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Más alla del reduccionismo, la reinvención de lo sagrado

Fuentes: www.bioef.org

Introducción Stuart A. Kauffman se dedica al estudio del origen de la vida y los orígenes de la organización molecular. Hace 35 años desarrolló los Modelos Kauffman, redes aleatorias que presentan una especie de auto-organización que él ha denominado «orden por la cara». Se hace una pregunta que va más allá de las cuestiones planteadas […]

Introducción

Stuart A. Kauffman se dedica al estudio del origen de la vida y los orígenes de la organización molecular. Hace 35 años desarrolló los Modelos Kauffman, redes aleatorias que presentan una especie de auto-organización que él ha denominado «orden por la cara». Se hace una pregunta que va más allá de las cuestiones planteadas por otros teóricos de la evolución: si la selección actúa todo el tiempo, ¿cómo podemos llegar a construir una teoría que combine auto-organización (orden por la cara) y selección? La respuesta se halla en una «nueva» biología:

«Aunque pueda parecer que el «orden por la cara» supone un reto importante a la evolución Darwiniana, en realidad no se trata tanto de retar el Darwinismo y decir que Darwin estaba equivocado. Creo que no estaba equivocado en absoluto. No tengo ninguna duda de que la selección natural es una idea brillante y primordial y una fuerza fundamental en la evolución, pero hay algunas cosas que Darwin no podía adivinar. Una es que si existe orden por la cara (si tienes sistemas complejos con propiedades de orden potentes), tienes que preguntarte algo que las teorías evolucionistas nunca se han preguntado: dando por hecho que la selección actúa todo el tiempo, ¿cómo podemos llegar a construir una teoría que combine auto-organización (orden por la cara) y selección? En la ciencia, no existe ningún cuerpo de teorías que aborde esta cuestión. No hay ningún precepto en física que lo haga, porque no hay selección natural en física (hay auto-organización). La biología tampoco lo ha hecho, porque a pesar de tener una teoría sobre la selección, ésta nunca se ha casado con ideas de autoorganización. Lo que hay que hacer es ampliar la teoría evolucionista para llegar a describir lo que ocurre cuando la selección actúa en sistemas que ya poseen propiedades robustas de autoorganización. Este cuerpo de teoría simplemente no existe» (de «Order for free», Capítulo 20, The Third Culture, 1995).

En el ensayo que se presenta a continuación, Kauffman formula una nueva visión del mundo científico sobre emergencia y creatividad incesante, que, tal y como apunta, es «maravillosa en tanto que ha llegado a ocurrir en realidad, y supone Dios suficiente para mí y para muchos, donde Dios es la creatividad del universo, de la que se deriva una ética global de respeto hacia la vida, el planeta, el milagro y la espiritualidad, al margen de un Dios trascendente».

Stuart A. Kauffman es profesor en la Universidad de Calgary, donde reparte su dedicación entre la Biología, la Física y la Astronomía. Además, lidera el Institute for Biocomplexity and Informatics (IBI) donde lleva a cabo una investigación multidisciplinar de vanguardia en biolog ía de sistemas.

El Dr. Kauffman es también profesor emérito de Bioquímica en la Universidad de Pensilvania, Socio de MacArthur y profesor externo en el Santa Fe Insitute. Es autor de «Los orígenes del orden», «Como en casa en el universo: la búsqueda de leyes de autoorganización» e «Investigaciones».

Más allá del reduccionismo: la reinvención de lo sagrado

Una gran línea divisoria separa la sociedad contemporánea entre aquellos que creen en un Dios trascendente, y los que, como yo, no creen. Actualmente en Occidente, y en todo el mundo, los grandes avances que se han dado en la ciencia desde Galileo y Newton, han generado una sociedad secular. En los segmentos cristianos y judíos de las religiones Abrahámicas, el Dios Teísta que intervenía en asuntos mundanos dio lugar durante la Ilustración al Dios Deísta que crea el universo, establece las primeras condiciones y permite que funcione según las leyes de Newton. Este Dios ya no se inmiscuía en los asuntos del hombre. En la tradición teísta, Dios se convirtió o bien en un Dios con ciertas lagunas en las que la ciencia tenía un papel, o en algo contrario a la ciencia, en un Dios que interviene continuamente en el funcionamiento del cosmos.

En Occidente, aquellos que optaron por un Dios teísta, incluyendo a los fundamentalistas cristianos con tanto poder en los Estados Unidos, se encuentran en una guerra cultural con aquellos que no creen en un Dios trascendente, es decir con los agnósticos o ateos. Podemos observar esta guerra en las duras batallas sobre Diseño Inteligente llevadas a cabo en la política y los tribunales de los Estados Unidos. A pesar de que el campo de batalla es el Darwinismo, las luchas profundamente emocionales son más básicas y fundamentales. Como por ejemplo, la creencia de mucha gente religiosa de que sin la autoridad de Dios, la moral no tiene razón de ser. En Occidente, para aquellos que siguen estos principios, parte de la pasión que subyace bajo la convicción religiosa es el temor a que los cimientos de la sociedad occidental se derrumben si no se mantiene la creencia en un Dios trascendente.

