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Negro Matapacos: El simbolismo de un icono

Fuentes: El Ciudadano (foto: Representación del Perro Matapaco en papel maché en una manifestación en Plaza Dignidad - Wikipédia)

El proceso de movilización social que ha sorprendido y esperanzado a miles, presenta singularidades que lo hacen particular, entre ellas una de aún subestimada relevancia. Es la aparición de un personaje tan conmovedor como significativo, que hoy se yergue indiscutiblemente como un ícono y representación de líder popular, como nunca antes se vió. Es el amado Negro Matapacos.

Quién lo diría, el tan añorado despertar de Chile no cuenta con un partido o agrupación política a la cabeza, se ha dicho que es un movimiento espontáneo y anárquico, peligrosamente libertario y desorganizado. La derecha criolla, que nunca deja de sorprendernos, ha señalado que detrás de ello conspiran y dominan el Partido Comunista y la izquierda internacional comandada por Nicolás Maduro, e incluso ha responsabilizado al estilo musical e identitario que campea entre quinceañeros, el vilipendiado K-Pop coreano.

Sin embargo, no muchos han atendido desde los medios de masas o la academia en una figura ya retratada en un documental realizado por estudiantes de Periodismo el año 2013 y que hoy transmuta en una especie de líder popular. Ni el más astuto teórico de las ciencias del espíritu lo hubiese imaginado; se trata de un canino quiltro y negro que con un pañuelo rojo atado al cuello se enfrentó fieramente contra las Fuerzas Especiales de Carabineros, zorrillos y “guanacos” mediante, y contra todo personaje que representase autoritarismo. Ubicándose siempre del lado de la juventud combatiente, ladró a más no poder contra los ‘tortugas ninja’ y, en definitiva, ante cualquier paco que se le pusiera por delante o que agrediera a su pueblo. Este querido personaje ha ocupado un papel importantísimo en la acción colectiva de protesta social y es reconocido y hoy resignificado de múltiples formas y en diversas plataformas por artistas, estudiantes, trabajadores y pobladores.

Atendemos a una movilización social que no comienza en 2013 ni en 2011,  ni siquiera en 2006. Si nos aventuramos a identificar el inicio del proceso que hemos visto estallar, tendríamos que remontarnos a la transición a la “democracia” que hoy sabemos fue en demasía pactada y carentemente democrática. Allí, en quienes no se compraron el cuento y decidieron mantenerse movilizados sin bajar los brazos, podríamos identificar el génesis de lo que hoy aplaudimos. No obstante fueron muchos y muchas los que sí creyeron en la alegría que finalmente solo llegó para quienes vieron en las virtudes del consumismo y el exitismo individual, una razón para sonreír.

Saltando varias décadas con el pueblo ya desilusionado del mercado que nunca se reguló solo y únicamente acarició a los oportunistas de siempre, fueron viejos y nuevos partidos políticos quienes pretendieron dar forma y cauce al descontento popular; y si bien la Concertación de Partidos logró ciertos niveles de adhesión, su propio amor por el dinero y fidelidad en la profundización del capitalismo en su fase neoliberal -con la consecuente agudización de las inequidades e injusticias- terminaron alternando cómodamente el sillón presidencial con la derecha. Todo, en un país extremadamente presidencialista, como reconociendo que forman parte del mismo sector acomodado que ilustra aquella foto de Bachelet y Piñera sonriendo en traje de baño. Como señala el premiado músico y poeta Mauricio Redolés, La turba se masturba en Caburga. Mientras tanto, el pueblo incrementó su descontento, sumiéndose muchas veces en la apatía y desazón, sin encontrar liderazgos representativos, para que fueran los más jóvenes siempre los y las decididas que dijeron basta cientos de veces para enfrentarse con valor a las fuerzas represivas y al poder.

