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David contra Goliat en el S. XXI: Vanuatu y EEUU

Fuentes: Rebelión

Vanuatu, un pequeño país soberano insular en el Pacífico Sur, ha logrado que la Asamblea General de la ONU (20 de mayo de 2026) apruebe una resolución climática contra los combustibles fósiles y reconoce la necesidad de una transición fuera de los hidrocarburos, enfrentándose a EEUU, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Rusia y otros productores petroleros.

La resolución reconoce la urgencia climática y declara que la crisis climática requiere acciones inmediatas y ambiciosas para limitar el calentamiento global y proteger países vulnerables, instando  a acelerar la disminución de la extracción y producción de petróleo, gas y carbón de forma gestionada y justa, con objetivos y plazos proporcionales a sus responsabilidades históricas y capacidades. Las medidas deben respetar derechos humanos, proteger pueblos indígenas y comunidades marginadas, e incorporar enfoques de equidad intergeneracional.

Estados Unidos y los países productores de petróleo argumentaron que el texto excede la competencia política de la Asamblea General, y se resistieron a referencias que pudieran implicar responsabilidad o reparaciones.

Aunque una resolución de la Asamblea General de la ONU no tiene poder ejecutivo vinculante para obligar a los Estados a cambiar leyes o detener la producción de combustibles fósiles,  generan presión diplomática y son políticamente vinculantes en sentido político-moral, pero no crean obligaciones legales directas que los Estados deban cumplir como una ley nacional o un tratado.

Para traducirla en acciones concretas hacen falta pasos adicionales, como adoptar la resolución como declaraciones gubernamentales que integren sus principios en la política climática y planteen revisar y actualizar leyes de energía y cambio climático para establecer metas de reducción de producción y cierre ordenado de proyectos fósiles, a la vez que eliminen subsidios a combustibles fósiles y  aceleren  planes de energías renovables, almacenamiento y modernización de redes; inversión en eficiencia energética y transporte limpio.

Junto a ello deben plantearse programas de comunicación pública para explicar beneficios y costos de la transición y mecanismos de participación ciudadana para garantizar equidad, supervisión y aceptación social.

Considerando que la UE está en posición de impulsar muchas de las metas de la resolución, ya que es un mercado único grande, con legislación climática robusta (objetivos de reducción, ETS [Emissions Trading System], normas de eficiencia), capacidad regulatoria sobre productos/finanzas (due diligence, taxonomía, reglas de divulgación), palancas de gasto (fondos NextGeneration, préstamos del BEI) y diplomacia comercial para condicionar acceso al mercado, los ciudadanos debemos comprometernos e involucrarnos en políticas activas que  inciten a nuestros gobiernos y a la UE a apoyar las medidas que se incluyen en la resolución comentada y junto a ellos actuar con medidas que incluyan:

Movilización y protesta pública: manifestaciones, marchas y acciones civiles no violentas para elevar el coste político de la inacción y atraer atención mediática.

Participar y coordinarse con ONG en el apoyo y promoción de  litigios climáticos contra gobiernos o empresas que incumplan obligaciones climáticas o vulneren derechos; financiar y facilitar evidencia. Votar y presionar a representantes: apoyar candidatos y partidos  para presentar propuestas concretas a parlamentos, ayuntamientos y gobiernos (ordenanzas locales, prohibición de nuevas licencias, objetivos de producción).

Cambios de consumo y demanda: reducir consumo fósil (menor uso de vehículo privado, optar por transporte público/ciclista), cambiar dieta, exigir productos con menor huella de carbono y boicotear empresas con malas prácticas.

Impulso a soluciones comunitarias: promover energía comunitaria renovable, eficiencia energética en barrios, proyectos de calor/almacenamiento, cooperativas y bancos locales verdes.

Educación y construcción de consenso: organizar talleres, divulgación y formación para ampliar apoyo social y mitigar resistencias políticas.

El ignorar las advertencias científicas, el pasotismo y la consideración de que no somos los ciudadanos, sino los gobiernos, los que actúen, no hará sino empeorar la situación climática, no podemos olvidar que la posibilidad de actuar a tiempo se está terminando, que los desastres climáticos se volverán tan extremos que las personas no podrán adaptarse: las olas de calor, las hambrunas y las enfermedades infecciosas cobrarán millones de vidas. El cambio climático es una amenaza para el bienestar humano y la salud del planeta.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.