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En una carta a Piedad Córdoba animando a luchar por un canje humanitario

Los presos de las FARC denuncian su olvido en los medios de comunicación y las inhumanas condiciones de su encarcelamiento

Fuentes: ABP

 23 de Diciembre de 2008Carta AbiertaSenadora Piedad Córdoba. Asociación «Colombianos por la Paz»   Nuestro cálido saludo Bolivariano. Somos prisioneros de guerra confinados en la cárcel del régimen narco-terrorista de Uribe Vélez, por el «delito atroz» de luchar por «La Nueva Colombia, La Patria Grande y el Socialismo. «Senadora, es usted sinónimo de dignidad, de pueblo, […]

 23 de Diciembre de 2008
Carta Abierta
Senadora Piedad Córdoba.

Asociación «Colombianos por la Paz»  

Nuestro cálido saludo Bolivariano. Somos prisioneros de guerra confinados en la cárcel del régimen narco-terrorista de Uribe Vélez, por el «delito atroz» de luchar por «La Nueva Colombia, La Patria Grande y el Socialismo.

«Senadora, es usted sinónimo de dignidad, de pueblo, de soberanía. Y es ahí donde confluimos usted, bolívar, nosotros, personalidades e intelectuales, movimientos sociales, partidos políticos y millones de colombianos que hemos dicho basta ya de explotación, de corrupción, de entrega de la soberanía, de terrorismo de estado… Cada quien desde su escenario. El suyo, el parlamento, la universidad, la plaza pública, foros nacionales e internacionales; y porqué no, los medios de comunicación. Escenarios vedados al pueblo, y que usted con verraquera y grandeza de patria aprovecha para confrontar al régimen fascista, llamando a subvertir y a levantarse contra el terrorismo de estado.

Usted y nosotros somos conscientes de la existencia de un conflicto social y armado, que tiene sus raíces en las profundas desigualdades económicas y que las clases dominantes han tratado de resolver por la fuerza. Estamos de acuerdo en que la solución al conflicto es política, para poder así, por medio del diálogo fraterno y la Reconciliación Nacional construir la Patria que deseamos en paz y con justicia social, y no seguir transitando por el despeñadero de la guerra civil.

En esta confrontación que ya alcanza 5 décadas, se han sacrificado varias generaciones de jóvenes. El costo ha sido alto en miles de muertos, desaparecidos, exiliados, encarcelados, desplazados. Y ya, en la primera década del siglo XXI no podemos seguir siendo un pueblo de bárbaros llenos de anacronismos; es responsabilidad nuestra el construir un mejor futuro para las próximas generaciones y decir con Salvador Allende: «Se abrirán las alamedas por donde marchará el hombre nuevo.»

Consideramos que el elemento fundamental del diálogo político conducente a la apertura y ampliación del espacio democrático, lo constituye la liberación de los prisioneros de guerra mediante un acuerdo e intercambio humanitario.

Somos conscientes de que las condiciones de los retenidos en las selvas por nuestra organización no son las mejores, pues está siempre el imprevisto de un asalto, un bombardeo del ejército oficial o un irresponsable «cerco humanitario»; lo cual es duro para los llamados «políticos» expuestos también a enfermedades tropicales y a vivir en un medio no tan cómodo como sus apartamentos y oficinas, desde las cuales decretaban la guerra y cargaban al pueblo con leyes onerosas. Diferente es la situación de policías y soldados profesionales, quienes conscientemente optaron  por empuñar las armas contra el pueblo, actuando como mercenarios de un sistema injusto. Ellos sabían del riesgo que corrían y fueron derrotados en el campo de batalla. Afortunadamente están en manos de un ejército revolucionario con un profundo espíritu humanista, que les ha dado un trato digno no obstante las condiciones adversas, así por complacencia y amedrentamiento de sus jefes cuando sean liberados despotriquen contra la guerrilla.

Pero en el caso nuestro estamos en las entrañas del monstruo, que utiliza la «justicia» como revancha y la cárcel como castigo para hacernos pagar el precio de levantarnos contra la ignominia. Ante la opinión pública han hecho parecer como si el único drama dantesco fuera el de los retenidos por la guerrilla. Tinta, papel y babas han sobrado para investirlos de héroes y convertir su situación en un medio de propaganda negra contra la insurgencia, encubriendo de paso la criminalidad del gobierno, que aliado con el paramilitarismo ha anegado en sangre la geografía nacional.

Los medios de comunicación se obstinan en hacer creer al pueblo Colombiano que en el conflicto sólo existen víctimas de un sólo lado. Las víctimas del terrorismo de estado no existen en sus reportajes, ni es mencionadas nunca, por ejemplo, la situación de las mujeres y madres de familia que han decidido luchar por un futuro mejor para sus hijos y que en estos momentos se encuentran detenidas en las fosas de muerte que son las cárceles colombianas. Ellos tampoco ven ni muestran nunca los hijos de las guerrilleras farianas que se encuentran en manos del estado, niños que han nacido y crecido en cautiverio y que les toca llevar el estigma de la prisión desde su niñez, sólo por causa de la condición digna que ostentan sus madres de ser verdaderas revolucionarias.  

