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Estudiantes y obreros fueron sus ejes vitales

Los dispositivos subversivos de mayo del 68

Fuentes: Rebelión

La eclosión social francesa se desarrolló en un momento de crisis internacional. Fue un terremoto político, social y cultural que no se quedó encerrado en un solo país. Inspiró a miles de jóvenes del orbe que, raudamente, se lanzaron a la lucha contra el mundo colonizador, excluyente y explotador del capital.

El Mayo francés de 1968 no fue un simple movimiento «estudiantil», «espontáneo», «aislado», «utópico» y dirigido por «hijitos de papá», como quieren hacer creer a las nuevas generaciones las élites conservadoras del mundo y sus sistemas de difusión.

Al contrario, fue más bien parte de un tsunami social, cultural y político, donde jóvenes de diversos países y clases sociales se rebelaron contra el orden establecido después de la Segunda Guerra Mundial.

París se constituyó en el epicentro de esa sublevación estudiantil y obrera que se irradió por varias regiones de Francia y otros países.

50 años después, su eco aún retumba en la mente de millones los seres humanos, que aún sueñan con edificar un planeta distinto.

Los días de furia

La noche de las barricadas del 10 de mayo se constituyó en el «rugido de furia» que desencadenó la revuelta popular.

El balance de esa jornada impactó al planeta: cerca de 500 detenidos, más de 1000 heridos, alrededor de 200 automóviles incendiados y el populoso «Barrio Latino» arrasado.

Por presión de las bases, el 11 de mayo, las centrales obreras decretaron la huelga general en toda Francia. El día 13, cerca de un millón de personas protestaron en las calles de París. En la cúpula de la Sorbona ondearon tres banderas: la roja, la negra y la del vietcong. El 15 de mayo, los obreros tomaron las fábricas. Una semana después, Francia quedó absolutamente paralizada: 10 millones de obreros se lanzaron a la huelga [1].

El desenlace socio-político tuvo dos tiempos: uno inmediato y otro retardado. El gobierno francés conducido por el histórico líder Charles de Gaulle desvirtuó el movimiento y convocó a elecciones generales para junio de 1968. De Gaulle en las urnas triunfó. Sin embargo, en abril de 1969, fue derrotado en un referéndum que pretendió legitimar algunas reformas. Inmediatamente, como parte de todo ese proceso, renunció y se retiró de forma definitiva de la política.

En torno a esa realidad y al recordar sus 50 años, el debate sobre la connotación global y anti-sistémica de Mayo del 68 volvió a cobrar fuerza.

El giro ideológico-político

La cadena de acontecimientos de París de 1968, sin lugar a dudas, quedó grabada en la memoria colectiva y la historia de la humanidad con tinta indeleble.

Permaneció guardada perpetuamente en reportajes y documentales de radio y televisión; primeras planas de periódicos, fascículos, revistas y libros de la época; fotografías, graffitis y afiches, y sesudos debates teóricos.

El sociólogo Juan María Sánchez-Prieto, en su ensayo «La historia imposible del Mayo francés», narró la resonancia inmediata que generó en el campo intelectual:

«Imposible o no de explicar, es un tema poco elaborado desde el punto de vista de la historiografía, aunque reclamó enseguida una vasta producción de distinto tipo. Al terminar 1968 se habían publicado más de cincuenta libros referidos a los hechos de mayo [2]. Son libros apresurados, a menudo obra de los actores, que resultan, no obstante, necesarios para tratar de recomponer la atmósfera del momento, lo que no siempre traducen los análisis de los sociólogos, que pretendieron proporcionar enseguida una lectura académica de los hechos [3]. Estudios más recientes comienzan a proporcionar claves nuevas para entender y explicar el movimiento» [4]. 

La revuelta desencadenó una explosión ideológico-política que iluminó el camino de miles de jóvenes que lucharon e incluso murieron por la construcción de un mundo nuevo.

Su médula internacionalista

El Mayo francés fue también un grito de libertad que se extendió a escala planetaria.

Se desarrolló en una coyuntura en que las luchas anticapitalistas y antiimperialistas se internacionalizaron. 

