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La UE alemana y la cuestión catalana

Fuentes: Rebelión

El «ordoliberalismo» y la hegemonía alemana en la UE constituyen el modo específico de realización del capitalismo alemán en las condiciones de la mundialización capitalista. Alemania, su corazón industrial exportador europeo, ha pasado de ser un «subsistema» de EE.UU contra al Este (con más de 170 enclaves y bases militares norteamericanas en territorio de la […]


El «ordoliberalismo» y la hegemonía alemana en la UE constituyen el modo específico de realización del capitalismo alemán en las condiciones de la mundialización capitalista. Alemania, su corazón industrial exportador europeo, ha pasado de ser un «subsistema» de EE.UU contra al Este (con más de 170 enclaves y bases militares norteamericanas en territorio de la RFA) y espacio de «reciclaje del capital norteamericano» tras la II Guerra Mundial, a convertirse en la fuerza hegemónica y determinante de la UE, está tratando de configurarse ahora en potencia imperialista, en on forma de «soberanía europea», a costa de liquidar también, en dos décadas, su propio «modelo social»: la pobreza relativa ha pasado del 11% al 17% con la introducción de los minijobs, se ha duplicado el número de personas que realizan dos trabajos para vivir, los pensionistas pobres son ya el 30% y la concentración de la riqueza del país en pocas manos es ya la segunda a nivel mundial tras EE.UU.i

Desde los años 80 del siglo pasado, la RFA fue diseñando un determinado modelo de Europa estructurada en varios círculos concéntricos, a partir de un núcleo central ya constituido «del marco alemán». Las orientaciones alemanas de las políticas europeas en los años 90 (de forma violenta y acelerada tras la absorción de la RDA) parten de reestructurar el Raum, y de la idea de alejarse de las unidades nacionales hacia unidades supranacionales y regionales, con una política concertada alemana y europea de apoyo los movimientos regionales y autonómicos dentro de los estados europeos (bretones, catalanes, escoceses, etc). Uno de los mayores teóricos de la integración europea, asesor del gobierno de Kohl, el profesor Werner Weidenfeld, escribió en 1998 un artículo sobre la ligazón entre la constitución de un euro-Raum y las «ambiciones de poder político mundial de Europa».

Este tipo de teorizaciones deben tomarse en serio, dado que de alguna manera marcan el devenir real de la UE, más allá de las dinámicas retórico-europeístas «de los valores» a las que acuden sectores fundamentales del procés (y paradójicamente, también, algunos actores que se oponen al mismo). La Unión Europea no es hoy un Estado federal «incompleto», como entienden algunas izquierdas europeas, sino una superestructura paraestatal en la que los tratados funcionan como «una constitución sin Estado y sin pueblo». Esta UE cuya gobernanza neoliberal-supranacional se ha incorporado tanto a la Constitución Española (a la que apelan los miembros de la «triple alianza» -PP-PSOE-Ciudadanos- que la han vaciado de contenido) como a la Ley de Transitoriedad aprobada por el Parlament de Catalunya, ahora se propone dar un paso más.

En marzo de 2017, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker presentó el «Libro Blanco sobre el futuro de Europa: las vías para la unidad en la UE de los 27».ii En el mismo se proponían 5 escenarios alternativos para la UE de aquí a 2025, con un núcleo reconstruído alrededor del eje franco-alemán como garantía de las políticas neoliberales, una periferia intermedia con países que se resisten a dicha ortodoxia y una periferia más extrema en la que confluyen países que aún no están en condiciones de adherirse a la moneda única.

Al igual que ocurre con la presidencia alemana, la francesa asienta las aspiraciones de hegemonía europea sobre el desmantelamiento de los derechos sociales de su población, razón por la cual reciben ambos una fuerte contestación: la gran coalición alemana, (CDU-SPD), perdió alrededor de 4 millones de votos en las elecciones celebradas en septiembre de 2017, dando lugar a que, dos meses después, aún no haya podido formarse gobierno, algo que no tiene precedentes en el país desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En la Conferencia de los Embajadores celebrada en agosto en París, Macron expuso que Francia no había sido capaz de adaptarse a los cambios habidos en el mundo después de 1989 y que sería «absurdo volver al antiguo concepto de soberanía nacional. (…) El lugar de nuestra soberanía es hoy día Europa.»…»si no llegamos a la cita del multilateralismo, otras grandes potencias aprovecharán estos instrumentos»iii. Esto podría significa que en el marco definido por la crisis de la globalización neoliberal, junto con el impulso del «Nuevo Mapa» estratégico norteamericano y el nuevo marco multilateral de la mundialización del capital que incorpora la presencia de los Brics; Francia se presta a configurarse, como brazo de la UE alemana (la «soberanía europea» real) decretando la sustitución de la democracia por «el plebiscito diario de los mercados», es decir, una dictadura ilustrada supranacional en una refundada UE de orientación imperialista, en la que no cabría mas soberanía real que la de Alemania, en forma de UE alemana . Francia, con Macron, estaría aprovechado el éxito alemán para imponer por decreto un programa de reformas y recortes en beneficio de sus propias élites.

