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Caminos de unidad en medio de la fragmentación

Nuevos horizontes de la izquierda en Chile

Fuentes: Rebelión

1. ¿CUÁNTAS IZQUIERDAS EXISTEN EN CHILE?Básicamente tres. En primera instancia hallamos a los grupos que, asumiendo un legado histórico de luchas sindicales y una identidad progresista, se plantean como una alternativa de transformación política adaptada a los nuevos tiempos. Es la izquierda concertacionista, calificada como el «colchón de contención» que ha encontrado el oficialismo para […]


1. ¿CUÁNTAS IZQUIERDAS EXISTEN EN CHILE?
Básicamente tres. En primera instancia hallamos a los grupos que, asumiendo un legado histórico de luchas sindicales y una identidad progresista, se plantean como una alternativa de transformación política adaptada a los nuevos tiempos. Es la izquierda concertacionista, calificada como el «colchón de contención» que ha encontrado el oficialismo para hacer frente al avance de las movilizaciones y nuevas articulaciones de la izquierda. A medio camino del ala izquierdista del PS, organizaciones como SurDA y Fuerza Social Democrática (FSD) consiguen nuclear a intelectuales y grupos progresistas que, desencantados de la izquierda extra e intraparlamentaria, han caído en extremos renovadores o extremos anquilosamientos ideológicos. Es decir, ni tan radicales ni tan concertacionistas, se pliegan a esta vía los seguidores de Marcel Claude y sensibilidades «globales» que también se sienten atraídos por ATTAC. No descartan la vía electoral y aún cuando asumen la necesidad del trabajo de base, sus orgánicas cuentan mayoritariamente con dirigentes sin mayor respaldo social.

En segundo lugar está la izquierda extraparlamentaria. Con dos partidos con existencia legal (Comunista y Humanista), este sector se propone decididamente una transformación económico-política con clara vocación electoral. En sus dinámicas de acción se manejan aún con las lógicas de acumulación de fuerzas y el trabajo de masas. En este sector podemos encontrar también aquellas organizaciones que, en permanente inestabilidad, se proyectan hacia la política clásica: El MIR, el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez, la Izquierda Cristiana, por ejemplo. No es casualidad que todos se hallan encontrado en la conformación originaria del PODEMOS.

Un tercer ámbito corresponde a los grupos autonomistas que, no asumiendo necesariamente el legado de la izquierda, se proponen como la alternativa política radical para estos tiempos globalizados. Diversos en sus intereses, heterogéneos en sus enfoques, aún disgregados y con escasa elaboración teórica, es difícil clasificarlos. No son propiamente izquierdistas, sí radicales, sí «políticos», cuestionan la utilidad actual de las conceptualizaciones marxistas y rechazan de plano la modalidad leninista de partido y de revolución. «Horizontalistas» en Argentina, «autónomos» en Italia y Alemania, «Anticapitalistas» y «Antiglobalización» en todo el planeta, estas organizaciones de nuevo tipo se arraigan en la base y poseen un amplio sustrato juvenil. ¿Pueden ser considerados propiamente de izquierda? Para el presente análisis, sí.

2. ¿ES POSIBLE UNA ARTICULACIÓN ENTRE LAS IZQUIERDAS?
Entre las tres, hoy en día, es prácticamente imposible. Las orientaciones asumidas por cada uno de estos grupos son divergentes en táctica y estrategia. La izquierda concertacionista, si bien ha tenido acercamientos en coyunturas electorales con la izquierda-Podemos, se ha encaminado en pavimentar la llegada a la presidencia de Michelle Bachelet.

Por otra parte, la izquierda alternativa, la tercera variante, ha cimentado su labor en el trabajo de base, en las asambleas y las organizaciones de democracia directa. No pretenden ningún asalto al poder estatal, su horizonte es situacional, arraigado cada cual en sus ámbitos. Establecen conexiones entre sí, convergen en movilizaciones y campañas, hacen fluir experiencias y conceptos. Pero la distancia establecida con las otras dos izquierdas se ha vuelto insalvable.

