Recomiendo:
0

La poscorrupción y las crisis de Colombia

Fuentes: Rebelión

Los 11 millones y medio de votos obtenidos en la llamada consulta anticorrupción llevada a cabo en Colombia este 26 de agosto 2018, es un hecho tan positivo como importante en la lucha de masas contra el régimen corrompido y en descomposición que desde hace más tres décadas terminó tomándose paulatinamente el poder del Estado […]

Los 11 millones y medio de votos obtenidos en la llamada consulta anticorrupción llevada a cabo en Colombia este 26 de agosto 2018, es un hecho tan positivo como importante en la lucha de masas contra el régimen corrompido y en descomposición que desde hace más tres décadas terminó tomándose paulatinamente el poder del Estado colombiano en su totalidad, con todas sus «instituciones» o aparatos de hegemonía y coerción. Aprovechando el curso y la evolución del llamado conflicto interno y, el blindaje del manto del teflón o Impunidad judicial de los fiscales anticorrupción corruptos, no solo sobre el «cómo voy yo» (ceveyé) de los miles de contratos cotidianos del Estado con las familias y clanes mafiosos particulares, sino hasta en la financiación de las elecciones presidenciales o cúpula de la pirámide social; corrupción que ha actuado como un sólido cemento institucional en la sociedad colombiana.

Recordemos aquella premonitoria frase de Turbay Ayala el representante máximo del clientelismo oligárquico trasnacional de larga sedimentación histórica en Colombia, pronunciada durante su gobierno (1978-1982) cuando el huevo de la serpiente de este nuevo régimen excepcional inició su gestación: «Hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones».

Régimen que, en el curso de los años siguientes eclosionó conformado y estructurando un Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi), cuyo núcleo duro y compacto lo constituye la llamada Fuerza Pública, y que fuera desentrañado en el valioso y sustancial estudio de la investigadora Vilma Liliana Franco, Orden Contrainsurgente y Dominación. IPC. Siglo del Hombre Editores Bogotá. 2009 págs 221 ss. Cuya conformación y dinámica contradictoria se ha pretendido sepultar en el olvido, por lo que vuelvo a ponerlo al orden del día citándolo someramente: 1. Grupos económicos o fracción hegemónica. 2. Asociaciones gremiales. 3.Oligopolio de los medios de comunicación. 4. Empresas multinacionales. 5. Gobierno de los EEUU con sus bases militares. 6. El llamado «estado nacional» (rama ejecutiva, fuerza pública, burocracia judicial, miembros de la rama legislativa). 7.La amplísima y compleja «Red Local» de articulación y reproducción del poder político central. 8. La llamada economía subterránea del narcotráfico. 9. Las clases subalternas cooptadas y apoyos.

Insisto. La consulta anticorrupción que acaba de realizarse en Colombia es un paso trascendental en la toma de conciencia cívica y popular, en la movilización social y en la perspectiva unitaria para desmontar esa terrible maquinaria de terror, violencia, corrupción y descomposición social y moral que se ha tomado a Colombia. Pero considero un grave error hacerse la ilusión de que el Acuerdo de la Habana desmontó ese BPCi, o que esta consulta lo va a resquebrajar. La prueba es que el recién elegido presidente Duque votó SI en esa consulta, haciendo intentos por mostrar que no es un pelele de AUV, a pesar de que acompañó a Zuluaga, el corrompido candidato presidencial de su partido en su viaje al Brasil a negociar con Odebrecht la financiación de su campaña presidencial.

Él y la clase social que representa, encajarán el golpe electoral tratando de apropiarse de sus banderas y cooptando a los que aún faltan limándole sus asperezas. Discutirán exhaustivamente en el parlamento como sacar algunas leyes tramposas (micos) de componenda según el principio corrupto santanderista de «hecha la Ley hecha la trampa» y continuarán montando su propia gobernanza diferente a la de su antecesor Santos que considera agotada por ser demasiado dulce y, desde la Institución o aparato mediático de hegemonía saldrán innumerables análisis y notas democráticas sustentando la ficción de la «anti corrupción», con lo cual podrá continuar el rumbo económico -político ESTRATEGICO trazado por los gremios y la fracción de la oligarquía lacaya que logró la hegemonía con su elección.

