Muerte y resurrección de Dionisio, el origen del pecado original

Fuentes: Rebelión

Un día Zeus mantuvo un encuentro amoroso con Perséfone, la Reina de los Inframundos, dejando fruto en su vientre. Cuando la diosa Hera se enteró de que su marido le había puesto los cuernos (lo que era habitual en el Olimpo) decidió, en un arrebato de celos, acabar con la vida del bebé: Dionisio. Y […]

Un día Zeus mantuvo un encuentro amoroso con Perséfone, la Reina de los Inframundos, dejando fruto en su vientre. Cuando la diosa Hera se enteró de que su marido le había puesto los cuernos (lo que era habitual en el Olimpo) decidió, en un arrebato de celos, acabar con la vida del bebé: Dionisio. Y ordenó a los titanes que le mataran.

Aunque estaba bien escondido en una cueva custodiada por ninfas (las nisíades), esos gigantes localizaron su escondrijo y le atraparon. Acto seguido, le despedazaron y cocieron sus trozos. Comieron su carne y bebieron su sangre.

Cuando Zeus se enteró del brutal asesinato, desató su cólera contra los titanes, sobre los que lanzó una lluvia de rayos reduciéndolos a polvo y cenizas. Lo único que quedaba de la criatura era su corazón y, a partir del músculo cardíaco, resucitó Dionisio, quien, en su corta vida, ya había sido campo de batalla de fuerzas incontrolables.

De las cenizas de los titanes y del polvo de la tierra, surgieron los seres humanos que -al venir de los restos de los monstruos que mataron a Dionisio- nacieron con la culpa de haber asesinado al Hijo de Dios. Esa mancha es el pecado original que nos colgaron, cual san Benito, el primer día de nuestra creación.

(Ésta es la versión órfica, según otras Dionisio era hijo de Zeus y la princesa Semele, hija de Cadmo, Rey de Tebas).

Baco, (cual «alter ego» del dios egipcio Osiris, quien también resucitó tras ser asesinado por su hermano Seth), es una divinidad que conoce los secretos y misterios de «los otros mundos». Pero, ante todo, encarna la rebelión contra cualquier tiranía, ya sea política o religiosa.

Dionisio El Resucitado, conocido también como Eleuterio (El Libertador) nos saca de «nuestra cárcel» a través del vino y «la locura». Su genio nos invita a romper con todo lo que nos ata, nos oprime. Con las leyes, normas y costumbres que nos tienen «bien ordenados, encasillados y clasificados».

Con el vino, la danza, la música y su séquito de ménades (bacantes) patrocina las fiestas dionisíacas en las que el único pecado es decir no a la vida y renunciar a nuestro innato espíritu de explorador.

Nietzsche, quien buscó un equilibrio imposible entre Apolo (la armonía, belleza, perfección) y Dionisio, «ese loco» que viaja montado en tigres o panteras (2), y que es el mayor enemigo del establishment, dijo: «Yo sólo puedo creer en el dios de la danza».


Notas

-1- En la trilogía «El robot que amaba a Platón», Fritz, el protagonista principal de la obra, tiene un encuentro sublime con Dionisio resucitado poco antes de participar en una fiesta de las ménades (bacantes). En el pasaje al que me refiero, Baco le dice al humanoide desde lo alto de su carro tirado por panteras: «Lo que te hicieron a ti (los dioses) es mucho peor de lo que me hicieron a mí».

 

-2- En la mitología y religiones de la antigüedad, los tigres, panteras, ciervos, etc., son considerados animales psicopompos, (en griego, Psique, alma, Pompo, guía), es decir, tras la muerte nos abren paso «hacia el infierno o paraíso».

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