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Ediciones Dyskolo recupera la obra teatral “Medea, La Encantadora”, de José Bergamín

Medea: tragedia, amor y venganza

Fuentes: Rebelión

Hija de Eetes y nieta de Helios, Medea fue conocida entre los mitos griegos por los conocimientos en hechicería. Se destacó en la leyenda de los Argonautas, e hizo posible que Jasón se apoderara del Vellocino de Oro. La mitología cuenta que Jasón acordó con el monarca Creonte su casamiento con Creusa, lo que provocó […]

Hija de Eetes y nieta de Helios, Medea fue conocida entre los mitos griegos por los conocimientos en hechicería. Se destacó en la leyenda de los Argonautas, e hizo posible que Jasón se apoderara del Vellocino de Oro. La mitología cuenta que Jasón acordó con el monarca Creonte su casamiento con Creusa, lo que provocó la venganza de Medea. No sólo hizo que las llamas devoraran al rey y a su hija, sino que con el fin de castigar a Jasón, mató a los dos vástagos que tuvo con él. Clásicos como Eurípides y Séneca se hicieron eco del mito de Medea. También el poeta, dramaturgo y ensayista español José Bergamín (1895-1983), que en 1954 estrenó la pieza teatral «Medea, La Encantadora», subtitulada «Explosión trágica en un acto», obra recuperada por Ediciones Dyskolo en noviembre de 2016. Otros autores llevaron la tragedia a la ópera, mientras que Pasolini la trasladó al cine en 1969, en un filme protagonizado por María Callas. «La obra de Eurípides se nos ofrece como una de las más poderosas e inquietantes del mundo antiguo», definió Bergamín. Pero la Medea de Séneca se muestra aún más descarnada, de modo que el amor desesperado, la venganza y los celos quedan totalmente al desnudo.

Ediciones Dyskolo resalta la vigencia de José Bergamín como autor a quien el franquismo persiguió y la Transición española ninguneó, en gran parte por su compromiso republicano. El mismo autor asumió la condición de «fantasma» en el panorama literario hispano; un proscrito al que no pocos críticos incluso desvincularon de la Generación del 27. La destacada trayectoria intelectual de Bergamín puede reseguirse en la revista «Cruz y Raya» (1933-1936), de la que fue director y fundador, y sólo un año después en «Ediciones El Árbol». Aunque en 1923 el escritor ya recibió el encargo de dirigir el suplemento literario «Los Lunes de El Imparcial». Al comenzar la Guerra de 1936 fue designado presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, cargo desde el que contribuyó a organizar un año después el II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura. En este periodo acumula un gran prestigio intelectual en Europa. Coherente con su opción política, en 1938 trata de recabar apoyos para la causa republicana como agregado cultural «libre» de la Embajada española en París. La caída de Madrid le obliga a un largo destierro: en México, Venezuela, Uruguay y París. Han pasado casi dos décadas de exilio -corre el año 1958- y José Bergamín puede retornar a Madrid con una autorización gubernativa. Sin embargo, en 1963 tiene que abandonar otra vez España, rumbo a Montevideo, por firmar un manifiesto dirigido a Fraga Iribarne que denunciaba la represión contra los mineros asturianos. Regresaría, finalmente, en 1970 asumiendo la condición de disidente ante la Transición que ya se avizoraba. En los últimos años manifestó su apoyo a la izquierda independentista vasca.

La «Medea» de Eurípides y de Séneca tienen en común dos aspectos, subraya José Bergamín: «Ponen ante los ojos un mismo estremecimiento expresivo de trágico horror»; y además los dos relegan del escenario al catalizador de la tragedia, Creusa, segunda esposa de Jasón. Bergamín considera por el contrario que este personaje «merece ser conocido», y lo incluye en la pieza teatral. El motivo es que una Creusa «virginal» y «pura», «tiernamente enamorada» garantiza el choque dramático con Medea y la realza. «Tu amor es tan terrible como tu odio. No sé cuál es el nombre que mejor lo dice», pone el autor en boca de la hija de Creonte, en un momento en que se dirige a Medea. Ésta le responde más adelante, con unas palabras definitorias: «Por piedad por ti, seguiré hablando. No te hablan mis celos de un amor que desprecio más que odio: el amor sangriento de Jasón. No es a mí a quien engaña. A mí ya me engañó. Es a ti a quien va a engañarte». En diálogo con Jasón, que califica a Medea al final de la obra como «el más terrible de los monstruos», ella responde: «¿Qué crimen? ¿Qué crimen Jasón? ¿Aún no ves que esto es más, mucho más que un crimen? (…) ¡Sólo las estrellas me miran!… ¡Mira tú, tus hijos de sangre, enterrados en ella!».

