapuche Azkintuwe.»

Sentimientos

Para los acusadores, Elena Varela era perfectamente consciente de lo que hacía «Leonardo» (Juan Moreno)y se esconde detrás de sus películas. Creen que su trabajo le proporcionaba a él un manto perfecto para sus actividades. Para probar la complicidad de la realizadora, citan la grabación de una conversación telefónica entre ella y Flor Domínguez, en la cual la cineasta se queja de que Leonardo «no sienta cabeza».

Refuta Elena: «Con Flor hicimos juntas un postítulo, y nos hicimos amigas, hablábamos por teléfono. La conversación que cita el Ministerio Público era un reclamo mío, de tipo sentimental, yo no entendía porqué la relación con Leonardo no tenía continuidad ni estabilidad, yo no tenía cómo ubicarlo, me refería a eso, no a lo que él hacía, que yo desconocía por completo.»

La viuda y Elena

Implacable, acusa el Fiscal adjunto de Rancagua: «Andrea Muñoz Gaete declara que Elena pertenecía a la misma organización que Hermosilla, su marido, y que en la casa de Pucón donde vivía «Gabriel» con Elena, a quien le decían «la negra», había un mueble de madera (un barretín) en que se ocultaban armas de fuego, que después fue trasladado a otro lugar.»

Cuando fue detenida, Elena ignoraba el origen de la persecución. «El fiscal me habló en mayo de un testigo, pero yo sólo accedí a su nombre y su foto de carnet meses después. Antes era testigo protegido.» La viuda de Hermosilla y la realizadora se conocieron en 2004, cuando «Leonardo» (Juan Moreno) llevó a Elena a casa de ésta. Recuerda la documentalista: » Leonardo me dijo que tenía una gran amiga, auxiliar médico, que siempre lo atendía cuando se emfermaba. Fuimos a su casa para que él se hiciera unos exámenes médicos, relacionados con la pérdida que yo tuve. Pero ella no me recibió bien, por celos según Leonardo, porque habían tenido una relación amorosa. Sólo la vi por los exámenes. Ella nunca estuvo en mi casa, y lo que encontraron en mi estudio sólo eran cosas de utilería para los documentales.Esa mujer inventa cosas: pidió a sus cuñadas Odette y Lorena Hermosilla que mintieran a la policía sobre la presencia de Alfredo Hermosilla, su marido, en Santiago.»

El chofer de Forestal Mininco

En el juicio oral el tercer co-imputado es Sergio Reyes Matus, cuya esposa padece epilepsia y serios problemas siquiátricos. Se confesó cu lpable de integrar una organización cuyo jefe era Juan Moreno («Gabriel»), y de participación en un robo y asalto investigado. Involucró en estos hechos a Elena Varela. Dijo que «Gabriel» habló delante de ella sobre el asalto a realizarse en el norte y su necesidad de un vehículo. Declaró que después del asalto en Machalí se refugió siete días en casa de «Gabriel» y Elena que estaban deprimidos por la muerte de Hermosilla.

Ella lo desmiente: «No conozco a Sergio Reyes Matus, nunca lo vi antes de ser detenida. Yo sé que a él lo amenazaron con tomar presa a su señora y que su hijo quedaría desamparado. Sólo conozco al periodista Renato Reyes , que vive en Nueva Imperial y se desempeñó en la Municipalidad hasta el 2008. Con él trabajé un tiempo en mi documental. No sabía que eran hermanos, según Renato él no tenía familia. Sólo él pudo haber citado a su hermano Sergio a mi casa. Yo nunca lo vi, y tampoco quienes vivían y compartían conmigo. Mi casa de Pucón era mi estudio, y además de mi hija América, vivía con nosotras mi tía Gloria Jerez . El padre de mi hija viajaba los fines de semana a verla. También iban a trabajar allí días enteros integrantes del equipo técnico como el mismo Renato Reyes, Joel Zuñiga, Paola Vásquez, Carolina Campos, Benito Rivas, Frank Mardones, y Carmen Berríos. Posteriormente, Carlos Pino, Rodrigo Aliaga, ambos de Valparaíso; José Luis Sepúlveda, Mauricio Durán, Pablo Stephens, Fredie Hayes, Alejandro Contreras. Igualmente estaban siempre el lonko Necul Cariqueo (de la comunidad cacique José Guiñón), Cristina Painemal, profesora básica intercultural, y Marcelo Quintrileo, mi director de arte. Por tres años fueron mi vínculo con las comunidades en conflicto que me interesaban para la película.»

Una de las «pruebas» del fiscal contra la cineasta son llamadas por celular entre Elena y Sergio Reyes el día del asalto, en que ella «le dio instrucciones».

Elena hace su descargo: «Ahora sabemos que Sergio Reyes tenía varios celulares, pasados por Forestal Mininco. El probablemente le pasó un celular a su hermano Renato. Por supuesto yo hablaba por celular con Renato, ya que trabajábamos entonces en el documental «Miradas del Sur» sobre la orquesta sinfónica de Lautaro, dirigida por Deisi Viveros , y en otro proyecto. En el curriculum que Sergio presentó al postular nosotros al al fondo CORFO con «Tres Mujeres», figura justamente este número de celular.»

Solo de Trombón

También pretendió la policía inculpar a Jorge Alberto Cerda Contreras, un renombrado músico santiaguino, solista de trombón de la Orquesta Sinfónica Nacional. Cada año participa con la Sinfónica en la Semana Musical de Frutillar. El fiscal Servando Pérez sostiene que después del asalto en Machalí (2005) Elena Varela habló 20 minutos por celular con él para que ocultara a los delincuentes. No hay audio.