Como proceso de movilización de largo aliento, el sujeto social encuentra en determinadas circunstancias las ocasiones para incrementar la protesta y la acción directa, y si bien ha contado con brillantes vocerías y liderazgos, ninguno ha logrado levantarse como un líder que logre encaminar la adhesión popular requerida para, a través de las elecciones, realizar los cambios que la sociedad exige, divergiendo de lo que hemos visto en los gobiernos progresistas de nuestro continente latinoamericano. De este modo, no hemos contado con representantes potentes que señalen la dirección que debe emprender el pueblo de Chile, lo que le otorga al estallido social características particulares. Es allí donde el personaje del Negro Matapacos adquiere vital relevancia.

Como se ha dicho, percibimos un movimiento que no cuenta con una figura política aglutinante identificable que encarne una dirección clara, y es así como se habla de la espontaneidad del estallido social como su principal característica, como también de la ausencia de conducción, cosa cuestionable. Sería injusto restar valor al trabajo que han desarrollado muchas organizaciones de base o sectoriales, donde los estudiantes secundarios  han marcado el camino junto al aporte de organizaciones de trabajadores y el rol fundamental que desempeñan hoy los movimientos feministas al reivindicar los derechos de las mujeres por siglos oprimidas. Una característica innegable de esta rebelión es ser profundamente feminista.

No obstante la ausencia de un caudillo, vemos a millones de personas decididas a luchar por sus derechos con un altísimo nivel de compromiso que se manifiesta en las masivas convocatorias populares. Y, como nunca, un plebiscito que no es vinculante logra impulsar a las urnas a más de dos millones de personas. Es el caso de la consulta comunal por una nueva Constitución. Observamos también un estallido de creatividad en las formas en que se expresa la protesta social a través de cantos y música, animaciones, audiovisuales, pinturas, murales, fotografías, gráficas, frases y discursos, entre otras formas de expresión artística y social. La criticada carencia de unidad de la izquierda chilena parece quedar atrás frente al fervor del compañerismo e identidad colectiva que se respira en las calles con un objetivo claro, derrocar un sistema de sociedad tremendamente injusto e impuesto a sangre para construir uno verdaderamente democrático y solidario.

En este contexto, la figura de un perro quiltro con un pañuelo rojo al cuello se cierne como un símbolo de importancia para el pueblo de Chile. El Negro Matapacos no parece ser solo un acompañante o ícono de la movilización social, ha sido significado y relevado como la encarnación de la cultura identitaria de quienes protestan. En este escenario, ¿cómo podemos interpretar la relevancia que toma la figura del Negro Matapacos?

“MATAPACOS REPRESENTA LA LEALTAD”

Como hemos dicho, Matapacos fue protagonista de las movilizaciones desde 2011, cuando se le percibió acompañando a los estudiantes de la Primera Línea, siempre ladrando para increpar fuertemente a las fuerzas represivas de Carabineros.

Francisco Millán, uno de los realizadores del documental sobre el Negro Matapacos realizado en 2013, señala que “en un principio era un símbolo simpático de compañerismo y apoyo a las manifestaciones estudiantiles, y en ese sentido realizamos el documental para graficar lo que este perro estaba generando en redes sociales, donde cada día se le daba mayor atención. Los estudiantes lo querían porque era agresivo con la policía y cariñoso con los estudiantes. De hecho los secundarios pensaban que era un estudiante reencarnado”.

“MATAPACOS REPRESENTA LA LEALTAD, EL OBJETIVO CLARO DE LA PRIMERA LÍNEA, LA LUCHA CONTRA LAS FUERZAS REPRESIVAS. ES LA BONDAD DE UN PERRO, ES EL CARIÑO DE TU MEJOR AMIGO”

Millán dice que hasta ese momento “todo era en todo simpático”, pero que lo que vino después del documental lo cambió todo. “Al terminar el proyecto y estrenarlo, agarró más fuerza. Matapacos siguió en las calles y su historia era seguida con mayor atención. Tanto en Chile como en otros países, desde ese momento tomó un mayor protagonismo hasta lo que conocemos el día de hoy”, explica. 

