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Oxímoron sionista: «Israel salva vidas, rescata seres humanos y reconstruye ciudades»

Fuentes: Rebelión - Imagen: El vocero de las fuerzas armadas de Israel en español, Roni Kaplan (uruguayo-israelí), es parte del grupo de "ayuda" enviado por Israel a Venezuela y Colombia.

“Erase una vez /un lobito bueno/ al que maltrataban todos los corderos/. “Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado/ Todas esas cosas había una vez/ en que yo soñaba un mundo al revés”. -José Agustín Goytisolo

El oxímoron es una figura literaria en la que se unen dos términos de significados completamente opuestos, con la finalidad de darle fuerza expresiva a una determinada afirmación con una combinación a primera vista ilógica. Son ejemplos de oxímoron expresiones como “la claridad de la noche oscura”, “el insoportable frío del fuego”, “la elocuencia ruidosa del silencio” … Al oxímoron lo podemos sacar del ámbito literario para examinar la realidad social y captar el sentido hipócrita y falaz de ciertos comportamientos, algo que cada vez más caracteriza al mundo contemporáneo. En ese sentido, son oximorones decir cosas de este estilo: “el Vaticano es la sede de la lucha mundial contra la pedofilia”, “la Casa Blanca organiza una Liga internacional contra las guerras y agresiones imperialistas de Estados Unidos”, “la Isla de Jefrey Epstein ha sido el refugio más seguro para proteger de la violencia sexual a las mujeres jóvenes”. Todos esos serían oximorones para engañar incautos, pero bien se podrían usan para enfatizar, en forma sarcástica, la característica negativa del capitalismo realmente existente.

Ahora estamos asistiendo a la puesta en escena de un oxímoron de dimensiones colosales, y lo peor del caso es que lo hemo tenido que soportar los habitantes de Nuestra América, concretamente los de Venezuela y Colombia. Ese oxímoron lo ha escenificado en días recientes el régimen genocida de Israel, con relación a los terremotos que han sacudido en las últimas semanas a nuestros dos países.

LOS HECHOS DE LA VIDA REAL: ISRAEL DESTRUYE Y ASESINA SIN ASCO

El estado sionista de Israel desde su misma fundación en 1948 se ha caracterizado, dicho en forma lacónica, por ser un régimen doblemente destructivo: de la infraestructura material de todo lo que tenga que ver con los palestinos y de los palestinos como comunidad formada por millones de seres humanos. En el primer ámbito, Israel ha llevado a cabo durante 75 años una política sistemática, planificada y sádica, acentuada en los últimos tres años, de demolición de pueblos, ciudades, viviendas, centros culturales, hospitales, universidades, acueductos, estadios, escuelas, bibliotecas, puentes, carreteras, centrales de acopio, redes eléctricas, emisoras, canales de televisión… y todo lo que nos podamos imaginar que es esencial para preservar la vida personal y social del pueblo palestino y, más recientemente, del pueblo de El Líbano. Es decir, Israel es un régimen que se basa en la destrucción, la demolición, el bombardeo indiscriminado, el ataque a la infraestructura civil. Y en la historia reciente no existe ningún otro caso que haya llevado el urbanicidio consciente a tales niveles de destrucción, que se expresa en haber arrasado en los últimos tres años con el 80% de las construcciones de la Franja de Gaza. Es tal el nivel de destrucción que se estima que la reconstrucción de Gaza, para dejarla a un nivel comparable del que existía en septiembre de 2023, necesitaría de casi un siglo.

En el segundo plano, el de la vida humana, Israel practica desde siempre la limpieza étnica y el genocidio, el cual se ha radicalizado en los últimos tres años. Sobresalen al respecto por su carácter dantesco el ataque indiscriminado a viviendas habitadas por familias enteras, el bombardeo de hospitales, escuelas, campamentos de refugiados… Todo esto supone el asesinato de miles de niños, mujeres, ancianos y jóvenes, cuya cifra es de tal magnitud que, según Francesca Albanese, son 650 mil muertos, un tercio del total de la población de Gaza. Y en medio del dolor y el sufrimiento de los palestinos, los soldados de Israel en forma sádica celebran sus crímenes, se burlan de los sobrevivientes, los torturan, encarcelan y violan. En este caso, en la vida real Israel jamás ayuda o socorre a un palestino, por la sencilla razón de que los considera subhumanos, animales, a los que debe matarse y erradicarse de la faz de la tierra.

