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¿Por qué ha sucedido con HidroAysén, y por qué ahora?

Nuevo sujeto colectivo

Fuentes: Punto Final

Observadores de la revolución árabe han conjeturado sobre el detonante y la rápida extensión de las movilizaciones, que tienen, tras varios meses de ebullición, a la institucionalidad política del Medio Oriente pendiendo de un hilo. La gran explicación para la explosión de multitudes apuntaba a las nuevas tecnologías, que han permitido la generación de redes […]

Observadores de la revolución árabe han conjeturado sobre el detonante y la rápida extensión de las movilizaciones, que tienen, tras varios meses de ebullición, a la institucionalidad política del Medio Oriente pendiendo de un hilo. La gran explicación para la explosión de multitudes apuntaba a las nuevas tecnologías, que han permitido la generación de redes de comunicación masivas e instantáneas, aun cuando otros observadores han destacado el trabajo interpretativo de las cadenas de televisión árabes. Es posible que ambas argumentaciones tengan una buena base, pero hay que considerar también otra, de mayor peso: sistemas políticos autoritarios, monárquicos en no pocos casos, y restricción a los derechos humanos.

Una explicación para el mundo árabe que no encajaría con la indignada ciudadanía que se ha parapetado en la madrileña Puerta del Sol. Aun cuando podemos creer que en España existen libertad y democracia, no son condiciones que disfruten los ciudadanos. El desempleo, los bajos salarios, el endeudamiento, el oscuro futuro para millones de jóvenes y, en especial, una clase política que no les representa, han sido variables suficientes para que el 15 de mayo la ciudadanía saliera a tomarse las calles.

Cuando el lunes 9 de mayo la Comisión de Evaluación Ambiental en Coyhaique aprobó el proyecto HidroAysén, miles de personas salieron a protestar en todo Chile, fenómeno que se ha mantenido hasta estos días. Un proyecto del sector privado en la Patagonia ha sido el elemento catalizador de un nuevo clima social en un país que por décadas se había caracterizado por la falta de una organización y expresión social masiva. De actos y concentraciones de unos cuantos cientos o escasos miles de personas, se ha pasado, de la noche a la mañana, a manifestaciones de varias decenas de miles en las calles.

Todo sucede en un país que carece de orgánica social. Sin estructuras formales claras, el salto a las calles ha sido una acción espontánea de grupos y colectivos cuya génesis más inmediata es la cohesión y organización a través de las redes sociales, el correo electrónico, webs , blogs y celulares. La información corre aquí a la velocidad de la luz y, lo que ha sido sorprendente, mueve a multitudes.

Son muchas las preguntas que podemos hacernos para explicar el motivo de estas movilizaciones. ¿Por qué ha sucedido con HidroAysén, y por qué ahora? No ocurrió lo mismo con el proyecto Pascua Lama, o con las centrales en el Alto Bío Bío que desplazaron a varias comunidades pehuenches de sus territorios ancestrales. Y tampoco, hace unos pocos meses, con la aprobación de la central termoeléctrica Castilla, en Atacama, o con la expansión urbana de Santiago.

Podemos decir que en la ciudadanía ha habido malestar acumulado respecto a decisiones arbitrarias y abusivas, tanto de los gobiernos como de un sector privado amparado por normativas legisladas por la clase política binominal que, simplemente, estalló tras la suma de eventos críticos. Pero lo que lleva a un mayor análisis es sondear en las fuentes de información de esa ciudadanía que sale a la calle, en lo que le ha permitido moldear progresivamente un discurso que se enfrenta al divulgado por años y décadas por el establishment . Porque pese a los miles de millones invertidos por HidroAysén en lobbying , en la campaña del terror energético, en la compra de medios, periodistas y conciencias, los efectos en la ciudadanía han sido nulos: casi un 80 por ciento rechaza la construcción de las hidroeléctricas. El discurso de los márgenes ha penetrado en el seno de la sociedad civil.

Las fuentes de información del activismo y sus seguidores no están en la televisión ni en los grandes medios corporativos. La gran corriente de información es hoy selectiva y apunta, sin pudores ni máscaras, a la interpretación. En numerosos blogs , en la web y en medios independientes, la información está allí para la reflexión, el debate pero, principalmente, para empujar una causa. Hay líderes de opinión individuales, pero principalmente se trata de sujetos colectivos. Por aquí se encauza una información útil para la expresión del malestar social. Este es el insumo para una acción política que se crea sobre la comunicación de aquella información, la que es propia, flexible y activa. Porque cada participante es también un protagonista de aquella información. Los manifestantes cohesionados y comunicados, son los creadores de la acción política y también de la comunicación.

Tal vez este fenómeno es el que les lleva a sospechar de todo lo externo, en especial de la institucionalidad, desde los partidos, los medios de comunicación, los gobiernos, al Estado. Un fenómeno que tiene que ver con la apropiación, inédita en la historia, de las redes de comunicación a la manera soñada por Bertolt Brecht, pero también con una apropiación y reinvención de la acción política, la que vuelve a los sujetos colectivos.

 

(Publicado en «Punto Final» edición Nº 734, 27 de mayo, 2011)

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