La mayoría de las personas de religión Abrahámica son musulmanas. No conozco bien el mundo islámico pero creo que su fundamentalismo también se basa en parte en los mismos asuntos morales mencionados.

A parte de todo esto, el reduccionismo surgido tras los éxitos de Galileo, Newton, Einstein, Planck y Schrödinger, y todas sus consecuencias, sobre todo, y como lo explicaré más adelante, en la física, nos ha dejado un mundo de hechos , hechos fríos, sin espacio científico para los valores. «Cuanto más sabemos del cosmos más nos parece que carece de sentido», dijo Stephen Weinberg en Sueños de una teoría final (Dreams of a final Theory). Wolfang Kohler, uno de los fundadores de la psicología Gestalt, escribió un libro a mediados del siglo 20 un libro con el acertado título: El significado del valor en un mundo de hechos (The place of Value in a World of Fact). Hace poco, durante una conversación con una profesora humanista de la Universidad de Pensilvania me sorprendió su relato sobre cómo somos una vez más un mundo sin sentido desde el punto de vista post moderno proliferante en las humanidades en Norteamérica.

Además de los que siguen a un Dios trascendente, a su autoridad en relación al significado y los valores, tenemos a aquellos innumerables humanistas seculares, hijos de la Ilustración y de la ciencia contemporánea, que se agarran firmemente a la realidad tal y como ha sido revelada por la ciencia, que encuentran valores en el amor a sus familiares y amigos, en un sentido general de la justicia y moralidad que no necesita de la palabra de Dios. Aún así, nosotros, los humanistas seculares, hemos pagado un alto precio por nuestra firme convicción de que la ciencia (reduccionista) nos muestra lo que es real. En primer lugar, no tenemos base científica demostrable para nuestra humanidad (a pesar del interesante hecho de que la mecánica cuántica en la interpretación de Copenhague asume que hay físicos con libre voluntad que eligen las características cuánticas que hay que medir y así cambian el mundo físico). Las dos culturas, ciencias y humanidades, permanecen firmemente desunidas. Igualmente importante es el hecho de que hayamos sido sutilmente desprovistos de nuestra capacidad de espiritualidad, hemos llegado a pensar que la espiritualidad se encuentra inherentemente ligada a una creencia en Dios, y que sin esa creencia, la espiritualidad es básicamente una locura, cuestionable, sin fundamento, una ilusión, una tontería.

De hecho, carecemos de una ética global que nos permita construir la estructura mítica de valores transnacionales que sostenga la civilización global emergente, tendemos, más bien, a creer en los valores de la democracia y en el libre mercado, nos encontramos en gran medida reducidos a meros consumidores. Kenneth Arrow, brillante Premio Nobel en economía y amigo mío, tomó parte en una comisión «para asignar un valor» a la conservación de los Parques Nacionales, pero fue obstaculizado en su intento, obligado a sustentar el cálculo de ese valor en la utilidad para los ciudadanos. Por lo tanto, incluso para el disfrute de la naturaleza, nos encontramos reducidos a ser simples consumidores en nuestra actual «weltanschauung» o visión del mundo.

Dos excelentes autores, Richard Dawkins y Daniel Dennett, han escrito recientemente libros argumentando en contra de la religión, se trata de El delirio de Dios (The God Delusion) y Rompiendo el hechizo (Breaking the Spell). Sus puntos de vista están basados en la ciencia contemporánea. Pero la mayor parte de las convicciones de la ciencia contemporánea siguen basadas en el reduccionismo.

Me gustaría comenzar analizando los primeros atisbos de un nuevo punto de vista del mundo científico, más allá del reduccionismo, hacia la emergencia y la creatividad radical en la biosfera y en el mundo humano. Este punto de vista emergente encuentra un lugar científico natural y espontáneo para los valores y la ética, y nos coloca a nosotros mismos como co-creadores de la enorme red de emergente complejidad que es la biosfera y la economía y la cultura humana en desarrollo. Desde este punto de vista científico, nos podemos preguntar lo siguiente: ¿qué es más asombroso, que Dios creara todo lo que existe en seis días o que el proceso natural del universo creativo ha producido las galaxias, la química, la vida, la agencia, el significado, el valor, la consciencia, la cultura sin un creador? En mi mente y en mi corazón, la respuesta de que todo surgió sin ningún agente Creador, por si solo, por su cuenta, es tan maravilloso y sorprendente que es lo suficientemente Dios para mí y espero que para la mayoría de la humanidad.

