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La ultraderecha está de fiesta en Colombia

Fuentes: Sputnik

Las recientes elecciones presidenciales en Colombia, en las que el candidato del uribismo, Iván Duque, fue el más votado y logró pasar a la segunda vuelta junto con el representante de centro izquierda, Gustavo Petro, demostraron claramente que la mayoría de los colombianos que participaron en las elecciones tiene miedo a la izquierda. Yo soy […]

Las recientes elecciones presidenciales en Colombia, en las que el candidato del uribismo, Iván Duque, fue el más votado y logró pasar a la segunda vuelta junto con el representante de centro izquierda, Gustavo Petro, demostraron claramente que la mayoría de los colombianos que participaron en las elecciones tiene miedo a la izquierda.

Yo soy un combatiente por los intereses supremos de esta patria (Álvaro Uribe Vélez, 20 de agosto 2010)

Todos estos siete millones de votantes que decidieron por Iván Duque saben perfectamente sobre ‘falsos positivos’, sobre narcotráfico, sobre paramilitarismo y la corrupción que caracterizó el Gobierno de Álvaro Uribe, sin embargo prefirieron dar su voto al ‘hijo político’ de Uribe.

Como ninguno de los dos candidatos más votados alcanzó el 50% más uno durante las elecciones el pasado 27 de mayo, los colombianos volverán a las urnas el próximo 17 de junio para elegir al nuevo presidente entre Iván Duque y Gustavo Petro, que representan aparentemente dos agendas político económicas diferentes, pero que sorpresivamente coinciden en muchos aspectos. El expresidente de Colombia Álvaro Uribe y su equipo han utilizado hábilmente a los medios de comunicación para crear una imagen negativa del candidato del partido Colombia Humana, Gustavo Petro, y hacerlo ver como un partidario del ‘castrochavismo’, que convertiría a Colombia en una nueva Venezuela.

La realidad es diferente. Gustavo Petro en una reciente declaración en la radio Caracol del 23 de mayo cuestionó la reelección de Nicolás Maduro y lo tildó de ser un «líder completamente incapaz que está instalando en Venezuela una dictadura cada vez más profunda».

Anteriormente, denunció que en Venezuela «gobiernan fuerzas de la muerte. Allá quieren seguir viviendo de exportar petróleo y acabar la vida en el planeta. Son fuerzas de la muerte, así se llaman izquierdistas». En opinión de este izquierdista colombiano, «el señor Maduro representa un proyecto adverso al nuestro en términos de democracia para América del Sur y perpetuación del poder. Allí hay una dictadura insostenible con efectos nocivos para la población y la primera misión del gobierno colombiano es ayudar a Venezuela».

Resulta que la supuesta izquierda progresista de Petro coincide completamente en su condena a Venezuela chavista con la ultra derecha de Iván Duque, quien declaró recientemente que «Colombia no puede ser cómplice de una dictadura y seguir en la Unasur por considerarla un bloque afín a Caracas».

En resumidas cuentas, ambos candidatos a la presidencia de Colombia repiten las consignas de Washington sobre la necesidad de poner fin a «la dictadura de Nicolás Maduro», convirtiendo a Venezuela en un «peligro para la seguridad nacional de EEUU y de todo el continente». En este aspecto, la candidatura de ‘izquierda’ en Colombia con Gustavo Petro a la cabeza, como lo escribió el periodista venezolano José Sant Roz, «es una fachada muy peligrosa, que en nombre de la lucha popular, sería un Caballo de Troya para intentar desmoralizar, desmontar y atacar a muerte el movimiento chavista en América Latina».

En vísperas de la segunda vuelta, los medios de comunicación globalizados pusieron hábilmente a los colombianos ante el hecho de escoger entre dos modelos político-económicos que son aparentemente distintos y opuestos. Iván Duque es un tecnócrata de 45 años identificado con los ideales de una sociedad conservadora con matices religiosos que quiere seguir el modelo neoliberal reduciendo aún más la participación del Estado en la economía del país elevando a nivel más alto la iniciativa privada.

Duque apuesta también por una rebaja de impuestos a los empresarios para facilitar la creación de nuevos puestos de trabajo sin presentar evidencia contundente sobre la existencia de una relación directa entre una rebaja de impuestos y la creación de empleo y un mayor desarrollo económico.

También el candidato de la derecha sigue apostando por la exportación minera y petrolera al igual que los gobiernos anteriores. Durante su estancia en el 30 aniversario de la Fundación Libertad, Duque señaló al presidente de Argentina, Mauricio Macri, como un «modelo a seguir».

