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Es posible que el escritor keniata Ngugi wa Thiong'o nunca reciba el Premio Nobel de Literatura

Ngugi wa Thiong’o, frontera y puente

Fuentes: Quilombo

«Cuando el nigeriano Wole Soyinka escribe en inglés, Europa le da el Nobel de Literatura, pero si el keniata Ngugi Wa Thiong’o lo hace en kikuyu o en kiswahili, entonces no existe para la intelectualidad occidental. En realidad, hay que tener sentido de la hospitalidad con políticos y literatos africanos del pasado siglo XX, porque […]


«Cuando el nigeriano Wole Soyinka escribe en inglés, Europa le da el Nobel de Literatura, pero si el keniata Ngugi Wa Thiong’o lo hace en kikuyu o en kiswahili, entonces no existe para la intelectualidad occidental. En realidad, hay que tener sentido de la hospitalidad con políticos y literatos africanos del pasado siglo XX, porque aunque han aprendido muy pocos de sus gentes han hecho un honesto esfuerzo de aculturación para blanquear sus mentes, sus políticas y su arte.» Ferrán Iniesta (Imaginar África, Editorial Catarata, 2009)

Es posible que el escritor keniata Ngugi wa Thiong’o (nacido en 1938) nunca reciba el Premio Nobel de Literatura. No sería el primer africano al que se lo conceden, pero sí podría ser el primer galardonado que escribe en su lengua africana originaria, en su caso en kikuyu, una de las muchas que conviven en Kenia. Sólo dos de sus libros han sido traducidos al castellano. Lo cual dice mucho acerca de la persistencia de las jerarquías coloniales del saber. No es una cuestión de escritores, sino de culturas y sistemas lingüísticos y estructuras de dominio (también empresarial). Otro ejemplo, aún más grosero: el Premio Nobel de Literatura sólo se ha concedido una vez a un escritor en lengua árabe, que sin embargo es una de las lenguas más habladas en el mundo. La Academia Sueca hoy podía haber dado un paso valiente precisamente en estos momentos, cuando Europa se vuelve más irrelevante y asiste al ascenso de las posiciones más conservadoras y xenófobas. No lo ha hecho, y con su decisión han vuelto a hacer del Premio algo menos universal. Enhorabuena al ganador, un gran novelista cuya vida sí que ha venido marcada por la búsqueda de este galardón.

No es el caso de Ngugi (o Ngũgĩ) wa Thiong’o. Ngugi ha mantenido una larga trayectoria anticolonial y antiimperialista desde que renunciara a escribir literatura en la lengua del colonizador a finales de los años sesenta. Por escribir una obra de teatro en kikuyu crítica con el gobierno, y por ponerla en escena con campesinos y trabajadores, el dictador Daniel Arap Moi ordenó su encierro en prisión. Y fue en la cárcel de máxima seguridad de Kamiti donde escribió, usando como papel el papel higiénico de su celda, la primera novela moderna escrita en lengua kikuyu, Caitaani mũtharaba-Inĩ (El diablo en la cruz, editado en España por Txalaparta en 1994). En 1981 explicaba * las razones políticas de su determinación en el uso de su lengua materna, frente a autores como Chinua Achebe que se conformaba con enriquecer la lengua colonial.

«Creo que mi escritura en lengua kikuyu, una lengua keniata, una lengua africana, forma parte de las luchas antiimperialistas de los pueblos de Kenia y del resto de África. En las escuelas y universidades nuestras lenguas keniatas – es decir, las lenguas de las muchas nacionalidades que conforman Kenia – estuvieron asociadas con las cualidades negativas del retraso, el subdesarrollo, la humillación y el castigo…

Así que me gustaría contribuir a la restauración de la armonía entre todos los aspectos y divisiones del lenguaje para reponer al niño keniata en su ambiente, comprenderlo plenamente para poder estar en posición de cambiarlo para su bien colectivo. Me gustaría ver que las lenguas maternas de los pueblos de Kenia (¡nuestras lenguas nacionales!) sean portadores de una literatura que refleje no sólo los ritmos de la expresión hablada de un niño, sino también su lucha con su naturaleza y su naturaleza social.

Pero el hecho de que escribamos en nuestras lenguas -aunque constituya un primer paso necesario en la correcta dirección – por sí solo no traerá el renacimiento de las culturas africanas si la literatura no es portadora de las luchas antiimperialistas de nuestros pueblos por liberar sus fuerzas productivas del control extranjero«.

http://www.youtube.com/watch?v=MVhrjEiTSCQ&feature=player_embedded
Una de las últimas entrevistas a Ngugi Wa Thiong’o (a partir del minuto 1:54), realizada por Amy Goodman para Democracy Now!, 13 de septiembre de 2010. Aquí nos habla de la historia de su país, del significado del colonialismo y de la figura del ex presidente Jomo Kenyatta.

