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Misión Milagro reduce las listas de espera en la salud pública

Fuentes: Mapocho Press

Más de mil enfermos de pterigión y cataratas -exactamente 1.050- fueron evaluados en la Embajada de Venezuela durante el sábado, domingo y ayer lunes en la última fase preparatoria de la versión N° 22 de la Misión Milagro en Chile. El programa agendó vuelos para que los enfermos examinados se trasladen a Venezuela para su […]

Más de mil enfermos de pterigión y cataratas -exactamente 1.050- fueron evaluados en la Embajada de Venezuela durante el sábado, domingo y ayer lunes en la última fase preparatoria de la versión N° 22 de la Misión Milagro en Chile. El programa agendó vuelos para que los enfermos examinados se trasladen a Venezuela para su intervención quirúrgica en grupos de 100 pacientes, a partir de febrero 2012, según voceros de organizaciones sociales y servicios municipales de salud que participan en el programa bolivariano. «La Misión Milagro nos alivia la lista de espera en la salud pública chilena, que es responsabilidad del Estado de nuestro país», indicó Cristian Muñoz, Subdirector de Salud de Quilicura, municipio periférico del Gran Santiago.

La iniciativa humanitaria, concebida por el gobierno de Hugo Chávez, en alianza con Cuba, para curar patologías oftalmológicas frecuentes en enfermos pobres de América Latina, hasta ahora ha intervenido quirúrgicamente de pterigión y cataratas a 1.639 pacientes chilenos en diferentes hospitales de la República Bolivariana de Venezuela, durante una permanencia promedio de 8 a 10 días. La evaluación concluida el lunes constituye el operativo de evaluación médica más numeroso realizado en la sede diplomática de Santiago y representa 64% del total de 1.639 pacientes chilenos intervenidos desde 2006.

La evaluación detectó que una tasa más alta de pacientes presentan otras afecciones de salud asociadas a sus patologías oftalmológicas, como diabetes mellitus avanzada e hipertensión arterial crónica, dolencias tratables en la llamada Atención Primaria de Salud, un sistema municipalizado que, en teoría, está abierto para todos los ciudadanos del país.

Los exámenes estuvieron a cargo de los oftalmólogos Gustavo Sosa y Luis Alfonso Ramírez, más el internista Alberto Rangel, tres médicos venezolanos que trajeron instrumental para trabajar durante tres días en la propia sede de la Embajada. La sede diplomática técnicamente es un territorio jurídicamente venezolano, que protege a los médicos de eventuales críticas de «ejercicio ilegal de la medicina» en suelo chileno.

Los pacientes calificados aptos para la operación comenzarán a viajar en febrero a Venezuela en vuelos especiales de 100 personas de la línea aérea estatal venezolana Conviasa. Su destino serán los Hospitales Militares de Caracas y Maracay y el Hospital Central José María Pineda de Barquisimeto. Como es usual, durante su permanencia en Venezuela los pacientes serán sometidos a los exámenes pre-operatorios de rigor y recibirán alojamiento y alimentación adecuada en absoluta gratuidad. Tampoco les será indispensable portar dinero en divisas convertibles y tampoco requieren gastar en pasaporte porque recientes acuerdos del Mercosur permiten viajar por Sudamérica sólo con cédula de identidad al día a los ciudadanos de países miembros o asociados, es decir, de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Chile, Uruguay, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela.

Diplomacia curativa

Durante tres jornadas, la sede diplomática fue un hervidero de cientos de enfermos provenientes de localidades y municipios tan distantes como los 850 km que separan a Santiago de la sureña Región de Los Ríos [Valdivia], y hasta 450 km al norte, que es la distancia hasta Ovalle, localidad agraria productora de queso caprino y aceite de oliva. En los salones diplomáticos se habilitaron varios consultorios con instrumental y aparatos de última generación.