El EMBUSTE DE ISRAEL: MANSOS LOBITOS QUE VIENEN A SOCORRER A LOS CORDEROS

La cruda realidad de ese doble carácter criminal de Israel, urbanicida y genocida, ha sido descubierta en los últimos años, cuando ha sido imposible seguirlo ocultando o negando. Esto ha significado el derrumbe completo de la credibilidad de Israel como pretendida víctima, sufrida e incomprendida, y la revelación de que aquel es un estado racista, genocida y destructor de la vida humana. Aunque siga existiendo una campaña de mentira y desinformación para lavar la cara de Israel,  para gran parte de los habitantes del mundo ‒que no son sinónimos de los Estados y los gobiernos‒ es claro que Israel es un enemigo declarado de la humanidad, un estado típicamente destructor, que no tiene ni una pizca de constructor de algo interesante para el mundo, sino que sus “aportes” se reducen al ámbito de la industria de la muerte, del control, del sufrimiento y de la tortura, en lo que los israelitas son maestros consumados.

Por eso es un descaro que Israel, tratando de enmendar su imagen real de estado genocida, con todo lo que eso implica en términos de destrucción de vida y de cultura, ahora venga a nuestros países, aupados por gobiernos cipayos y postrados, y se presente como el campeón del salvamento de vidas, del rescate de personas y de la reconstrucción urbana.

En efecto, a raíz de los destructivos terremotos que se presentaron, primero en Venezuela en julio, y luego en Colombia, en agosto, y ante la postración política de los gobiernos de Delcy Rodríguez y de Abelardo de la Espriella respectivamente, Israel, al lado de los Estados Unidos, aprovechó la destrucción que dejaron los sismos para aterrizar en los dos países, en donde había sido desterrado en los últimos años. En Venezuela, el gobierno de Hugo Chavez había rotó relaciones con Israel en 2009 y en Colombia, el gobierno de Gustavo Petro lo había hecho en el 2024, y en el caso del primer país se había consolidado una firme postura internacional de apoyo al pueblo palestino y repudio al régimen sionista.

Ahora, basándose en la doctrina del shock, esto es de la conmoción e incertidumbre que genera una catástrofe social, Israel aprovechó para regresar y desembarcar, literalmente, en medio del dolor y el sufrimiento, a nombre de un supuesto carácter humanitario y solidario, que nunca ha tenido.

Para darse cuenta de lo que verdaderamente representa este proyecto de limpieza de imagen, téngase en cuenta que los pretendidos “rescatistas” tuvieron como vocero propagandístico al criminal Rony Kaplan, un uruguayo de nacimiento, que ha sido el vocero del genocidio para los países hispanoparlantes en los últimos años. Este individuo tiene un verdadero prontuario criminal, en el que se destaca su “amor” por la infancia, como lo expresó por escrito el 29 de julio de 2014 cuando escribió dos “tiernos” mensaje sobre los niños de Palestina. En el primero indicó: “Si hubieras tenido la oportunidad de matar a Hitler antes de que crezca, ¿No lo habrías hecho?” No son niños, son terroristas en potencia”, haciendo alusión a la legitimación del asesinato de niños de Palestina. Y enseguida en otro Twitter señaló: “Matamos niños sí. Pero de una forma rápida y eficaz, casi sin dolor. ¿Es mejor acaso dejarlos morir de hambre como hacen en España?”.