Por lo tanto, más allá de esa nueva ciencia que genera una nueva visión del mundo, nos encontramos con un nuevo Dios, no como trascendente, ni como agente, sino como la creatividad misma del universo. Este Dios trae consigo el sentido de ser uno, de unicidad, con todo el mundo y con nuestro planeta, expande nuestra consciencia y parece que nos guía hacia una nueva ética global de maravilla, respeto, responsabilidad dentro de los límites de nuestra capacidad, para todos los seres vivos y de nuestra casa, es decir la Tierra, e incluso del Sistema Solar si seguimos explorando m ás allá.

Reduccionismo

Al igual que cualquier otra visión del mundo, el reduccionismo es difícil de definir. La visión general moderna del reduccionismo ha crecido gracias al éxito de la física moderna, pero sus raíces se encuentran en la filosofía de la antigua Grecia donde todo estaba hecho de tierra, aire, fuego y agua, o de átomos. En líneas generales, el reduccionismo es esa visión que el Nobel Stephen Weinberg tan elocuentemente explica : «las flechas explicativas siempre señalan hacia abajo», desde la sociedad a los grupos pequeños, a los individuos, a los órganos, a las células, a la química, a la física, y finalmente a algo como los Sueños de una teoría final (Dreams of a Final Theory) de Weinberg, un único grupo de leyes, elegantes en su forma, como la Relatividad General, que según Weinberg lo explica todo. Un gran número de científicos contemporáneos son reduccionistas. Presionándolos, la mayoría admitirían que en general el comportamiento de un todo complejo no es más que leyes que gobiernan los comportamientos de las partes y sus interacciones. Un ejemplo muy conocido en física es la supuesta exitosa reducción de la termodinámica clásica a la mecánica estadística. Aquí la temperatura es equiparada con la principal energía cinética de las partículas, la presión con la energía pasa a las paredes limítrofes y la famosa segunda ley de la termodinámica se equipara con un «flujo» de un sistema termodinámico aislado de un menor a un mayor probable macroestado. He utilizado la advertencia del «supuesto» porque (este es un asunto demasiado técnico para exponerlo aquí) la reducción requiere la verdad de la «hipótesis ergódica» y hay alguna evidencia de que pueda ser falsa.

Con el reduccionismo se llega la convicción de que un proceso judicial que va a juzgar a un hombre por asesinato no es «en realidad» nada más que el movimiento de átomos, electrones, y otras partículas en el espacio, hechos cuánticos y clásicos, y que finalmente podr á ser explicado por la teoría de las cuerdas.

Más allá del reduccionismo

Comenzamos con una duda que se da cada vez más entre muchos físicos y es si el reduccionismo por si solo es suficiente. El Premio Nobel Philip Anderson escribió en 1972 un célebre artículo titulado «Más es Diferente» («More is Different«), donde argumentaba que el reduccionismo es maravilloso pero no suficiente. Un ordenador que computa un algoritmo complejo puede que esté hecho de transistores o de cubos de agua (puede funcionar con diferentes plataformas físicas). Sin embargo, reducir el ordenador hasta su base física particular no es suficiente para explicar el ordenador. El alejamiento del reduccionismo por parte de los físicos es más pronunciado entre físicos del estado sólido que trabajan con metales, cristales, vidrio hilado y sistemas con muchas «simetrías rotas«. Robert Laughlin, físico del estado sólido y Nobel de física, argumenta enérgicamente en contra de la total eficacia del reduccionismo en Un Universo Diferente (A Different Universe). Los físicos que se posicionan a favor de un reduccionismo firme son, como el propio Weinberg, en su mayoría físicos de partículas de altas energías que buscan esa teor ía final (es decir, la teoría de las cuerdas).

Pero es precisamente en la misma teoría de las cuerdas donde están surgiendo las dudas. En un primer momento existía la esperanza de que fuera descubierta una única teoría de la cuerda, que explicaría la gravedad cuántica de todas las fuerzas y partículas conocidas. Esta teoría única de la cuerda sería la respuesta al sueño de una teoría final de Weinberg. Pero actualmente, existen 10500 teorías de las cuerdas. La esperanza de una única teoría está desapareciendo y una serie de físicos de la alta energía están abandonando el reduccionismo porque buscan esa única teoría. Por ello, Leonard Susskind, en el Paisaje Cósmico (Cosmic Landscape) propone un multiverso de «universos de bolsillo«, cada uno con una teoría de la cuerda escogida al azar, y un escenario de estos «universos de bolsillo» respecto a aquellos cuyas leyes son propicias a la vida.. Como anotación crítica añadiría que parte del movimiento de Susskind es un intento de explicar la existencia de 23 constantes físicas como son la velocidad de la luz, la ratio del electrón respecto a la masa del protón, etc. Nadie sabe de dónde vienen estas constantes o cómo explicarlas. El propio Weimberg utilizó por primera vez la palabra «antrópico«. De acuerdo con esta idea, existen muchos universos y solamente aquellos con constantes que apoyan la evolución de la vida inteligente tendrán semejante vida, capaz de preguntarse sobre los valores de esas constantes.

