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«Las veinte remeras», un cuento egipcio escrito hace 4.000 años

Fuentes: Rebelión

El manuscrito de Las veinte remeras, conocido también como La joya del Colgante de Turquesa, data de finales de la XVII dinastía tebana (1650-1540 a.C), aunque los expertos creen que ese relato es más antiguo y se originó (como otros hallados en el papiro de Westcar) en la dinastía XII (1870-1790). Esta narración, “cargada de magia y erotismo”, ahora está en el Museo de Berlín

En esta versión[1] que realicé del mismo destaca, como es recurrente en la literatura egipcia, la figura del mago que separa las aguas tocándolas con un bastón tras pronunciar conjuros sagrados. Es muy probable que el mito de Moisés abriendo camino en el Mar Rojo esté tomado de la tradición cultural de pueblo egipcio, cuya portentosa imaginación no tenía límites. Veamos el relato:

Un día el Rey Snefru[2] bostezaba profundamente y se aburría como una ostra. Para salir de su estado de sopor mandó llamar al Gran Mago de la corte Djadjaemankh, famoso por sus ocurrencias, gracia, ingenio y picardía.

-Djadjaemankh, sácame de este estado de hastío que no lo soporto más- le dijo Snefru.

El mago se frotó las manos y vio una oportunidad para trepar. Tras acercarse al Hijo del Sol le dijo:  

– ¡Oh, Pir-o-iti!- [3] prepara una barca con las muchachas más hermosas de palacio y hazlas remar, ya verás como tu corazón se regocija.

Nada más escuchar esa propuesta, el faraón ordenó a los eunucos que le trajeran ‘veinte remeras, bellas de cuerpo, pecho firme, cabello trenzado y de vientre que nunca haya sido abierto por el alumbramiento`.[4] Pidió sólo vistieran unas ajustadas mallas de red.

El Rey se subió con ellas a la embarcación de exquisitas formas lunares y las veinte jovencitas, diez a cada lado, se pusieron a remar en el magnífico lago de palacio. Snefru quedó hechizado con la belleza de aquellas ninfas y se olvidó de todos sus problemas y preocupaciones y, como dijo su consejero, su corazón se regocijó devolviéndole las ganas de vivir.

Vestido con su faldellín blanco, el faraón seguía fascinado los sincronizados movimientos de las muchachas cuando clavaban en el agua los hermosos remos de ébano chapados en oro. En las riberas del plácido estanque crecían frondosos papiros y sobrevolaban Ibis del paraíso. De repente, Snefru se quedó absorto contemplando a la más bella del grupo de remeras y deseó inmortalizarse en aquel instante. Vivir diez mil años acunándose en aquella canoa que tenía todo lo que un dios puede desear. De repente, su favorita, la capitana, se puso pálida y dejó de remar. Al instante todas sus compañeras la imitaron y la real nave se quedó inmóvil en medio del lago.

-¿Por qué no remáis?- preguntó el faraón contrariado.

– Pir-o-iti- respondió la capitana-, se me ha caído al agua mi colgante de turquesa. Tiene forma de pez y es mi tesoro más preciado. Si no lo recupero, no vuelvo a remar.

– ¡Por favor! ¡Por favor, boga! – le suplicó el faraón-, te regalaré uno mil veces más valioso que ese.

– Imposible- contestó la muchacha-, y se quedó con los brazos cruzados.

Para salir de aquella enojosa situación, diez remeras se lanzaron al agua y estuvieron buscando el colgante sin hallar rastro de él.

Entonces el faraón, que ya estaba a punto de perder la paciencia, ordenó que viniera inmediatamente Djadjaemankh y le rogó que recuperase el adorno.

El Gran Mago alzó los brazos, dispuso su bastón, pronunció unas palabras sagradas y las aguas se abrieron dejando a la vista de todos el colgante  turquesa con forma de pez[5]. El consejero del faraón anduvo por aquel camino que había abierto, cogió la joya y se la devolvió a la joven.

Luego las aguas volvieron a su sitio por orden de aquel mágico personaje y las remeras volvieron a bogar felizmente sobre la cálida superficie del lago encendiendo de alegría el corazón del faraón.


[1] El relato de Las veinte remeras forma parte, junto a varios cuentos mágicos, del papiro Westcar, conocido también como el papiro de Berlín 30300. Dicho papiro fue adquirido por el aventurero británico Henry Westcar en 1825. Actualmente se encuentra en el Museo de Berlín. Mide 160 cms de largo y unos 33 cms de altura.

[2] Snefru, fundador de la IV Dinastía y padre de Kheops. Gobernó de 2614 a 2589 a.C.  

[3] Pir-o-iti significa algo parecido a Majestad.

[4] Traducción literal del texto.

[5] En la poesía amorosa egipcia (de gran belleza y sensibilidad) el pez y el agua suelen utilizarse como metáforas eróticas de la unión del hombre y la mujer.

Nota Esta versión del cuento de “Las Veinte Remeras” forma parte de mi obra “Novelas cortas y poesía amorosa del antiguo Egipto”, cuya reseña se puede leer siguiendo la ruta de este enlace: La Verdadera Historia de Sinuhé.  

Blog del autor: Nilo Homérico