La rebelión que vivimos en Chile ha tomado la imagen del Negro Matapacos para transformarla en un ícono plasmado en poleras, pañuelos, afiches, adhesivos y murales. Luego se erigió como escultura para apropiarse del espacio público permanentemente, resistiendo atentados diversos. Respecto de qué representa este emblemático quiltro, Francisco nos dice que “Matapacos representa la lealtad, el objetivo claro de la Primera Línea, la lucha contra las fuerzas represivas. Es la bondad de un perro, es el cariño de tu mejor amigo, es la perseverancia y el no rendirse, el ladrido de la calle, el no quedarse callado y también algo más profundo, el sentir de los más desvalidos, de los de la calle, los últimos en la escala. `Nos tratan perros, tenemos derecho a ladrar mucho´, se decía en el documental. Todo enfocado en este perro que se ganó el cariño de todo el movimiento social”.

Cabe destacar el acierto de los realizadores al establecer una relación significativa en el documental, al fundir los ladridos que aparecen en la canción ‘El baile de los que sobran’ de Los Prisioneros con el sonido directo de los ladridos del Matapacos. Así como esa canción se ha convertido en un ícono de la protesta social y la reivindicación de equidad, el Negro Matapacos patea piedras mientras otros reciben esa cosa llamada educación.

“EL PERRO SIMPLEMENTE SE ENTREGÓ POR HABER RECIBIDO AFECTO Y CARIÑO”

El artista visual y Magíster en Museología, Marcel Solar, es el autor de la escultura del Negro Matapacos que irrumpió el 15 de noviembre en la rebautizada Plaza de la Dignidad, donde fue alzada por sobre la masa erigiéndose como un héroe popular emotivamente aplaudido. Marcel ideó la escultura para homenajear al Negro Matapacos y para ello decidió utilizar material reciclado de las marchas. “Decidí instalarlo frente al Metro estación Salvador, aludiendo a la figura del perro que viene a salvarnos, como lo hizo el Matapacos en las marchas… La idea fue instalarlo ahí justo el día en que la Plaza de la Dignidad amaneció cubierta con mantos blancos que anunciaban este llamado a la paz. Un llamado a la paz que estaba programado posterior al día en que se habían logrado consensos a nivel político para enfrentar las demandas sociales”.

Solar explica que fue esa “cortina de humo que intentaron imponer” la que lo hizo reaccionar a primera hora del día y apurar la salida de la escultura que venía realizando y que se terminó prácticamente en el camino. “Ese día la instalé como una manera de reaccionar para decir que no habrá paz mientras no hayan verdaderas voluntades de enfrentar las demandas sociales y frenar las violaciones a los Derechos Humanos, las muertes y las agresiones que han sufrido los manifestantes. La mejor manera es sacar el perro a la calle”. Cuenta que luego fueron los de la Primera Línea quienes lo resguardaron y lo llevaron al Parque Balmaceda. “Ahí esta figura fue adquiriendo un gran protagonismo”, apunta su creador.

Todos y todas quienes han sido consultados para este artículo concuerdan en que el Matapacos es un símbolo e ícono de la movilización.  Pero podemos ir más allá y señalar que en realidad representa la figura de un líder de la protesta popular. Marcel Solar opina lo siguiente: “Yo sí considero que es un emblema, un estandarte y por qué no atribuirle esa característica de líder, en cuanto se le atribuyen aspectos identitarios de las personas. El quiltro es mestizo, el quiltro de la calle es un ser que está permanentemente sumido en el abandono, el maltrato, la indiferencia y la discriminación de las personas. Esa es la característica que prepondera en gran parte de la sociedad chilena por parte de la clase política. Por eso esta figura genera ese sentido de pertenencia y apropiación social, porque no es un líder de opinión que puede tener un sesgo vinculado a cierto partidismo o a sacar provecho. El perro simplemente se entregó a la batalla y a la Primera Línea por el solo hecho de haber recibido afecto y cariño. Por eso todos le hemos asignado al perro un valor singular en cuanto al sentido de identidad y representatividad que logra para todos nosotros. Un ser que sufre, resiste, sobrevive y se entrega a la batalla incansable por la defensa de las personas”.