El camino alternativo ha hecho suyas las palabras de Gabriel Salazar: «el primer deber del ciudadano hoy, es en-red-arse con otros sujetos..de hecho ha sido ésta la respuesta mayoritaria de los sectores populares a los problemas neoliberales que les ha suscitado la transición democrática».

En este sentido, podemos observar también un quiebre generacional. Los jóvenes que no pueden ser considerados hijos de la dictadura se han desprendido de las directrices de la izquierda clásica para avanzar por territorios propios, cuestionando y viendo de soslayo los intentos de rearticulación orgánica y teórica de la izquierda. Este afán «anarquizante», a decir de Manuel Riesco (Encuentro XXI n.6), no es sino un eco en Chile de un movimiento que se expresa ya en todos los continentes.

En la izquierda alternativa han confluido viejos militantes de base de la década del ’80, abocados a labores de educación popular y organización comunitaria, con las nuevas generaciones libertarias y anti-globalización. La mixtura no ha sido fácil, pero ha sido inevitable. Todos concuerdan en un punto: cualquier vía para tomar el poder estatal es cuestionable porque el poder estatal mismo no es el eje de la revolución. «El Estado no es sino el máximo órgano de la impotencia». En esta situación, la convergencia entre la izquierda alternativa y la izquierda-Podemos es sumamente dificultosa.

3. ¿CUÁL ES EL LUGAR DE PODEMOS ENTRE LAS TRES IZQUIERDAS?
Según Eric Hobsbawn, la Izquierda posee históricamente un proyecto universalista, el cual chocará siempre con la política de las identidades que ha brotado en las últimas décadas. Los movimientos ciudadanos, en su propia diversidad, en su carácter de movimientos para-sí, no hallarán precisamente en los programas de los grupos revolucionarios un reflejo interpretaivo de sus demandas. Esta distancia, según el historiador, dificulta la configuración de movimientos masivos de transformación.

¿Qué queda entonces? Algunos intelectuales han visto en este choque político-generacional el quiebre último para disolver en pequeñas luchas el centralismo de los programas de la izquierda. La agonía misma, entonces, de la revolución como la habíamos entendido. Con cierto tono postmodernista, despliegan dardos contra el universalismo del campo progresista y se centran en rescatar el valor de las particularidades. Ya no «movimientos sociales» sino «movimientos ciudadanos», y siempre con la autonomía necesaria a la contaminación marxista. No deja de tener esto un tanto de razón: la autonomía de los nuevos grupos organizados, de la izquierda alternativa, es necesaria por la riqueza desplegada en cuanto a reflexiones y experiencias. Sin embrago, suponer que reemplazarán sin más a la política leninista es un tanto soberbio.

La izquierda alternativa irá encontrando sus propios caminos y cualquier juicio de valor al respecto proveniente de las otras izquierdas no es útil a ningún «bando». Cuando el PODEMOS pretende establecer vínculos entre el mundo político y el mundo social, tal vez no sepa la magnitud de la tarea. Aún hermanados por el mismo origen de sus males, son dos lenguajes distintos. Son esquemas y métodos diferentes. Sus exigencias también difieren: el mundo social requiere de conocimientos adaptados a sus exigencias situacionales, el mundo político requiere de una labor militante distinta.

¿Son opuestas las fórmulas del mundo social y el mundo político? Estamos en un período de diferenciación, en el cual todos buscan reafirmar sus identidades en medios del caos neoliberal y en medio del pensamiento único. Por lo tanto, todo contraste entre ambas apuestas sigue siendo difuso. Por lo pronto, intentos como PODEMOS, si es coherente con su deseo de crear un gran referente y no empantanarse en la batalla electoral, puede ser una ventana interesante para un diálogo futuro. Lo claro es que no pueden suplantarse y que ambas apuestas son necesarias: lo único que no transforma y no aporta es la inacción y la crítica meramente intelectual. La praxis surge hoy como un valor y una herramienta intransable. El resto lo irá nombrando el tiempo.

– Miguel Fauré Polloni es dirigente universitario chileno. Publica en medios alternativos como Podemos.cl (Chile), La Fogata (Argentina) y Buonne Nuove (Italia). Es el creador de la Universidad Social Eduardo Galeano. Participa en PODEMOS como Coordinador del Frente de Estudiantes Humanistas.