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La quiebra del punto

Fuentes: Argenpress

‘La guerra moderna es la percepción, que de ella tenga la sociedad’. Enseñan desde hace varias décadas los famosos manuales de guerra de la Escuela de las Américas. En últimas, no es la realidad de los acontecimientos junto con sus repercusiones dentro de la sociedad, sino la propaganda interpretativa que de estos se haga y […]


‘La guerra moderna es la percepción, que de ella tenga la sociedad’. Enseñan desde hace varias décadas los famosos manuales de guerra de la Escuela de las Américas. En últimas, no es la realidad de los acontecimientos junto con sus repercusiones dentro de la sociedad, sino la propaganda interpretativa que de estos se haga y la visión deformada que se logre esculpir en la mente y corazón de las personas, a través de la manipulación de los medios de comunicación controlados por la cúpula militarista.

Es fácil: Un articulo de opinión (que no noticia) de algún reconocido ‘politólogo’ ligado de tiempo atrás con el ministerio de defensa de Colombia, aparece en algún medio perteneciente al consorcio Transnacional de la comunicación Planeta-El Tiempo, cuyos propietarios están íntimamente vinculados con el desarrollo de la guerra en Colombia (ministro de defensa y vicepresidente de la república), y a continuación se abre un foro de opinión de ‘lectores’ (quienes en realidad son agentes de la inteligencia militar-departamento E-5 sección de guerra psicológica), dedicados a ‘reforzar’ con insultos y eliminando los comentarios en contra, la percepción del politólogo.

No importa el cúmulo de mentiras o absurdos que allí se digan. Lo importante es inculcar en la sociedad la idea de que el ejército colombiano (contra toda evidencia factual) está ganando la guerra y que ‘ahoritica si’, llegó el punto de quiebre o de inflexión que viene anunciando en sus análisis militares el docto belis Eduardo Pizarro-León-Gómez desde 1989, lo cual implica otros añitos más de sacrificio, hasta llegar a la victoria total.

Y para la muestra un botón: El matusalénico ex general del ejercito colombiano, Valencia Tovar, quien desde 1954 (¡1954!) cuando participó en la guerra estadounidense contra el Pueblo de Corea, bajo órdenes de militares USA, y después se convirtió en el puntal del militarismo colombiano para desarrollar la guerra contrainsurgente; ayer 10/ 09/ 07 escribe en el diario El País de Cali un análisis corroborando lo que digo arriba:

Dos hechos militares de resultados ‘inciertos’, dados en la región selvática colombiana, que confirman la tendencia estadística de que el 95% de la guerra en Colombia se está librando en la región andina y no en la amazonía. Uno el ataque a un campamento en la Macarena, y otro un bombardeo a una guerrilla donde al parecer murieron según la versión periodística ’13 guerrilleros y un ‘negro’. El primero presentado como la casi-muerte del guerrillero Carlos Antonio Lozada y el segundo confirmando por oídas la muerte de Acacio; son magnificados y tomados como el punto de inflexión del conflicto colombiano, mientras se minimizan hechos militares tan contundentes como lamentables de varios muertos militares en Puerto Asís y Génova.

Así describe su deseo, el viejo general, tal vez conmovido por la suerte de su imagen en el espejo de López Michelsen : ‘El golpe asestado por un elemento de la Fuerza de Tarea Omega al campamento del alias Negro Acacio tiene dos implicaciones que la obcecada cúpula de las Farc no puede minimizar: el Ejército ha demostrado capacidad de llegar hasta lejanos escondrijos selváticos y golpear a la misma cúpula de la banda en armas con efectos letales y la inteligencia estratégica comienza a dar frutos que permiten la realización de operaciones efectivas sobre objetivos específicos.

La simultaneidad del golpe militar con el revés acaecido en Quindío, que produjo once víctimas militares, no guarda equilibrio en la importancia relativa de los dos hechos, incluyendo la cobertura noticiosa que suele asignar más trascendencia a las acciones guerrilleras que a las de la Fuerza Pública, pero en este caso le ha dado al éxito militar la debida trascendencia.

Las anteriores consideraciones conducen a una realidad. Si la cúpula de las Farc conserva algo de la visión panorámica de la coyuntura actual, deberá arribar a la conclusión de que ha llegado el momento de negociar, no sólo la liberación humanitaria sino la desmovilización. Una oportunidad igual no se repite. Todavía tienen poder. La comunidad internacional apoya la negociación. Los cautivos siguen siendo una carta de gran valor para sacar ventaja, acentuada por una opinión pública que presiona cada día más un acuerdo humanitario. Proseguir obcecadamente la lucha armada equivale a descender paso a paso hacia la derrota final. ¿Lo entenderán así?’

Sin embargo la realidad es otra. Ni la insurgencia colombiana está derrotada, o replegada en el sur. Ni ‘la madre de las batallas’ con la que también sueña el general Bonet, se va a librar en la selva amazónica, sino que de acuerdo a la tendencia estadística parece será en los Andes.

Y según todos los comunicados y pronunciamientos de la insurgencia de las Farc; el intercambio humanitario de prisioneros de guerra, no será unilateral como sueña el nonagenario general Valencia Tovar, sino bilateral, y paso previo no a una desmovilización de oportunidad, sino que será parte del reconocimiento internacional de un estatus de beligerancia y de una la Solución Política (no a la guerra solamente), sino al multiforme y complejo Conflicto Social Armado colombiano, que tiene implicaciones militares, claro está que sí, pero también políticas (3º periodo del Miniführer), económicas (5.000 dueños de 5 millones de Hectáreas y 300 dueños de la bolsa de Bogotá), ideológicas (democracia popular como cultura civilizatoria),morales (la gangrena moral del país), jurídicas (reemplazo del para-Estado uribista, soberanía popular), y etc, etc.

Así pues, tenemos que la guerra en Colombia ya no es solo la percepción que de ella se esté introduciendo en la sociedad envuelta en comentarios palurdos, como enseñan los manuales militares gringos, sino el desarrollo y maduración de una realidad dialéctica y compleja de muchos años de resistencia al exterminio sistemático planeado en Washington y ejecutado desde Bogotá. Y será el análisis concreto de la realidad concreta, es decir de la ‘correlación de fuerzas’ actual y en contradicción, el que determine su orientación objetiva.