Desde su salida de la cárcel ha vivido exiliado en Estados Unidos, donde trabaja como profesor universitario de literatura comparada e inglesa y donde alterna ensayos en inglés con sus escritos en su lengua africana. Este año ha publicado sus memorias, en las que nos relata una infancia marcada por la guerra que emprendieron los movimientos anticoloniales contra el brutal dominio británico. Las ha publicado en inglés desde una traducción propia a partir del kikuyu. Su relación con la lengua de la metrópolis ya no consiste en un mero rechazo frontal sino que es más ambigua y compleja. No puede ser de otro modo, pues recibió su educación universitaria en esa lengua y ha vivido exiliado dos décadas en los Estados Unidos. El inglés es también el vehículo que le permite acceder a un público más amplio. Ello no le impide que su aproximación sea (auto)crítica. En 1996 habló sobre lenguaje y literatura en Miranda House, Nueva Delhi, India, de la siguiente manera **:

«Si controlas la mente de la gente, no necesitas a la policía para controlarla en cualquier otro nivel. Puede comprobarse cómo ese control puede cambiar no sólo cómo las personas se ven las unas a las otras sino cómo observan su relación con aquellos que les controlan. Esto se ve claramente en el modo colonial de educación, que para muchos de nosotros en África nos hace ver Europa como la base de todo, como el mismo centro del universo. Podemos verlo por cómo hemos sido educados para que contemplemos la lengua inglesa como la base de la definición de nuestra propia identidad. En lugar de concebir al inglés solamente como otra lengua con muchos libros y una literatura disponible, lo vemos como la manera de definir nuestro propio ser. Nos volvemos cautivos de esta lengua, desarrollando algunas actitudes de identificación positiva con el inglés (o el francés). Desarrollamos también actitudes que nos distancian a nosotros mismos de nuestros propios lenguajes, nuestras propias culturas. No se trata simplemente de adquirir otra herramienta importante; la adquisición de esta herramienta intelectual se convierte en un proceso de alienación con respecto a nuestras propias lenguas y lo que ellas pueden de hecho producir. Otra manera de mirarlo, especialmente en África, es como la creación de una elite alienada. Pueden ver el tipo de inversión comunitaria que acompaña la producción de estas mentes cuando ellas salen al extranjero para obtener su doctorado, por ejemplo. Nunca devuelven nada a la comunidad comunicando ese conocimiento en lenguajes propios de la gente. La comunidad invierte en nosotros, y donde quiera que vamos -ya sea la Miranda House, o Nairobi, o Yale- lo que producimos lo encerramos con llaves marcadas en inglés o en francés o en portugués o en cualquier lenguaje de educación. El lenguaje es de una enorme importancia. Si miran el área de la cultura, la lengua es clave. Es el medio por el cual nos comunicamos con los demás para la producción de riqueza. Es por eso que lo he llamado en otra parte el banco de la memoria colectiva del pueblo.»

(…)

«Bajo el impulso de los departamentos de inglés de las universidades, encontramos muchos estudios y comentarios sobre las nociones de moderno y postmoderno. Pero ignoran lo que constituye la modernidad. Si pensamos la modernidad occidental en términos de la Europa renacentista o post-renacentista, esa modernidad está ligada completamente al colonialismo. No hay manera de librarla del colonialismo y, de hecho, en algunos casos se refleja directamente en la misma literatura.

De manera que el estudio de las literaturas africanas, asiáticas, latinoamericanas, deben ser vistos como parte de la enseñanza de la literatura y la cultura occidentales. Lo realmente importante es apreciar estas conexiones. Sólo cuando veamos las conexiones podremos hablar de un modo significativo de diferencias, similitudes e identidades. La frontera, vista como un puente, se basa en el reconocimiento de que ninguna cultura es una isla en sí misma. Ha sido influenciada por otras culturas y otras historias con las cuales ha entrado en contacto. Este reconocimiento está en la base de todos los otros puentes que queramos construir entre nuestras diversas fronteras culturales. De hecho los puentes ya están ahí. El desafío al que se enfrentan los profesores de literatura inglesa, o de literatura africana o asiática, consiste en reconocer y encontrar estos puentes y construir sobre ellos. Por ello la enseñanza de las literaturas y de los idiomas es un privilegio que nos enfrenta a todos con un desafío, el de descubrir las conexiones entre la literatura y esa plenitud que llamamos sociedad, una plenitud constituida por todo lo que viene con la economía, la política y el medio ambiente.«

En 2004, pocos años después de que Arap Moi perdiera las elecciones, Ngugi volvió con su familia a Kenia, por primera vez en mucho tiempo, para presentar una novela. Acabó viviendo una experiencia terrible: cuatro sicarios armados asaltaron la casa donde se alojaba el escritor y saquearon sus pertenencias, incluyendo el ordenador con el que trabajaba. A él le golpearon brutalmente y a su mujer la violaron en la habitación contigua. Sus asaltantes fueron condenados a muerte (ignoro si la pena se ha ejecutado), pero Ngugi está convencido de que detrás había gente vinculada con el entorno de Arap Moi, que aún vive. Su crítica anticolonial no se limita por tanto a la antigua metrópoli, sino que incluye las relaciones postcoloniales de poder en su país de origen, donde destaca la violencia y el autoritarismo del poder político (que volvió a manifestarse con intensidad en 2007-2008). Desde entonces no ha dejado de viajar a su tierra, no sólo para testificar en el juicio. Hace unas semanas estuvo en Nairobi promocionando sus memorias. «En este libro tiendo mi mano a los jóvenes lectores y les digo que no abandonen la escritura, ni siquiera cuando la vida les proporcione tiempos duros«, dijo. «Se trata de levantarse cuando uno esté hundido, y no abandonar sus sueños.«

La violencia atraviesa toda su vida. Mantiene, sin embargo, la voz serena de los sabios. Vale la pena escucharla, como hacen sus estudiantes en inglés y muchos africanos en otras lenguas. O leerla, como puede permitirse una afortunada minoría.

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* ‘The language of African literature’, Decolonising the mind: the politics of language in African literature, Londres, 1981.

** ‘Borders and bridges: seeking connections between things’, recogido en ‘The Pre-Occupation of Postcolonial Studies‘, Durham, N.C. y Londres, Duke University Press, 2000.

Fuente:http://www.javierortiz.net/voz/samuel/ngugi-wa-thiong-o-frontera-y-puente