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Ni un tiro más entre los guerrilleros colombianos

Fuentes: Insurrección

Un poco de historia La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB) nace en el mes de septiembre de 1987 (participamos en ésta fundación las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC, el Ejército Popular de Liberación – EPL, el Movimiento 19 de Abril – M-19, el Partido Revolucionario de los Trabajadores – PRT, el Movimiento indígena […]

Un poco de historia

La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB) nace en el mes de septiembre de 1987 (participamos en ésta fundación las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC, el Ejército Popular de Liberación – EPL, el Movimiento 19 de Abril – M-19, el Partido Revolucionario de los Trabajadores – PRT, el Movimiento indígena «Quintín Lame», el movimiento de Integración Revolucionario – Patria Libre- MIR- Patria Libre y el Ejército de Liberación Nacional – ELN).

Dos años atrás (mayo de 1985) todas las organizaciones guerrilleras, excepto las FARC habíamos creado la Coordinadora Nacional Guerrillera (CNG). Desde que nos unimos aquél 20 de mayo, nos propusimos en la búsqueda de fortalecer los nexos con las FARC. Muchas eran las razones que llevaban a la CNG a insistir en ello: la principal era que, a nuestro juicio, no había posibilidad de que el proyecto unitario creciera y se desarrollara al margen de las FARC. Esta búsqueda fecunda en el mes de julio de 1987 cuando Tatiana Rincón y Gerardo Ardila, de la Dirección Nacional del M-19, en representación de la CNG, logran un primer intercambio en el páramo de Sumapaz (Cundinamarca) con los Comandantes de las FARC Alfonso Cano y Jacobo Arenas. De esta entrevista surge la convocatoria para el mes de septiembre.

Con la realización de la «Primer Conferencia Bolivariana» se inicia un proceso de destierro de la incomprensión y la intolerancia predominante hasta estos días, aunque no derrotadas definitivamente. Allí se alcanza un nivel básico de acuerdos políticos, militares, organizativos que se materializan en la declaración política de esta conferencia y en el plan de acción unificado que decidimos impulsar.

El surgimiento de la CGSB, como se resalta en el documento constitutivo, hace parte de un proceso de convergencia popular mucho más amplio que se estaba fortaleciendo en esos tiempos en Colombia.

La confluencia de todas las guerrillas del país es en la práctica una clara respuesta a la política de exterminio adelantada por el gobierno de Virgilio Barco y las fuerzas armadas. Se explica, además, por el agotamiento del llamado «proceso de paz» del cuatrienio anterior y la traición del gobierno de Belisario Betancur a las fuerzas guerrilleras firmantes del «Diálogo Nacional» (FARC, EPL, M-19); por el ambiente convulsionado del país a nivel político, por el cierre de los espacios políticos para las fuerzas amplias y la sistemática matazón a que son sometidos sus líderes, como se demostró en octubre de 1987 cuando las fuerzas armadas del Estado y el gobierno asesinan a mansalva y sobre seguro a Jaime Pardo Leal, presidente de la Unión Patriótica -UP.

Y si las organizaciones guerrilleras acumulamos factores de poder con la unidad de la CGSB, las masas trabajadoras fueron beneficiarias de primer orden. El mapa de Colombia comenzó a llenarse de procesos de convergencia y de lucha. A través de la Central Unitaria de Trabajadores – CUT, los Movimientos Cívicos, el Movimiento Campesino, Cristiano e Indígena. Se multiplican las barricadas en el Paro Nacional del 20 de junio, en el del Chocó, Boyacá, Nororiente del país, en el paro del 13 de octubre, en las Jornadas por la Vida.

En su proceso de crecimiento y desarrollo, la CGSB realiza varias cumbres guerrilleras: la Primera en septiembre de 1987, en abril de 1988 se realiza la II conferencia, en agosto la III, en febrero de 1989 la IV, en abril la V. En los meses de septiembre-octubre de 1990 realizamos la I Cumbre de Comandantes. En enero de 1992 llevamos a cabo la VI Conferencia Guerrillera y en julio de 1992, la VII Conferencia. La VIII la realizamos en el mes de Octubre del año 1993.

