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La pandemia de covid-19 agrava la crisis alimentaria en España

Fuentes: Cuarto Poder [Foto: Cola para recoger alimentos en el comedor social de la parroquia de San Ramón Nonato, en Puente de Vallecas. / Mariscal (Efe)]

Miguel Ángel Rodríguez, de Cruz Roja, asegura que “el reparto de alimentos se está disparando y el 75% de los que han acudido a nosotros en 2020 son nuevos usuarios”.

El estallido de la pandemia se ha convertido en un tsunami que se está llevando por delante todo lo que encuentra a su paso. Miles de hogares se han visto en situación de pobreza en cuestión de pocos meses, y las organizaciones humanitarias redoblan sus esfuerzos ante el aluvión de peticiones de alimentos y artículos de primera necesidad que reciben a diario. La carestía alimentaria va en aumento de la mano de una crisis económica galopante que no ha hecho más que empezar, y la previsión a largo plazo es muy preocupante, mientras las colas del hambre invaden sin remedio las ciudades del país.

La crisis alimentaria era ya un problema de primer orden -aunque algunos políticos miraran para otro lado- antes de la llegada del covid-19, y el virus no ha hecho más que empeorar unas circunstancias adversas para los grupos sociales más humildes, los que suelen padecer antes que nadie los embates de las recesiones. Familias enteras se han quedado sin recursos, y su supervivencia depende en estos momentos de la caridad y el esfuerzo de instituciones y organismos que luchan a diario para que sus vidas se mantengan con la mayor dignidad posible.

Una de las organizaciones que combate en primera línea es la Federación Española de Bancos de Alimentos. Cuenta con 54 puntos de distribución en toda España -uno por provincia, mientras Cádiz y León tienen dos cada una- y más de 3.000 voluntarios. Su portavoz, Ángel Franco, afirma que la pandemia ha “agravado” mucho la situación: “En el 2019 teníamos 1.050.000 beneficiarios, cuando terminó el estado de alarma llegamos a 1.500.000, y calculamos que vamos a cerrar diciembre con 1.800.000”.

Este aumento, de más del 70% en un año, muestra la incapacidad económica de un considerable porcentaje de la población para soportar una crisis de la magnitud del coronavirus. Muchos de ellos son ‘hijos’ de la economía sumergida, personas que no declaraban sus ingresos y que se ganaban la vida asistiendo a ancianos en sus domicilios, en mercadillos, en el sector de la construcción, la industria, o en servicios como el comercio o la hostelería. Pero el confinamiento entre marzo y junio, así como las posteriores medidas de contención que todavía siguen vigentes, han hecho mella incluso en el mercado en negro, y las desastrosas consecuencias comienzan ahora a aflorar a pasos agigantados, con una elevada demanda de donación de alimentos en todo el país.

Miguel Ángel Rodríguez, director de Comunicación de Cruz Roja, aclara que “tras la declaración del estado de alarma, pusimos en marcha un programa de respuesta al Covid-19 y ya hemos atendido a 2.700.000 personas, la gran mayoría por necesidad de comida. La demanda se ha quintuplicado desde el comienzo de la cuarentena. El reparto de alimentos se está disparando y el 75% de los que han acudido a nosotros en 2020 son nuevos usuarios, nunca habían recurrido a las ONG para pedir ayuda, ni a la nuestra ni a ninguna otra”.

La previsión de Cruz Roja es la de repartir este año más de 88,4 millones de kilos de alimentos, gracias a un programa cofinanciado en un 85% por el Fondo de Ayuda Europea para las Personas más Desfavorecidas (FEAD) y en un 15% por el presupuesto nacional. Por su parte, la Federación Española de Bancos de Alimentos, que también se acoge a las ayudas europeas y domésticas, pronostica llegar en 2020 a 192 millones de kilos -145 millones en 2019-, lo que supone un incremento del 32%. Franco matiza que estos comestibles están compuestos en un 30% de alimentos “no perecederos”, otro 30% procede de “donaciones de particulares”, y el 40% restante de la “industria alimentaria y la distribución, así como de entidades financieras que sufragan su adquisición”.

Según apunta Javier Hernando, secretario general de Cáritas Madrid, la crisis alimentaria es “parte de una situación global en la que también se incluyen la pobreza energética, las dificultades para afrontar el alquiler o la hipoteca, y los problemas de salud”. En esta asociación han observado un acusado “incremento de familias solicitando alimentos” en las parroquias o en los puntos de distribución, “desde que se iniciara el confinamiento el pasado 14 de marzo”. Hernando destaca que Cáritas ha experimentado una subida de “casi el 50% en ayudas económicas” entre este año y el pasado: “Este dato es un buen indicador del aumento de las necesidades de muchas personas. En el primer semestre de 2019 otorgamos 6110 ayudas, mientras que en el mismo periodo de 2020 llegamos a 11.057, y del 14 de marzo al 31 de octubre alcanzamos las 14.111. Destinamos estos apoyos a familias en serios apuros de alimentación, higiene, alojamiento, luz, agua o gas”.