De estos mensajes puede colegirse que estamos ante un psicópata, el mismo que dice prestarse para rescatar sobrevivientes en los terremotos. Un vocero desembozado de los mataniños de Israel sí que debe saber de rescatar infantes dentro de los escombros, para acabarlos de matar si aún siguen con vida y secuestrar sus cadáveres. ¡Esa es la experticia y efectividad en materia de rescate que nos pueden ofrecer los israelitas!

Ese mismo Kaplan, expresa sin descaro el oxímoron genocida, cuando afirmó en Venezuela el 24 de julio, y no es un chiste: “Esta misión es una muestra de la ética de responsabilidad y esperanza del pueblo judío y del Estado de Israel. Cuando una nación está sufriendo, nosotros acudimos a ayudar”. ¡Claro, y de esa ética de responsabilidad con los seres humanos da muestra su inagotable apoyo a la nación palestina en particular, y árabe en general, a la que no causa ningún sufrimiento y a la que siempre acude en su ayuda, en forma desinteresada, eso sí, matando a miles de ellos y destruyendo sus campos y ciudades!

El genocida Kaplan dictó una conferencia en Venezuela, en donde se presentó a sí mismo como un experto en ayuda humanitaria. Allí afirmo que los israelitas habían venido a colaborar en las dos labores que son excelentes: rescate de cuerpos y ayuda a la reconstrucción de las zonas devastadas. Y, para más inri, le entregó directamente a Delcy Rodríguez y al ministro de Obras Públicas y el canciller una “caja de herramientas”, en donde se incluyen propuestas muy novedosas, como las que Israel viene adelantando en Gaza con esa filantropía y carácter humanitario que lo caracteriza,  “crear un parque ecológico con los residuos sólidos de la catástrofe, en las zonas donde no se debe reconstruir debido a las características del suelo (de hecho invitaron a las autoridades venezolanas a visitar Israel, donde se ha desarrollado un proyecto similar), y un software diseñado para priorizar y ordenar las acciones a corto, mediano y largo plazo con el fin de sanear y recuperar el litoral”.

Kaplan entregó un software donde se recoge “la experiencia de Israel en desescombro y reconstrucción de áreas afectadas por ataques misilísticos”, lo cual expresa el auténtico oxímoron sionista, porque si en algo es experto Israel es en lo contrario: en destruir a diestra y siniestra con bombas y misiles. Kaplan sostuvo, sin colorearse, que en la misión humanitaria en que participa en Venezuela “combina dolor con esperanza”.

Después, esa misión “humanitaria” de Israel estuvo en Colombia, y otra vez su vocero fue el mismo genocida Roni Kaplan. Para empezar esos falsos rescatistas ‒que en verdad son matarifes de niños y enterradores de gente con vida‒ se enfrentaron a los rescatistas colombianos que llevaban banderas de Palestina y el propio Kaplan al escuchar que los colombianos coreaban la consigna “Palestina, libre”, con la arrogancia e impunidad del matón de barrio replicó: “Palestina, libre, jamás”.

Y en otro mensaje en Twitter dirigido a Abelardo de la Espriella, Kaplan afirmó: “La esperanza, para el judaísmo y el estado de Israel, no es esperar que las cosas mejoren; es trabajar para que mejoren”. Por supuesto, ¡un trabajo extraordinario de demolición y de enterramiento de seres humanos bajo los escombros de los edificios que quedan luego de los bombardeos de Israel!

En otro mensaje, en el que respondía unas críticas sobre su falso carácter humanitario, el genocida Roni Kaplan sostuvo esta perla: “Somos soldados de Paz. Vamos a la guerra que nos impone el enemigo, solamente para un día poder vivir en Paz. Lo hacemos, según el derecho internacional humanitario. Habrá paz, el día que nuestros enemigos amen a sus hijos más de lo que odian a los nuestros (Golda Meir). Nuestro código moral incluye esta máxima: quien se levanta a eliminarte, párate y defiéndete frente a él”. 