El diario El País publicó el 22 de junio de 1980 una entrevista con José Bergamín. Al día siguiente se presentaría en el Teatro María Guerrero de Madrid un montaje de José Luis Alonso de Santos con escenas de «Medea, La Encantadora» (interpretada por la actriz y cantante uruguaya Dahd Sfeir) y «Melusina y El Espejo». «Mi teatro es póstumo», afirmó el escritor. Además, «todo el que encuentre una obra teatral mía puede representarla sin pagar derecho alguno, porque no cobro derechos de autor, y ni siquiera pertenezco a la sociedad de autores». En la entrevista el autor explica que «Medea, La Encantadora» se representó por primera vez en el Teatro del Pueblo de Montevideo, en 1954; la dirección corrió a cargo de José Struch y se repartieron los papeles principales Dahd Sfeir (Medea) y Beatriz Massons (Creusa). «Entonces Uruguay era un país generoso y democrático que acogía a los exiliados españoles». La primera puesta en escena en el estado español se produjo en 1963 en un pequeño teatro de Barcelona, el Guimerà, con éxito de público y crítica.

En un artículo publicado en El País a los pocos días de la muerte, a los 87 años, de José Bergamín, el historiador Manuel Tuñón de Lara rememoró una parte de su legado. Hijo de un ministro conservador de la Restauración canovista, José Bergamín fue un joven poeta de la Generación del 27. Durante la II República, «católico fervoroso y no menos demócrata y abierto a las inquietudes sociales», según la caracterización de Tuñón de Lara, el poeta y dramaturgo dirigió la revista «Cruz y Raya», similar a la francesa «Esprit», del filósofo cristiano Emmanuel Mounier. Además «se comprometió contra la falsificación de la República que supuso el ‘bienio negro’, el asesinato de Luis de Sirval (periodista asesinado por legionarios en 1934, durante la represión de la revolución asturiana) y la amenaza del fascismo», agregaba el excatedrático de Historia y Literatura Española en la Universidad de Pau.

También habló en nombre de España en el I Congreso de Intelectuales por la Defensa de la Cultura, reunido en 1935 en París. Con Rafael Alberti, la ayuda de María Teresa León y otros, promueven «El mono azul». Su trabajo también resultó decisivo en la revista «Hora de España». Según el historiador, «no renunció a la alta cultura sin abandonar por eso su compromiso democrático». Acabada la guerra, cuando en los campos franceses de Argelès y Sant Cyprien se hacinaban los refugiados españoles, Bergamín -que mantenía contacto con Aragon y otros intelectuales franceses- «va salvando a todos los que puede (a muchos de ellos los lleva al castillo de Renaud de Jouvenel, convertido en refugio)». También traba contacto, y ofrece ayuda, a Antonio Machado. Preside la Junta de Cultura Española en México, dirige la revista «España peregrina» y la Editorial Séneca, colabora en el que será Colegio de México…

En «José Bergamín: entre literatura y política» (2015), el profesor de la Universitat de Barcelona Max Hidalgo Nácher, subraya el amor como piedra angular de «Medea, La Encantadora». El amor es el único sentimiento con capacidad para imprimir vida y arrebatarla. La tesis se sostiene con las siguientes palabras de la protagonista: «Yo enmascaré con mi alma, por amor, los crímenes que Jasón cometía por este amor mío (…). Yo puse mis manos de sueño entre las suyas para empapar con ellas, con mi alma, la sangre de los hombres que morían por culpa nuestra, por culpa de nuestro único y divino amor. Yo tomé sus crímenes en mis manos para que no lo fuesen. Sólo el amor podía hacer por mis manos ese prodigio». Así, Medea muestra «la raíz terrible del amor», destaca Max Hidalgo en el artículo «Los límites del teatro de José Bergamín y el exilio como contra-tiempo» (Revista Chilena de Literatura, 2014). ¿Qué explicación ofreció José Bergamín en torno al significado de su criatura? «Mi Medea no es humana, no tiene pasiones, no es una mujer. Es una diosa. El amor de Medea es un amor divino, que no aparece en las Medeas clásicas». No tiene que ver con el sexo. Según Bergamín, «por eso mata a los hijos, porque niega su propia maternidad, porque ella es divina, inmortal».

Medea la encantadora

José Bergamín

Edición 1.0. noviembre 2016

epub: 486 Kb.

mobi: 527 Kb.

pdf: 59 pág.

http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib023/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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