Toda la propaganda mediática de la que se ocupan las cadenas noticiosas afectas al dictador, trasnochando analistas políticos del corte del «cerebro gris» de la «casa de Nari», y politicastros del furibismo, son sólo una cara de la moneda, que oculta la situación de los presos políticos, prisioneros de guerra y presos de conciencia que ha producido la aplicación de la política de seguridad democrática, basada en falsos positivos, detenciones masivas, y montajes de los organismos de seguridad del estado, infiltrados por el paramilitarismo  y asociados a sapos y delatores que buscan beneficios económicos y jurídicos, amparados en el corrompido sistema de recompensas y la política de desmovilización y reinserción.A nosotros se nos da un trato diferencial. A los parapolíticos y paramilitares se les conceden prebendas y comodidades; pabellones especiales con celular y computador, con visitas de hasta tres veces a la semana. Nosotros, por el contrario, somos aislados del entorno social y familiar, enviados a cárceles alejadas en la geografía nacional con temperaturas extremas, donde nuestras familias de bajos recursos económicos no pueden visitarnos.

Con regímenes especiales: visitas conyugales cada 45 días por 40 minutos; visitas de sólo medio día quincenales, hacen recordar las penas de destierro prohibidas por la constitución. Los pabellones de presos políticos, en una medida que atenta contra nuestra integridad personal, están siendo eliminados, obligándonos de esta manera a convivir con la delincuencia común y los paramilitares, violando flagrantemente la Ley 65 de 1993 que habla de la selección y clasificación de la población reclusa. Somos víctimas de falsos positivos para ocultar la corrupción de la institución penitenciaria, haciendo montajes de fugas y supuestos complot para desestabilizar al sátrapa y a sus palaciegos. Vemos por la T.V a carniceros como Rito Alejo del Río, a parapolíticos o a jefes paramilitares conducidos por la guardia penitenciaria como si fueran sus guardaespaldas, mientras nosotros somos encadenados de pies y manos hasta para una revisión médica. A nosotros se nos viola permanentemente el debido proceso, la presunción de inocencia y otros derechos de carácter constitucional; somos exhibidos como trofeo de guerra; se nos dificulta el acceso a los abogados con los traslados a diferentes cárceles; así mismo, se nos vulnera el derecho de igualdad ante la ley negándonos beneficios jurídicos y administrativos: cambio de fase, prisión domiciliaria, permiso de las 72 horas, casa por cárcel, etc. Alargándonos el tiempo de encierro.Nos presionan para que traicionemos y reneguemos de nuestra organización, chantajeándonos con hacer más duras las condiciones de encierro y los regímenes carcelarios. Los verdaderos revolucionarios en Colombia estamos condenados en la práctica a cadena perpetua, porque desde que la justicia se inventó los delitos conexos, la rebelión es sólo la ñapa de la condena. Mientras tanto, los genocidas de machete y motosierra que sin ningún rubor reconocen hasta 2.000 homicidios gracias al esperpento jurídico conocido como «Ley de Justicia y Paz», pagan condenas de 8 años salvándose de la C.P.I por sus crímenes de lesa humanidad y legalizando de paso sus ingentes fortunas, fruto del narcotráfico, el robo al erario público, el saqueo, el desplazamiento y la usurpación de las tierras de los campesinos. Pero todas estas realidades, pan diario en las prisiones, son ocultadas e ignoradas. Los medios oficiales sólo registran las pantomimas y sainetes organizados por el estado, las marchas hábilmente manipuladas o los actos desde las prisiones promovidos por la ONG Holandesa «Manos por la Paz» que dirige Ludovine Sampolle, en donde se agrupa el muladar de traidores y arrepentidos a denigrar de las organizaciones revolucionarias, y cuyo único propósito es el de vender la tesis de que en las cárceles no hay presos políticos, ni prisioneros de guerra que quieran volver a sus puestos de combate. Senadora Piedad Córdoba y personalidades interesadas en el futuro de nuestro país, por éstas y muchas razones más, los estamos invitando desde las mazmorras del régimen a continuar y no desfallecer en la búsqueda del Intercambio Humanitario; a que junto con los estudiantes se materialice el Mandato Estudiantil por el Acuerdo Humanitario, y que con Hebe de Bonafini, Presidenta de las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina y la comunidad internacional, levantemos con fuerza la consigna para concientizar a nuestras familias, compañeros, amigos, colombianos y colombianas en general de que «!!No somos delincuentes, no somos terroristas… Somos Prisioneros de Guerra… Intercambio Humanitario Ya!!»

«Podrán atar nuestras manos, pero jamás nuestros sueños de Justicia y Libertad.»

Presos Políticos y Prisioneros de GuerraFARC-EP
Cárceles de Colombia
Diciembre de 2008