En esa perspectiva, el historiador Eric Hobsbawm realizó una sugerente explicación de la rebelión de Mayo:

«Fue global, no sólo porque la ideología de la tradición revolucionaria, de 1789 a 1917, era universal e internacionalista, (…) sino porque, por primera vez, el mundo, o al menos el mundo en el que vivían los ideólogos estudiantiles, era realmente global. Los mismos libros aparecían, casi simultáneamente, en las librerías estudiantiles de Buenos Aires, Roma y Hamburgo (en 1968 no faltaron los de Herbert Marcuse). Los mismos turistas de la revolución atravesaban océanos y continentes, de París a La Habana, a Sao Paulo y a Bolivia. (…) Los estudiantes de los últimos años sesenta no tenían dificultad en reconocer que lo que sucedía en la Sorbona, en Berkeley o en Praga era parte del mismo acontecimiento en la misma aldea global en la que, según el gurú canadiense Marshall McLuhan (otro nombre de moda en los sesenta), todos vivíamos» [5].

Ese fue el modo en que el levantamiento francés se intrincó con otros sucesos revolucionarios.

La guerra de guerrillas en Vietnam y otras latitudes del mundo estaba en su apogeo. Para ese entonces, Ernesto Che Guevara -quien fue asesinado en Bolivia en 1967- ya era el símbolo internacional del hombre nuevo.

Una respuesta a la crisis

El Mayo francés no surgió de la nada, como rayo en cielo despejado.

Se desarrolló en una coyuntura en que el auge económico-social de la posguerra se agotó.

En 1965, según el economista Napoleón Pacheco, comenzó el «proceso de deterioro» de la época de oro que el sistema capitalista disfrutó desde fines de los años cuarenta [6].

La pugna económica e interimperialista entre Estados Unidos, Europa y Japón deterioró la arquitectura económica mundial y, en ese momento, sembró las bases de una nueva crisis nacional general.

Pese a las medidas de emergencia que los expertos adoptaron, la crisis orgánica se propagó en cadena por todos los continentes. A fines de la década del ´60 este fenómeno se agudizó y el sistema financiero internacional se derrumbó

Así, desde principios de los años 70 hasta mediados de los 80, las ganancias globales quedaron prácticamente estancadas.

Y, como siempre, los trabajadores y los pobres fueron los más afectados.

El big bang socio-político

Todo eso generó una insubordinación social compleja, diversa y de talante universal, que tuvo ciertos antecedentes y una particular lógica.

En 1962, el intento de la Unión Soviética de instalar una base de misiles en Cuba marcó un importante punto de ruptura en la aldea global.

Ese delicado hecho reactivó la Guerra Fría (1945-1991) y, por ende, tensionó las relaciones económicas, sociales, culturales y militares en varias regiones del globo terráqueo.

En ese mismo periodo, los pueblos de Guinea (1952-1958) y Argelia (1954-1962) lograron su independencia de Francia; la insurgencia angoleña venció en su cruzada «anticolonialista» (1961-1975), y la guerrilla comunista vietnamita derrotó al ejército estadounidense (1963-1973).

En 1966, China comenzó su «revolución cultural» y respaldó públicamente a otros procesos revolucionarios en el planeta.

Entre 1966 y 1970, en la India, el gobierno de Indira Gandhi lanzó medidas nacionalistas y empezó una agresiva reforma agraria.

Los enfrentamientos religiosos, nacional-étnicos y económico-políticos en los países del Medio Oriente, desde mediados de los años 60, también se radicalizaron y pusieron en cuestión la influencia estadounidense e inglesa sobre las grandes reservas de petróleo de esa región.

Los acontecimientos de Mayo del 68, dentro de esa red de hechos, fueron acompañados por la «Primavera de Praga» en Checoslovaquia (1968), el «Otoño Caliente» en Italia (1969), los movimientos «antirracistas» y «pacifistas» en los Estados Unidos y otros sucesos subversivos.

Los estudiantes y obreros franceses insurrectos, por tanto, nunca estuvieron solos.

Su vínculo con América Latina

Después del triunfo de la revolución cubana en 1959, en América Latina los movimientos guerrilleros se propagaron por República Dominicana, Guatemala, El Salvador, Colombia, Venezuela, Argentina, Chile, Uruguay, Perú y Bolivia.

En ese marco, en el corazón de América del Sur, en octubre de 1967, se produjo el asesinato del famoso guerrillero Ernesto Che Guevara, quien inmediatamente se convirtió para miles de varones y mujeres del mundo en un ejemplo a seguir.