Esta es la UE real en el marco de la cual se plantea la del «soberanismo», inserto en un cruce de dinámicas que nada tiene que ver con la aspiración a la reconquista democrática de derechos sociales. Por un lado la reestructuración de los equilibrios mundiales determina un alineamiento del gobierno español con el militarismo norteamericano sin descuidar la disciplina ordoliberal, mientras que por otro los componentes enfrentados en el procés, apelan a una realidad supranacional (y antisocial) como lugar, también en mutación, en el que buscar apoyo. No hay que olvidar que, después de que Rajoy se reuniera con Trump y en pleno mes de octubre, esto es, justo cuando la agitación de banderas se hallaba en su máximo esplendor, el gobierno español enviaba a Bruselas su Plan Presupuestario para 2018, su servil petición de permiso a instancias supranacionales que intervienen de hecho al gobierno español. Dicho plan contenía, entre otras cosas, el ahorro de 1.500 millones de euros gracias a la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones. En términos más crudos, mientras intentaba azuzar los cánticos «yo soy español, español» , el gobierno no tenía reparos en sacrificar a «los abuelos españoles» para obtener el visto bueno de Bruselas, el mismo lugar en el que se ha instalado Puigdemont con el propósito de «internacionalizar el problema catalán», apelando a los valores europeos.

Y lo cierto es que cuando el depuesto president de la Generalitat afirmaba la existencia de cuestionamientos en la «comunidad internacional», y concretamente en Europa, a la acción del gobierno español y sus aliados no hablaba en vano. La cuestión que nos interesa, mirado desde una perspectiva de los y las de abajo, es cuáles son y qué planteamientos de fondo sostienen. Uno de los sujetos que ha defendido la imposibilidad de solucionar el conflicto sólo a partir de la aplicación del «orden constitucional» ha sido la fundación Konrad Adenauer, think tank vinculado al partido de Angela Merkel, la CDU, cuya aspiración, la Europa alemana del euro, presumiblemente, no tiene mucho que ver con las aspiraciones de soberanía popular en Cataluña y la posibilidad de realizar en ella los derechos sociales. Sin embargo, el ex-president ha podido ganar algo de iniciativa internacional en un terreno ya abonado, a lo largo del tiempo, por una diplomacia que no ha sido ajena a apoyos como el del financiero George Soros, uno de los grandes sostenes de Hillary Clinton en la campaña presidencial estadounidense del año pasado, y firme partidario de supeditar la soberanía de los Estados a las instituciones supracionales. Todo ello mientras Rajoy, a cuya prudencia apelaban sujetos como Donald Tusk, obtenía el respaldo total de Trump a cambio de la supeditación de España a su estrategia de dominio y militarismo.

La posición del núcleo de la UE respecto al conflicto de Cataluña está determinado por ese marco de recomposición imperialista de la UE sin que las fuerzas democráticas hayan podido materializar aún una perspectiva (realmente soberana) en España y Cataluña. Aspectos determinados, reactivos y declamatorios de nacionalismo español y catalán se retroalimentan de forma subalterna al imperialismo norteamericano y al «soberanismo» imperialista de la UE que, tiene entre sus «logros ilustrados» fundar protectorados en el sur de Europa o paraísos para la trata de esclavos en la otra orilla del Mediterráneo.

¿Qué hay para hacer frente tanto a una cosa como a la otra?

Notas:

i http://contropiano.org/altro/2017/09/17/linferno-del-miracolo-tedesco-095650

ii http://europa.eu/rapid/press-release_IP-17-385_it.htm

iii http://www.voltairenet.org/article197666.html

Francisco Sánchez del Pino y María Dolores Nieto Nieto son miembros de la Asociación Jaén, Ciudad Habitable.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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