Ya lo había advertido Poulantzas; el fascismo como totalidad económica y supraestructural es lo más flexible que existe. Hace concesiones tácticas y momentáneas, porque su mirada está puesta en la finalidad estratégica de un poco más de tiempo y un más allá. Lo que contrasta con la miopía cortoplacista de los socialdemócratas y de algunos llamados marxistas institucionales con el rumbo estratégico refundido.

Dos son las preocupaciones que como lo anoté en el pasado artículo, señala la agencia de riesgo estadounidense sobre los Estados Fallidos para Colombia http://fundforpeace.org/fsi/country-data/ : «el economic decline» traducible como declinación económica, cuyo índice empírico subió de 3,8 en 2006, cuando el país fue catalogado «Estado Fallido», a un modesto 4,5 en el 2018. Y el «factionalized elites» o fragmentación del grupo dominante, que de un 9,2 en 2006, subió modestamente un 7,6 en el 2018, mostrando un estancamiento a lo largo de los años analizados. Es decir, una crisis económica y política, definida empíricamente en todos sus términos.

También Poulantzas, en su estudio ya un clásico sobre el fascismo (1970) demostró la relación objetiva existente entre crisis económica y política de una formación económica social concreta con el fascismo. Lo que Bob Jessop 45 años después, amplía en su libro sobre el Estado (2016) presentando las 6 tendencias a la crisis, resultantes de la lucha de clases y las correlaciones de fuerzas:

1-Crisis de representación (modos de representación política en los siguientes tipos ideales= clientelismo, gremialismo, parlamentarismo, pluralismo, razón de Estado, o mezclas) 2. Crisis de integración institucional (arquitectura institucional de los niveles y sectores del Estado) 3. Crisis de racionalidad (modos de intervención dentro del Estado y fuera de él) 4. Crisis del Bloque de Poder (desafección, conflictividad social, conflicto social) 5. Crisis de legitimidad (unidad del Estado y su capacidad de actuar) 6. Crisis de hegemonía (define los propósitos del Estado para la sociedad en general)

¿Quién que haga un análisis serio sobre la realidad colombiana, podrá negar la presencia de estos 6 tipos de crisis en nuestra atormentada sociedad?

¿Por qué habría Duque de postergar la finalidad de resolver las diversas crisis por la que atraviesa el Estado colombiano, para la que fue puesto en su jefatura, enfrascándose en uno de los aspectos, la corrupción generalizada, y descuidando los problemas centrales y acuciosos de la unidad política gremial y la crisis central de la economía, para lo cual los gremios y las agencias financieras trasnacionales le impusieron al ministro Carrasquilla?

¿Cómo se supone que Duque y los suyos, van (nótese el plural) a evadir la fuerte presión ejercida por el departamento de Estado de los EEUU, primero para intervenir de una forma u otra sobre Venezuela, y después, adelantar la «guerra contra las drogas» tanto en Colombia, como en la región, en un contexto interno de avance y confluencia de la movilización social y de la posible continuidad del llamado «conflicto interno colombiano»?

Quizás una respuesta pueda estar en lo que la Historia ha mostrado en todos los casos: que el fascismo nace con la violencia, se consolida violentamente y concluye con guerras. En ese sentido, tomo este último párrafo del analista internacional Tony López, casi como una premonición profética, que indudablemente buscará solucionar fácilmente la compleja y contradictoria situación regional:

«Resulta muy significativa esta intensa actividad contra Venezuela, en los momentos que el presidente Donald Trump, está atravesando serios problemas internos y a escasos dos meses de las elecciones de medio tiempo en Estados Unidos, donde está en juego, ganar o perder la mayoría en Cámara y Senado. De ganar los demócratas Trump puede enfrentar un juicio político en el Congreso, el inició de un conflicto militar en Venezuela, puede ser un buen argumento para evitarlo, como lo hizo William Clinton, cuando también estuvo en una situación similar, pero desató la guerra en Kosovo y el juicio político para su destitución, desapareció de la agenda del Congreso». (http://www.pacocol.org/index.php/noticias/internacional/5750-venezuela-entre-la-guerra-economica-y-la-intervencion-militar-de-estados-unidos)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.