En una palabra, muchos físicos, pero no todos, están abandonando la idea del reduccionismo como único principio científico para explicar las propiedades del mundo. En su lugar se está generando una nueva visión científica del mundo: la Emergencia.

Emergencia

En términos generales, la emergencia puede entenderse de dos maneras, emergencia epistemológica y emergencia ontológica. La primera establece que los sistemas complejos son demasiado complejos como para poder ser explicados a través de prácticas reduccionistas, pero a nivel ontológico, el reduccionismo es válido. La visión ontológica supone la aparición de nuevas entidades con propiedades específicas y poderes causales que forman parte del mobiliario del universo. Apoyo incondicionalmente esta visión y a continuación presento una serie de ejemplos que parecen apoyarla.

1. El origen de la vida y la imposibilidad de que pueda ser reducido a algo meramente físico.

En realidad, no sabemos cómo o dónde surgió la vida, a pesar de que la mayor parte de los científicos creen que la vida en la Tierra comenzó hace aproximadamente 3.800 millones de años, justo después de que el planeta se enfriara lo suficiente como para que pudiera formarse agua líquida. Alternativamente, la vida pudo haber empezado en cualquier otro sitio y llegar aquí a través del espacio, tal y como apunta Crick en su concepto de Panspermia.

Hay varias visiones alternativas acerca de cómo la vida emergió en la Tierra, aunque ninguna de ellas suficientemente fundada. La primera visión se apoya en las propiedades extraordinarias de la doble hélice del ADN y el ARN, asumiendo que una hebra simple de ARN puede servir como réplica de las bases de nucleótidos A, U, C y G, al emparejarse con la secuencia del molde y ligándose con enlaces fosfodiester 3´, 5´ que permiten replicar el patrón; a partir de ahí, las dos hebras se separan, y el ciclo comienza de nuevo. 40 años de duro trabajo no han tenido éxito por razones químicas. Pero la mayor ía no duda que la vida empezó de este modo.

La segunda postura es la visión del «Mundo ARN«. Se descubrió que las moléculas de ARN pueden, además de llevar información genética, actuar como enzimas, acelerando las reacciones químicas. Se están llevando a cabo trabajos con el propósito de crear una enzima de ARN, o ribozima, que pueda copiar cualquier molécula de ARN, incluyendo ella misma. La probabilidad de que una molécula de ARN pueda catalizar una determinada reacción es aproximadamente de 10/1015. Puede ocurrir que esa molécula aparezca por casualidad, pero en ese caso, debería enfrentarse a la dificultad de que al irse a copiar a sí misma cometiera errores, de modo que las copias sucesivas añadirían más errores a la copia inicial, provocando una catástrofe de errores fuera de control. En resumen, dicha mol écula podría no ser estable con la evolución.

La tercera postura es la visión del «lípido», en la que las esferas huecas compuestas por lípidos organizados en bicapas, denominadas liposomas, pueden crecer y dividirse. Este hecho se ha demostrado a nivel experimental. Es plausible que formen parte del origen de la vida.

La cuarta postura es la mia propia y la de Freeman Dyson, y puede tener que ver con el origen de la vida. Yo establecí que la vida celular se basa en la autocatálisis colectiva, donde la catálisis es la aceleración de una reacción química. Imaginemos dos polímeros, A y B, donde cada uno cataliza la formación del otro a partir de fragmentos del otro. Eso es autocatálisis colectiva. Ninguna molécula cataliza su propia formación, sino que es el set (de moléculas) en su conjunto que se autocataliza de forma colectiva, logrando el cierre catalítico. De hecho, las células se autocatalizan colectivamente. Reza Ghadiri ha hecho pequeños sistemas de proteínas de autocatálisis colectiva, y Gunter von Kiederowski ha conseguido sistemas de ADN de autocatálisis colectiva. Así, químicos muy buenos han conseguido la auto reproducción de pol ímeros a nivel experimental en laboratorios.

Mi teoría establece esta posibilidad y a partir de ahí se pregunta si, en un set grande de polímeros que pueden actuar como sustratos y productos de reacciones y al mismo tiempo como catalizadores de esas mismas reacciones, podría esperarse que esos sets auto catalíticos surgieran «espontáneamente». Sorprendentemente, la respuesta puede ser afirmativa, dependiendo del ratio de reacciones en el sistema entre la diversidad propia de polímero, y la distribución de capacidades catalíticas en las reacciones que tienen lugar entre el mismo set de polímeros. En modelos simples, a medida que la diversidad de los polímeros aumenta, se produce la catalización de tantas reacciones que existen grandes posibilidades de que se formen sets autocatalíticos de forma espontánea. Esta parte de la teoría está pendiente de validación, aunque puede validarse a través de las publicaciones de ADN aleatorio, ARN y proteínas.

La quinta teoría supone el metabolismo previo. Morowitz cree que el metabolismo puede crear por si mismo ciclos autocatalíticos, y de hecho lo hace, y ese metabolismo y autocatálisis aparecen en primer lugar.