Despensas solidarias

La crisis económica que arrastrará el covid-19 tendrá consecuencias muy graves; algunos expertos vaticinan que serán peores que las del propio virus. La incertidumbre es total y la pandemia ha pillado con el pie cambiado a los servicios sociales de las grandes ciudades, que han impulsado iniciativas sobre la marcha para apoyar a los más afectados. Pero donde no llegan las entidades municipales, como en Madrid, las asociaciones vecinales han improvisado medidas ­ -como las despensas solidarias- en los últimos meses para atender a las familias más necesitadas, con alimentos, medicamentos o productos de higiene. Mientras, la imagen de personas buscando comida en los contenedores de basura empieza a ser cada vez más habitual. El pasado 14 de noviembre, varias organizaciones sociales realizaron una concentración en la capital, ante la sede del área de Familias, Igualdad y Bienestar Social, bajo el lema ‘Madrid pasa hambre’. Los manifestantes portaban platos de comida vacíos como símbolo de protesta ante la precariedad alimentaria.

Enrique Villalobos, presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), anuncia “muchísimo incremento” en la demanda de alimentación desde el principio de la crisis sanitaria. “Los servicios sociales no llegan a todo el mundo y a esto hay que añadir un conflicto de gestión e intereses que ha generado la Comunidad de Madrid entorno al Ingreso Mínimo Vital (IMV) y a la Renta Mínima de Inserción (RMI), y todo esto está llevando a que las despensas solidarias y los bancos de alimentos estén desbordados, sin fondos, sin donaciones y con mucha gente que atender”, denuncia.

El dirigente de la FRAVM exige una ley que “atienda todas las necesidades urgentes de alimentación, suministros de energía, agua, gas y vivienda”, y muestra su “hartazgo” con una Administración regional “muy esquiva desde hace años a este tipo de asuntos”, y con sus servicios jurídicos: “Están retorciendo la RMI, que es además absolutamente insuficiente, de manera muy torticera, porque alegan que no admite otras ayudas, cuando es compatible con el IMV. Le están poniendo la zancadilla a mucha gente”.

Caída de las pymes

Lara Contreras, portavoz de Oxfam Intermón, reclama la pronta llegada del IMV a todos los hogares en situación de estrechez, para “reducir el impacto de la crisis alimentaria”. Asimismo, señala al aumento del paro y la caída de las pymes como “causa principal de la pobreza”, y recuerda que “el actual estado de semi confinamiento sigue destruyendo el tejido productivo del país”, por lo que demanda que los próximos Presupuestos Generales del Estado “contemplen un incremento en la recaudación para invertir en políticas sociales”.

En este sentido, Franco asegura que el IMV “llega a muy poca gente dentro de un contexto de desastre social”, mientras que Hernando destaca la iniciativa como “muy positiva”, pero subraya que sus “trabas administrativas” generan gran “incertidumbre” en los hogares. “Es muy duro que una familia te diga que tiene la nevera vacía, o que una madre se te acerque porque no tiene qué darle de comer a sus hijos”, puntualiza.

María Luisa Marín, directora del comedor social La Terrasseta, en Barcelona, ha detectado en los últimos tiempos una mayor afluencia de “usuarios de clase media, mejor vestidos, personas que se han quedado sin ahorros” y requieren de estos refectorios para subsistir. Paulino Alonso, responsable del comedor Ave María, en pleno centro de Madrid, también declara un “aumento de visitantes” por los estragos del Covid-19, entre los que destaca “empleadas del hogar que no tienen ningún tipo de ayuda”; y predice: “Esto se va a acrecentar, no ha hecho más que empezar: lo notamos en la crisis de 2008 y lo estamos notando ahora”. La religiosa Purificación Díaz, directora del comedor social Nuestra Señora del Rosario, en Sevilla, revela “una subida considerable -de 200 a 450- en el número de usuarios desde la pandemia”, entre los que distingue “muchas familias que se han quedado en paro”; y José María Borrallo, de la Casa de María y José, en Alcorcón, declara un incremento de “extranjeros, que llegan al 35%” de los comensales.

Hasta el 22 de noviembre, la Federación Española de Bancos de Alimentos organiza su ‘Gran Recogida’ anual. En esta ocasión, al no poder realizarse de manera física, la recolección se llevará a cabo de forma virtual con donaciones económicas en supermercados y tiendas, así como a través de la web www.granrecogidadealimentos.org.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/espana/2020/11/18/la-pandemia-de-covid-19-agrava-la-crisis-alimentaria-en-espana/