En ese mismo sentido, el artista visual destaca que “la escultura tomó una posición en Salvador y generó espontáneamente una especie de plaza o escenario de comunión de las personas. Llegaban de todos los grupos etáreos a tomarse fotos con el perro o simplemente acompañarlo y reunirse. Así se retomaron las confianzas y se generó una unión muchas veces como antesala a las marchas”. Marcel nos cuenta que le han escrito para decir que pasan por ahí todas las mañanas y se alientan al saber que el Matapacos está ahí y por lo tanto la lucha continúa.

“Considero que es un emblema, un estandarte y por qué no atribuirle esa característica de líder, en cuanto se le atribuyen aspectos identitarios de las personas”

La escultura fue varias veces atentada, fue apaleada, pintada blanco con verde en alusión a Carabineros y finalmente quemada, pero eso generó una reacción espontánea, donde llegaron a ponerle flores primero abajo como ofrenda, pero luego fueron tejiendo con ramas, hojas y flores, ya que se salvó la estructura central. Llegaron incluso donaciones de pérgolas de distintos sectores y se armó este constructo solidario y colectivo. “Ahí tomó más vida que nunca porque está hecho de material orgánico; para mí es el momento más simbólico… Pero como la materialidad es perecedera, ideé un plan para fortalecerlo y armarlo de fierro, construirle una armadura para que resista este tipo de agresiones”, explica Solar. Según él, ello tiene un simbolismo asociado a cómo los edificios y vitrinas se han tapiado de hojalata. Esta obra pasó de ser una escultura a un homenaje a todos y todas quienes han estado manifestándose de distintas formas, transformándose también en un monumento y parte del patrimonio cultural. “Muchas veces lo que se declara monumento no es lo validado por la ciudadanía. En este caso son miles de personas que han participado de este proceso, erigiendo esta figura, atribuyéndole un valor y un sentido que tiene más cualidades de monumento que cualquier otro”, postula su creador.

“LOS PERROS SIEMPRE SE PONEN DEL LADO CORRECTO DE LA HISTORIA”

Por su parte, el antropólogo y etnógrafo peruano Eduardo Osterling arguye que hoy son más personas las que se movilizan y por lo tanto son más quienes abrazan los códigos de representación de derechos, siendo uno relevante el Negro Matapacos. En ese sentido, se transforma en un producto cultural mitificado a quien se le atribuyen una serie de poderes y, por lo tanto, valores asociados a su imagen. “Hay una canción de Ases Falsos que se llama ‘La sinceridad del cosmos’ que refiere precisamente a este caso para decir que miremos a los perros callejeros cuando se enfrentan estudiantes y carabineros -`los animales nunca se equivocan´- y los perros siempre se ponen del lado de los estudiantes, se ponen del lado correcto de la historia”, postula.

Eduardo nos invita a reflexionar en torno a lo que representan los perros mestizos de Santiago centro, personajes con quien todos nos hemos relacionado. “Es hermoso saber que al ponerse del lado de los estudiantes, el Negro lo hace por una cuestión visceral y tiene que ver con la filiación que siente el perro por los oprimidos y estos con el perro quiltro, mestizo, quien para el poder oficialmente no es nada. Al ser mestizo hay un poco de todos en él y un poco de él en todos, la no pureza. Esa marca y el hecho de que sea negro, que es lo opuesto a lo rubio, lo hace mucho más transversal. Cuando decide acompañar a los estudiantes en su lucha es marcado con el pañuelo, que lo hace erigirse dentro de la masa de quiltros. Ese mestizo que podemos ser todos ahora es uno y es simbólico de todos los demás, marcado por una lucha en específico que ahora a la luz de la indignación resulta siendo representativo de todos”, plantea el antropólogo.