En la construcción de la CGSB tropezamos con reales dificultades políticas como las vividas a raíz de la desmovilización y entrega de armas de un sector de las guerrillas colombianas encabezados por el M-19 y seguidos por la mayoría del EPL y otras fuerzas regionales menores como el Quintín Lame y el PRT. En su momento, el ELN, al analizar este fenómeno de la desmovilización, consideró que si la década de 1960 fue la del surgimiento de los proyectos armados revolucionarios, si la década de 1970 fue de crisis, la de 1980, de resurgimiento y recomposición de las fuerzas revolucionarias en el país, la década del noventa comienza con el ofrecimiento de paz del gobierno de Virgilio Barco para guerrillas derrotadas, que es acogida por estas fuerzas que estaban en su punto más bajo de debilidad política y militar.

Para la CGSB, para el pueblo y la izquierda revolucionaria colombiana fue realmente una pérdida inocultable, pues pasaron de ser fuerzas guerrilleras populares a nuevos arrepentidos de izquierda con micrófonos y antenas abiertos para propagandizar «las bondades» de este camino.

Las tres fuerzas guerrilleras que persistimos en la CGSB, fuimos conscientes de que más allá de las diferencias que persistían en todas las órdenes, debíamos encontrar en cada momento político y en cada espacio geográfico una serie de acercamientos en puntos importantes. El primero de ellos fue el reconocimiento de la necesidad de la unidad popular y revolucionaria como requisito de la victoria, y en ese sentido, las FARC y el ELN nos pusimos al frente del proceso con aportes en ideas y experiencia.

También la CGSB se identificó en aquellos días con la lucha en defensa de la vida, de la soberanía nacional, de la urgencia de una salida política para el país. Un hito trascendental para todos lo constituyó la realización de la Primera Cumbre de Comandantes «Jacobo Arenas», en Septiembre de 1990, que reunió por primera vez en la historia guerrillera colombiana, y a pesar de la fuerte militarización del país, a los Comandantes Manuel Marulanda, Manuel Pérez Martínez y Francisco Caraballo.

A tres años de constituida la CGSB esta cumbre de comandantes ratificó ante el país la irrevocable decisión unitaria de sus jefes; llamó a no bajar las banderas en la lucha por una nueva constitución como un hecho de paz y propuso una salida negociada al conflicto, acompañada de cambios profundos en todas las órdenes para los colombianos. Aprobó, además, una serie de criterios para la relación con el pueblo y optó por realizar una fuerte campaña militar, en homenaje al Comandante Jacobo Arenas, quien había muerto en el mes de Agosto de 1990. Esta campaña se realizó entre diciembre de 1990 (fecha del ataque enemigo a Casa Verde) y marzo de 1991.

La existencia de la CGSB, su perseverancia en la unidad a pesar de las dificultades, su presencia en los escenarios políticos en diálogo con el gobierno de César Gaviria (Cravo Norte – Arauca, Colombia, Caracas – Venezuela, Tlaxcala – México) y militares (campañas nacionales y regionales), demostraban que era posible mantener un cuadro de acuerdos políticos y militares, no obstante las problemáticas, diferencias y autonomía de sus componentes.

¿Dónde surgieron las diferencias?

Es indudable que en casi seis años de construcción unitaria habíamos logrado fortalecer la unidad sobre los elementos de concepción y metodología camilista que nos enseña que «debemos recoger lo que nos une y dejar lo que nos separa». Sin embargo, con la realización de la VIII Conferencia de las FARC en el mes de Octubre de 1993, los compañeros optan por plantear un concepto unitario totalmente diferente al que veníamos construyendo. Según ellos, a partir de esa fecha, si queríamos mantener la Simón Bolívar sería a partir de los fundamentos políticos, ideológicos y militares de las FARC, por considerarse la fuerza más importante. Les dijimos que ese era un camino equivocado y hasta el sol de hoy jamás pudimos reconstruir los nexos que en aquellos días de la unidad nos fortalecieron.