Para más descaro, si cabe, salió ataviado con la camiseta de la Selección Colombiana de Futbol. Y cuando ya había aterrizado en Israel afirmó en otro mensaje en X: “Estamos al disposición del Estado de Israel, para tender una mano amiga, donde el mundo lo necesite. En Colombia, en Venezuela y en cualquier parte del mundo. Que no sepamos más de dolor por favor«. Como puede verse, el cinismo sionista no tiene límites y no requiere más comentarios.

CIERRE: “LAVADO CON ESCOMBROS” Y LOS CIPAYOS EN SUDAMERICA

Las tragedias humanas y sociales, cada vez más frecuentes en el capitalismo realmente existente, que son un resultado de múltiples factores, entre ellos guerras, bloqueos, genocidios, el cambio climático, alteraciones de los ciclos naturales, terremotos, erupción de volcanes… se convierten, sin embargo, para ciertos sectores sociales y ciertos países en una forma de lavar su imagen, cuando esos mismos son corresponsable directos de la mayor parte de tragedias humanas que han causado miles de muertos y heridos. En el caso de Israel se crea una especie de realidad de fantasía, en la que se pretende negar sus crímenes y atrocidades que realiza a diario. En esa realidad paralela, estamos en el mundo al revés, del escritor español José Agustín Goytisolo, musicalizado por Paco Ibañez: “Erase una vez /un lobito bueno/ al que maltrataban todos los corderos/. “Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado”.

Esa realidad invertida se expresa a través de un macabro oxímoron, que no es solamente un artilugio lingüístico sino una vulgar maniobra mediática, en el que el país del mundo que, por su reducido tamaño y población, tiene la peor historia en cuanto generador de  destrucción, genocidio, muerte y sufrimiento, venga a nuestros países, aprovechando al mismo tiempo el entreguismo de los gobiernos de Venezuela y Colombia y el patrocinio del amo imperialista, los Estados Unidos, y se presente como el adalid de la ayuda humanitaria, el rescate de personas enterradas entre los escombros y el reconstructor de las zonas devastadas. Estas prácticas crean un nuevo lenguaje, en el que cambia el significado de las palabras, de tal forma que ayuda humanitaria quiere decir bombardeos indiscriminados, rescate significa el asesinato de niños, mujeres y hombres y reconstrucción equivale al arrasamiento de pueblos y ciudades.

A esta práctica oportunista y sin ningún sentimiento de compasión real por las personas que sufren, se le conoce como “lavado con escombros” (“rub­ble-was­hing”) que, simplemente, consiste en que Israel llega a los lugares a donde hay catástrofes y se muestra solidario y humanitario, con el fin de reafirmar la pretendida “superioridad moral” de los genocidas y camuflar el dolor y sufrimiento que causan al pueblo palestino. Y a eso el matarife Benjamín Netanyahu lo ha llamado “Reconstruir ruinas, reconstruir relaciones”, hablando específicamente del caso venezolano. Y en ese contexto, no sorprende que en, medio del dolor y la devastación del terremoto, el régimen colombianos haya reconocido la soberanía de Israel sobre los Altos del Golan, de Síria, convirtiéndose, para vergüenza del mundo, en el único país que lo ha hecho, junto con los Estados Unidos.

Como se trata de una campaña de propaganda mediática a través de las redes (anti)sociales, Kaplan se hizo filmar en un video en el que aparece emergiendo, como un topo rescatista de las ruinas de un edificio. Lo revelador es que él no es rescatista, sino un despreciable milico genocida, y se le ve con el traje y el casco limpio, apenas para la filmación.

Con ese nuevo lenguaje sí puede entenderse el oxímoron sionista, porque se capta su verdadero significado como “asistente humanitario” y “arquitecto del bien”. Esto es, genocidio y urbanicidio, lo que siempre ha sabido hacer el Estado de Israel a las mil maravillas y eso es lo que le viene a enseñar a dos súbditos imperiales de los Estados Unidos en Sudamérica. Porque, no sobra recordarlo, el lavado con escombros es una puesta en escena publicitaria, pero en el trasfondo vienen las tropas genocidas de Israel, con nuevas enseñanzas macabras para sus súbditos tropicales. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.