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Luchar por dignidad

Fuentes: Rebelión

Descubrir permanentes paradojas y continuas contradicciones es el principal componente de la vida, que nos ubica en el dilema de aceptar o rechazar la propuesta que se nos presenta. ¿Nos condenamos o liberamos por ideales que asumimos por dignidad? o ¿hipotecamos trágicamente nuestra existencia por priorizar un bienestar material superfluo y baladí? Las guerras perdidas […]

Descubrir permanentes paradojas y continuas contradicciones es el principal componente de la vida, que nos ubica en el dilema de aceptar o rechazar la propuesta que se nos presenta. ¿Nos condenamos o liberamos por ideales que asumimos por dignidad? o ¿hipotecamos trágicamente nuestra existencia por priorizar un bienestar material superfluo y baladí?

Las guerras perdidas de un irlandés o un romano, antiguos, han pasado a la historia por ser ejemplo de dignidad, a pesar de la derrota material.

Una idea vale más que un nombre o un hombre. Enfrentarse de manera desigual, por la verdad, la dignidad, el honor, la justicia, vale más que aferrarse a un político de moda o en el poder – que en el mejor de los casos podría durar cuatro años -, que ha logrado esa posición gracias a la traición y engaño, porque de igual manera será efímero, y crea un vacío existencial.

Hechos violentos han transformado la historia de la humanidad, que en unos casos nos han liberado del yugo (la revolución francesa, las guerras de la independencia); y, en otros para esclavizarnos (las guerras mundiales, el auto atentado a las torres gemelas). En la actualidad, los hechos violentos ya no se dan a través de guerras declaradas, sino de acciones camufladas y turbias, con efectos semejantes y más devastadores y destructivos que las mismas guerras (combate al narcotráfico en México y Colombia, o combate a supuestos gobiernos dictatoriales como los de Venezuela o Nicaragua).

Acciones políticas manipuladas y mercenarias, nos conducen a violentos enfrentamientos dentro de los grupos sociales, sin reparar que los únicos beneficiados son pequeñas élites financieras o comerciales, que controlan esos mundos. Los casos actuales y relevantes son los de Argentina, Brasil y Ecuador, donde sus presidentes y gobiernos han decidido someterse a intereses internos y externos, en perjuicio de sus propios pueblos.

Las sociedades de cada uno de estos países sabrán soportar el hambre y el caos al que son sometidos, pero al final saldrán por sus fueros de dignidad y valor, de justicia y libertad, para dar al traste con estos gobiernos títeres y traidores, con estos gobiernos violadores de los derechos humanos.

«Si me preguntan cuál es el prurito que vuelve más vicioso y criminal a un gobernante, yo responderé que el abuso de las leyes», dijo Juan Montalvo, a finales del siglo XIX, que repercute a comienzos del XXI, cuando un mediocre presidente hace tabla rasa de la constitución y las leyes vigentes, al proceder con una «consulta popular» violentando todas las normas jurídicas; hace aprobar una «ley del reparto» atropellando la normativa vigente; pactar con los delincuentes que no pagaron los impuestos y que estafaron a los trabajadores sin afiliarles a la seguridad social; prohibir el ingreso de los migrantes venezolanos, pisoteando los derechos humanos, es la demostración más palpable de la criminalidad del «gobierno de todos» … los traidores.

«Una idea, un principio podrá servir de bandera de un partido; un hombre, jamás sino a los pobres de espíritu. Patria, libertad, honra, he aquí mis caudillos; fuera de ellos, no tengo bandera. DESPRECIO TANTO A LOS URVINISTAS COMO A LOS MORENISTAS, si no les gobierna el pundonor», dijo igualmente Juan Montalvo.

«El gobierno de todos» … los traidores, no sabe de pundonor, patria, libertad, honra; solo sabe de reparto y entreguismo, que terminará en el basurero de la historia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.