“Miles de personas que han participado de este proceso, erigiendo esta figura, atribuyéndole un valor y un sentido que tiene más cualidades de monumento que cualquier otro”

Para la psicóloga clínica Soledad Pérez, el Negro Matapacos representa la idea de alguien que te acompaña siempre y que tiene que ver con la confianza, con cómo todos juntos vamos en contra de algo y nos cuidamos. Los perros tienen una fuerza animal que los hace ser muy fuertes y a la vez dulces, pero protectores contra las amenazas. Así es como el Matapacos se ha instalado en el imaginario colectivo siendo un verdadero superhéroe chileno de los pobres. A diferencia de los superhéroes gringos, éste es un héroe criollo.

“El imaginario colectivo es algo que se va construyendo y deconstruyendo permanentemente. En el imaginario colectivo los superhéroes son habitualmente hombres occidentales adinerados, exitosos y narcisos, pero el imaginario colectivo se nutre de la cultura y en eso la cultura urbana permite recrearlo. La figura del Matapaco, al venir de la naturaleza, nos conecta a un imaginario asociado a la cosmovisión indígena  propio de nuestra raíz, con esta imagen del superhéroe animal… Cuando estamos en un proceso de cambio social tan intenso como el que vivimos, una de las primeras cosas que se está recreando es nuestro imaginario colectivo, que siempre ha estado muy vendido al consumismo y las imágenes extranjeras occidentales capitalistas de manera muy fuerte. Hoy el Matapacos es reconocido como un personaje que te viene a salvar y viene de la naturaleza. Y es interesante cómo nace de los jóvenes, pero mucha gente más adulta hoy lo reconoce porque se ha metido en el imaginario colectivo de manera muy fuerte”, plantea Pérez.

César Vallejos, diseñador del colectivo ‘Taller de serigrafía instantánea’, que ha jugado un rol clave en el diseño de la estética de la protesta popular imprimiendo miles de poleras y afiches, y participando activamente en las movilizaciones desde el año 2010, nos dice que el Negro Matapacos se convierte en un ícono de la protesta social “pues tiene todas las características reconocibles de su pueblo y el ideal de la praxis política y de acción directa, la perseverancia, el compromiso con la causa, el actuar en manada y otras características, como ser perro quiltro, que viene de los barrios populares y tiene una fidelidad indestructible con quienes luchan”. En ese sentido, agrega que “hay una especie de imaginario en el cual el arrojo y la valentía son bien recepcionados por el pueblo. Es como si esos personajes arrojados representaran, a través del uso del cuerpo, toda la carga histórica del pueblo oprimido, todas las angustias, todas las rabias, todas las desigualdades; en sus ladridos a la autoridad, en asistir a todas las marchas posibles, en poner su cuerpo a favor de la causa, en ocupar la calle como parte de la acción política”.

Vallejos profundiza en su idea destacando que “una de las grandes características del Negro, era que siempre se confrontaba con humanos con carácter autoritario; no solo con los pacos, sino también con guardias o personas que demostrasen algún dejo de poder sobre otras. Tenía una intuición increíble para determinar esas diferencias. Como buen perro, sabía dar protección a les humanes que le rodeaban”.

 “SÍMBOLO DE LO QUE HA SIDO AMINORADO Y VULNERADO BAJO RETÓRICAS DE COSIFICACIÓN”

Para el doctor en antropología Juan Carlos Skewes, el Negro Matapacos ilustra una fábula. “La representación más ilustre y libertaria del cómo se acrecientan las relaciones humanas y no humanas cuando se amplifican los procesos de politización y disputa, en este caso, por una vida digna… La fábula nos permite explorar la relación entre la movilización social y los tejidos más íntimos que dan sustento al actor colectivo, al mismo tiempo que identifica los valores a partir de los que se constituyen esos tejidos. La mutua dependencia fundada en la reciprocidad, tal como se desprende de la vida del Negro Matapacos y de los seres humanos que le acompañan, informa, por una parte, acerca de la pluralidad de sujetos que se encuentra en un estallido social, y, por la otra, acerca de un orden constitucional donde derechos y obligaciones se subordinan a la regeneración de los procesos vivientes, abriendo nuevos paisajes y posibilidades para resignificar la calle, su densidad política y las múltiples formas de abrir alianzas estratégicas entre humanos y no humanos”, postula.