Con el paso de los años esta concepción política tomó mucha fuerza al interior de las FARC y en particular en algunas regiones del país llegaron a considerar que la existencia de otra guerrilla amenazaba la suya propia. Ahí comenzó la debacle. La sangre derramada por las dos guerrillas históricas, producto de agresiones mutuas en Arauca, Oriente de Antioquia, Cauca y Nariño, en principio se explica por ésta concepción hegemónica de la revolución. Recordemos que también las FARC se habían enfrentado al EPL en el año de 1970, y al Jaime Bateman Cayón a finales de la década del noventa. Esta tragedia a desnaturalizado nuestra lucha guerrillera porque los nuestros han respondido con la misma filosofía y los mismos métodos.

¿Hasta cuándo este desangre?

Nuestras fuerzas guerrilleras en conflicto han contribuido a fomentar la incredulidad del movimiento popular colombiano ante nuestras agresiones mutuas, introduciendo una mal entendida paradoja: Nosotros, las FARC y el ELN defensores históricos de la unidad revolucionaria, somos los primeros en vulnerarla.

A partir de un intenso ejercicio de ponderación, auscultación y reflexión política, las Comandancias Generales de las Organizaciones deberían suscribir un histórico pacto por la unidad, de cara a la profunda reflexión y autocrítica por los errores cometidos. Pacto por la unidad que recoja la experiencia histórica de ambas fuerzas en casi 43 años de combate, que desarrolle lineamientos estratégicos que nos son tan comunes y tan nuestros, que emule en las capacidades del combate político, ideológico, de masas y militar, que rinda homenaje a los combatientes de ambas guerrillas muertos en trincheras comunes en el Sur de Bolívar, en Barranca, en Antioquia, en Santander del Norte. Pacto por la unidad, contra la oligarquía vende patria, contra el imperialismo y sus serviles, por la defensa sagrada de nuestras gentes, el pueblo y la nación colombiana. Sólo un compromiso de las Comandancias en este sentido puede parar el correr de la sangre guerrillera que hoy nos avergüenza y entristece.

LLAMADO

Nuestra unidad, dentro de las diferencias históricas, resulta determinante para cumplir el compromiso frontal, inquebrantable y firme en defensa de los intereses populares y nacionales. Esta es una tarea irrenunciable, impostergable e incondicional que exige y merecen todas las fuerzas sociales revolucionarias que nos acompañan en este propósito.

Es necesario reiterar que el presente pacto por la unidad guerrillera y revolucionaria, constituye en sus basamentos ideológicos, un compromiso abierto del más alto valor ético y político, con el que deberíamos honrar a todas nuestras guerrilleras y guerrilleros caídos en ésta absurda confrontación. No queremos ni buscamos un pacto por la unidad sólo de carácter cupular, tampoco coyuntural, debemos construir un pacto de carácter estratégico dónde la defensa sagrada del pueblo unido a la renuncia de agredirnos física e intelectualmente sería la base de éste pacto.

De continuar por éste camino de agresiones, estaremos condenados a confirmar la vieja sospecha de que bajo el discurso unitario se esconden prácticas sectarias y dogmáticas que nos viene precipitando al abismo de la agresión, que ahondará la desilusión y el cansancio de nuestro pueblo frente a estas conductas incontrolables.

Esta perspectiva puede parecer catastrófica a quienes desde ambas guerrillas incitan al golpeteó, considerando que con la aplicación de la fuerza entre nosotros se arregla todo. Triste futuro nos depara esta situación de persistir en ella. Lo peor que nos puede ocurrir actualmente es que triunfe la irracionalidad y el militarismo sobre la defensa de las ideas, de la historia y de la política. De darse este triunfo se perderá la legitimidad ganada a costa de miles de los nuestros y habremos abierto las puertas de la indolencia y la desgracia, quizás para siempre.

Si las FARC y el ELN en verdad queremos seguir sirviendo a los intereses de la patria y de las mayorías nacionales, no debemos sacrificar de la noche a la mañana todo lo que hemos conquistado en estas cuatro décadas, con sangre, heroísmo y esfuerzo. De persistir en las agresiones y la arrogancia demostrada en algunas regiones nos convertiremos en los mejores aliados de esa derecha paramilitar y criminal que lleva años y años tratando de destruirnos sin conseguirlo. Paradójico y cruel, pero cierto.

Milton Hernández es comandante del Ejército de Liberación Nacional