Claramente, ninguna de las cinco teorías presentadas es la adecuada. Pero uno tiene la sensación que la ciencia avanza hacia posibles rutas del origen de la vida en la Tierra. Si pudiera formularse y validarse alguna combinación de metabolismo, autocatálisis de polímeros y lípidos en una nueva «Química de Sistemas», podr íamos encontrar las respuestas que buscamos.

Imaginemos que lo hacemos. Sería sin duda un triunfo científico. Pero si se formaran tales sistemas autoreproductivos y evolutivos, ¿serían emergentes a nivel ontológico con respecto a la física? Creo que la respuesta es sí. Darwin nos enseñó acerca de la selección natural y la evolución. No conocía las bases de la auto reproducción o la variación heredable. Pero conocidos estos, la evolución por selección natural continúa. Dichas formas de vida evolutivas estarían sujetas a la ley de Darwin, la cual aparece sólo en el caso de entidades capaces de auto reproducción y variación heredable. Esto claramente parece ser emergencia ontológica, sin posibilidad de reducirse a física. Como el ordenador de Anderson, capaz de funcionar con transistores o cubos de agua, la selección natural de Darwin puede funcionar con múltiples plataformas físicas, en las que las entidades bajo selección cuentan con sus propios poderes causales, y la selección natural no puede ser reducida a ninguna plataforma f ísica específica.

De hecho, es posible que pequeños cambios en las constantes que utilizan los físicos pudieran dar lugar a universos en los que podría obtenerse vida, variación heredable y selección natural. Hay que tener en cuenta que mientras que el físico puede deducir que un set de moléculas es auto reproductor, tiene variaciones heredables y sigue la selección natural, uno no puede deducir la selección natural de la física específica de cualquier entidad concreta, o incluso de este universo, por si sola. En resumen, la selección natural de Darwin es una ley nueva que funciona a nivel de entidades auto reproductoras con variación heredable, independientemente del sustrato físico. En contraste con la propuesta de Weinberg, aquí las flechas explicativas van de abajo arriba, desde las moléculas a la evolución de los sistemas vivos de moléculas a través de la selecci ón natural.

2. Somos agentes.

Ahora estás leyendo este artículo, presuntamente con propósito. Eres capaz de actuar por ti mismo. Eres el más claro ejemplo del concepto de agencia. Es completamente extraordinario que la agencia haya aparecido en el universo por si misma. Los propios sistemas modifican el universo. De la agencia se derivan valor y significado. Este artículo puede ser o no interesante para ti, de ahí que sea o no valioso. Puede que cambie tu visión del mundo, en cuyo caso tendría un profundo significado.

Es interesante preguntarse cuál es el sistema físico mínimo capaz de actuar como agente. En «Investigaciones» pretendía dar respuesta a esto, proponiendo que un agente molecular mínimo es un sistema capaz de reproducirse y llevar a cabo al menos un ciclo de trabajo en un sentido termodinámico. No voy a entrar en las ramificaciones de esto, aunque son extrañas e importantes. En este sentido, una bacteria «nadando» en glucosa y llevando a cabo ciclos de trabajo, es un agente; la glucosa tiene valor y significado para la bacteria, sin que esto suponga conciencia.

Por supuesto es la selección natural la que ha conseguido esta unión. Si embargo, el lenguaje teleológico ha de empezar por algún sitio, y yo apuesto por situarlo al comienzo de la vida. O bien aquí, o más tarde en el sendero evolutivo, aparecen los valores y el significado en la biosfera. Estos términos también son ontológicamente emergentes. Tenemos un lugar natural para los valores en un mundo de hechos, dado que el mundo no puede reducirse sólo a hechos: los agentes actúan en el mundo, y las acciones no son sólo hechos, dado que la propia acción es un subconjunto de consecuencias causales de lo que ocurre durante un acto, y dicho subconjunto no puede deducirse de la física.

3. Tenemos conciencia.

Esto es, tenemos experiencias del mundo. Los filósofos las denominan «qualia«. Durante muchos años, los filósofos de la mente han tratado de argumentar que esas experiencias son «fantasmas en la máquina». Esto es falso.

Somos, de hecho, conscientes. Sea lo que sea lo que explique la conciencia, ha de ser ontológicamente emergente. Hay tres visiones radicalmente diferentes sobre la causa de la conciencia, ninguna de las cuales se sabe que sea cierta.