Skewes añade que de este modo, el Negro Matapacos representa también la unidad que requería el movimiento social en Chile “y que hoy se hace carne, después de décadas de disputas que terminaron otorgándole una posición ventajosa al sector que supo consolidar un sistema plutócrata avasallador”. “Como hemos dicho, la identidad se configura en gran medida a partir de un opuesto, un otro que es diferente de uno mismo, acercándonos y solidarizando con quienes sentimos iguales o semejantes, incluso más allá de la especie de la que se forma parte. Es allí donde encontramos una cualidad especial. El Negro Matapacos nos hace entender que podemos percibir e identificar como semejante o igual a un sujeto que pertenece a otra especie, pero que en comparación a quienes percibimos como opuestos, se hace compañero”, explica.

“La fábula nos permite explorar la relación entre la movilización social y los tejidos más íntimos que dan sustento al actor colectivo”

En tanto, la antropóloga feminista Josefina Rojas indica que el Matapacos no solo representa los procesos de exclusión y marginalización que ha impuesto el neoliberalismo, la mercantilización y el patriarcado, sino también la evolución de una marcada co-evolución entre especies, en la que cada día con más fuerza se han ido integrando distintas voces, tanto humanas como no humanas. En este sentido, considerar que el líder de un movimiento social multitudinario radica en un animal evoca una suerte de emancipación de ciertas formas de dominación y superioridad que han permeado nuestras relaciones sociales. “Considerando que este es un movimiento feminista, y que ante todo se lucha contra el modo en que el patriarcado ignora los intereses y la subjetividad de ciertos sujetos en beneficio de otros, es que el Matapacos emerge en sí como un símbolo de todo lo que ha sido aminorado y vulnerado bajo retóricas de cosificación”, señala. Para Josefina, hoy toma fuerza la reciprocidad y el reconocimiento mutuo, en rechazo a un mal sistémico que hay que derrocar.

En este sentido, podemos argumentar que el Negro Matapacos es resignificado no solo como un ícono de la protesta, sino también como la representación de un liderazgo colectivo. Este movimiento social no ha requerido de un caudillo que trace el camino a seguir desde el lenguaje oral. El Negro representa el liderazgo que está en los estudiantes como sujeto social y todos y todas quienes se movilizan, siendo transversal, un símbolo que desde la estética nos dice que todos somos uno solo. Y para ello se expresa claramente a través de símbolos y características, como lo son su cualidad de mestizo, negro, valiente, atrevido y decidido. El pañuelo rojo parece representar el uso de la capucha que identifica a la Primera Línea, no para ocultar algo, sino que para decir que todos y todas somos un mismo sujeto heterogéneo, pero cohesionado y de objetivos claros.

“Considerar que el líder de un movimiento social multitudinario radica en un animal, evoca una suerte de emancipación de ciertas formas de dominación y superioridad que han permeado nuestras relaciones sociales”

Así también, su identidad se forja en oposición a un otro que representa lo contrario, la opresión y el poder de quienes detentan el uso indiscriminado pero legitimado de la fuerza. Por último, su característica animal simboliza la adhesión del movimiento por una conciencia de respeto de las especies, con la convicción de ser sujetos de derechos al igual que las personas. De esta forma, el liderazgo del Negro Matapacos nos viene a decir que este es un movimiento de características y sentido profundamente libertario.

Reportaje publicado en la edición nº 239 de la revista El Ciudadano.