Cuando faltaban pocos días para que se inauguren los Juegos Olímpicos Internacionales en México, en octubre de 1968, la matanza y desaparición de cerca de 300 estudiantes en Tlatelolco (ubicado en el Distrito Federal de México), impresionó igualmente al planeta y demostró que la rebeldía no era monopolio de la juventud europea.

En Argentina se suscitó también, en 1969, el «Cordobazo», un levantamiento obrero, estudiantil y popular con rasgos anticapitalistas, que culminó con la muerte de estudiantes, obreros y policías.

Esa coyuntura histórica, como se puede observar, fue crucial y difícil para el orden establecido en el continente.

Su perspectiva socialista

El Mayo francés, de ese modo, fue un levantamiento que sacudió las enmohecidas estructuras políticas y sociales del sistema impuesto después de la posguerra , donde la juventud y el movimiento obrero aparecieron como actores políticos relevantes.

En ese contexto, varios partidos comunistas y socialistas -«estalinistas» o «burocratizados», según algunas corrientes-fueron rebasados por los acelerados acontecimientos [7].

De esa manera, todo esto delineó los rasgos centrales de los hechos de principios de la década del ´70, que se caracterizaron por poseer elevados grados de conflictividad.

En Bolivia, en ese marco, se desarrolló también una experiencia explosiva que alcanzó fama mundial: La Asamblea Popular de 1971.

El denominado «soviet» boliviano fue la creación histórica de la Central Obrera Boliviana y la Federación Sindical de Trabajadores Mineros. Y los jóvenes tampoco estuvieron al margen de la organización de este órgano de poder, que tuvo el objetivo de construir el socialismo en Bolivia y el continente.

Pero, esa otra historia…

Notas

[1]   Cohn-Bendit , Daniel, Jean-Paul Sartre y Herbert Marcuse (1968) .Cronología de la semana rabiosa, en La imaginación al poder . Buenos Aires: Edic. Insurrexit. pp.4-19

[2]   Lista elaborada por Sánchez-Prieto: «Destacan, entre otros: CLUB JEAN-MOULIN, Que faire de la Révolution de Mai? Seuil, París, 1968. F. DUPRAT: Les journées de Mai 68: les dessous d’une révolution, Nouvelles Editions Latines, París, 1968. A. GLUCKSMANN: Stratégie et révolution en France 1968, Bourgois, París, 1968. A. GRIOTTERAY: Des barricades ou des reformes? Fayard, París, 1968. M. PAILLET: Table rase: 3 mai-30 juin 1968, Robert Laffont, París, 1968. W. ROCHET: Les enseignements de Mai-Juin 1968, Les Editions Sociales, París, 1968. J. SAUVAGEOT, A. GEISMAR, D. COHN BENDIT y J-P. DUTEUIL: La révolte étudiante, Seuil, París, 1968. UNEF-SNE-Sup: Le livre noir des journées de Mai, Seuil, París, 1968″.  

[3]   Sánchez-Prieto: «R. BOUDON: «La crise universitaire francaise: essai de diagnostic sociologique», Annales, 24, 1969, págs. 738-764. M. DE CERTEAU: La prise de paróle, Desclée de Brouwer, París, 1968. M. CROZIER: La société bloquée, Seuil, París, 1970. [Didier Anzieu] EPISTÉMON: Ces idées qui ont ébranlé la France, Fayard, París, 1968. A. TOURAINE: Le mouvement de mai ou le communisme utopique, Seuil, París, 1968. S. ZEOEL: Les idées de Mai, Gallimard, París, 1968″.  

[4] Sánchez-Prieto, Juan (2001). La historia imposible del Mayo francés, en Revista de Estudios Políticos, Núm. 112: abril-junio. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. pp.109-133

[5] Hobsbawn, Eric (1999). El tercer mundo y la revolución, en Historia del siglo XX. Buenos Aires: Edit. Crítica. p.445

[6] Pacheco, Napoleón (2001). La deuda externa boliviana entre 1950 y 1970: la resolución de las obligaciones antiguas, en La deuda externa de Bolivia. La Paz: CEDLA. pp.198-199

[7] Cohn-Bendit, Daniel, Jean-Paul Sartre y Herbert Marcuse (1968). La imaginación al poder . Buenos Aires: Edic. Insurrexit.

 

Miguel Pinto Parabá es periodista.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.