La primera en Occidente supone que la mente se deriva de una conexión directa con la mente de Dios (la visión de Agustin de Hipona, y para mi asombro, no muy alejada de la de Schrödinger, uno de los inventores de la mecánica quántica). En el Budismo Tibetano, la conciencia es un continuo, y eso garantiza la reencarnación. La segunda visión, predominante entre los científicos cognitivos, asume que la conciencia aparece cuando un número suficiente de elementos computacionales están interrelacionados entre ellos. Bajo esta teoría, la mente es una máquina y podría entenderse como un conjunto complejo de cubos de agua derramando agua uno sobre otro. Yo simplemente no puedo creer que esto sea así. No puedo desaprobarlo, pero puedo ofrecer argumentos en contra. Según esta visión, la mente es algorítmica. Al igual que Penrose, en «La Nueva Mente del Emperador», (The Emperor’s New Mind) creo que la mente no es algorítmica, a pesar de que puede actuar de forma algorítmica. Si no es algorítmica, entonces, la mente no es una máquina y puede que la conciencia no aparezca en un sistema clásico (en sentido opuesto a un sistema cuántico). Penrose basa su argumento en la afirmación de que a la hora de conseguir una demostración, un matemático no sigue un algoritmo. Creo que está en lo cierto, pero el ejemplo no es muy acertado, dado que evidentemente la demostración en sí misma es un algoritmo y ¿cómo sabemos que el matemático no ha seguido inconscientemente un algoritmo para encontrar la demostración?

Mis argumentos parten de condiciones más humildes. Hace años coloqué mi ordenador en mi mesa, enchufado en una toma a nivel de suelo. Temía que mi familia tropezara con el cable y tirara el ordenador de la mesa y lo rompiera. La descripción de la mesa es la siguiente: 3×5 pies, compuesta por tres tableros de madera, patas talladas, pintura desconchada con la superficie de madera al aire, un número indefinido de manchas, dos grietas, una mancha a 7 pies de distancia de la chimenea, 11 pies de la cocina, 365.000 millas de la luna, una hoja rota en la mitad de un tablero…Esto sirve para hacerte una idea de que no hay una descripción finita de la mesa (asumiendo variables continuas de espacio-tiempo).

Por eso llegué a una solución. Enganché el cable en una de las grietas y tiré fuerte de forma que mi familia no fuera capaz de tirar el ordenador de la mesa. Me da la sensación de que no hay forma de convertir esta actuación mental Herculiana en un algoritmo. ¿Cómo se podrían delimitar las características de una situación de forma finita?, incluso, ¿cómo podría detallarse a nivel cuantitativo el listado infinito de características de una mesa? No se puede. Por eso, me parece que en realidad no se utilizó ningún algoritmo. A nivel más general, todos estamos familiarizados con la formulación de problemas. ¿Piensas, aunque sea remotamente, que tu esfuerzo es un procedimiento efectivo «mecánico» o algorítmico? Yo no lo creo. Tampoco sé cómo probar que una determinada actuación no es algorítmica. ¿Qué podría valer como prueba? Así que esta es mi convicción, no demostrada, pero creo que potente, en todo caso. Si es cierta, entonces la mente no es una máquina.

La tercera concepción sobre la mente y la conciencia, la cual apoyo de forma provisional, está relacionada con el comportamiento cuántico. La respuesta normal del físico es que los efectos cuánticos no pueden darse a temperatura corporal. Así, Schrodinger al decir lo siguiente, se refiere también a la conciencia, «me he convertido en Dios». Sin embargo, teoremas recientes en informática cuántica y algunos hechos descubiertos en relación con el molde de las células ponen en duda esta conclusión. Los teoremas muestran que si se trabaja y se hacen mediciones en un ordenador cuántico, sus qubits (bits cuánticos) pueden presentar coherencia a nivel cuántico, cuando en realidad deberían presentar «decoherencia» acorde con el comportamiento clásico. Por eso, si se trabaja en un sistema, en principio partes del mismo pueden presentar coherencia cuántica a temperatura corporal.

Pero las células desarrollan trabajo termodinámico y pueden ser capaces de llevar a cabo mediciones y trabajar para mantener algunas variables coherentes a nivel cuántico. En segundo lugar, las células están repletas de proteínas y otras moléculas, y el agua entre dichas moléculas presenta orden, al contrario que ocurre con un líquido normal. Este podría permitir coherencia cuántica a nivel físico en las células. No se sabe. Merece investigación por derecho propio. Mientras, una teoría aproximada puede ser que la mente es no causal (la mecánica cuántica es no causal en la interpretación de Born sobre la ecuación de Schrodinger, para pena de Einstein), que la conciencia se debe a un estado especial donde un sistema se desenvuelve continuamente entre el comportamiento clásico y el comportamiento cuántico, que la emergencia del comportamiento clásico en el sistema mente-cerebro, quizás por decoherencia, es «la mente que hace real» lo que ocurre en el mundo físico, y (un gran salto), que la conciencia en si misma consiste en este estado cuántico coherente tal como es vivido por el organismo. Este es un gran salto, pero no imposible. No creo que sea más estúpida que otras teorías sobre la conciencia, y puede ser cierta. En cualquier caso, la conciencia es ontológicamente emergente en este universo.