También concurrieron a evaluarse pacientes que se trasladaron desde Rancagua, Coltauco, Quillota, San Antonio, Quinteros, Curacaví, Olmué, Cabildo, Petorca, La Calera y Peñaflor. A la embajada arribaron, además, enfermos metropolitanos del barrio La Legua y de las comunas santiaguinas de San Miguel, Pudahuel, Peñaflor, La Pintana, Peñalolén, Pedro Aguirre Cerda (PAC), Quilicura y La Granja. La mayoría de los pacientes presentó una tasa más alta de pterigión (más de 60%) que de cataratas, las patologías más frecuentes que cura la Misión Milagro. El pterigión es un crecimiento anormal del tejido de la córnea que también afecta la vista y hace más vulnerable al ojo ante la luz y el viento, en tanto las cataratas consisten en la opacidad total o parcial del cristalino, que daña severamente la visión.

Los traslados para la evaluación médica en la Embajada fueron coordinados por diversas organizaciones sociales, comités de solidaridad con Venezuela y numerosos Centros de Salud Familiar (Cesfam), o consultorios, de diferentes municipios con quienes la Misión Milagro consolidó una relación institucional. Las organizaciones coordinaron los traslados en autobús desde los lugares de origen y durante su permanencia en la sede diplomática los enfermos recibieron atención alimentaria básica.

La mayoría de los pacientes está constituida por amas de casa y trabajadores adultos, de un promedio etario superior a 55 años, que en el caso del municipio Pedro Aguirre Cerda (PAC) padecen cataratas en 65% y pterigión en 35%, al revés de la tasa promedio de los evaluados, indicó Galo Quintanilla Molina, coordinador de un grupo de 55 pacientes pre-seleccionados por el Cesfam de su comuna -PAC- un típico municipio citadino de la capital, de población mayoritariamente adulta, cuya alcaldesa actual es la comunista Claudina Núñez. Desde que comenzó la Misión Milagro en 2006, el municipio PAC se vinculó al programa por iniciativa de la concejala Gloria Rodríguez y hasta la fecha aportó 110 pacientes exitosamente operados en Venezuela. La municipalidad valora la solidaria colaboración en salud pública prestada a esa comuna por la Misión Milagro, indicó Quintanilla. Añadió que el municipio también ha dotado de anteojos a 110 personas mediante un programa apoyado por la Universidad Central de Santiago.

Lista de espera

Las cataratas y el pterigión son operables en la salud pública chilena, pero el tiempo de espera de los pacientes incorporados al sistema puede tardar hasta más de uno o dos años, mientras el plazo formal sería de 6 meses. «Es una situación vergonzosa para el Estado Chile que nos venga a reducir la lista de espera la solidaridad de un país situado a más de 6.000 kms de distancia», indicó Muñoz, el Subdirector de Salud del municipio de Quilicura, quien acompañó en la evaluación médica a 15 pacientes de su comuna que calificaron para ser intervenidos, entre ellos 10 enfermos de pterigión. En general, los consultorios Cesfam trabajan con insuficiente personal, déficit de equipamiento y carencias de materiales y medicamentos, pero Muñoz dijo que el alcalde de Quilicura, el independiente de izquierda Juan Carrasco Contreras, otorgó prioridad a la Atención Primaria de Salud aportando fondos propios del tesoro municipal y elevando en 242% el gasto del ayuntamiento en medicamentos, muy por encima de las asignaciones presupuestarias centralizadas que otorgan unos 5 dólares por paciente.

La relación institucional con los consultorios municipales facilita a la Misión Milagro la captación de aspirantes a la intervención quirúrgica entre pacientes que ya poseen un historial médico sobre sus patologías relativamente controladas. Sin embargo, también postulan a la Misión enfermos que se encuentran fuera del sistema de Atención Primaria, algunos que se automedican, otros que muy pocas veces han sido atendidos por un oftalmólogo y algunos que suelen ignorar que padecen diabetes mellitus o hipertensión crónica. Tales pacientes requieren un tratamiento previo que controle sus enfermedades preexistentes para evitar riesgos ante una eventual intervención oftalmológica.

La Misión Milagro, está dispuesta a intervenir en condiciones seguras a todos los pacientes que soliciten acogerse a este potente programa de solidaridad humanitaria latinoamericana, cuyos propósitos contrastan con la finalidad de lucro, egoísmo y segregación social de la llamada «industria privada de la salud».