13 son las mujeres protagonistas del libro Dones de foc. Internacionalistes a Catalunya (1936-1939) que publica Angle Editorial, en el que la historiadora Dolors Marín (1957), experta en historia de los movimientos sociales europeos contemporáneos, explica sus biografías. Son de orígenes y clases sociales diferentes todas con un punto en común, participaron de la lucha antifascista durante la Guerra Civil española. Un libro que pone en el centro a quienes han vivido en los márgenes de la historia, desconocidas e inexplicadas.

¿Por qué estas 13 mujeres?
Están totalmente invisibilizadas por la historia. Fue complicado escoger porque en un primer momento decidí hacer Emma Goldman, que ya la había investigado hace años y quería saber cuáles habían sido sus tres viajes al Estado español. Otra de las primeras en la que pensé hacer fue Mary Low, porque era una mujer muy joven que llegó con su compañero y que hace unos discursos magníficos y trabaja en la radio del POUM. Estas dos tuve muy claro que las quería hacer, pero se han quedado muchísimas en el cajón, algunas aparecen un poco marginalmente en estas biografías. Tengo claro que seguiré investigando sobre ellas.
¿Qué historia le ha sorprendido más descubrir?
La historia que más me ha sorprendido es la de las mujeres más anónimas. La mujer de Carl Einstein, por ejemplo, Lyda Guévrékian Einstein. Es una mujer de la que no he podido ni encontrar fotografías. Era una mujer millonaria, rica, de origen armenio, exiliada en Francia y antes en Viena y decide dejarlo todo, una vida de lujo, de bohemia también, porque son gente intelectualmente muy fuertes, para venir a ayudar a la revolución en la medida que ella sabía que eran los cuidados. Hizo de enfermera voluntaria en un hospital de sangre de Gràcia y ayudó a traducir, porque hablaba seis idiomas. Es la que más me ha impactado, porque después su marido, al igual que Walter Benjamin, se suicida en Francia amenazado por el nazismo, y ella quedará terriblemente sola y su vida cambiará mucho después de la guerra de España.
El libro une historias de orígenes diferentes y clases sociales diferentes. ¿Todas tienen algo en común?
Es bonito ver cómo la franja de edad de estas mujeres va de los veinte a los setenta. Tenemos mujeres que van al frente, otras que hacen lo que saben hacer, algunas son muy ricas, otras acomodadas, y otras que viven de su trabajo. Pero lo que tienen todas en común, es que tienen una vida anterior, un pasado muy vinculado a oficios consolidados e importantes, algunas universitarias, otras más proletarias, y que sus vidas nunca volverán a ser lo que eran. Mika Feldman, la capitana de centuria en el frente de guerra, antes era dentista; Mary Low era traductora de latín y griego y especialista en el mundo clásico; Lyda era modista de alta costura y hace cosas por las vanguardias artísticas en París.
Las únicas que harán el mismo oficio serán las tres fotógrafas que llegan a Catalunya que son Margaret Michaelis, Gerda Taro, quien hizo las famosas fotos de la playa del Somorrostro, y Kati Horna. Las tres son mujeres que ya han organizado sus propios estudios de fotografía y que viven de su trabajo y que se implican con la revolución. Cuando se vayan del Estado español, en el caso de Michaelis y en el caso de Kati, continuarán haciendo fotografía. Después de la guerra algunas no podrán hacer nunca más su oficio. Algunas se empobrecerán, como es el caso de Nancy Cunard que compromete toda su fortuna con la edición de libros y propaganda revolucionaria y convocará un supercongreso de escritores por la causa y morirá arruinada al perder todo lo que tenía en la guerra de España.
¿Qué debemos aprender de todas ellas?
Pues la valentía de luchar por lo que uno cree. Ellas pensaban que esta guerra del Estado español era el preludio de la Segunda Guerra Mundial y que el peligro de los fascismos y los nazismos era algo contra lo que ellas tenían que luchar como fuera, incluso, arriesgando su vida, como Gerda Taro que murió en nuestra Guerra Civil, y muchas otras milicianas, mujeres que su vida nunca más será lo que había sido antes.
¿Ha sido fácil seguirles el rastro? ¿Han dejado documentación?