La biosfera y la cultura humana son incesantemente creativas de forma que no pueden predecirse

El tercer y sorprendente tema que está emergiendo en esta visión de un nuevo mundo es que la biosfera y la cultura humana son incesantemente creativas de tal forma que son prácticamente impredecibles y presumiblemente no algorítmicas o máquinas.

Voy a comenzar por las adaptaciones y preadaptaciones Darwinianas. Si alguien hubiera preguntado a Darwin cual es la función del corazón, hubiera respondido, «bombear sangre». Es decir, la consecuencia causal de la elección del corazón mediante selección natural es bombear sangre. Pero el corazón produce sonidos. Esto no es la función del corazón. Por lo tanto, la función del corazón es un subconjunto de sus consecuencias causales y debe ser analizado en su conjunto, como organismo completo en su entorno selectivo. Una vez más, esto significa que la biología no puede ser reducida a la física, porque aunque la teoría de las cuerdas pudiera (aunque a día de hoy no puede) deducir todas las propiedades de un corazón determinado, no podría obtener cual es su principal propiedad de bombear sangre. Pero es esa propiedad la que cuenta para que existan corazones en la biosfera.

Una preadaptación Darwiniana es una consecuencia causal de una parte de un organismo sin significado selectivo en un entorno normal, pero que podría tener cierta utilidad en un entorno excepcional, y por lo tanto, convertirse en sujeto de selección natural. En este caso, el órgano ha sido «preadaptado» para esta nueva función en la biosfera. Un ejemplo excéntrico sería el de la ardilla Gertrudis que resultó tener un solo mutante dominante mendeliano que le proporcionó aletas de piel a ambos costados (las preadaptaciones darvinianas no necesitan generalmente depender de nuevas mutaciones, pero yo las he utilizado para mi amiga Gertrudis que vivió en Guatemala hace 65.394.003 años). Gertrudis era tan fea que el resto de ardillas no quería jugar ni comer con ella. Se encontraba un día subida a un árbol de magnolia triste y sola comiendo su almuerzo cuando Berta, un búho primitivo que desde un pino cercano espiaba a Gertrudis pensó al verla: «comida», se lanzó hacia Gertrudis con sus horribles garras extendidas… Gertrudis estaba aterrorizada. De repente, saltó del árbol, con sus patas extendidas de par en par y voló. «¡Aaaa!» gritó Gertrudis, mirando incrédula mientras volaba. Y así logró escapar de la desconcertada Berta. Gertrudis se convirtió en la heroína de su clan, y en apenas un mes, se casó por lo civil con una apuesta ardilla, y gracias a su mutación dominante toda su descendencia tuvo también aletas de piel similares. Y así es cómo las ardillas voladoras comenzaron su existencia en la biosfera. Me gusta mucho Gertrudis.

En el entorno apropiado, prácticamente cualquier característica existente de un organismo puede convertirse en sujeto de selección natural, y si resulta elegido, una nueva funcionalidad surge en la biosfera y en el universo. Ahora bien, la pregunta fundamental es: ¿piensas que se podría predecir o preestablecer de forma limitada, todas las posibles preadaptaciones darvinianas de las especies existentes hoy día o incluso de los seres humanos? No he encontrado a nadie que pudiera responder que sí. No sé cómo demostrar mi convicción de que la respuesta es «no», pero parte del problema es que no podemos preestablecer de forma limitada las características más relevantes de todos los entornos de posible objeto de selección para todos los organismos.

Pero la incapacidad para preestablecer las posibles preadaptaciones no está ralentizando la evolución de la biosfera allí donde están teniendo lugar las preadaptaciones. Incluso se está dando la existencia y proliferación de nuevas funcionalidades en la biosfera. El hecho de que no podamos preestablecerlas es esencial y al mismo tiempo, una limitación esencial al modo de hacer ciencia que nos enseñó Newton: preestableciendo las variables relevantes, las fuerzas que actúan entre ellas, las condiciones iniciales y limítrofes, y calculando la futura evolución del sistema…o proyectil. Pero no podemos preestablecer las características causales relevantes de los organismos en la biosfera, puesto que no conocemos las variables relevantes. Por lo tanto, no podemos escribir una serie de ecuaciones para calcular la evolución temporal de estas variables. Nos encontramos excluidos del movimiento newtoniano. En resumen, la evolución de la biosfera es totalmente desconocida, y no es debido a lanzamientos cuánticos de los dados, o al caos determinista, sino porque no podemos preestablecer las características macroscópicas relevantes de los organismos y entornos que nos llevarán a la emergencia de nuevas funciones en la biosfera con sus propias propiedades causales alterando la evolución futura de la biosfera. De este modo, la evolución de la biosfera es totalmente creativa, incesantemente creativa, de forma que no puede predecirse. Me parece extraordinario.

Creo que este hecho significa que la evolución de la biosfera no es algorítmica. No puede ser simulada con espacios de tiempo y mecanismos cuánticos.