Por su parte, Gustavo Petro se pronunció en sus discursos por una economía con mayor protagonismo del Estado y de lo público sin especificar detalles. Prometió «separar la economía de Colombia del petróleo y cobre» sin presentar un plan lógico de cómo lograría deshacerse del hidrocarburo que representa para el país su principal fuente de divisas con cerca del 33% de sus exportaciones y que genera el 4,8% de su PIB. A su vez, el carbón para Colombia representa el 15% del total de sus exportaciones y el 71% de las exportaciones mineras y da empleos a 130.000 colombianos.

En este contexto, «liberar al país de petróleo y carbón» suena a una retórica romántica sin ningún sustento científico. A la vez, su idea de «lograr un desarrollo similar al de Corea del Sur, conseguir un papel autónomo en el mercado mundial» representa una simple demagogia y el total desconocimiento de la realidad surcoreana, país ocupado militarmente por EEUU, aunque las nueve bases norteamericanas en Colombia convierten a este país igual en un apéndice militar de Norteamérica en América Latina.

Por muchas promesas que ofrezcan estos dos candidatos a la Presidencia, finalmente cualquiera de ellos que se instale en la Casa de Nariño será obligado a implementar unas políticas neoliberales impulsadas desde el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros organismos financieros internacionales que le dictarán al Gobierno de Petro o Duque las políticas que deben seguir para hacer su economía más «productiva y competitiva». El proyecto político de Iván Duque será el mismo que acompañó al expresidente Álvaro Uribe desde el 2002 al 2010.

Durante su campaña electoral, Duque habló de reestructurar los acuerdos de paz con las FARC y hacer ajustes importantes. Dijo que «tenemos que ser amables y generosos con la base guerrillera, pero tenemos que garantizar que los máximos responsables cumplan con el país. Si no tenemos eso, la paz no va a ser duradera». Por el momento, no está claro si Duque quiere hacer ajustes a los acuerdos o comprobar que se cumpla lo acordado.

Petro apoya la paz con las FARC, pero se muestra crítico con la aplicación de los acuerdos. Advierte que en Colombia «no hay un proceso de paz. Esto es un simple acuerdo para acabar con la guerra». Señala que los retrasos en la implementación de Acuerdos de Paz, los impedimentos, la detención de Jesús Santrich y, en especial, la indiferencia de la población han creado una crisis en la implementación de acuerdos.

El verdadero ‘izquierdismo’ de Gustavo Petro se mostró después del anuncio del presidente Juan Manuel Santos de que «el 31 de mayo Colombia se convertirá en la primera nación latinoamericana en ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como Socio Global».

El progresista Petro se quedó mudo y hasta ahora ha evitado cualquier comentario sobre este tema. Entendió perfectamente que lo mejor sería no tomar en cuenta la subordinación total de su país, no solamente al Ejército norteamericano sino a sus aliados también europeos para no provocar la ira de Donald Trump. Se quedó callado mientras que el Ejército de su país y sus paramilitares, que superan al medio millón de hombres armados y que consumen el 6% del presupuesto de la nación, se transformaban en la guardia pretoriana imperial en América Latina.

 Los países europeos de la OTAN deben de estar contentos pues mientras en Afganistán obtuvieron acceso al opio y a la heroína, cuya producción incrementó desde la invasión norteamericana, de 890 toneladas a 9.000 toneladas al año en 2017, ahora con la entrada de Colombia al Tratado Atlántico tendrían la facilidad de traficar la cocaína. La producción alcanzó en Colombia las 940 toneladas en 2017, superando las 646 toneladas sacados al mercado internacional en 2016 a la vista de la famosa DEA norteamericana.

Este incremento se debió al proceso de paz, resultando que los guerrilleros de las FARC, señalados por la prensa globalizada como los mayores narcotraficantes, en realidad constituían un obstáculo para el tráfico de la droga.

Además de cocaína, Colombia se convirtió en el primer productor en el mundo de la marihuana ‘creepy’ que está superando en popularidad al clorhidrato de cocaína.

También el acercamiento de Colombia a la OTAN les da ciertas ilusiones a los europeos, carentes prácticamente de hidrocarburos propios, sobre un posible acceso al petróleo venezolano. La cuestión es deshacerse del chavismo en Venezuela.

Todo esto lo saben perfectamente tanto el candidato colombiano de extrema derecha, Iván Duque, como su homólogo ‘progresista’ del centro izquierda, Gustavo Petro, pero prefieren no pronunciarse al respecto y mantener un silencio. Decía Martin Luther King que «llega un momento en que uno debe tomar una posición que no es segura, ni política, ni popular, pero debe tomar la que es correcta».

Fuente original: https://mundo.sputniknews.com/firmas/201806021079233262-situacion-politica-en-colombia-antes-de-segunda-vuelta-de-presidenciales/