Algunas dejaron su testimonio porque sabían que lo que habían vivido era irrepetible en la historia del mundo. Además, eran testigos novedosos en aquella época. Tenemos cartas de todas ellas, artículos, escritos. Dejaron pistas para que años después otras mujeres como yo podamos recuperar sus huellas.
¿Tenía algún otro objetivo aparte de hacerlas visibles?
Sobre todo hacerlas visibles, pero también explicar la relación que se establece entre ellas y el territorio catalán, porque todas entran en Catalunya a partir de la frontera de Portbou. Para ir al frente de Aragón, a Madrid, o para ir a València que será la capital de la república, todas ellas tendrán que entrar por Portbou, de allí ir hacia Barcelona y a partir de aquí irradiar a todo el territorio catalán. He buscado la relación de todas ellas con los edificios de Barcelona: las sedes sindicales, los lugares donde trabajan, los lugares de sus revistas, por ejemplo, y también donde viven. Lyda vivía en la calle Verdi de Gràcia.
He intentado vincularlas al territorio y entre ellas. Hacen viajes como una visita muy bonita a las Cavas Codorniu donde coinciden varias de ellas, Emma Goldman, Anita Garfunkel y su compañero, y Michaelis que era quien hacía las fotos. Es interesante ver como todas ellas se van cruzando también por todo el territorio catalán. Me parecía bien recalcar que estas mujeres internacionalistas no son turistas de la revolución, en absoluto, sino gente que se implica directamente en todo lo que está pasando. Son observadoras privilegiadas de un cambio importantísimo que se está dando en el mundo y lo quieren captar y lo quieren transmitir.
¿Qué recursos tenemos, aparte de su libro, para conocerlas?
En el caso de las fotógrafas tenemos exposiciones internacionales, catálogos, porque, por suerte, fuera de aquí fueron muy reconocidas. Es importantísimo saber, por ejemplo, la trascendencia de Kati Horna en México que consiguió hacer un grupo de mujeres con la pintora catalana Remedios Varo, gran amiga de Mary Low, y Leonora Carrington que se les llamaba las tres magas del surrealismo en México. Hacen pintura, y una imprenta de creación artística importantísima. Al ser conocidas fuera, es conocida en el Estado español a pesar de que había publicado sus fotografías en Mujeres Libres. En general, tenemos pocos recursos todavía, este es un libro de libros porque en la bibliografía pongo todo lo que ellas han publicado porque si a alguien más le interesa puede recurrir a estas memorias que están publicadas.
¿Cómo quiere que las recordemos?
Son mujeres referentes para mí y espero que para mis nietas también. Espero que ellas puedan ver cómo estas mujeres tan fuertes pusieron aquello que tenían que era su cuerpo en una revolución, y también su fuerza intelectual ya sea a través de sus memorias y artículos o en el caso de las fotógrafas de hacer fotografías para plasmar el momento.
¿Cómo podemos ayudar a la historia y la memoria de las mujeres en la guerra y la posguerra?
Tenemos que hablar con nuestras abuelas, tías, todas las que conocieron la guerra. Yo cuando me empecé a interesar por los rastros y rostros del pasado, hablaba mucho con mis tías porque salvaron una imagen importante de todo lo que había pasado. Mis primeros libros me vinieron del ambiente familiar y eran libros de la Guerra Civil, de literatura catalana de mujeres ignoradas en aquel momento, porque yo nací durante el franquismo y la transición. Gracias a las tías y al testimonio de mi abuela pudimos reconstruir toda una historia familiar que, como en toda Catalunya, era una historia de exilios, de encarcelamientos, de frentes de guerra, de partidos y sindicatos que durante el franquismo estaban prohibidos.
Hace poco, en un curso, una chica me explicó que había descubierto una vez había muerto su abuela que había sido miliciana. Le habían encontrado un carnet de conducir, cuando ellas ni sabían que conducía, y fotografías de ella vestida de miliciana. Esto nos explica la terrible represión que comportó en los primeros años del franquismo el miedo a explicar que habían sido mujeres terriblemente libres e independientes. Tenemos un país que ha olvidado la valentía, decisión y antitotalitarismo que tenían las mujeres y hombres de la generación de nuestros abuelos y bisabuelos.