Las mismas preadaptaciones Darwinianas se producen en la evolución de la economía. Esta historia se refiere a los ingenieros que intentaban inventar el tractor, éste necesitaba un motor enorme. Intentaron colocarlo en un chasis tras otro pero todos acababan rompiéndose. Hasta que un ingeniero comentó, «el motor es tan grande y rígido que podemos utilizar el propio motor como chasis». Y es así como se fabrican los tractores. La rigidez del tractor era una preadaptación darviniana, una característica causal útil para una nueva función. Su descubrimiento fue un auténtico invento. Pero esto significa que la evolución tecnológica de la econosfera tampoco está definidamente preestablecida, ni es supuestamente algorítmica. Es incesantemente creativa, aumentando de los 1000 bienes y servicios digamos de hace 50.000 años hasta los 10 billones, quizás, de hoy en día.

La cultura humana es, en general, incesantemente creativa en tanto que la biosfera y la cultura se expandan en lo que yo llamo el «Adyacente Posible». El hecho es que en niveles de complejidad por encima del átomo, el universo no ha tenido tiempo de realizar todos los posibles objetos complejos, por ejemplo todas las proteínas de una extensión de 200. El universo, a este nivel de complejidad, se encuentra en una trayectoria única. Por ello cuando mi amiga Gertrudis voló, cambió las características materiales y conductuales del universo en evolución. También lo hizo Picasso.

De manera asombrosa, y para resumir, este nuestro universo, la biosfera, la econosfera y la cultura son continuamente creativas y emergentes. Las dos culturas, la ciencia y las humanidades van unidas en esta visión del mundo. El significado y los valores tienen una base científica. ¿Y la ética? En una reciente reunión sobre ciencia y religión en la Isla Star, hubo más de una ponencia sobre las emociones en los animales y el sentido de la justicia que se da entre los chimpancés. Nos dijeron que la selección del grupo se está encaminando hacia la biología evolucionista. Y con ello, la selección natural puede llegar a controlar las conductas que pueden ser ventajosas para el grupo, como por ejemplo, la justicia, y por eso emerge. La evolución no es contraria a la ética, ni mucho menos; la evolución es la primera fuente de moralidad humana, pero no la fuente final, puesto que podemos discutir si deber íamos querer lo que queremos.

Dios y una Ética global

Dios es el símbolo más poderoso que hemos creado. Los españoles del Nuevo Mundo construyeron sus iglesias en los lugares sagrados de aquellos que conquistaron. Notre Dame se asienta sobre un lugar sagrado Druida. ¿Debemos utilizar la palabra Dios? Es nuestra elección. La mía es un provisional «si». Quiero que Dios signifique la inmensa e incesante creatividad del único universo que conocemos, el nuestro. ¿Qué ganamos por utilizar la palabra Dios? Sospecho que mucho, dado que la palabra lleva asociadas admiración y reverencia. Si pudiéramos trasladar esa admiración y reverencia, no al trascendental Dios Abrahámico de mi tribu israelí de antaño, sino a la impresionante realidad a la que nos enfrentamos, ganaríamos el derecho a una espiritualidad renovada y admiración, reverencia y responsabilidad para nuestras vidas, para el planeta.

¿Alguien sabe si ocurrirá dicha transformación de las sensibilidades humanas? Por supuesto que no. Pero el sentido de justicia ha madurado desde la tradición Abrahámica de «10 ojos por ojo» a «un ojo por ojo», a amar a tu enemigo como a ti mismo. Creo, o espero, que lo que he esbozado arriba sea cierto. Apunta a una nueva visión sobre nuestra realidad co-creada, que invita a un enriquecimiento del sentido de espiritualidad, reverencia, deleite y responsabilidad, pudiendo crear las bases de una estructura mítica transnacional para una civilización global emergente.

Tradiciones co-evolutivas

Para tener éxito, esta nueva visión debe ser transmitida con voz suave. Podemos decir aquí tienes la realidad, ¿acaso no merece un asombro maravillado? ¿Qué más podemos pretender de un Dios? En efecto, dejamos de lado a un Dios que interviene en nuestro comportamiento. Dejamos de lado cielo e infierno. Pero ganamos nosotros mismos, en responsabilidad y madurez de espíritu. Sé que decir que la ética se deriva de la evolución rebaja la autoridad de Dios como su inspirador. ¿Pero necesitamos ahora ese Dios? Creo que no. Tampoco necesitamos el páramo espiritual que nos ha traído el post-modernismo. Más allá de lo que dice mi admirado amigo Kenneth Arrow, los parques naturales son valiosos porque la vida es valiosa en sí misma, un milagro de la emergencia, evolución y creatividad. La realidad es realmente alucinante. Por eso, si encuentras este artículo útil, vayamos adelante, como se dijo hace mucho, e invita a otros a que consideren esta nueva visión de la realidad. Con ella, recreemos la comunidad espiritual y la pertenencia. Vayamos adelante. La civilización necesita cambiar.


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