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Lo electoral no es una fiesta de convergencias

Fuentes: Remap

La ruptura de las convergencias electorales que resultaron inviables en Colombia, dejando algunas pocas funcionando, son la suma de ingenuidades y ausencia de una lectura política acertada en el plano electoral. Entre las principales razones es fácil detectar el error de concebir lo electoral como un espacio para el relacionamiento político y, en el caso […]

La ruptura de las convergencias electorales que resultaron inviables en Colombia, dejando algunas pocas funcionando, son la suma de ingenuidades y ausencia de una lectura política acertada en el plano electoral. Entre las principales razones es fácil detectar el error de concebir lo electoral como un espacio para el relacionamiento político y, en el caso de la FARC, como un escenario para luchar, además, contra la estigmatización.
El error no está determinado por la posibilidad de que este escenario pudiera cumplir estas funciones o pronósticos; el error lo determina la pretensión de mezclar grupos o movimientos sociales, significativos o en formación, y partidos en un mismo espacio, donde los intereses van desde lo particular hasta el romanticismo político del interés colectivo, programático.
Sumado a esta situación, está la Colombia Humana, cuya votación de opinión es un escenario de disputa donde la rapiña dejó salir lo más bajo de quienes trataron de apropiarse de su imagen por dentro y fuera de las convergencias, y que, al no conseguirlo, en varias partes del país terminaron hiriéndola de gravedad para hacerle el trabajo sucio, conspirativo, a consciencia o sin saberlo, a la ultraderecha.
Esta mezcla compleja, inmadura, implicaba realizar lecturas separadas, no generalizadas. No todos los lugares del país eran propicios para convergencias, debido a que, entre otras situaciones, en partidos como la Alianza Verde y el Polo Democrático Alternativo, desde las estructuras que los dirigen, predomina el interés electoral para beneficio propio parlamentario, esto sin mencionar las posturas ideológicas y políticas con las cuales, sin generalizar, no coincidimos.
Aunque es claro que en estos partidos, en algunos territorios o ciudades, o alguna de su militancia no comparte las decisiones de su dirigencia que rompió con las convergencias, escudados bajo la excusa de la presencia del hoy partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), a la fecha no existe comunicado oficial de sus tendencias o militancia organizada, o quizá hay alguno marginal rotando en Facebook, contra la forma como se separaron y destrozaron las convergencias.
Y hablamos de estos partidos porque, en términos prácticos, son quienes representan matemáticamente la votación y «maquinaria» consolidada en algunos territorios, pequeña o mediana, para asumir las contiendas electorales, del mismo modo que están facultados para avalar candidaturas.
De aquellos sectores o grupos sociales que quedaron o dejaron de participar de las convergencias, la realidad es que son muy pocos los que realmente representan una votación de importancia, o de opinión significativa que ayude a inclinar la balanza a favor de una propuesta alternativa electoral.
En este sentido el error radica en ver desde lo político el efecto que tendrá sobre lo electoral, y no ver desde lo electoral el efecto que tendrá sobre lo político. Se requería priorizar la meta práctica electoral antes que priorizar convergencias que no lograrían este fin por el interés particular de partidos que rompieron las convergencias, luego de incidir en éstas para que, por ejemplo, no hubiese listas cerradas al Concejo, lo cual dejó listas con voto preferente que van en contravía del interés de grupos sociales emergentes o consolidados, y partidos como la FARC y la UP (hoy UP-Colombia Humana) que no cuentan con maquinaria electoral, pero que hubiesen posicionado un buen trabajo de opinión con listas cerradas, si se hubiesen centrado desde un comienzo en ello sin ceder y pensar en las necesidades particulares de partidos como el Polo y la Alianza Verde.
Pretender lograr un equilibrio entre el relacionamiento político, la no estigmatización y el fin electoral, fue un romanticismo que replicó errores de experiencias fallidas en otros escenarios. Casi un suicidio pronosticado que alejó de la meta electoral a sectores y grupos sociales que, si bien van a obtener algunos logros, es mucho lo que perderán en la contienda electoral del 27 de octubre por las grietas ocasionadas a movimientos como la Colombia Humana, donde atambién tiene responsabilidad las decisiones de Petro que desconoció a sus bases, tal como sucedió en el Valle del Cauca con el apoyo que éste brindó a la candidata a la gobernación Griselda Janeth Restrepo.

Asimismo, para el caso de partidos como la FARC se logrará un avance en el relacionamiento político, pero será mínimo, y el cual podría haberse logrado con la creación de otros espacios o fortalecimiento de algunos, sin sacrificar la meta principal, la prioridad, el logro electoral.

Para el relacionamiento político y la no estigmatización deben abordarse o crearse espacios diferentes a las coyunturas electorales, puesto que aún no existe ni madurez política ni la buena fe de quienes convergen esperando ver qué logran para beneficio particular partidario o parlamentario; en otras palabras, al igual que con el Acuerdo de Paz, hay que estar al tanto de los resultados que vienen cuando se dialoga con un «enemigo» que traiciona, y que emplea todas sus tácticas de guerra para imponerse sobre los demás.
Un ejemplo claro de creación de espacios para el relacionamiento político lo constituyen procesos o acuerdos que dieron vida a Defendamos la paz, un escenario donde confluyen diversas expresiones sociales y partidos políticos.

El reiterativo romanticismo político con que se asume lo electoral ha significado el suicidio al olvidarse que éste es un escenario más de la guerra donde solo se sobrevive con estrategias y armas no convencionales, tanto que implica sacrificios para el bien colectivo que conllevan a poner en entredicho hasta lo que llamamos «reputación». De allí que por lo regular se termine siendo espectadores y no protagonistas en escenarios de suma importancia para generar opinión, y donde la reputación se recompone con actuaciones que tienen verdadero efecto, al lograr el objetivo, sobre la sociedad y el bien común.

No podemos olvidar que estamos frente a la cosecha permanente de una guerra desigual cuyos intereses personales y enemigos no desaparecen, y que se aprovechan del fracaso de nuestras tácticas y estrategias para seguir perpetuando desde todos los escenarios, en este caso el electoral, el statu quo con partidos que no afectan o negociarán para evitar cambios significativos en las estructuras del Estado.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.