Elena replica: «Jorge Cerda y yo somos amigos y durante doce años, fuimos socios de la Escuela de Todas las Artes, y también, por un tiempo socios en la productora Ojo Films. Trabajamos juntos en las orquestas, él es solista en trombón. Siempre hablábamos por teléfono. La policía allanó con violencia su departamento en calle Bulnes. El y su señora declararon que en junio de 2005, no hubo ningún grupo de personas que llegara a alojarse a su domicilio, y explicaron que me conocen desde la universidad.»

Cuatro celulares

La Fiscalía pretende presentar como pruebas, llamadas a celulares que eran contactos habituales de trabajo de la documentalista. Uno era de Rebeca León Cisterna, directora de un magister virtual que la realizadora cursó en la Facultad de Artes de la U de Chile. Otro número pertenecía a Hernán Torres Cerna, marido de Deysi Viveros, directora de la orquesta infantil de Lautaro, con quien Elena Varela trabajó en varias oportunidades en 2004 y 2005. El tercer número cuestionado corresponde a un prepago utilizado por América, la hija de Elena.

La organización criminal, según la Fiscalía, dio dinero a Elena para adquirir un vehículo que no pudo ser ubicado. Refuta Elena Varela: «La dirección de la camioneta que compré para el proyecto en Inalco estaba mala y cambié esa Chevrolet por un Corsa. La empresa dejó la camioneta en reparaciones y después la mantuvo en exhibición en su local, la policía la buscaba en la calle y por eso no la encontraban…»

Objetivos y medios de la organización

Andrea Muñoz Gaete declara en el proceso que la organización buscaba generar vínculos con comunidades mapuche y que los asaltos eran para conseguir fondos, reagrupar al MIR y financiar la defensa de los chilenos presos en Brasil, especialmente de Mauricio Hernández Norambuena.

Por ende, la Policía de Investigaciones – aparentemente desconociendo cómo se opera en cuanto a la gestión y rendición de fondos de proyectos – supuso que la condición de Elena como ganadora de varios concursos nacionales de cine, dotados de importantes sumas de dinero, le permitía cumplir con ese objetivo de pagar la defensa de Hernández Norambuena y financiar al grupo subversivo.

Relata Elena Varela: «Para «Sueños del Comandante», leí mucho sobre el MIR y entrevisté a miristas de esos años. Me mostraron lugares donde estuvo el destacamento guerrilero el año 81.Yo vi el miedo de la gente del lugar, que aún existe, eso es fuerte, pero rescaté esa historia. Para la Fiscalía todo eso me convierte en un peligro. La ANI y la policía se creyeron su propio cuento de terror: iban armados hasta los dientes cuando me detuvieron.»

Materiales «subversivos» requisados

Recapitula Elena: «El día de la detención íbamos a subir a filmar a la montaña donde se había instalado la guerrilla para «Sueños del Comandante» . Se incautaron maletas con uniformes militares… Pero los veinte informes periciales de Criminalística de Investigaciones coinciden: no se encontraron en mi casa materiales ni documentación subversiva ni elementos para fabricar bombas o armas . »

Barría y la CIDDHH

El embajador chileno Juan Anibal Barría, Director de DDHH de la Cancillería, dirigió una carta el 7 de noviembre de 2008 a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en respuesta a la denuncia a favor de la cineasta por violaciones a la libertad de expresión, presentada por el Centro de DDHH de la Universidad Diego Portales junto a documentalistas y personalidades de la cultura. En la misiva, Barría niega los cargos y hace presente «la naturaleza de algunos objetos encontrados, que no son de uso común en una documentalista como por ejemplo, chalecos tácticos, pasamontañas y cascos».. Barría adjunta a la carta un parte de Investigaciones que en la extensa lista de objetos requisados incluye, entre otros, (sic) «2 metralletas de juguete, siete pistolas de juguete, afiches alusivos a movimientos subversivos, dos gorras color verde, dos pares de botas militares negras, un dvd titulado nehuen mapuche, un dvd titulado sueños del comandante…»

Por otra parte, dado el alto impacto que produjo el caso Elena Varela en el medio artístico, en octubre de 2008, la Cámara de Diputados aprobó por amplia mayoría, en primer trámite, un proyecto de ley enviado por el gobierno, que resguarda el secreto de la fuente para los comunicadores audiovisuales. La Presidenta Bachelet recogió de esta manera la iniciativa parlamentaria surgida de los diputados Marco Enríquez-Ominami y Alvaro Escobar, ambos del medio audiovisual y artístico.

Las filmaciones requisadas

En su carta a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el embajador Barría sostiene que el Ministerio Público respaldó todo el material filmado «para evitar su pérdida, deterioro o destrucción», rechazando la denuncia ciudadana.

Sostiene Elena Varela: «Eso es falso. Aunque la Ministra de Cultura, Paulina Urrutia solicitó que se clonara todo el material audiovisual incautado, en resguardo del patrimonio cultural y la propiedad intelectual, Investigaciones sólo le proporcionó un listado parcial de cintas. La productora Ojo Film aún espera la devolución formal, por parte de la Fiscalía de Rancagua, de nuestro catastro de 300 cintas y discos de material fílmico. Se nos dijo que las cintas fueron solicitadas por Fiscales de la Araucanía y que sólo tenían en su poder alrededor de 100 cintas. Mis entrevistados cuentan en esas cintas, por ejemplo, cómo se planificó la represión contra la Coordinadora Arauco Malleco. La Novena Región es un escenario de experimentación de cómo hacer la contrainsurgencia en democracia. Se ve en mi película lo que hizo el General José Bernales cuando estaba al mando en la zona. Eso es lo que quieren ocultar. »

Esta novela continuará.

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